Misterios del Rosario

MISTERIOS GOZOSOS

(Lunes y Sábado)

ORACIÓN INICIAL

El que dirige el rezo:

En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu Santo.Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

¡Oh Dios!, tú único Hijo nos ha conseguido con su muerte y resurrección los bienes de la salvación eterna: concédenos que, venerando estos misterios en el Santo Rosario de la Virgen María, imitemos aquello que contienen y obtengamos aquello que prometen.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

MISTERIOS GOZOSOS

El que dirige el rezo:

Hoy contemplaremos los misterios gozosos. Ellos se caracterizan por el gozo que produce el acontecimiento de la encarnación. Meditar los misterios “gozosos” significa adentrarse en los motivos últimos de la alegría cristiana y en su sentido más profundo. Significa fijar la mirada sobre lo concreto del misterio de la Encarnación y sobre el preanuncio del misterio del dolor salvífico. (Ver “El Rosario de la Virgen María”, N° 20).

En el primer misterio gozoso se contempla la Anunciación.

«Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre, llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando donde ella estaba dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo…vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús”… Dijo María: “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra”». (Lc 1, 26-28.31-38)

Oh Dios, autor de la salvación, que enviaste a tu ángel Gabriel a Santa María para hacerla Madre del Redentor; aviva en nuestra mente la firme convicción de ser tus hijos y de querer vivir siempre en comunión con el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por la paz del mundo:

Para que los gobernantes de las naciones, responsables de promover el bien común y la concordia entre las naciones, establezcan entre los pueblos relaciones de justicia, de reconciliación y de paz.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el segundo misterio gozoso se contempla la Visitación de Nuestra Señora.

«En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. Y en cuanto oyó Isabel el saludo de María…quedó llena del Espíritu Santo». (Lc 1, 39-41)

 

Oh Señor, sabiduría y fuerza de los profetas, que inspiraste a la Madre del Verbo encarnado visitar a su distante y anciana prima, para que tu Hijo, que ella llevaba en su seno, santificase a Juan, el más grande profeta; concédenos obtener las gracias y las virtudes por la presencia operante de la Madre de la Iglesia.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por nuestro Arzobispo Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, y por todos los sacerdotes de nuestra Arquidiócesis.

Para que vivan su sacerdocio como servicio incansable y donación sin límites a Cristo y a la Iglesia.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el tercer misterio gozoso se contempla el nacimiento de Jesús.

«José y María salieron de Nazaret hacia Belén y, “mientras ellos estaban allí se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre”». (Lc 2, 6-7)

Oh Señor del cielo y de la tierra, que te complaciste en poner en movimiento a las estrellas del cielo y encaminar a los humildes y doctos hacia la fría cueva en donde María dio a luz a tu Hijo divino; concédenos unirnos en la humildad y el amor a la vida del Verbo encarnado.

Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por todas nuestras familias:

Para que por medio del rezo constante del santo rosario, nuestros hogares vivan cimentados en el amor y en la paz de Cristo.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el cuarto misterio gozoso se contempla la purificación de la Virgen.

«Cuando, según la ley de Moisés, se cumplieron los días de la purificación, subieron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está prescrito en la Ley del Señor: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”». (Lc 2, 22-23)

Oh Dios, libertador del pueblo elegido, que acogiste en el templo a tu Hijo divino con su Madre Virgen; concédenos por intercesión de la misma Madre de Dios ser presentados a ti en el Paraíso.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por los enfermos:

Para que el Señor Jesús y nuestra Madre Santa María, salud de los enfermos, los visiten con su amor misericordioso y les den la salud deseada.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el quinto misterio gozoso se contempla el Niño perdido y hallado en el templo.

«El niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres…Al cabo de tres días, lo encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles». (Lc 2, 43-46)

Oh Padre del cielo, que consentiste que tu Hijo divino se entretuviera contigo, entre los doctores del templo, no obstante las grandes angustias de sus padres por el temor de haberlo perdido; haznos perseverantes en la oración para conseguir los frutos de la redención.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por el Año del Rosario que estamos viviendo:

Para que Santa María nos eduque a contemplar el rostro de Jesús, su Hijo y así nuestra mirada no se aparte jamás de Él.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

CONCLUSIÓN

El que dirige el rezo:

Concluimos el rezo del Santo Rosario dirigiéndole a Nuestra Madre, con amor filial, el rezo de la Salve: Dios te salve, Reina y Madre…

En el Tiempo Pascual se reza Reina del Cielo.

(También se pueden rezar las Letanías).

El que dirige el rezo:

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de cuerpo, mente y espíritu, y por la intercesión de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

MISTERIOS LUMINOSOS

(Jueves)

ORACIÓN INICIAL

El que dirige el rezo:

En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

¡Oh Dios!, tú único Hijo nos ha conseguido con su muerte y resurrección los bienes de la salvación eterna: concédenos que, venerando estos misterios en el Santo Rosario de la Virgen María, imitemos aquello que contienen y obtengamos aquello que prometen.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

MISTERIOS LUMINOSOS

El que dirige el rezo:

Hoy contemplaremos los nuevos misterios de la luz. Cada uno de estos misterios revela el Reino ya presente en la persona misma del Señor Jesús. Si bien todo el misterio de Cristo es Luz, ya que Él es la Luz del mundo, esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de la vida pública, cuando el Señor anuncia el Evangelio del Reino. (Ver “El Rosario de la Virgen María”, N° 21).

El que dirige el rezo:

En el primer misterio luminoso se contempla el Bautismo de Jesús en el Jordán.

«Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia Él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, mi preferido”». (Mc 1, 9-11)

Señor, Dios nuestro, cuyo Hijo se manifestó en la realidad de nuestra carne; concédenos poder transformarnos interiormente a imagen de aquel que hemos conocido semejante a nosotros en su humanidad.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por los jóvenes:

Para que siguiendo el ejemplo de entrega generosa de Santa María, tengan el valor de seguir el llamado del Señor en sus vidas y den todas sus energías para construir un Perú más justo y reconciliado donde se viva sin temor el espíritu de las Bienaventuranzas del Reino.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el segundo misterio luminoso se contempla la auto revelación de Jesús en las Bodas de Caná.

«Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: "No les queda vino". Jesús le contestó: "Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti? Aún no ha llegado mi hora". Su Madre dijo a los sirvientes: "Haced lo que Él diga". Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en Él». (Jn 2, 3-5.11)

Señor, Padre Santo, que, por admirable designio, quisiste que la Virgen santa interviniese en los misterios de nuestra salvación; concédenos te rogamos, que dóciles a las palabras de la misma Madre de Cristo, hagamos todo lo que tu Hijo enseñó y ordenó en su Evangelio.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por las familias cristianas:

Para que como verdaderas iglesias domésticas, sean auténticos santuarios donde se viva la fe, la esperanza y la caridad; donde florezca la fidelidad, la obediencia filial, y el amor mutuo; donde se defienda y promueva la vida.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el tercer misterio luminoso se contempla el anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.

«Después que Juan fue encarcelado, Jesús se dirigió a Galilea, a predicar la buena noticia del Reino de Dios. Decía: "El tiempo ha llegado y el reino de Dios ya está cerca. Convertíos y creed en el Evangelio"». (Mc 1,14-15)

Señor Dios nuestro, que, en la Bienaventurada Virgen María, nos diste el modelo del discípulo que fielmente guarda las palabras de vida; te rogamos que abras nuestros corazones para escuchar las palabras de la salvación, y así, por el poder del Espíritu Santo, resuenen a diario en nosotros y produzcan abundantes frutos de conversión y santidad.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por el Perú:

Para que Nuestra Señora de la Evangelización, Madre y protectora de nuestro pueblo, al que ha acompañado a través de su historia como su Maestra en la fe, interceda por nosotros y nos ayude a construir en nuestra patria, la ansiada civilización del amor.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el cuarto misterio luminoso se contempla la Transfiguración

«Y sucedió que, mientras Jesús estaba orando, cambió el aspecto de su rostro, y su ropa se volvió de una blancura resplandeciente…De la nube salió una voz, que dijo: "Éste es mi Hijo amado, mi elegido. Escuchadle a Él"». (Lc 9, 29.35)

Oh Dios, que en la Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos tuyos; concédenos, te rogamos que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el predilecto, seamos un día coherederos de su gloria. Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por los consagrados y consagradas:

Para que viviendo su consagración religiosa, por la fiel observancia de sus reglas y constituciones, vivan con firmeza y constancia la caridad perfecta para con Dios, para con la Iglesia y para con el prójimo.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el quinto misterio luminoso se contempla la Institución de la Eucaristía.

«Durante la cena, Jesús tomó pan, dio gracias a Dios, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo. "Tomad y comed, esto es mi cuerpo". Tomó luego en sus manos una copa, dio gracias a Dios y lo pasó a sus discípulos, diciendo: "Bebed todos de ella, porque esto es mi sangre"». (Mt 26, 26-27)

Oh, Dios, que en la Santa Eucaristía nos dejaste el memorial de tu pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio:

Para que la vida de los sacerdotes sea una vida santa y para que en nuestra Arquidiócesis de Piura y Tumbes, siempre hayan corazones jóvenes que estén dispuestos a seguir el llamado del Señor en el servicio sacerdotal.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

CONCLUSIÓN

El que dirige el rezo:

Concluimos el rezo del Santo Rosario dirigiéndole a Nuestra Madre, con amor filial, el rezo de la Salve: Dios te salve, Reina y Madre…

En el Tiempo Pascual se reza Reina del Cielo.

(También se pueden rezar las Letanías).

El que dirige el rezo:

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de cuerpo, mente y espíritu, y por la intercesión de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

MISTERIOS DOLOROSOS

(Martes y Viernes)

ORACIÓN INICIAL

El que dirige el rezo:

En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

¡Oh Dios!, tú único Hijo nos ha conseguido con su muerte y resurrección los bienes de la salvación eterna: concédenos que, venerando estos misterios en el Santo Rosario de la Virgen María, imitemos aquello que contienen y obtengamos aquello que prometen.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

MISTERIOS DOLOROSOS

El que dirige el rezo:

Hoy contemplaremos los misterios dolorosos. El Rosario escoge algunos momentos de la Pasión, intuyendo que ellos son el culmen de la revelación del amor y la fuente de nuestra salvación. Los misterios dolorosos llevan al creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndose al pie de la cruz junto a María, para penetrar con ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora. (Ver “El Rosario de la Virgen María”, N° 22).

El que dirige el rezo:

En el primer misterio doloroso se contempla la oración en el huerto de los Olivos.

«Salió (del cenáculo) y, como de costumbre, fue hacia el monte de los Olivos, y los discípulos le siguieron. Y se apartó de ellos…y puesto de rodillas oraba diciendo: “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”…Y sumido en angustia, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como de gotas espesas de sangre que caían en tierra». (Lc 22, 39-44)

Oh Dios, omnipotente y misericordioso, que en el huerto de los Olivos abandonaste a tu Hijo a una amarguísima agonía para expiación de los pecados de los hombres; convierte a ti, suma bondad, nuestras frágiles voluntades para que detestando el pecado, nos convirtamos a la santidad y a la justicia.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por los pobres y por todos los que sufren:

Para que el Señor los auxilie en sus necesidades, aprendan a descubrir la dimensión reconciliadora del dolor y encuentren en todos los miembros de la Iglesia un testimonio de amor solidario.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el segundo misterio doloroso se contempla la flagelación del Señor.

«Díseles Pilato: “¿Y qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?” Y todos a una: “¡Sea crucificado!”…Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado». (Mt 27, 22; Mc 15, 15)

Dios de infinita bondad y de eterna justicia, que toleraste la pena dolorosa de la flagelación de tu divino Hijo para que su sangre lavase las miserias de los hombres; imprime en nosotros sentimientos de vivo dolor por nuestros pecados y confirma el sincero propósito de repararlo generosa y sinceramente.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por el Santo Padre, el Papa Benedicto XVI:

Para que el Señor que lo ha elegido como sucesor de San Pedro, lo cuide y ayude en todo momento, a fin de que sea para la Iglesia principio y fundamento visible de la unidad de la fe y de la comunión en la caridad.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el tercer misterio doloroso se contempla la coronación de espinas.

«Los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio, y llamaron a toda la cohorte. Le visten de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen. Y se pusieron a saludarle: “¡Salve, Rey de los judíos!». (Mc 15, 16-18)

 

Sabiduría eterna de Dios, que no ahorraste a tu divino Hijo, nuestro Salvador, el tormento de la corona de espinas para que expiase especialmente los pecados de impureza y de orgullo del hombre; sálvanos de las tinieblas del mal.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por las familias:

Para que las relaciones de los padres con sus hijos y de los esposos entre sí estén vivificadas por el amor, la comunicación y el respeto.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el cuarto misterio doloroso se contempla a Jesús con la cruz a cuestas.

«Tomaron, pues, a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí, le crucificaron» (Jn 19, 16-18)

Oh Dios, que manifestaste tu amor en la admirable redención del hombre y que de la penosa subida al Calvario de tu divino Hijo sacaste plena satisfacción por las culpas de la humanidad entera; convierte a los pecadores al verdadero camino, para que vuelvan a recorrerlo, aceptando de buen grado el peso de la cruz y las humillaciones debidas por sus pecados.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por todos los pueblos de la tierra:

Para que iluminados por la sabiduría del Espíritu, reconozcan al Señor Jesús como el Hijo amado que el Padre ha enviado para salvación de todos.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el quinto misterio doloroso se contempla la muerte de Jesús en la cruz.

«Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: ”Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dice al discípulo: “ahí tienes a tu madre”…(después) la oscuridad cayó sobre toda la tierra hasta la hora de nona…y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” y, dicho esto, expiró». (Jn 19, 26-27; Lc 23, 44-46)

Imploramos, Oh Señor, tu misericordia infinita, por la muerte en la cruz de tu amado Hijo, obediencia suprema a tu designio divino; para que sea dignamente honrada tu justicia y los hombres puedan entrar a gozar de tu presencia en la casa paterna.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por el aumento de nuestro amor filial a Santa María:

Para que amándola como el Señor Jesús la ama, María nos configure más plenamente con su divino Hijo.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

CONCLUSIÓN.

El que dirige el rezo:

Concluimos el rezo del Santo Rosario dirigiéndole a Nuestra Madre, con amor filial, el rezo de la Salve: Dios te salve, Reina y Madre…

En el Tiempo Pascual se reza Reina del Cielo.

(También se pueden rezar las Letanías).

El que dirige el rezo:

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de cuerpo, mente y espíritu, y por la intercesión de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

MISTERIOS GLORIOSOS

(Miércoles y Domingo)

ORACIÓN INICIAL

El que dirige el rezo:

En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

¡Oh Dios!, tú único Hijo nos ha conseguido con su muerte y resurrección los bienes de la salvación eterna: concédenos que, venerando estos misterios en el Santo Rosario de la Virgen María, imitemos aquello que contienen y obtengamos aquello que prometen.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

MISTERIOS GLORIOSOS

El que dirige el rezo:

Hoy contemplaremos los misterios gloriosos. La contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado! El Rosario ha expresado siempre esta convicción de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasión para fijarse en la gloria de Cristo, en su Resurrección y en su Ascensión. Contemplando al Resucitado, el cristiano descubre de nuevo las razones de la propia fe (ver 1 Cor 15,14), y revive el gozo de María, quien experimentó de modo intenso la nueva vida del Hijo glorificado. (Ver “El Rosario de la Virgen María”, N° 23).

El que dirige el rezo:

En el primer misterio glorioso contemplamos la Resurrección del Señor.

«Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dice: “No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron”». (Mc 16, 5-6)

Padre de inmensa gloria, por la fe viva y operante en la resurrección de tu divino Hijo, haznos vencedores del mal y del infierno.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por la Paz del mundo:

Para que los gobernantes de las naciones acojan el pedido del Santo Padre, de forjar una paz con justicia y con perdón, para que de esta manera cesen los odios, los deseos de venganza y el ansia de la destrucción.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el segundo misterio glorioso se contempla la Ascensión del Señor a los cielos.

«Jesús se acercó a ellos y les habló así: “Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo…” Después…alzando sus manos los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo, en donde está sentado a la derecha del Padre». (Mt 28, 18-19; Lc 24, 50-51)

Dios, omnipotente y eterno, que glorificaste la humanidad gloriosa de tu divino Hijo con la triunfante ascensión al cielo; mantén despierta en nosotros la esperanza de las realidades espirituales y haznos partícipes en la tierra de los sentimientos del corazón materno de Santa María.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por el Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, por su santidad de vida, salud e intenciones.

Para que el Señor Jesús lo sostenga en todo momento con su amor.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el tercer misterio glorioso se contempla la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los apóstoles.

«Llegado el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar…Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que dividiéndose se posaron sobre cada uno de ellos; y quedaron todos llenos del Espíritu Santo». (Hch 2, 1.3-4)

¡Oh Padre!, que en unión de tu divino Hijo enviaste al Espíritu Santo a Santa María, la madre de Jesús, y a los apóstoles, reunidos con ella en el cenáculo; une a toda la humanidad en Cristo, nuestro Redentor, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por las familias cristianas:

Para que sean testigos del Evangelio y fomenten la vocación cristiana de sus hijos.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el cuarto misterio glorioso se contempla la asunción de Santa María al cielo.

«La Inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, concluida su vida terrena fue ascendida en cuerpo y espíritu a la gloria celestial» (Definición dogmática de Pío XII)

Oh Dios, felicidad eterna de los bienaventurados, que con la asunción al cielo en cuerpo, mente y espíritu de la Madre de tu Hijo divino manifestaste el triunfo de la reconciliación del hombre; por la intercesión de la misma Virgen María, haznos santos, como tú nos quieres.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por las vocaciones al sacerdocio:

Para que el Señor nos conceda, muchas y buenas vocaciones, a fin de que la grey cristiana, guiada por santos y sabios sacerdotes, pueda llegar segura a los pastos abundantes de la eterna felicidad.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

El que dirige el rezo:

En el quinto misterio glorioso se contempla la coronación de Santa María.

«Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza». (Ap 12, 1)

Oh Trinidad gloriosa y eterna, fin último de la persona humana y de todo el universo creado, que revelas tu gloria de manera singular en la exaltación de la Madre de tu divino Hijo, como Madre de la Iglesia triunfante, purgante y militante; haznos ahora, en la tierra, hijos devotos de la Iglesia, para poder gozar para siempre de la infinita misericordia de tu redención.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

Ofrecemos este misterio por los que sufren:

Para que unidos con amor y esperanza a la Cruz del Señor Jesús, experimenten el amor del Padre, la presencia confortadora del Espíritu Santo, y la caridad de sus hermanos cristianos.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Canto.

CONCLUSIÓN.

El que dirige el rezo:

Concluimos el rezo del Santo Rosario dirigiéndole a Nuestra Madre, con amor filial, el rezo de la Salve: Dios te salve, Reina y Madre…

En el Tiempo Pascual se reza Reina del Cielo.

(También se pueden rezar las Letanías).

El que dirige el rezo:

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de cuerpo, mente y espíritu, y por la intercesión de santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

El que dirige el rezo:

En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén

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viernes 27 abril, 2007