Testimonio de un Seminarista

Me llamo Cristian Calderón, tengo 24 años de edad y estoy en el segundo año de filosofía en el Seminario San Juan María Vianney de Piura.

Soy el mayor de cuatro hermanos. A los 16 años ingresé a la Universidad donde me gradué de Bachiller en ingeniería Pesquera, precisamente un día como hoy, hace exactamente 2 años.

Es cierto que siempre es Dios el que toma la iniciativa, en toda vocación la iniciativa es de Dios. Pero la respuesta es siempre nuestra.

Dios me concedió estar en la Iglesia desde mis once años hasta los veintidós como monaguillo y durante este tiempo me ha ido mostrando su plan poco a poco en mi vida. Siempre respetando mí libertad, pero nunca le daba respuesta alguna.

Hasta que un día me concedió el don gratuito de poder decirle: Sí. Pero este sí, trajo consigo la tenaz oposición y rechazo de toda mi familia, sobre todo de mi padre. Para ellos era algo absurdo. Dios permitió este rechazo, no para burlarse de mí, sino con la finalidad de fortalecer mi decisión y para hacerme crecer en la fe.

Es así que un día 23 de enero, respondí a su amor y me presenté al seminario y veo cada día que esto ha sido una bendición para toda mi familia. Ellos ahora están felices conmigo viéndome feliz de seguir a Jesucristo. Ellos también se han acercado a la Iglesia y están muy contentos.

Yo no conocía a Dios, lo conocía muy poco. Es en el seminario donde estoy aprendiendo a estar con Jesucristo, a ser su amigo. Veo también que por pura gracia sigo perseverando y se me ha quedado grabado lo siguiente: "de que hoy, la gente más que querer oír hablar de Jesús, quiere ver a Jesús en nosotros".

Es así que Dios me va dando una vida nueva y si Él me lo concede seré un mensajero de su Palabra y de la Salvación que nos ha llegado en nuestro Señor Jesucristo.

También veo que a través de mi vocación, Dios quiere sacar muchas cosas buenas, no sólo para mi mismo, sino también para mucha gente. Es decir que veo que mi vocación no sólo tiene un sentido personal sino que tiene una dimensión universal, y ver que detrás de mi hay todo un pueblo que está esperando el anuncio de Jesucristo.

Quiero agradecer a nuestro queridísimo Mons. José Antonio Eguren, por habernos regalado este encuentro de jóvenes. Hubiese querido que Él pudiera escuchar mi testimonio. Quiero darle las gracias por habernos regalado este encuentro con todos los jóvenes de Piura.

Quisiera darle gracias por que está muy cerca de nosotros. Todos lo miércoles viene a estar con nosotros al Seminario, nos saluda personalmente a cada uno y nos enseña a través de sus sabias reflexiones a conocer y a amar cada vez más a nuestro Señor Jesucristo. Su presencia entre nosotros y su palabra, es como la columna fundamental de nuestra formación. Es verdad lo que usted siempre nos dice: "La única tristeza es la de no ser santos".

Quisiera decirle también que es mentira que los jóvenes lo único que buscamos es el alcohol, la droga, el sexo, el juego o la violencia. Los jóvenes queremos ser santos. Hemos descubierto la belleza del matrimonio, de la familia, de la vida consagrada.

Yo he encontrado en la vocación al presbiterado la verdadera alegría, la auténtica felicidad.

Termino dando gracias a la Virgen Inmaculada en esta bella imagen. A sus pies pongo hoy día de nuevo mi vocación.

Muchas gracias.

martes 21 noviembre, 2006