«USTEDES SON MIS AMIGOS»
¡FELIZ DÍA MAMÁ!

Arzobispo celebra Santa Misa en el Día de la Madre

09 de mayo del 2021 (Oficina de Prensa).- Nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., celebró la Santa Misa en el VI Domingo de Pascua. La Eucaristía fue especialmente ofrecida en acción de gracias a Dios por todas las mamás, especialmente las de Piura y Tumbes, vivas y difuntas, al celebrarse hoy el Día de la Madre. 

A continuación les ofrecemos la homilía completa que pronunció nuestro Arzobispo hoy: 

“Ustedes son mis amigos”
¡Feliz Día Mamá! 

En el Evangelio de hoy, VI Domingo de Pascua (ver Jn 15, 9-17), hay una expresión del Señor Jesús que es emocionante y enternecedora: “Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre” (Jn 15, 15). Es conmovedor que Jesús nos llame “amigos”, que nos diga que somos realmente “sus amigos”, en otras palabras, que nos dé su amistad. Y estas no son palabras declarativas o vacías, sino auténticas y llenas de sentido, porque Él nos ha dado la prueba más contundente de su amistad al haber entregado su vida por nosotros: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y ustedes son mis amigos” (Jn 15, 13-14).     

Recuerdo que después de la muerte de San Juan Pablo II, en la Misa para la elección del Romano Pontífice[1], el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, quien se convertiría a los pocos días en Benedicto XVI, reflexionó sobre nuestro texto evangélico. Con su reconocida sabiduría teológica y espiritual, explicó que, en este pasaje del Evangelio, Jesús define la amistad de dos modos. En primer lugar, entre los amigos no hay secretos, hay absoluta confianza, total transparencia y entrega. Efectivamente, Cristo nos dice que todo aquello que le escucha al Padre, nos lo da a conocer: “Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre” (Jn 15, 15).

De esta manera, el Señor nos da acceso a la Verdad, y con ella al conocimiento pleno del misterio de Dios, Uno y Trino, y del hombre, para que así seamos realmente libres. Además, Jesús no se guarda nada para sí: Él, nos revela su rostro, su Corazón, y nos muestra su ternura y amor apasionado por nosotros, el cual llega hasta el extremo de la cruz. Tanta es la confianza que el Señor nos tiene, que nos entrega y nos comparte en cada Eucaristía, su mismo Cuerpo y Sangre. Surge entonces la interrogante: Si Jesús nos ha hecho sus amigos, nosotros ¿cómo le respondemos? ¿Le abrimos y entregamos nuestro corazón en la oración? ¿Somos sinceros con Él cuando nos acercamos a la confesión sacramental? ¿Le somos fieles en la alegría como en el dolor? Esta transparencia con el Señor, ¿la traducimos después en el hogar, siendo sinceros, claros, y francos entre nosotros, es decir, los esposos entre sí, los padres con sus hijos y los hijos con sus padres? ¿Vivo también esta apertura y sinceridad con mis amigos, compañeros de trabajo y estudio?

Nos dice además Benedicto XVI, que el segundo modo como Jesús define la amistad, es la comunión de voluntades: “Ustedes sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Jn 15, 14). “La amistad con Cristo coincide con lo que expresa la tercera petición del Padrenuestro: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo». En la hora de Getsemaní Jesús transformó nuestra voluntad humana rebelde en voluntad conforme y unida a la voluntad divina. Sufrió todo el drama de nuestra autonomía y, precisamente poniendo nuestra voluntad en las manos de Dios, nos da la verdadera libertad: «No como quiero yo, sino como quieres tú» (Mt 21, 39). En esta comunión de voluntades se realiza nuestra redención: ser amigos de Jesús, convertirse en amigos de Jesús. Cuanto más amamos a Jesús, cuanto más lo conocemos, tanto más crece nuestra verdadera libertad, crece la alegría de ser redimidos. ¡Gracias, Jesús, por tu amistad!”.[2]

A este respecto, y en el marco de este mes de Mayo, mes consagrado a nuestra Madre Santísima, nos hace mucho bien recordar la directa y clara exhortación de Santa María a la obediencia de la fe en su Hijo: “Haced, lo que Él os diga” (Jn 2, 5), frase que algunos biblistas traducen como, “haced todo lo que os dijere”. Y es que, nadie mejor que María sabe, que en el hacer la voluntad de Jesús esta nuestra paz, nuestra libertad y nuestra salvación. Que, si unimos nuestra voluntad a la de su Hijo, diciendo “Sí”, como Ella, encontraremos el camino seguro para nuestra realización personal y social, y sobre todo el camino hacia el Cielo, es decir, a la vida eterna.   

Finalmente, sobre este punto de la amistad con Jesús, está la clara advertencia del Señor: “Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca” (Jn 15, 16). ¿En qué consiste este ir y dar un fruto que dure, que subsista? Consiste en estar animados e impulsados por la inquietud de llevar a todos el don de la fe, que no es otra cosa, sino que, gracias a nuestro esfuerzo evangelizador, muchos conozcan a Jesús y lleguen a ser amigos suyos. La fe, el amor y la amistad de Dios, se nos han concedido para que las comuniquemos a los demás. Este es el fruto que debemos dar, y que debe permanecer y abundar en nuestras vidas.

No seríamos fieles al Evangelio de hoy, sino habláramos esta mañana de la realidad del amor. Cuatro veces Jesús repite hoy el sustantivo “amor” y cinco veces el verbo “amar” : “Como el Padre me amó, así también los he amado yo: permanezcan en mi amor”…”Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado” (Jn 15, 9.12). El Amor es la vida misma de Dios Uno y Trino, porque Dios es Amor (ver 1 Jn 4, 8). Ahora bien, no sólo hemos sido creados por el Amor, sino que además hemos sido creados y redimidos para el amor, ya que somos imagen y semejanza de Dios (ver Gen 1, 26-27), y como fruto del misterio pascual, “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5, 5). Sólo amando, la persona humana, es decir cada uno de nosotros, se encuentra a sí misma, descubre su verdadera identidad y misión en la vida, se despliega y realiza, y alcanza su felicidad proyectándose de manera firme y segura a la eternidad de Dios-Amor.  

Pero lamentablemente en estos tiempos, la palabra amor es una de las palabras más manoseadas y vaciadas de su auténtico sentido. Incluso hasta a lo impuro hoy en día se le llama amor. Por eso es lícito preguntarse: Si en amar esta mi felicidad y vida, ¿quién me revela el amor verdadero? ¿Quién me enseña a amar de verdad? Más aún, ¿quién me hace capaz de amar auténticamente, ya que el amor es un don que viene de lo alto? La respuesta es clara: El Señor Jesús. Él, no sólo nos muestra el Amor, sino que Jesús es el Amor. Él, en la cruz, es el rostro y la medida del Amor verdadero.

Por eso cuando nos deja su mandamiento nuevo, “ámense los unos a los otros”, se cuida muy bien en añadir, “como yo los he amado”, porque no se trata de amar de cualquier manera, o de como nosotros creamos que debemos amarnos, y menos aún como el mundo nos diga que hay que amar. Para el cristiano se trata de amar como Cristo, y este crucificado.

En esta hora difícil de pandemia y de la historia de nuestra Patria, no nos cansemos de amar. Que no se cansen de amar los sacerdotes y consagrados, los médicos y las enfermeras, los esposos y los padres de familia, los hijos y los amigos. Que no se cansen de amar los profesionales que nos atienden y sirven, los policías y militares que nos cuidan, y sobre todo nuestra autoridades, llamadas a amar y servir a su pueblo, con absoluto desinterés, es decir, sin intereses personales o de grupo. En estos tiempos de dolor y temor, tengamos la certeza que Jesús no deja de amarnos, que el Amor es más fuerte, el Amor es lo más poderoso que existe y el Amor siempre triunfa.  

¡Feliz Día Mamá!

Como mencioné al principio de la Santa Misa, hoy ofrecemos esta Eucaristía por todas nuestras Madres, vivas o difuntas. El día de hoy démosle un beso tierno a nuestra Mamá, a aquella que nos ha engendrado, que nos ha concebido, que nos ha madurado en su vientre y después dado a luz. A aquella que nos alimentó, que nos protegió desde el principio, que nunca ha dejado de darnos sus consejos, y en el silencio de su habitación reza y pide siempre por nuestro bien al Señor y a la Virgen, hay veces con lágrimas en sus ojos.  

Y a las que están en el Cielo, démosle el beso de nuestra oración y de nuestro recuerdo agradecido, con la seguridad que desde ahí nos miran con amor y continúan cuidándonos con su oración e intercesión.

El don de la maternidad nunca es ni será un problema, es un don, es el regalo más maravilloso que una mujer puede tener porque supone participar del poder creador del mismo Dios. Una madre sabe muy bien, que un hijo nunca es un inconveniente o una carga, sino que más bien, es siempre una bendición, una buena noticia, aún en las circunstancias y momentos más difíciles.

Frente al feminismo radical proabortista, incapaz de ver la grandeza y belleza de la maternidad y de la vida humana como don milagroso de Dios, revaloremos hoy y siempre el don de la maternidad del cual millones de mujeres son hoy en día un testimonio luminoso. Ahí está el testimonio de las madres que luchan por el futuro de sus hijos en medio de la pandemia y de la pobreza. Ahí está el testimonio de las que son madres de hijos con habilidades especiales, quienes se esfuerzan por hacer respetar sus derechos integrándolos a la vida social, enseñándonos que toda vida humana es digna de ser amada por sí misma, independientemente de cualquier otra consideración: inteligencia, belleza, salud, juventud, integridad, etc. Ahí está el testimonio de las madres que trabajan en los servicios esenciales durante la pandemia, para poner lo mejor de sí para derrotar al virus y servirnos con amor.

Ahí está también el testimonio de aquellas madres que están solas, que son cabeza de su hogar, y se esfuerzan dándolo todo por sus hijos, porque una madre sabe testimoniar, incluso en los peores momentos, la ternura, la dedicación, la fuerza moral, el sacrificio, y la entrega. Ahí está el testimonio de esperanza de aquellas madres que en estos tiempos de pandemia llevan en sus entrañas a sus hijos o los han dado a luz durante la pandemia. El don de su maternidad en estos tiempos es toda una señal de esperanza de que la vida vence a la muerte. Cada nacimiento tiene el sabor de la esperanza, del renacimiento. Ver nacer a un niño en este tiempo azotado por el Covid-19, significa ser capaz de custodiar una esperanza más fuerte que la muerte, una esperanza ligada a la Pascua que estamos celebrando, una esperanza unida a Aquel que, en la Resurrección, venció la muerte con la vida.

Queridas Mamás y también queridas Abuelas: Gracias por todo lo bueno y bello que ustedes encarnan y significan para sus hijos, para nuestra sociedad y para la Iglesia. Gracias por defender la vida desde la concepción hasta el nacimiento y durante todas las etapas de la existencia hasta su fin natural. Gracias por amar a sus hijos, por ser hijos, por acogerlos incluso cuando llegan de manera inesperada a la vida, porque ustedes mejor que nadie saben que un hijo nunca es un error. Gracias por transmitir junto con la vida natural la vida de la fe a sus hijos. Sin las madres no sólo no habrían nuevos fieles, sino que la fe perdería buena parte de su calor sencillo y profundo, de su belleza y de su atracción.

Por este motivo, con inmensa gratitud a ustedes, le pedimos a María, Madre del Verbo encarnado y Madre nuestra también, que proteja a cada mamá terrena. Que todas las madres puedan desempeñar con entrega y fidelidad su servicio cotidiano en la familia, en la Iglesia y en la sociedad. ¡Que, para todas ellas, la Virgen sea su apoyo, consuelo y esperanza!

San Miguel de Piura, 09 de mayo de 2021
VI Domingo de Pascua – Día de la Madre

[1] Ver Joseph Card. Ratzinger, Misa por Eligendo Romano Pontifice, 18-IV-2005.

[2] Joseph Card. Ratzinger, Misa por Eligendo Romano Pontifice, 18-IV-2005.

Puede descargar el PDF de esta Homilía pronunciada por nuestro Arzobispo desde AQUÍ

Puede ver la transmisión de la Santa Misa de hoy desde AQUÍ

domingo 9 mayo, 2021