«TODOS VERÁN LA SALVACIÓN DE DIOS»

Arzobispo celebra Santa Misa en el II Domingo de Adviento con la especial asistencia de la Policía Nacional del Perú

05 de Diciembre del 2021 (Oficina de Prensa).- En medio de un clima de profunda alegría y esperanza, la mañana de hoy, nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., celebró la Santa Misa en la Basílica Catedral de nuestra Ciudad, con ocasión del II Domingo de Adviento, donde aparece la figura de San Juan Bautista, quien nos llama a la conversión y cuya misión fue preparar los caminos al Mesías. Los fieles piuranos se reunieron con mucha devoción, respetando el aforo permitido y observando todos los protocolos de bioseguridad.

XXXIII Aniversario de la Policía Nacional del Perú

La Santa Misa de hoy fue especialmente ofrecida en acción de gracias al Señor por el XXXIII Aniversario de creación de la Policía Nacional del Perú. De manera especial se ofreció la Eucaristía por los más de 787 valientes efectivos policiales fallecidos hasta el momento en nuestro País por causa del Covid-19, de los cuales 26 son de nuestra Región Piura. Participó de esta celebración eucarística el General PNP, Carlos Alberto Malaver Odías, Jefe de la I Macro Region Policial Piura, quien estuvo acompañado de varios Congresistas de la República por Piura , así como de las principales autoridades políticas, civiles y militares de nuestra Región, y también por los oficiales superiores, personal subalterno, y personal civil de la Policía Nacional del Perú.

Durante la Santa Misa, nuestro Pastor los felicitó por este nuevo aniversario, les agradeció por su invalorable servicio en bien de la sociedad, especialmente en estos tiempos de pandemia, y les dijo: «Que, en vuestro combate diario contra el mal, los sostenga la certeza de que Cristo ya lo ha vencido y que los remanentes del mal que aún nos golpean serán totalmente derrotados en su última y definitiva venida, esa venida que el Adviento que estamos celebrando nos hace anhelar e invocar. Por lo tanto, no hay nada que pueda hoy renovar más vuestro compromiso policial que el saber que Cristo está de vuestro lado, y que por tanto combaten al enemigo bajo su guía y la de su Madre Santísima. Que esta certeza los fortalezca en su diaria lucha por hacer que el bien triunfe sobre el mal. Mantengan vivos en sus corazones el ardor por la misión y la fidelidad a los ideales policiales. Vivan siempre los valores humanos y cristianos que son el fundamento que les permitirá cumplir en todo momento a cabalidad con su misión, como son entre otros el honor, la lealtad, la honestidad, el servicio, la camaradería, el sacrificio hasta el extremo, la honradez, la fe, el amor a la verdad y a la justicia, y la caridad fraterna. Sean hombres y mujeres de probada virtud, y de esta manera, factores vivos de ética social que colaboren en la construcción de una sociedad digna de la persona humana. Que todos aquellos que se acerquen  a ustedes durante su trabajo de cada día, experimenten que son personas íntegras, siempre dispuestas a brindar en todo momento ayuda, protección y cordial asistencia, a todo aquel que lo necesite. No se olviden jamás que un policía con valores es un instrumento fundamental en la vida de los ciudadanos para su formación en el amor a la Patria y el cumplimiento y respeto a las leyes».

A continuación, les ofrecemos la homilía preparada por nuestro Arzobispo para este II Domingo de Adviento: 

“Todos verán la salvación de Dios”

La segunda vela encendida de nuestra Corona de Adviento, nos advierte que estamos en el segundo domingo de este tiempo de espera del Salvador. Hoy hace su aparición San Juan Bautista, hijo de Zacarías e Isabel (ver Lc 1, 57-62), un personaje típico de este tiempo litúrgico. Es imposible celebrar el Adviento sin evocarlo a él, cuya vida y misión están definidas por anunciar la llegada de Cristo, el Mesías, y después señalarlo presente entre nosotros.

Efectivamente, todos los profetas anteriores al Bautista decían que el Señor vendría a salvarnos (ver Ex 16, 6-7), pero no sabían cuándo y cómo. En cambio el Bautista tuvo el privilegio de poder señalar a Jesús presente en medio de su pueblo, diciendo de Él: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29), palabras que, dicho sea de paso, han quedado perennizadas en la liturgia de la Santa Misa, y las cuales pronuncia el sacerdote momentos antes de la comunión eucarística, cuando sosteniendo y mostrando al Pueblo de Dios la hostia y el cáliz consagrados, nos advierte que Aquel a quien vamos a recibir bajo la apariencia de pan y de vino, es al mismo Señor Jesús, en el misterio de su Cuerpo y de su Sangre.

El mismo Jesús  lo define como un profeta excepcional, cuando hablando del Bautista le pregunta a la gente:

“Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Éste es de quien está escrito: He aquí que envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino” (Lc 7, 26-27). Por todo esto, la persona de San Juan Bautista pertenece al Adviento porque él fue enviado por Dios como el Precursor, es decir como aquel que debía preparar el camino a Cristo, y después señalarlo presente entre nosotros para que le sigamos.

San Lucas nos dice que la Palabra de Dios le fue dirigida al Bautista en el desierto, y que desde ahí San Juan clamaba con las mismas palabras del profeta Isaías (ver Is 40, 3-5): “Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas” (Lc 3, 4). Así como ayer, hoy también la voz del Bautista, “grita en los desiertos de la humanidad, que son las mentes cerradas y los corazones duros, y nos hace preguntarnos si en realidad estamos en el buen camino, viviendo una vida según el Evangelio”.[1]

Por el misterio del Adviento que la liturgia celebra, San Juan el Bautista se acerca hoy a los hombres apartados de las cosas de Dios para suscitar en ellos nuevas inquietudes y cambiar sus ideales mundanos. Él sacude a las personas de su indiferencia religiosa, los despierta al amor salvador de Dios, forma la conciencia moral, y mueve a las personas a la conversión y a la justicia (ver Lc 3, 11-14).  

Asimismo, San Lucas nos relata que San Juan, “se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados” (Lc 3, 3).

Quizá alguno de nosotros podría preguntarse: Pero la conversión, ¿no es más bien para los que no creen? Yo soy cristiano, soy católico, vengo a Misa los domingos, rezo, sigo a Jesús, ¿necesito convertirme? La respuesta es sí, porque todos somos pecadores y siempre estamos necesitados de hacer penitencia y morir a nuestro pecado. Ninguno de nosotros puede decir que ya es santo y que ya está salvado. Siempre podemos acoger con un corazón más amplio la salvación que el Bautista anuncia y que sólo Jesús puede darnos.  Siempre podemos crecer un poco más en nuestra fe, amor y seguimiento de Cristo, así como en nuestro amor fraterno. En una frase: En cualquier etapa de nuestra vida, podemos crecer más en la santidad y en nuestra pertenencia a Cristo en su Santa Iglesia.

Queridos hermanos: San Juan Bautista nos urge hoy a preparar los caminos al Señor para que todos puedan ver la salvación de Dios (ver Lc 3, 6). Por lo tanto, y como bien nos enseña el Papa Francisco, “cada uno de nosotros está llamado a dar a conocer a Jesús a quienes todavía no lo conocen. Y esto no es hacer proselitismo. No, es abrir una puerta. «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Cor 9, 16), declaraba San Pablo. Si a nosotros el Señor Jesús nos ha cambiado la vida, y nos la cambia cada vez que acudimos a Él, ¿cómo no sentir la pasión de darlo a conocer a todos los que conocemos en el trabajo, en la escuela, en el edificio, en el hospital, en distintos lugares de reunión? Si miramos a nuestro alrededor, nos encontramos con personas que estarían disponibles para iniciar o reiniciar un camino de fe, si se encontrasen con cristianos enamorados de Jesús. ¿No deberíamos y no podríamos ser nosotros esos cristianos? Os dejo esta pregunta: ¿De verdad estoy enamorado de Jesús? ¿Estoy convencido de que Jesús me ofrece y me da la salvación? Y, si estoy enamorado, debo darlo a conocer. Pero tenemos que ser valientes: bajar las montañas del orgullo y la rivalidad, llenar barrancos excavados por la indiferencia y la apatía, enderezar los caminos de nuestras perezas y de nuestros compromisos”.[2]

El Adviento es también un tiempo propicio para seguir el ejemplo del San Juan Bautista de anunciar a Cristo, quien es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre. Es un tiempo propicio para evangelizar, que no es otra cosa sino anunciar el nombre, la persona, la enseñanza, la vida, las promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios y de la Virgen María, el único Salvador del mundo ayer, hoy y siempre. De esta manera, “todos verán la salvación de Dios” (Lc 3, 6).

Queridos hermanos: Por todo lo mencionado y mucho más, San Juan Bautista se nos presentan como una personalidad religiosa extraordinaria, y por lo tanto como un gran modelo a imitar para todo cristiano, no solamente en el Adviento, sino a lo largo de todo el Año Litúrgico que recién acabamos de comenzar a celebrar.

San Juan Bautista nos exhorta a acoger al Señor Jesús, el Salvador, a través de una conversión sincera de vida, porque el Mesías que esperamos es capaz de transformar nuestra vida con su gracia, con la fuerza del Espíritu Santo, con la fuerza del amor.

Asimismo, nos anima a anunciar la alegría de la salvación, que es el mismo Cristo, y nos enseña a contentarnos con ser una flecha que indique a los demás el camino que lleva al Señor y no los retenga, porque como el mismo Juan afirmó de sí mismo: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Jn 3, 30).

Que María Santísima, nos ayude a preparar día tras día el camino del Señor, comenzando por nosotros mismos, así como a anunciar a los demás con ilusión, ardor y esperanza, a la persona viva de su Divino Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, quien es el camino a recorrer, la verdad a ensayar y la vida a vivir.

Amén.

San Miguel de Piura, 05 de diciembre de 2021
II Domingo de Adviento

[1] S.S. Francisco, Angelus, 06-XII-2015.

[2] Ibid.

Puede descargar el archivo PDF de la homilía pronunciada por nuestro Arzobispo AQUÍ