“SAN JOSÉ, FIEL CUSTODIO DE JESÚS, MARÍA Y LA IGLESIA”

Arzobispo celebra Fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret

26 de diciembre de 2021 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., celebró la Santa Misa en la Basílica Catedral de Piura con ocasión de la Fiesta de la Sagrada Familia. En este día, Dios Amor nos brinda nuevamente el modelo pleno de amor familiar, al presentarnos a Jesús, María y José, la Sagrada Familia, que nos habla de todo aquello que cada familia anhela auténtica y profundamente. Participaron de la Eucaristía familias piuranas que oraron para dar gracias a Dios por los bienes recibidos y le pidieron les ayude siempre a fortalecer su unión en el amor.

A continuación, les ofrecemos la homilía completa pronunciada por nuestro Arzobispo el día de hoy: 

“San José, fiel custodio de Jesús, María y la Iglesia”

Dios quiso nacer en una familia humana

Con gozo y emoción, vivimos en estos días el misterio de la Navidad, el misterio de “la Palabra que se hizo carne, y puso su morada entre nosotros” (Jn 1, 14). En estos días santos, y gracias al don de la fe, contemplamos en los brazos de Santa María, la gloria del Niño Dios recién nacido, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Por la Encarnación del Hijo de Dios, el tiempo se ha abierto a lo eterno. Con el nacimiento del Señor Jesús de María Santísima, la Mujer bendita entre todas las mujeres, Cristo ha hecho del tiempo un “hoy” permanente de salvación. Y todo esto ha acontecido en el seno de una familia. Jesús pudo haber venido a salvarnos de una manera espectacular y deslumbrante, aparatosa y pomposa, pero no, ha venido a nosotros como un hijo de familia, naciendo en el seno de un hogar formado por su Madre, Santa María, en unión con San José, casto esposo de la Virgen de Nazaret, padre legal y fiel Custodio del Redentor. Dios quiso nacer en una familia humana, es decir, quiso tener una madre y un padre como nosotros. De esta manera, Jesús nos enseña a estimar y a comprender el valor de la familia. Por todo ello, la Iglesia, celebra el día de hoy en su liturgia, a la Sagrada Familia de Nazaret, modelo de toda familia.

Con corazón de padre, San José amó al Señor Jesús

Recientemente hemos clausurado el Año Jubilar dedicado a San José, con ocasión de haber celebrado el 150° aniversario de su proclamación como “Patrono de la Iglesia Universal”, título que le confirió el Beato Papa Pío IX, el 08 de diciembre de 1870, por medio del Decreto “Quemadmodum Deus” (“Del mismo modo que Dios”).

Por ello, quisiera dedicar mi homilía de este año, con ocasión de la fiesta de la Sagrada Familia, a resaltar la vocación y misión de San José, el padre legal de Jesús, sobre todo en estos tiempos donde la vocación paterna está muy desvalorizada, y además no son pocos los casos en que muchos padres no reconocen a sus hijos, no contribuyen a su sostenimiento, y no colaboran en su crianza y educación.

Con su trabajo honesto y laborioso en su taller de carpintero, San José supo proveer todo lo necesario para el sustento del hogar de Nazaret, es decir, de su esposa Santa María y de Jesús, y además hacer que su familia se abriese con caridad auténtica a todos, pero en especial a los más pobres y necesitados. Como padre adoptivo del Señor, a San José se le confió una gran misión: Criar a Jesús, y ser un modelo de quien el Señor pudiera aprender a formarse en todo lo humano (ver Lc 2, 52). No es difícil imaginarnos a San José, alimentando a Aquel, a quien después el pueblo fiel comería como pan bajado del cielo para la vida eterna (ver Jn 6, 51-58). Tampoco resulta difícil verlo en el hogar de Nazaret bañando, vistiendo, y abrazando con ternura a Jesús, así como ayudándolo a dormir de noche. 

Todas las tareas que un padre debe realizar en favor de sus hijos, San José las realizó con mucho amor y devoción en favor del Niño Dios como si fuera su propio hijo. Por todo ello, Jesús vio en San José la ternura de su Padre Dios.

Cuando Jesús comenzó a crecer, San José le enseñó a caminar, a hablar, a trabajar, y lo más importante, a buscar en la oración a su Padre celestial. Jesús, tanto de niño como de adolescente y joven, habría sin duda valorado y admirado de aquel que era su padre legal, su vida de judío piadoso, de hombre justo, es decir, de persona abierta al misterio, que sabe ver con asombro la acción de Dios en la propia vida, y que sabe acoger y adherirse a la voluntad divina sin reserva alguna. Jesús, indudablemente, también habría apreciado y estimado el amor puro y tierno de José por su esposa, Santa María, la Purísima Madre del Señor.  

San José custodio de la Sagrada Familia y de la Iglesia

Una tarea fundamental de la vocación de San José fue la de proteger a la Sagrada Familia. En efecto, el guió a Santa María hasta Belén (ver Lc 2, 4), a él le fue encargado por el Arcángel San Gabriel que custodiara el misterio de la Encarnación (ver Mt 1, 24), él protegió a la Sagrada Familia y en especial al Niño Dios en los inicios de su vida cuando Herodes quería matarlo (ver Mt 2, 13-23), y fue a buscar a Jesús cuando éste se quedó en el Templo en medio de los doctores de la ley (ver Lc 2, 41-49). Es decir, siempre lo vemos protegiendo de todo peligro a Jesús y a su Madre, Santa María.

Esta misión de “protector” y “defensor”, San José la conserva hasta nuestros días, protegiendo a la Iglesia que hoy en día es atacada por doquier por sus enemigos y se ve oprimida por tan graves calamidades que parece que los impíos hacen prevalecer sobre ella las puertas del infierno”.[1]

La preocupación y el cuidado de San José por Nuestro Señor Jesucristo, se extiende a su Cuerpo Místico, a la Iglesia. “San José no puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia, porque la Iglesia es la extensión del Cuerpo de Cristo en la historia, y al mismo tiempo en la maternidad de la Iglesia se manifiesta la maternidad de María. José, a la vez que continúa protegiendo a la Iglesia, sigue amparando al Niño y a su Madre, y nosotros también, amando a la Iglesia, continuamos amando al Niño y a su Madre”.[2]

Sabemos por el Evangelio, que el Arcángel San Gabriel se le aparece en sueños y le dice: “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados…Y despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer” (Mt 1, 20-21.24).

Si San José no hubiera acogido la voluntad de Dios y cumplido a cabalidad con su misión de cuidar a María y a Jesús, el curso de la historia de la salvación hubiera tomado un rumbo dramáticamente distinto. San José nos muestra entonces, que la humildad y la obediencia, llenas de fe y amor, son lo que permiten que los planes de salvación de Dios se realicen para bien de todos.

Queridos hermanos: En esta hermosa fiesta de la Sagrada Familia en que hemos considerado la vocación y misión de San José, preguntémonos: ¿Cómo está mi devoción a San José? ¿Recurro a él como intercesor, apoyo y guía en estos tiempos de dificultad? Como San José, ¿estoy abierto a la voluntad de Dios en mi vida y me adhiero a ella con obediencia, fidelidad y generosidad? ¿Siento la necesidad de proteger al Señor y a María en la vida de aquellos que me han sido confiados a mi cuidado? ¿Defiendo y protejo la fe de los más humildes y pequeños, de los pobres y sencillos, para que el Maligno y el mundo no les arranque a Cristo de sus corazones? Y finalmente, yo papá, ¿Soy como San José cabeza de mi familia? Ante los peligros y desafíos que pueda enfrentar mi hogar, ¿tengo su valentía creativa y su fortaleza? ¿Custodio con amor y dedicación el don de mi esposa y de mis hijos?

Como bien nos enseña el Papa Francisco: “En la sociedad de nuestro tiempo, los niños a menudo parecen no tener padre. También la Iglesia de hoy en día necesita padres…Ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir…Cada niño lleva siempre consigo un misterio, algo inédito que sólo puede ser revelado con la ayuda de un padre que respete su libertad”.[3]

Dios nos conceda crecer en el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión y protección continúa, a imitar sus virtudes, así como su valor y determinación de vida cristiana.

A propósito de esto último, les pido que recuperemos en la vida de la familia cristiana y de la Iglesia, la hermosa tradición de los días Miércoles dedicados a San José”, donde se le rece y rinda reverente y fervoroso culto.

El saber que San José prolonga sobre nosotros la amorosa custodia que le prodigó a Jesús y a María, nos hace mirar el presente y el futuro con esperanza, es decir, con la confianza puesta en Dios, esa confianza en la Providencia divina con la que San José supo enfrentar todos los desafíos y peligros que se cernían sobre su Familia, transformando los problemas en oportunidades.

Vayamos siempre donde José (“Ite ad Joseph”).[4] Él siempre nos cuidará y protegerá de todo peligro y mal, y nos guiará hacia Jesús, porque “si quieres estar cerca de Cristo, hoy te volvemos a repetir, acude a José”.[5] San José es el más amoroso de los padres y siempre estará allí para ti, siempre atento, comprensivo, y dispuesto a cuidarte y ayudarte en todo. Amén.

San Miguel de Piura, 26 de diciembre de 2021

Fiesta de la Sagrada Familia, Jesús, María y José
Octava de Navidad

[1] Beato Pío IX, Decreto Quemadmodum Deus, 08-XII-1870.

[2] S.S. Francisco, Carta Apostólica Patris Corde, n. 5.

[3] S.S. Francisco, Carta Apostólica Patris corde, n.7.

[4] Ver Gen 41, 55.

[5] Venerable Papa Pío XII.

Puede descargar el archivo PDF de la homilía pronunciada por nuestro Arzobispo AQUÍ 

Puede ver el video de la transmisión de la Santa Misa de hoy AQUÍ