“SAN JOSÉ, EL VARÓN JUSTO”

Arzobispo celebra Santa Misa en la Solemnidad de San José y con ocasión del inicio del Año de la Familia

19 de marzo de 2021 (Oficina de Prensa).- Hoy, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa en la Solemnidad de San José, casto esposo de la Virgen María, patrono de la Iglesia Universal y del Perú, Fiesta que coincide con el inicio del Año de la Familia, convocado por el Papa Francisco.

A continuación, compartimos la Homilía completa pronunciada hoy por nuestro Pastor: 

“San José, el varón Justo”
“Familia se fuerte, sé lo que estás llamada a ser”

Celebramos hoy la Solemnidad de San José, esposo de la Bienaventurada Virgen María. Esta celebración cobra especial relieve porque estamos celebrando un año dedicado al Custodio del Redentor, con ocasión de celebrarse el 150° Aniversario de su proclamación como “Protector de la Iglesia”. Además, no hay que olvidar que el Santo Patriarca es “Patrono del Perú” por disposición del Congreso Constituyente del año 1828.

San José es el custodio del Señor Jesús, y es el custodio de la perpetua virginidad de Santa María, su esposa. A él le fue confiada la altísima responsabilidad del resguardo del hogar de Nazaret. El Concilio Vaticano II, hablando del Señor Jesús nos dice que: “Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado» (Gaudium et spes, n. 22). ¿De quién aprendió Jesús a trabajar con manos de hombre? Sin lugar a dudas de San José. Podemos imaginarnos primero al niño y después al joven Jesús, en el taller de José aprendiendo el oficio de carpintero, de quien hacía de su padre en la tierra.  

Vivimos momentos difíciles, no sólo por la pandemia que nos sigue afligiendo, sino también por el olvido de Dios en el cual viven muchas personas y sociedades que edifican sus vidas prescindiendo del Señor y de su Divino Plan, es decir, de su Amor. Es el mal del “agnosticismo funcional”, que es como una “apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente, que vive como si Dios no existiese”.[1] 

Alejado de Dios-Amor y de su Divino Plan, el hombre contemporáneo termina dándole la espalda a la verdad de su ser y dimitiendo de lo auténticamente humano. Por ello es necesario reflexionar sobre la persona y la misión de San José, porque él nos manifiesta con su vida que, si el ser humano no está abierto a lo divino, nunca podrá encontrar la verdad más profunda de sí mismo, y así descubrir el camino de su realización personal y de su salvación eterna.

El Evangelio define a San José como “hombre justo” (ver Mt 1, 19). “Justo”, no significa persona minuciosa y rigurosa en el cumplimiento de la ley judía, como sí lo eran los letrados y fariseos. “Justo” tampoco significa persona más o menos buena que da a cada cual lo que le corresponde. “Justo”, para la Sagrada Escritura, es aquel que está abierto a Dios, Comunión de Amor; es la persona que sabe ver con asombro la acción de Dios en su vida y en el mundo. “Justo”, es la persona que respeta el designio divino, la voluntad divina, y acoge reverente las exigencias del Plan de Dios en su propia vida. “Justo”, es aquel que ajusta su vida a las exigencias de la Palabra de Dios. Y este, queridos hermanos, es San José

Por eso me parece muy apropiada la traducción del pasaje de la Anunciación a San José que realiza con notable autoridad el Padre Ignace de la Potterie, en su libro “María en el Misterio de la Alianza”: “José, su esposo, como fuese justo y no quisiese revelar su misterio, resolvió separarse de Ella secretamente”.[2] Tan “Justo” es San José, que no quería revelar el misterio de María. San José, por ser un hombre de Dios, descubre que el Señor está obrando algo grande y maravilloso en la vida de su esposa María.

Muy probablemente, María le habría contado lo acontecido el maravilloso día de la Anunciación-Encarnación. Respetuoso de los Planes de Dios, y porque hasta ese momento no tiene señal alguna que Dios quiere que tome parte activa en la obra de la Reconciliación, San José decide alejarse respetuosamente. Pero apenas Dios le hace saber en sueños que quiere que él tome parte activa en su Plan de Salvación, San José será el hombre obediente que se abre a las exigencias del Plan de Dios con absoluta generosidad para custodiar a María y al Verbo Eterno, ya vivo y presente en el vientre virginal de su esposa. Qué ejemplo para todo padre llamado a amar con ternura y dedicación a su esposa, y a custodiar el don sagrado de la vida de sus hijos desde su concepción, y luego acompañar su crecimiento saludable a lo largo de las diversas etapas de su vida, tanto en lo humano como en lo divino.  

En el primer capítulo del Evangelio de San Mateo (ver Mt 1, 16.18-21), San José es presentado como un hombre sensible al misterio de la concepción virginal de su esposa Santa María y como modelo de acogida de este misterio por su actitud de fe, de humildad y de respeto. Modelo para estos tiempos en que con demasiada frecuencia no se habla de la concepción virginal y de la virginidad perpetua de María, más que para ponerlas en duda. San José nos invita a reconocer el misterio de la acción de Dios en la Virgen y nos invita a aproximarnos siempre a este misterio, y a todo misterio del amor de Dios en beneficio de su criatura más excelsa, que es la persona humana, con esa capacidad de fe, de asombro, de adoración, de reverencia y de gratitud que se hace toda acogida.

“José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, a tu esposa, pues ciertamente lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús porque salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1, 20-21). En este pasaje de la Anunciación a San José, se nos revela la vocación de este hombre “Justo”: ser el Custodio del Redentor. San José puede custodiar bien al Redentor, porque sabe bien quién es Jesús: es el Verbo de Dios hecho Hijo de Mujer, hecho Hijo de Santa María, en todo semejante a nosotros, menos en el pecado. Sabe que Jesús es el Mesías esperado, el Salvador del mundo. Por lo tanto, qué importante también es comprender que, a través de una auténtica devoción a San José, él nos ayuda a conocer la verdad del Señor Jesús, esa verdad que hoy constatamos con dolor que es puesta en duda, porque se cuestiona la universalidad y la unicidad del Señor Jesús, como Salvador de toda la humanidad. San José nos debe conducir a conocer a Jesucristo, y a descubrir que Él es el único Salvador del mundo ayer, hoy y lo será siempre (ver Heb 13, 8).

Permítanme ahora compartir con ustedes lo que San José significa para mí. A lo largo de mi vida consagrada y sacerdotal, él ha sido y es para mí, ejemplo de fidelidad y obediencia, de una fidelidad y obediencia nutridas de amor, pues de lo contrario la fidelidad y la obediencia no son tales.

En primer lugar, San José es para mí modelo de acogida de los Planes de Dios y de docilidad a las exigencias de esos planes en la propia vida: “Al despertar José de su sueño hizo como el Ángel del Señor le había mandado” (Mt 1, 24). El Evangelio no recoge de él ninguna palabra de respuesta, pero su actitud y su forma de proceder es más que elocuente, es todo un lenguaje cargado de fe, de amor, de obediencia, de generosidad, de cooperación.

Asimismo, San José, es para mí ejemplo de trabajo responsable hecho oración, pues es el varón “Justo” que hizo de su vida una liturgia continua. Una de mis imágenes preferidas de San José, es la del santo durmiendo. Es la escena de su Anunciación, donde el Ángel del Señor se le aparece en sueños (ver Mt 1, 20). Pero a la vez está sosteniendo en su mano derecha su martillo de carpintero, símbolo hermoso de que, en su vida, la oración y la acción están perfectamente integradas: oración para la vida y el apostolado, y vida y apostolado hechos oración. En él no hay separación entre fe y acción, porque su fe orienta de forma decisiva sus acciones. 

Igualmente, San José es para mí paradigma de pureza, esa pureza que es necesaria para vivir el amor auténtico y hermoso que el mundo de hoy no entiende, sea nuestra vocación la sacerdotal, la consagrada, o la de un hombre y una mujer unidos en santo matrimonio.

San José es también para mí modelo de varón prudente. Muchas imágenes de San José que se veneran en las diferentes iglesias del mundo lo representan con el ceño fruncido. Ello no significa que el santo este molesto, fastidiado, y mucho menos malhumorado. El Padre Santiago Ramírez, OP., en su obra “Tratado sobre la Prudencia”, nos ayuda a entender este hermoso simbolismo: frente” viene del latín “frons” y del griego “frones”. Y estas dos palabras significan, “hondo pensamiento, preocupación intensa, como cuidado de algo o de alguien”. Por tanto, significan: pensamiento firme y concluso en orden a conseguir un bien o evitar algún mal. San José es el hombre profundamente cimentado en la verdad y en la fe, y por ello puede “decidir y actuar bien”, es decir en conformidad con el Plan de Dios en su vida para así cuidar de la mejor manera posible a Jesús, y a su esposa, María. 

San José es también para mí ejemplo de custodio del don de la fe. Durante toda su vida protegió con prudencia y amor a Jesús y a María. A lo largo de mi ministerio he entendido esto como la necesidad de proteger al Señor y a María en la vida de aquellos que han sido confiados a mi cuidado pastoral.

Así como San José cuidó a Jesús y a María, la labor de un obispo, de un sacerdote, y de un padre de familia, es la de proteger la presencia viva del Señor y de María en el corazón de sus fieles y de los suyos en su hogar, así como defender su dignidad humana.

Desde niño aprendí que San José es un poderosísimo intercesor, por algo es el Patrono de la Iglesia Universal. Cuando hace un mes atrás iniciamos nuestra campaña “Respira Piura”, para hacer realidad una planta de oxígeno medicinal para nuestros enfermos de Covid-19, le consagré esta obra. Yo le decía en mi oración: “San José, tienes que ayudarnos”. A lo largo de estas semanas no pararon de llegar las donaciones, incluso desde el exterior, lo cual nos ha permitido no sólo asegurar una planta de oxígeno para Piura sino poder comenzar con confianza la campaña, “Respira Tumbes”. Así es de poderoso y bueno en su intercesión San José.

Hoy, bajo el patrocinio y protección de San José, comenzamos a vivir el Año de la Familia con ocasión de celebrarse el quinto aniversario de la promulgación de la Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia. 

El año 2020 ha sido un año de gran dolor, incertidumbre y luto por causa de la pandemia aún presente entre nosotros, la que ha golpeado y puesto a prueba de manera especial a nuestras familias.  

Este año dedicado a la familia será ocasión para que ellas se fortalezcan en la fe, se renueven en la esperanza, y crezcan en la unidad del amor.

Dios quiso nacer en una familia humana, es decir, quiso tener una madre y un padre como nosotros. De esta manera Jesús nos enseña a estimar y a comprender el valor de la familia. La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad, y un gran tesoro para los esposos durante toda su vida. La familia es un bien insustituible para los hijos que han de ser fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Una sociedad donde la familia está en crisis, es una sociedad próxima a derrumbarse. Por ello, hoy se hace necesario proclamar la verdad plena de la familia fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer, como célula primera de la sociedad, como escuela del más profundo humanismo, como Iglesia doméstica y como santuario de la vida. 

Mi anhelo en este Año de la Familia, es que nuestras familias sean comunidades íntimas de vida y amor; que los esposos cristianos no cesen de ser con sus vidas signo del amor fiel de Dios hasta la muerte; que vivan su vocación matrimonial, elevada por el Señor a la altísima dignidad de sacramento, como auténtico camino de santidad; que expresen su amor conyugal en una actitud de apertura generosa a la vida; y que eduquen a sus hijos en la fe. De esta manera testimoniarán que la verdadera libertad es aquella capaz de asumir un compromiso para siempre, en el que la libertad dándose, se vuelve a encontrar plenamente a sí misma. Que la Familia de Nazaret sea el modelo en el que todas las familias hallen su sólido punto de referencia e inspiración.

Queridos hermanos y hermanas: como San José miraremos el futuro con valor y confianza, poniéndonos totalmente en las manos de Dios como él lo hizo a lo largo de toda su vida. Como el Santo Patriarca, confiémonos totalmente a la infinita misericordia de Dios que nunca nos abandona. Como San José, mantengamos en estos tiempos de pandemia, la calma y la serenidad, calma y serenidad que él tuvo cuando nadie quiso darle posada en Belén junto con su grávida esposa; calma y serenidad que él mantuvo cuando tuvo que huir a Egipto para proteger al recién nacido Jesús y a su esposa María de las manos asesinas de Herodes que querían matar al Niño Dios; calma y serenidad que él conservó durante la vida oculta en Nazaret confiando siempre en la Providencia Divina para que nunca le faltase lo necesario a su familia. 

San José, patrono de la buena muerte, tú que expiraste en los brazos amorosos de Jesús y María, intercede por nuestros fallecidos de Covid-19. Tú, custodio de la Sagrada Familia, protege a nuestras familias. De manera especial protege a los enfermos y a las personas que están cuidándoles, arriesgando sus vidas en este servicio: los médicos, las enfermeras, los enfermeros, los voluntarios, y los sacerdotes. Que por tu intercesión veamos transformados estos tiempos sombríos, en tiempos luminosos y de vida. Amén. 

San Miguel de Piura, 19 de marzo de 2021

Solemnidad de San José,
esposo de la Bienaventurada Virgen María y Patrono del Perú.

[1] San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Post Sinodal Ecclesia in Europa, nn. 7-9.

[2] Ignace de la Potterie, María en el Misterio de la Alianza, p. 69.

Puede ver el vídeo de la Santa Misa del día de hoy AQUÍ

Puede descargar el archivo PDF de esta Homilía de nuestro Arzobispo AQUÍ

viernes 19 marzo, 2021