“SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS: EN VOS CONFÍO”

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

24 de junio de 2022 (Oficina de Prensa).- La Iglesia Universal, rinde especial culto a dos corazones, el día de hoy al Sagrado Corazón de Jesús, y mañana, al Inmaculado Corazón de María. Dos corazones plenamente humanos que nos conocen y nos aman, y que en el Cielo no dejan de interceder por nosotros. A ellos podemos acudir en todo momento, pero sobre todo en la necesidad y el dolor, para encontrar consuelo, fortaleza y esperanza. Dirijámonos con confianza al Señor, diciendo: “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío”, y pidámosle que, por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón, sea siempre nuestro amparo y refugio, y nos alcance en todo momento la paz y el consuelo. De igual manera, rogémosle a nuestra Madre del Cielo que, guiados por su Inmaculado Corazón, nos lleve siempre al encuentro de su Hijo, el Señor Jesús. Hagámoslo rezando esta hermosa jaculatoria: «¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!».

Los tres amores del Sagrado Corazón de Jesús

Refiriéndose a esta Solemnidad, nuestro Arzobispo Metropolitano nos recuerda: “En el Sagrado Corazón de Jesús encontramos tres grandes amores: amor a su Padre, amor a su Madre y amor a sus hermanos humanos; tres amores que, como discípulos del Señor, cada uno de nosotros está llamado a encarnar en su propia vida en nuestro proceso de configuración con Cristo. En primer lugar, tenemos el amor de Jesús por su Padre del cielo, que se hace concreto en el fiel cumplimiento de la voluntad del Padre, hasta el extremo de entregar su vida en la cruz en obediencia amorosa al designio de salvación que el Padre tiene para con nosotros. Esto nos debe mover a ser dóciles a los planes de Dios y a entregarnos con alegría a realizarlos en nuestra propia vida, en la Iglesia y en el mundo, con la certeza que el Padre nos ama y quiere para nosotros lo mejor, y que lo que nos pide es siempre para nuestro bien, para que seamos felices, para que alcancemos nuestra salvación. Un segundo amor del Corazón de Jesús, es el tierno amor por su Madre. En Jesús vemos ese inmenso cariño y ternura para con Ella, y desde la cruz nos dice que Ella es también Madre nuestra y que debemos amarla como hijos suyos que somos. Gracias a su Sí generoso en la Anunciación-Encarnación, María nos engendró a la vida de la gracia, nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida y del pecado a la gracia. Jesús nos invita a vivir el camino de la piedad filial, es decir a honrar y amar a Su Madre como Él la ama, para que, de esta manera, Ella ejerza su maternidad espiritual sobre todos nosotros y así nos configure cada vez más con Cristo Camino, Verdad y Vida. Finalmente hay también un tercer amor, que es el amor por los hermanos. El Corazón de Jesús nos invita a amarnos unos a otros como Él nos ha amado, viviendo la caridad, la fraternidad y la solidaridad cristianas. El Señor está en la Cruz con los brazos abiertos, Él no rechaza a nadie, no hace acepción de personas, por el contrario, quiere abrazar a todos. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Es este el amor que Cristo nos invita a vivir, primero con quienes tenemos obligación y deber de amar, es decir nuestro prójimo más cercano, pero también con el desconocido, sobre todo con los más pobres y necesitados, con los marginados y descartados, buscando llevar a todos al encuentro del amor del Señor”.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Es importante destacar que, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, cuando se meditaba en el costado y el Corazón abierto de Jesús de donde manó sangre y agua, símbolos de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. Por eso se puede decir que del Corazón de Cristo nació la Iglesia y se nos abrieron las puertas del Cielo, es decir las puertas de la salvación. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que en la adoración al Sagrado Corazón de Jesús adoramos al mismo Corazón de Dios. Pero no será sino hasta el S. XVII en que esta devoción cobre un renovado impulso el cual permanece vigoroso hasta nuestros días. En efecto fue el mismo Señor Jesús quien se apareció el 16 de junio de 1675 a una humilde religiosa de clausura de la Orden de la Visitación, Santa Margarita María de Alacoque, en el monasterio de Paray-le-Monial, Francia, para pedirle que se estableciera definitiva y específicamente la devoción a su Sacratísimo Corazón. En esa aparición, el Señor le mostró su Corazón, el cual estaba rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y, del interior de su Corazón, salía una cruz. El Señor Jesús le explicó que la había elegido para dar a conocer su amor y su bondad a la humanidad. La devoción se hizo aún más popular después de la muerte de Santa Margarita María en 1690, y hacia 1765 se estableció como oficial en toda Francia. Finalmente, el 8 de mayo de 1873 la devoción al Sagrado Corazón fue formalmente aprobada por el Papa Pío IX, y 26 años después, el 21 de julio de 1899, el papa León XIII recomendó urgentemente que todos los obispos del mundo observaran la fiesta en sus diócesis.