RECEMOS SIEMPRE POR LAS VOCACIONES
¡FELIZ DÍA MAMÁ!

Arzobispo celebra Eucaristía en la 59° Jornada Mundial de las Vocaciones y Día de la Madre

8 de mayo del 2022 (Oficina de Prensa).- Nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., celebró la Santa Misa en el IV Domingo de Pascua o Domingo del Buen Pastor, en el que la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. La Eucaristía fue especialmente ofrecida en acción de gracias a Dios por todas las mamás vivas y difuntas, especialmente las de Piura y Tumbes, al celebrarse también hoy el Día de la Madre. 

Al finalizar la Santa Misa, Monseñor Eguren presidió un momento de oración al Santísimo Sacramento, para rogar a Dios, realmente presente en la Hostia Santa, por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, siguiendo el mandato de Jesús que nos ha dicho: «Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt 9, 37-38). Nuestro Arzobispo nos pidió que no dejemos de orar intensamente para que el Señor suscite santas y abundantes vocaciones sacerdotales y también consagradas, para Piura y Tumbes, para el Perú y el mundo entero. 

A continuación les ofrecemos la homilía completa que pronunció nuestro Arzobispo hoy: 

“Yo les doy la Vida Eterna”

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones
Día de la Madre

El IV Domingo de Pascua, es también conocido como el Domingo del Buen Pastor, porque en él siempre se lee un pasaje del capítulo diez de San Juan que recoge el hermoso discurso de Jesús como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. El pasaje de este año es breve, de apenas cuatro versículos (ver Jn 10, 27-30), pero en él, Jesús nos revela grandes verdades: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano” (Jn 10, 27-29).

En el Evangelio de hoy, Jesús habla de la relación que lo une a las ovejas de su rebaño, es decir a sus discípulos, e insiste en el hecho de que es una relación de conocimiento recíproco. Al respecto nos dice el Papa Francisco: “Leyendo atentamente esta frase, vemos que la obra de Jesús se expresa en algunas acciones: Jesús habla, Jesús conoce, Jesús da la vida eterna, Jesús custodia. El Buen Pastor, Jesús, está atento a cada uno de nosotros, nos busca y nos ama, dirigiéndonos su palabra, conociendo en profundidad nuestros corazones, nuestros deseos y nuestras esperanzas, como también nuestros fracasos y nuestras decepciones. Nos acoge y nos ama tal y cómo somos, con nuestros defectos y nuestras virtudes. Para cada uno de nosotros Él «da la vida eterna»: es decir, nos ofrece la posibilidad de vivir una vida plena, sin fin. Además, nos cuida y guía con amor, ayudándonos a atravesar los senderos escarpados y los caminos muchas veces arriesgados que se presentan en el itinerario de la vida.[1]

Consuela y conforta saber que no sólo tenemos un Pastor que es guía segura para nuestra vida terrena, sino que además es “guardián de nuestras almas” (1 Pe 2, 25), que es capaz darnos algo que nada ni nadie de este mundo puede darnos: La vida eterna. Esa vida eterna, que brota del Padre y que nos la transmite en plenitud Jesús en su Pascua, gracias al don del Espíritu Santo. La vida eterna, ya la poseemos desde ahora por nuestra fe en Cristo (ver Jn 6, 47), y alcanzará su plenitud en el Cielo. La vocación última de todo hombre es poseer la vida eterna. Si un hombre pasara por el mundo gozando solamente de la vida natural, sin alcanzar la vida eterna, se puede afirmar que no habría alcanzado su fin propio (ver Mt 16, 26), porque el hombre ha sido creado y salvado para poseer la eternidad. Y sólo Cristo puede darnos este don. Esta es la diferencia radical entre Jesús, y cualquier otro pastor. Nunca olvidemos que Jesús es el único Pastor que nos habla, nos conoce, que nos da la vida eterna y nos protege. 

Pero a este conocernos, y cuidarnos por parte de Jesús, dándonos la vida eterna, corresponde de nuestra parte, como ovejas suyas que somos, “escuchar su voz y seguirlo”. En una palabra, nuestra respuesta a su amor de Buen Pastor consiste en creer en Él y creerle a Él, y seguirle, que no es otra cosa sino cooperar activamente con su gracia para ser en todo semejantes a Él, haciendo cada día lo que Él haría si estuviera en nuestro lugar.  

Al respecto nos enseña el Santo Padre: “«Escuchan mi voz», «me siguen». Son acciones que muestran cómo debemos corresponder a las actitudes tiernas y atentas del Señor. En efecto, escuchar y reconocer su voz implica intimidad con Él, que se consolida en la oración, en el encuentro de corazón a corazón con el divino Maestro y Pastor de nuestras almas. Esta intimidad con Jesús, este ser abierto, este hablar con Jesús, refuerza en nosotros el deseo de seguirlo, saliendo del laberinto de los caminos equivocados, abandonando comportamientos egoístas, para encaminarnos por las sendas nuevas de la fraternidad y del don de nosotros mismos, a imitación suya”.[2]

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

Lo dicho por el Santo Padre me da pie para poder dirigirme a los jóvenes, en este día en que celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. 

Queridos jóvenes: Busquen el Plan de Dios en sus vidas. El Señor no es caprichoso, impositivo y arbitrario como nosotros solemos serlo. Sus planes son siempre la expresión de su infinita sabiduría y amor para con cada uno de nosotros. Sólo buscando y después entregándose a las exigencias del designio divino, serán auténticamente felices. Queridos jóvenes: busquen y cuando encuentren no tengan miedo de darle al Señor un sí generoso y total. La entrega a Él hace la vida más verdadera, libre, bella, y auténtica. Pido en mi oración al Señor, para que cada uno de ustedes, pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en sus vidas.

De otro lado, siempre lo he sostenido y lo reitero hoy: Las vocaciones florecerán si las familias cumplen con su misión de ser los primeros “seminarios”, es decir, semilleros de la fe. Ahí donde hay una familia cristiana brotan las vocaciones. Ahí donde los padres asumen la misión de transmitirles la fe a sus hijos y de mostrarles la belleza de ser cristianos, surgen las vocaciones. Ahí donde papá y mamá saben incorporar a sus hijos a la gran familia de los hijos de Dios que es la Iglesia, afloran las vocaciones.

Queridos padres: No sean rivales de Dios. Los hijos son un don, no una propiedad. Vuestra misión con ellos es ayudarlos a que busquen el Plan de Dios en sus vidas y alentarlos a que se adhieran al designio divino que es el único camino de auténtica libertad, felicidad y realización para sus hijos.

A todos los exhorto a que hoy y siempre recemos por la vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, siendo fieles al pedido del Pastor y Guardián de nuestras almas (ver 1 Pe 2, 25): “Entonces dice a sus discípulos: La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt 9, 37-38). Todos en mayor o menor medida somos conscientes de cuán necesarios son los sacerdotes y los consagrados. Por ello recemos por las vocaciones Pidámosle al Espíritu Santo que despierte en nuestra Arquidiócesis un entusiasmo por la pastoral vocacional, mientras le rezamos al Señor: “Envía Jesús trabajadores a tu mies de Piura y Tumbes. No permitas que las almas se pierdan por escasez de sacerdotes y consagrados dedicados a la causa de tu Evangelio”.

¡Feliz Día Mamá!

Finalmente, hoy también celebramos el Día de la Madre. Mi palabra final a ellas en este día en que les agradecemos por habernos dado el don de la vida.

En este día tan especial, sea con la presencia o con el recuerdo en la oración de nuestra madre, nos sentimos agradecidos con aquella mujer que desde el momento de la concepción (instante donde comienza la vida de todo ser humano), hasta el día de nuestro nacimiento, y después a lo largo de todas las etapas de nuestra existencia, nos acompaña, cuida, y enseña con su palabra y ternura, y nos da su fuerza en los momentos difíciles para que no perdamos el valor ante las adversidades de la vida.

La maternidad es la vocación sublime de la mujer. Ella ha recibido de Dios la vocación de acoger la vida, darla a luz, abrazarla, protegerla, alimentarla, sostenerla, acompañarla, y de esta manera realizar en gran parte su ser de mujer. Por ello, ¡qué importante y urgente es, hoy en día, valorar la dimensión de la maternidad en la vida y la cultura de la sociedad!   

Además, la madre es insustituible en la transmisión de la fe. ¿Quién no ha aprendido de su mamá a persignarse, a rezar las primeras oraciones, a realizar los primeros gestos de devoción a Jesús, a María y a los Santos, o a recibir las primeras nociones de la fe a través de sencillas catequesis? Sin la madre cristiana no sólo no habría nuevos cristianos, sino que la fe perdería su calor, su ternura, su misericordia.

Que María Santísima, en quien el don de la Maternidad fue elevado excelsamente al ser elegida como Madre del verdadero Dios por quien se vive, bendiga a todas nuestras madres, las que están aquí con nosotros y las que nos cuidan desde el Cielo. A Ella, nuestra Madre en el orden de la gracia, le expresamos nuestro amor filial por habernos dado a Jesús, nuestro Salvador, y por llevarnos siempre a Él, fruto bendito de su vientre. 

San Miguel de Piura, 08 de mayo de 2022
IV Domingo de Pascua o del Buen Pastor

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones
Día de la Madre

[1] S.S. Francisco, Angelus, 12-V-2019.

[2] Lugar citado.

Puede ver la transmisión de la Santa Misa de hoy AQUÍ

Puede descargar esta Homilía de nuestro Arzobispo desde AQUÍ