«PENSAR COMO JESÚS ES PENSAR COMO DIOS»

¡Que el Santísimo nombre de María, nos libre del terrorismo!

12 de Septiembre de 2021 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, en la Basílica Catedral de nuestra ciudad, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., presidió la Santa Misa del XXIV Domingo del Tiempo Ordinario, en el que celebramos también la hermosa fiesta mariana del “Santísimo o Dulce Nombre de María”. Los fieles piuranos se dieron cita para participar de la Eucaristía, respetando el aforo permitido y observando todos los protocolos de bioseguridad.

Durante su homilía y reflexionando en el Mensaje del Evangelio, Monseñor Eguren destacó que: «Ser discípulos de Cristo, nos exige compenetrarnos con la forma de pensar de Jesús, y así adquirir su mente, sus criterios, los cuales nos permiten ver la realidad con la luz de la Verdad». En otro momento, recordó también que un día como hoy hace 29 años, fue capturado el cabecilla de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, quien ha fallecido el día de ayer. Veintinueve años después, vemos con indignación y suma preocupación que el terrorismo diabólico y demencial de Sendero Luminoso se pasea impune por palacio de gobierno, y que personajes con un oscuro historial de corrupción y vinculación a movimientos terroristas ocupan cargos en el gobierno y en el congreso, y que además denigran la dignidad y el respeto debido a las mujeres. Nuestro Arzobispo exhortó a los peruanos a que, ni por un instante, debemos olvidar lo que esta ideología, intrínsecamente perversa encarna, así como el inmenso sufrimiento que ha causado en la historia reciente de nuestro país, y menos permitir que hoy en día pueda hacerse del poder total. 

A continuación les ofrecemos la homilía completa que pronunció hoy nuestro Pastor:

“Pensar como Jesús es pensar como Dios”

¡Que el Santísimo nombre de María, nos libre del terrorismo!

En los evangelios de los domingos pasados, hemos visto cómo Jesús ha curado milagrosamente a muchos enfermos, ha calmado la tormenta en el mar de Galilea, ha caminado sobre las aguas, ha saciado a una multitud con el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces, y ha suscitado el asombro con su forma de enseñar nueva y con autoridad. Todo esto era más que suficiente para que en la pequeña región de Tierra Santa de aquellos tiempos, Jesús adquiriese notoriedad y renombre. Así lo afirma el mismo San Marcos cuando nos dice: “Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea” (Mc 1, 28). Como consecuencia de ello, era natural que la gente comenzara a preguntarse, ¿quién es éste?, e intentara dar diversas respuestas a esta interrogante.

El Evangelio de hoy (ver Mc 8, 27-35) toca precisamente este punto de manera directa. No nos olvidemos que el tema de la identidad de Jesús es un tema fundamental del Evangelio. Más aún, todo el Evangelio consiste en la revelación de quién es Jesús que, gracias a la fe, sabemos que es Dios y hombre verdadero, el único salvador del mundo, ayer, hoy y siempre (ver Heb 13, 8). Por eso, el Señor le pregunta en primer lugar a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?” (Mc 8, 27).

Ante esta pregunta, los apóstoles espontáneamente le comparten al Señor las distintas opiniones que la gente tenía acerca de Él. Efectivamente, ellos le dijeron: “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas” (Mc 8, 28). Si lo consideramos atentamente, las respuestas de los discípulos son respuestas que no comprometen en lo personal. Siempre resulta más fácil hablar de lo que otros piensan o dicen que jugarnos personalmente dando nuestro propio testimonio. Por eso Jesús formula una segunda pregunta a través de la cual interpela directamente a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mc 8, 29). Ante esta nueva pregunta del Señor, se hace un silencio incómodo, porque ella exige tener que contestar en primera persona, es decir, la pregunta de Jesús exige una respuesta que a su vez reclama un compromiso personal. Será Simón Pedro quien rompa el silencio y conteste: “Tu eres el Cristo” (ver Mc 8, 29), lo cual equivale a decir: “Señor, Tú eres el esperado de Israel, el anunciado por los profetas, Aquel que viene a salvar a su pueblo”. La respuesta del príncipe de los apóstoles, es una respuesta extraordinariamente comprometida, porque al confesar a Jesús como el Mesías, como el Salvador, su confesión supone también la adhesión y el seguimiento del Señor.

No hay que olvidar que “Cristo” significa “ungido”, pero el Señor no fue ungido con aceite, como lo fueron los reyes de Israel, y entre ellos el rey por excelencia que fue David, de cuyo linaje saldría el Mesías, sino que fue ungido por el mismo Espíritu Santo, por eso en la sinagoga de Nazaret, Jesús hizo suyas las palabras proféticas de Isaías:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos” (Lc 4, 18).  

Jesús, aceptó la confesión de fe de Pedro, pero impuso un silencio absoluto a sus discípulos acerca de su identidad. Así lo afirma el Evangelio de hoy: “Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de Él” (Mc 8, 30). A partir de este momento, Jesús comenzó a instruir a sus discípulos acerca de su misión: “Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días” (Mc 8, 31). Esta enseñanza de Jesús, que dio inicio a los llamados “anuncios de la pasión”, no se la esperaban los discípulos, ya que, junto con el pueblo judío, ellos esperaban un Mesías que restableciera la grandeza temporal del reino de Israel. Por eso Pedro comienza a regañar a Jesús: “Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle” (Mc 8, 32). Pedro, no podía comprender que el “Cristo”, el “Hijo de Dios vivo” (ver Mt 16, 16), Aquel que era anunciado y esperado como Rey y Salvador, pudiera ser víctima de maltrato por parte de los hombres, pudiera ser rechazado por las autoridades religiosas de Israel, y sobre todo ser sometido a muerte.  Pedro, como muchos en su tiempo, había olvidado las antiguas profecías que claramente manifestaban que el “Cristo”, el “ungido del Dios”, el “Mesías y Salvador”, vendría a redimirnos del pecado y de la muerte como siervo sufriente, y que su misión era la de ofrecerse en sacrificio por el perdón de nuestros pecados.

Así lo anunciaba Isaías: “Indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado; el cargó con el pecado de muchos e intercedió por los rebeldes” (Is 53, 12). Esta es la misión para la cual Jesús había venido al mundo, y tenía que realizarla con absoluta fidelidad y amor a la voluntad de su Padre. Por eso el Señor reacciona con unas duras palabras a la reprensión de Pedro, en las cuales lo compara nada menos que con Satanás, la serpiente primordial, el tentador, el seductor, con el príncipe de la mentira en quien no hay verdad alguna (ver Ap 12, 9; Jn 8, 44): “¡Quítate de mí vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres” (Mc 8, 33).

Reflexionemos en estas palabras del Señor: “Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”. Qué actuales resultan hoy en día estas palabras de Jesús, ahora que vivimos tiempos en donde los hombres se creen sus pensamientos e ideologías, y viven prisioneros, ya sea de sistemas fundamentalistas, como el trasnochado comunismo, o del relativismo ético y moral que no reconoce nada como definitivo, y que deja al propio yo como la medida de todas las cosas. Sí, modas de pensamiento que son la causa de divisiones, odios, injusticias, violencia, sufrimiento y muerte.    

“Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”. Queridos hermanos: Hoy más que nunca se hace urgente escuchar esta clara advertencia de Jesús, y trabajar con humildad, cooperando activamente con la gracia, por poseer cada día más y más la forma de pensar de Jesús, que es la forma de pensar de Dios, porque Jesús es la Verdad (ver Jn 14, 6), y en Él, “están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col 2, 3).

No nos olvidemos que la palabra “conversión” en griego es “metanoia”, y que ésta significa cambio de mentalidad. Por eso San Pablo nos advierte: “Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Rom 12, 2).

Ser discípulos de Cristo, nos exige compenetrarnos con la forma de pensar de Jesús, y así adquirir su mente, sus criterios, los cuales nos permiten ver la realidad con la luz de la Verdad. Para ello será necesario meditar con frecuencia su Palabra de vida eterna, y conocer las verdades de nuestra fe católica aprendiendo el Catecismo y el Magisterio de la Iglesia, el cual interpreta auténticamente la Palabra de Dios, sea ésta oral o escrita. Ahora bien, adquirir la forma de pensar de Jesús nos conduce a una transformación de todo nuestro ser, ya que en la medida en que pensamos como Jesús, el corazón se transforma adquiriendo los sentimientos nobles de su Sagrado Corazón, y el corazón transformado, nos impulsa y mueve a actuar como lo haría Jesús si estuviera en nuestro lugar. Por eso siempre afirmamos que la fe es integral: Ilumina la mente, transforma el corazón y se vuelca en la acción. 

¡Que el Santísimo nombre de María, nos libre del terrorismo!

No puedo terminar esta homilía, sin hacer referencia a que hoy 12 de septiembre, celebramos también una fiesta mariana muy hermosa. Nada menos que la fiesta del “Santísimo o Dulce Nombre de María”; una fiesta que conmemora el santo nombre que le fue dado a la Madre de Dios por sus padres, los santos Joaquín y Ana.   

El nombre de “María”, significa muchas cosas bellas como, “excelsa”, “la elegida o amada de Dios”, “señora”, “luz sobre el mar”. Debemos invocar siempre el “Santo o Dulce Nombre de María”, para que nuestra Madre del Cielo, atraiga a su Hijo Jesús a nuestras vidas, y nos proteja y defienda de Satanás, y de todo peligro y mal.   

Asimismo, un día como hoy hace 29 años, en el marco de esta fiesta mariana, fue capturado el cabecilla de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, quien ha fallecido el día de ayer. Con él cayeron los principales miembros de su banda comunista, terrorista, genocida, y asesina, causante en los años 80 y 90, de las masacres de comunidades enteras de humildes pobladores de nuestros Andes y Selva, así como de personas en las ciudades, incluidos ancianos, mujeres gestantes y niños, quienes fueron cruelmente asesinados.

Su odio totalitario incluyó también a la Iglesia en el Perú, la cual sufrió la muerte de tres sacerdotes en 1991, quienes fueron beatificados el año 2015: Los franciscanos conventuales Miguel Tomaszek y Zbigniew Strzałkowskiy, y el misionero italiano Alessandro Dordi, así como de la religiosa de la Congregación de la Caridad del Buen Pastor, María Agustina Rivas López, conocida como «Aguchita», asesinada por Sendero Luminoso en 1990, cuyo decreto de beatificación por martirio ha sido firmado recientemente por el Papa Francisco.  

El día de la captura de Guzmán, se cumplía también un año del inicio de la campaña, “La paz del Perú bien vale un rosario”.

Esta campaña fue concebida y promovida por Monseñor Ricardo Durand Flórez S.J., un gran obispo peruano quien, a lo largo de toda su vida y ministerio, trabajó intensamente por los más pobres desde el Evangelio. Gracias a la poderosa intercesión de Santa María, cuyo dulce y santo nombre se invocaba incesantemente en aquellos tiempos de zozobra y temor, se inició el principio del fin de una era de terror, violencia, destrucción y muerte.

Veintinueve años después, vemos con indignación y suma preocupación que el terrorismo diabólico y demencial de Sendero Luminoso, se pasea impune por palacio de gobierno, y que personajes con un oscuro historial de corrupción y vinculación a movimientos terroristas ocupan cargos en el gobierno y en el congreso, y que además denigran la dignidad y el respeto debido a las mujeres. Por ello, debemos invocar el “Santísimo y Dulce Nombre de María”, sobre todo con el rezo diario del santo rosario, para que la gracia de Dios que emana intensamente de Nuestra Madre Santísima, disipe las tinieblas del peligro y del mal que representa Sendero Luminoso-Movadef-Conare, el cual, utilizando la democracia, en la cual no cree, amenaza con capturar el poder, e imponernos su ideología violentista y totalitaria para destruir la libertad y la independencia del Perú. Los peruanos, ni por un instante, debemos olvidar lo que esta ideología, intrínsecamente perversa encarna, así como el inmenso sufrimiento que ha causado en la historia reciente de nuestro país, y menos permitir que hoy en día pueda hacerse del poder total. Por eso: ¡Señor Presidente, limpie su gabinete!  

Que Santa María, nos ayude a preservar en el Perú nuestra vida democrática, la amistad social, y la paz. Para ello, invocamos con confianza filial a la Madre de Dios y nuestra diciendo:   

¡María, por tu Santísimo Nombre, prepáranos un camino seguro!

¡Dulce Corazón de María, sed nuestra salvación!

San Miguel de Piura, 12 de septiembre de 2021
XXIV Domingo del Tiempo Ordinario
Memoria del Santísimo Nombre de María

Puede descargar el archivo PDF de la homilía presentada por nuestro Arzobispo AQUÍ

Puede ver el video de la transmisión de la Santa Misa de hoy AQUÍ

domingo 12 septiembre, 2021