«NO TEMAMOS EL LLAMADO DEL SEÑOR JESÚS»

Arzobispo preside Santa Misa Dominical  

06 de febrero de 2022 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa en la Basílica Catedral de Piura, correspondiente al V Domingo del Tiempo Ordinario. Los fieles piuranos se dieron cita en medio de un clima de profundo fervor y agradecimiento a Dios y participaron de la Eucaristía cumpliendo todos los protocolos de bioseguridad.

A continuación, compartimos el íntegro de la Homilía pronunciada hoy por nuestro Pastor:

“No temamos el llamado del Señor Jesús”

Nuestro Evangelio dominical (ver Lc 5, 1-11), es claramente un Evangelio vocacional. Recoge la hermosa escena de la vocación de Simón Pedro, pero también la de Andrés, Santiago y Juan, estos dos últimos hijos de Zebedeo. Los cuatro primeros apóstoles del Señor, eran pescadores de profesión, una actividad tan cercana y querida para todos nosotros los que vivimos en Piura y Tumbes. Pero el centro de la narración lo ocupa el llamado de Jesús a Simón para que sea de ahora en adelante pescador de hombres. Todo el relato acontece en el marco de una pesca milagrosa. 

Este pasaje evangélico, nos permite aproximarnos al misterio de la vocación, es decir, al misterio del llamado que Jesús hace a algunos para que sean “pescadores de hombres”, es decir, sus sacerdotes, consagrados y consagradas. Veamos.

En primer lugar, el llamado de Dios siempre se dirige a una persona concreta con nombre y apellido. Por tanto, es una elección de amor. Por eso San Lucas nos dice con gran fineza que, si bien había dos barcas en la orilla del lago, Jesús escogió subirse a una de ellas: A la de Simón Pedro. El Señor quiere así entrar en la vida de Pedro, y éste desde su libertad se lo permite. El llamado del Señor en nuestras vidas siempre nos deja en posesión de nosotros mismos. Él nunca se impone, más bien siempre respeta nuestra libertad.    

En segundo lugar, frente al llamado del Señor la actitud correcta es la fe, es decir el saber fiarse, el acoger, el entregarse, el decir “Sí”. Por eso Pedro, a pesar del cansancio y de haberse pasado toda la noche bregando sin éxito alguno, obedece el pedido del Señor Jesús de remar mar adentro y echar las redes para pescar en el peor momento de la jornada, que era durante el día. Todo esto nos enseña que cuando uno se fía del Señor y acoge su llamado, siempre se produce lo que es humanamente impensable o imposible: “Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían” (Lc 5, 6-7).

Pero nuestro Evangelio de hoy trae algunos rasgos más del misterio de amor que es la vocación. Cuando Pedro ve con asombro el resultado de la pesca milagrosa tirándose a los pies de Jesús exclama: “Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador…Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado” (Lc 5, 8-9). Ciertamente estamos ante una “teofanía” (del griego antiguo Θεοφάνεια theos – «dios»- y faino – «manifestación»), es decir ante uno de esos momentos en que Jesús “manifiesta” su divinidad. Pero aquí lo que debemos subrayar también es que, ante el llamado de Dios, aquel que es escogido experimenta su indignidad, su pequeñez, y es que la vocación nunca es fruto del mérito personal. El Señor llama a su compañía a los que Él quiere (ver Mc 3, 13-19). Por pura gratuidad suya nos mira con amor y nos llama por nuestro nombre.

Como Pedro, ante la llamada de Dios uno experimenta su infinita limitación, así como su pecado frente a Aquel que es el tres veces Santo (ver Is 6, 3), como hemos escuchado en la primera lectura de hoy tomada de la vocación del profeta Isaías.

Pero la respuesta de Jesús a Pedro no puede ser más hermosa y confortadora: “No temas”. Respuesta a través de la cual el pobre e indigno que es llamado por el Señor, es tranquilizado y habilitado para recibir la misión: “Desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5, 10). Una misión que deberá, de ahora en adelante, ser el objeto de todos los desvelos de Simón Pedro y de todos aquellos que como él son llamados por Jesús. Esta misión no es otra sino evangelizar, ganar las almas para Cristo, atraer a todos los que se pueda al encuentro de vida con el Señor en su Iglesia. Para poder realizar esta nueva “pesca”, Pedro, y con él todos los llamados, deberán siempre decir: “En tu palabra, echaré las redes” (Lc 5, 5). La misión para su éxito no depende de las propias fuerzas y habilidades, sino del poder de la oración y de la fe, de la confianza en el Señor y en su Palabra de vida, porque cuanto más enraizados estemos en Cristo, más vivos y fecundos seremos apostólicamente.

Así como ayer, hoy el Señor sigue llamando y escogiendo libremente a los que Él quiere para que sean como Pedro, Andrés, Santiago y Juan, pescadores de hombres. Estoy convencido que el Señor Jesús sigue llamando hoy en día a un gran número de jóvenes al sacerdocio y a la vida consagrada, y que por tanto no hay crisis de vocaciones sino más bien de respuesta a la vocación.

El problema no está en el amor de Dios que es fiel y perseverante, sino en la persona humana que no escucha y se muestra reticente al llamado del Señor en su vida. Por eso a aquellos que sientan en sus corazones que el Señor puede estar llamándolos al sacerdocio o a la vida consagrada, les pido que tengan el valor de permitirle a Jesús que entre en la “barca” de sus vidas. Para ello será necesario apartarla un poco de la tierra, es decir, de las preocupaciones y afanes de este mundo, hacer silencio, hacer oración, buscar el encuentro con Jesús, quien antes que nosotros lo sepamos ya nos está buscando y llamando, porque cuando se trata de amor, y el llamado de Jesús es una vocación al amor, Él siempre nos “primerea”, como nos enseña el Papa Francisco: “El Señor nos primerea, nos está esperando… Cuando le buscamos, hallamos esta realidad: que es Él quien nos espera para acogernos, para darnos su amor”.[1]

Queridos jóvenes: No hay nada más apasionante en la vida que descubrir y responder a la propia vocación, es decir al llamado de Jesús en nuestras vidas. Les pido que sean conscientes que sólo serán realmente libres y felices, en la medida en que acojan en sus corazones su Divino Plan, el designio de amor que Él tiene sobre cada uno de ustedes, así como lo hicieron la Virgen María, los Apóstoles y los Santos. Por ello, si experimentan que el Señor puede estar llamándolos, les pido que contacten con nuestro Seminario Arquidiocesano “San Juan María Vianney”, o con su Parroquia, o con un sacerdote o laico comprometido con la Iglesia, siempre con el conocimiento de sus padres.

Quisiera ahora dirigirme a los padres de familia. Queridos papás: Comprendan que los hijos son un don de Dios, y no una propiedad para modelar conforme a nuestros planes, deseos o caprichos. No sean un obstáculo en el camino vocacional de sus hijos convirtiéndose así en rivales de Dios. Por eso les pido que ayuden a sus hijos a que descubran la vocación particular a la que Dios los llama. En primer lugar, con su oración por ellos, pero también con su testimonio de vida, educándolos cristianamente, y alentándolos a que descubran el Plan de Dios en sus vidas.

A todos los animo a que pidamos mucho en nuestras oraciones, para que todos aquellos llamados a la vida sacerdotal o consagrada, sepan responder con generosidad, alegría y prontitud. Finalmente, pidamos también en nuestras oraciones por la santidad de nuestros sacerdotes, por la fidelidad de nuestros seminaristas, y por el aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, en Piura y Tumbes.

Que María Santísima, la Mujer del todo y para siempre, del “Sí” incondicional al Señor, proteja e ilumine a nuestra juventud para que tenga la sabiduría y fortaleza para comprender que el llamado del Señor es nuestro camino de realización y felicidad plena, y así se decidan a seguir a Cristo con absoluta y total entrega.

San Miguel de Piura, 06 de febrero de 2022
V Domingo del Tiempo Ordinario

[1] S.S. Francisco, Vigilia de Pentecostés con los Movimientos Eclesiales, 18-V-2013.

Puede descargar el archivo PDF de la homilía pronunciada por nuestro Arzobispo AQUÍ 

Puede ver el video de la transmisión de la Santa Misa de hoy AQUÍ