UN MINISTRO SAGRADO QUE NO ASPIRA A LA SANTIDAD NO SIRVE

Ordenación Diaconal en la Solemnidad de Todos los Santos

 01 de noviembre (Oficina de Prensa).- Hoy, día en que se celebra la Solemnidad de todos los Santos, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura presidió la Santa Misa en la Parroquia “Nuestra Señora de Fátima” de nuestra ciudad, en la cual ordenó a Fray REDIBERTO LAZO MARCHAN, C.R.I.C., como nuevo diácono de la Congregación “Canónigos Regulares de la Inmaculada Concepción”. Esta congregación de religiosos se encuentra realizando labores pastorales en nuestra Arquidiócesis desde hace muchos años.

La ceremonia eucarística se realizó en un ambiente emotivo y de recogimiento en la cual los familiares y la gran cantidad de fieles presentes acompañaron al recién ordenado en este momento especial de su vida espiritual en el cual nuestro Señor lo ha llamado a ser Santo. Concelebraron esta Santa Misa el R.P. Ricardo Belleri, Superior General de esta Congregación; el R.P. Juan Atarama Carranza, Superior Territorial – Perú; entre otros sacerdotes de esta congregación.

A continuación publicamos la homilía completa de nuestro Arzobispo:

HOMILÍA

Querido Rediberto:

 El día de hoy en que celebramos la Solemnidad de Todos los Santos das un paso decisivo en tu camino al sacerdocio ministerial. Dentro de algunos momentos recibirás, por la imposición de manos, el don del diaconado. Como bien enseña el Concilio Vaticano II, “en el grado inferior de la jerarquía están los diáconos, que reciben la imposición de las manos no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio. Así conformados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la Palabra y de la caridad”.1

El don del diaconado

La expresión “no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio”, se entiende como servicio al Obispo, a quien debes profesar obediencia y respeto, junto a tus superiores religiosos; y como servicio a la Iglesia, a la que te comprometes a darle su total amor, adhesión y entrega.

Como diácono podrás administrar solemnemente el santo bautismo, asistir al Obispo y a los presbíteros en la celebración de la Santa Misa, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, proclamar el santo Evangelio y predicar, presidir el rito de los funerales y sepulturas, administrar los sacramentales de la Iglesia, y entregarse a los diversos servicios de la caridad, especialmente con los más pobres y necesitados.

Te pido que en el ejercicio de la caridad seas “misericordioso, diligente, procediendo conforme a la verdad del Señor que se hizo servidor de todos”.2 Con el diaconado recibirás un carácter indeleble que te configurará de modo especial con el Señor Jesús, “que se hizo diácono, es decir, servidor de todos”.3

 Para que la vivencia de tu diaconado sea auténtica y fecunda y te prepare adecuadamente al sacerdocio ministerial, colabora activamente con la gracia sacramental que hoy recibes, la cual busca que todo tu ser esté impregnado del espíritu de servicio de Cristo. Con el diaconado se busca realizar lo que el Señor Jesús manifestó sobre su misión: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mc 10, 45; Mt 20, 28). El diaconado te compromete al seguimiento del Señor Jesús, en su actitud de humilde servicio, que no sólo se manifiesta en las obras de caridad, sino que afecta y modela toda la manera de pensar, sentir y actuar. Se trata de participar íntimamente del espíritu de servicio del Señor.

Querido Rediberto: por el hecho de recibir el orden del diaconado estás llamado a distinguirte en la práctica de la vida litúrgica, en el amor a la oración, en el servicio divino y en el ejercicio de la obediencia, la caridad y la castidad.4 Dedícate asiduamente a la lectura y a la íntima meditación de la Palabra de Dios; participa cotidianamente de la Santa Misa; visita diariamente con espíritu de adoración a Jesús Eucaristía realmente presente en el Sagrario; purifica frecuentemente tu corazón con el sacramento de la Reconciliación; reza diariamente el Oficio Divino con conciencia y unción; y dedícale tiempo al estudio del Magisterio de la Iglesia, de la teología y de las diversas disciplinas eclesiásticas, de modo que puedas exponer rectamente a los demás la doctrina y así instruir y fortalecer el espíritu de los fieles cristianos. Asimismo se fiel a las Constituciones y demás disposiciones de tu Congregación de los Canónigos Regulares de la Inmaculada Concepción. Ellas son tu camino de fidelidad y santidad.

 Hoy como signo de tu consagración al Señor Jesús, te comprometes a observar por toda la vida el celibato por causa del Reino de los Cielos, para servicio de Dios y de los hermanos humanos. El celibato supone configurarse con Cristo que fue célibe y casto. Con los ojos puesto en el Señor Jesús, encuentra en el celibato un don que te hace libre, que te ayuda en el camino de una mayor personalización y que te hace plenamente disponible para la vivencia de tu ministerio, al tiempo que te impulsa a un amor totalmente entregado a Dios y siempre abierto a los hermanos a semejanza de Jesús y de María. Por ello te pido que ames y cuides tu celibato porque “quien no sabe dominar su concupiscencia es como caballo desbocado, que en su violenta carrera atropella cuanto encuentra, y él mismo, en su desenfreno, se maltrata y hiere”.5 Querido hijo: tiende hoy y siempre, a la perfección moral que debe habitar en el corazón de todo ministro sagrado. El Pueblo de Dios espera hoy más que nunca de sus pastores un ejemplo de santidad, de una vida ministerial pura, santa, intachable y fiel. “La principal preocupación de cada cristiano, especialmente de la persona consagrada y del ministro del Altar, debe ser la fidelidad, la lealtad a la propia vocación, como discípulo que quiere seguir al Señor. La fidelidad a lo largo del tiempo es el nombre del amor; de un amor coherente, verdadero y profundo a Cristo Sacerdote”.6

Solemnidad de Todos los Santos

Te ordenas en una fiesta hermosa: La Solemnidad de Todos los Santos. Te aseguras así de hoy en adelante la intercesión de esta multitud incalculable de intercesores así como de sus méritos. Pero ordenarte en esta fecha te recuerda que el horizonte de tu vocación es la santidad. Un religioso que además es ministro sagrado, que no aspire responsablemente todos los días a la santidad, no sirve, no vale. Que tu deseo de santidad jamás se extinga de tu corazón.

 Como nos ha recordado el día de hoy el Papa Francisco: “Los santos son personas que antes de alcanzar la gloria del cielo han vivido una vida normal, con alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Pero ¿qué ha cambiado su vida? Cuando han conocido el amor de Dios, lo han seguido con todo el corazón, sin condiciones o hipocresías; han gastado su vida al servicio de los demás, han soportado sufrimientos y adversidades sin odiar, respondiendo al mal con el bien, difundiendo alegría y paz. Esta es la vida de los Santos, personas que por el amor de Dios no han hecho su vida con condiciones a Dios, no han sido hipócritas, han gastado su vida al servicio de los demás, del prójimo, han sufrido tantas adversidades, pero sin odiar. En su existencia terrena, han vivido en comunión profunda con Dios. En el rostro de los hermanos más pequeños y despreciados han visto el rostro de Dios, y ahora lo contemplan cara a cara en su belleza gloriosa”.7 Que al final de tu peregrinación terrena se puedan decir de ti estas hermosas palabras.

Querido Rediberto: Confíale todos tus santos propósitos e intenciones a la Virgen María, Madre de toda vocación, a quien estás unido por tu llamado religioso a su misterio de Inmaculada Concepción, para que así con su poderosa intercesión y guía maternal te sostenga en la fidelidad y te ayude en tu misión de ser santo ministro de su Hijo. Se dócil a su acción maternal en tu vida. No hay guía más segura que Ella en nuestra configuración con el Señor Jesús. Ámala con lo afectos nobles y puros del Sagrado Corazón de Cristo y ten siempre la certeza que Ella camina con contigo, que Ella cuida de ti.

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 01 de Noviembre de 2013

Solemnidad de Todos los Santos

 

 

1 Constitución dogmática Lumen gentium, n. 29.

2 Ibid.

3 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1520.

4 Ver S.S. Paulo VI, Sacrum diaconatus ordinem, n. 25.

5 San Ambrosio, Tratado sobre las vírgenes, III, 5.

6 S.S. Benedicto XVI, Homilía en las Vísperas de la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, 12-V-2010.

7 S.S. Francisco, Angelus, 1-XI-2013.

viernes 1 noviembre, 2013