PIURA CELEBRA LOS 190 AÑOS DE INDEPENDENCIA DEL PERÚ CON SOLEMNE MISA Y TE DEUM

 26 de julio (Oficina de prensa).- Con ocasión de celebrarse el 190° Aniversario de la Independencia del Perú los piuranos se dieron cita en la Basílica Catedral de nuestra ciudad para participar en la Santa Misa y Te Deum, ofreciendo sus ruegos y oraciones por la Patria. La celebración eucarística estuvo presidida por Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura y contó con la asistencia de las más altas autoridades políticas, civiles y militares de la Región.

Al finalizar la Santa Misa y expresando gran cariño por el Perú, los presentes entonaron el Himno Te Deum y el Himno Nacional, acompañados por la Banda de Músicos de la Región Militar del Norte. El Te Deum fue entonado en el Perú por primera vez el 29 de julio de 1821 por el entonces Arzobispo de Lima Monseñor Bartolomé de las Heras, a pedido del Libertador Don José de San Martín. Desde aquella fecha no se ha dejado de dar gracias a Dios, por el don de nuestra peruanidad y de nuestra libertad.

A continuación les ofrecemos el texto completo de las palabras que pronunció hoy el Arzobispo de Piura y Tumbes para esta importante ocasión:

ORACIÓN PATRIÓTICA
CON OCASIÓN DEL 190º ANIVERSARIO
DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

BASÍLICA CATEDRAL DE PIURA

Señor Licenciado don Javier Atkins Lerggios, Presidente Regional de Piura.

Señor don Ramón Celi Soto, Gobernador de Piura.

Señora Ruby Rodríguez de Aguilar, Alcaldesa Provincial de Piura.

Señora Violeta Ruesta de Herrera, Alcaldesa de Castilla.

Señor Doctor, Luis Alberto Cevallos Vegas, Presidente de la Corte Superior de Piura.

Señora Doctor, Guillermo Castañeda Otsú, Presidente de la Junta de Fiscales de Piura.

Señor Doctor, César Orrego Azula, Jefe de la Defensoría del Pueblo de Piura.

Señor General de División Ejército Peruano, Jorge Agreda Vargas, Comandante General de la Región Militar del Norte y Comandante General del Comando Operacional del Norte.

Señor Mayor General Fuerza Aérea Peruana, Rodolfo Alejandro Pereyra Cúneo, Comandante General del Ala Aérea Nº 1.

Señor Contralmirante Armada Peruana, Ricardo Menéndez Calle, Comandante General de la Primera Zona Naval.

Señor Mayor General Policía Nacional del Perú, César Cortijo Arrieta, Director de la Primera Dirección Territorial Policial.

Señor General de Brigada Ejército Peruano, Raúl Silva Albán, Segundo Comandante General de la Región Militar del Norte.

Señor General de Brigada Ejército Peruano, Luis Sánchez Born, Jefe de Estado Mayor de la Región militar del Norte.

Señor General de Brigada Ejército Peruano, José Abel Emmanuel Grados, Inspector General de la Región Militar del Norte.

Dignas Autoridades Políticas, Diplomáticas, Universitarias, Civiles y Militares.

Señoras y Señores.

Nuevo aniversario Patrio

 Como hace 190 años, fieles a la tradición de nuestros próceres y antepasados y movidos por nuestra profunda fe cristiana y católica, aquella que está en el origen de la nacionalidad peruana, nos reunimos en esta Basílica Catedral de Piura para ofrecer a Dios nuestros ruegos y oraciones por la Patria, con ocasión de celebrarse un nuevo aniversario de nuestra Independencia. Lo hacemos con profunda gratitud y satisfacción por nuestro pasado, “síntesis viviente” de la cultura hispana e indígena, y con la certeza que con la ayuda del Señor Jesús y siguiendo el ejemplo de nuestros santos, próceres y héroes, viviremos con pasión nuestro presente y enfrentaremos con esperanza el futuro.

En este nuevo aniversario de nuestra Independencia, asume la guía de nuestro país un nuevo Gobierno. Desde aquí mi saludo afectuoso al nuevo Presidente de todos los peruanos, Señor Ollanta Humala Tasso y a los nuevos Congresistas de la República, especialmente a los representantes de las Regiones de Piura y Tumbes.

Interpretando el sentir de todos los presentes, pido a Cristo Jesús, Señor de la Historia, y a su Madre Santísima, a quien la Iglesia celebra el 28 de julio como Nuestra Señora de la Paz, que bendiga e ilumine a nuestros nuevos gobernantes, para que ejerzan la autoridad como servicio a la persona humana y contribución a la realización del bien común, y así conduzcan al Perú, durante los próximos cinco años, por caminos de verdad, libertad, unidad, desarrollo integral, fraternidad y paz.

Asimismo expreso nuestro agradecimiento al Dr. Alan García Pérez y a su Gobierno saliente, por el trabajo realizado en los cinco años de mandato que concluyen. Que el Señor Jesús lo bendiga y con él bendiga sus esfuerzos y trabajos por dejarnos un Perú más libre, fuerte y en constante desarrollo, conscientes que aún son muchos los desafíos y problemas que tenemos que enfrentar y superar para ver la Patria grande que todos queremos.

Defensa y Promoción de la Democracia

 Anhelamos que en los próximos cinco años nuestra democracia se consolide y se fortalezca. La Iglesia promueve el valor de la democracia entendida ésta como gestión participativa del Estado, a través de órganos específicos de representación y control, al servicio del bien común. Pero para que la democracia sea auténtica requiere tener un “alma” conformada por aquellos valores morales fundamentales sin los cuales ella se puede convertir fácilmente en totalitarismo visible o encubierto (1).

Entre los valores que le dan “alma” a la democracia están entre otros: la vida, especialmente del que está por nacer; la familia, célula primera y fundamental de la Nación; la libertad en todos los ámbitos de la vida del ser humano y especialmente la libertad religiosa; la solidaridad; la justicia; y el respecto y cuidado de la naturaleza.

El “relativismo ético” socava la democracia

Por lo anteriormente dicho, quiero en esta ocasión alertar sobre un grave peligro que asecha a nuestra aún frágil democracia. Ese peligro es el “relativismo ético” que de varias maneras se nos quiere imponer en el Perú, especialmente a través de minúsculos grupos internos de presión ideologizados en alianza con poderosos lobbies internacionales.

No falta quien considera erradamente al “relativismo ético” como una condición de la democracia que garantizaría la tolerancia, el respeto recíproco entre las personas y la adhesión a las decisiones de la mayoría; mientras que las normas morales objetivas llevarían al autoritarismo y a la intolerancia. Nada hay más falso en ello.

 Hay que decirlo claramente: el “relativismo ético” busca arrancar los efectos más sencillos de la ley natural como son las distinciones de sexos y la naturaleza del matrimonio y de esta manera trae como dolorosa consecuencia que se terminen legalizando y consumando los más horrendos atentados contra la dignidad de la persona humana, olvidando que la ley para que sea justa debe ser moral.

Así surgen aberraciones tales como la legalización del aborto, la eutanasia, la manipulación embrionaria, el matrimonio homosexual, la consagración del pretendido derecho a la propia orientación sexual e identidad de género, la libre comercialización y consumo de la droga, la intolerancia religiosa, etc. El “relativismo ético” nos lleva a un olvido y traición del verdadero ideal democrático, que está fundamentado sólidamente en la defensa de la inviolable dignidad de la persona humana y de la auténtica convivencia humana; disuelve estos fundamentos y de esta manera atenta directamente contra la democracia.

Una de las plasmaciones del “relativismo ético” es lo que hoy se denomina “ideología de género”, que es la última y más reciente rebelión del ser humano, a través de la cual la persona ya no sólo pretende librarse de Dios (el ateísmo), o negar sus propias exigencias espirituales y su propia libertad (el materialismo), sino pretende negar su propia condición de creatura, proclamándose un ser totalmente autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se auto crea y se convierte en un dios para sí mismo, sin ninguna referencia a su Creador ni a la verdad impresa en su naturaleza.

Redescubrir la ley natural fortalece la democracia

 Para un fortalecimiento de la democracia y una auténtica convivencia social, se hace imprescindible redescubrir la ley natural, que es esa norma escrita por Dios Creador en el corazón del hombre, que nos permite distinguir el bien del mal.

La ley natural es garantía para vivir en democracia y para que cada cual sea respetado en su verdadera dignidad y se vea libre de toda manipulación ideológica y de todo abuso arbitrario del más fuerte.

Para asegurar el futuro del Perú, de Piura y Tumbes, preservar y fortalecer nuestra democracia, urge redescubrir el valor de la ley natural, es decir “la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, que derivan de la verdad misma del ser humano y expresan y tutelan la dignidad de la persona. Son valores por tanto que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado pueden crear, modificar o destruir, sino que deben sólo reconocer, respetar y promover”(2). Sólo así se puede poner auténticamente a la persona humana en el corazón de las instituciones, leyes y actuaciones de la sociedad y defender genuinamente sus derechos humanos.

 Por ello con el Papa Benedicto XVI quiero alertar que “cuando los programas políticos contemplan abierta o veladamente, la despenalización del aborto o de la eutanasia, el ideal democrático -que sólo es verdaderamente tal cuando reconoce y tutela la dignidad de todas las personas humanas- es traicionado en sus fundamentos”(3). Una defensa de los derechos políticos, económicos o sociales que no incluya la defensa del derecho a la vida es totalmente falsa e irrealizable.

Ruego a nuestro Señor que en los años por venir, el Perú no caiga en un trágico oscurecimiento de su conciencia colectiva que nos lleve al escepticismo y al “relativismo ético” que al suprimir los principios fundamentales de la ley moral natural, haría que el mismo ordenamiento democrático se tambalease en sus fundamentos, reduciéndose a un puro mecanismo de regulación empírica de intereses diversos y contrapuestos.

El valor de la democracia se mantiene o cae con los valores que la encarna y promueve. Estos valores no pueden ser provisionales o estar sujetos a la opinión de la “mayoría”, y menos impuestos por agendas extranjeras que no respetan nuestra identidad nacional, sino que deben ser los valores inscritos en la naturaleza de la persona humana, los que se constituyan en punto de referencia de la normativa de la ley civil y de los planes de gobierno.

El Perú: País Católico

 Es oportuno indicar que estos valores inscritos en la naturaleza de la persona humana, son clarificados, elevados y plenificados por el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, a cuyo calor y anuncio nació el Perú, ya que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo nuestro Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación”(4).

Nuestro carácter e identidad nacional están profundamente marcados por los valores del Evangelio que llegó a estas tierras hace cinco siglos. Tengamos la humildad de aceptar la verdad evidente sobre nuestra identidad nacional: somos un pueblo cristiano y católico. La fe es parte constitutiva de nuestra identidad nacional. Ella sostiene como fundamento firme los valores fundamentales del humanismo que hemos heredado de nuestros antepasados. Ella es la clave para encontrar el camino de la auténtica libertad; superar los desencuentros y crecer en la comunión y el amor recíproco. Ella es la clave para tener pasión por la verdad y compromiso por el bien común.

No permitamos nunca que se soslaye la presencia católica en el origen de la nacionalidad peruana y más bien recordémosla con gratitud y sin complejos en cada conmemoración patriótica. La Iglesia acompaña desde sus orígenes al pueblo peruano en sus legítimas aspiraciones, compromiso que renueva en estas Fiestas Patrias; pero también está vigilante y alerta para rechazar todo aquello que se oponga a la dignidad de la persona humana, a la solidaridad y a la justicia, a la libertad y a la paz.

Amar al Perú y enseñar a amarlo en la familia

 En este centésimo nonagésimo aniversario de nuestra Independencia, quiero exhortar a todos a amar entrañablemente al Perú, a tener un auténtico patriotismo, a amar a la Patria como verdadera madre que es para cada uno de nosotros.

Patriotismo significa “amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. Un amor que abarca también las obras de los compatriotas y los frutos de su genio. Cualquier amenaza al gran bien de la Patria se convierte en una ocasión para verificar este amor…La Patria es un bien común de todos los ciudadanos y, como tal, también un gran deber”(5). El amor a la Patria es la expresión terrena de nuestro amor a Dios, quien nos llama como destino final de nuestras vidas a la Patria Eterna que es el Cielo. Hoy hagamos el firme compromiso de amar al Perú como lo amaron nuestros santos, próceres, y héroes. De amarla como nos enseñaron nuestros padres en el seno de la familia.

A propósito de ello, y resaltando el valor de la familia como ámbito fundamental donde se cultiva el amor al Perú, el gran historiador de la República, don Jorge Basadre Grohmann, cuenta en relación a la reincorporación de Tacna al seno de la Patria que, “si los chilenos lograron destrozar o suprimir sistemáticamente varios de los poderosos y heroicos reductos de la lealtad al Perú, – como las escuelas, los sacerdotes (debido a que fueron sistemáticamente deportados), los periódicos – no pudieron entrar en el meollo de ella que era la familia. En las casas particulares, grandes, medianas o pequeñas de ciudad y el campo, las mujeres sobre todo las madres de sucesivas generaciones, inculcaron el amor a la Patria invisible”(6).

Ello hizo posible que después de 49 años de injusta ocupación, Tacna retornase nuevamente al seño de nuestro territorio nacional y en sus casas y edificios volviese a flamear digna y señera la bandera del Perú, roja por la sangre de nuestros héroes y blanca por la pureza de nuestros santos. Mi deseo que en cada hogar Piurano y Tumbesino, se alimente el amor a la Patria, se enseñe a tener cariño, satisfacción y fe en el Perú así como en nuestra condición de peruanos.

El programa de vida del Beato Juan Pablo II al Perú

El pasado 01 de mayo celebramos con gozo la beatificación del Papa Juan Pablo II. Por ello quiero concluir con las palabras que él dirigiera a los jóvenes del Perú en su primera visita a nuestra Nación el 02 de febrero de 1985. Son palabras que hoy se nos dirigen a todos nosotros, autoridades y ciudadanos, y que a pesar del tiempo transcurrido no han perdido su vigencia. Palabras que constituyen todo un programa de vida para el Perú que camina hacia el Bicentenario de su Independencia:

“A ejemplo de la joven Santa Rosa de Lima, empeñad vuestras energías en construir un Perú donde brille la santidad, donde se plasmen las Bienaventuranzas del Reino.

Construid un Perú más fraterno y reconciliado. Construid un Perú mucho más justo. Construid un Perú sin violencia, siempre anticristiana. Construid un Perú donde reinen la honestidad, la verdad, la paz. Construid un Perú más humano, donde el misterio de cada hombre se viva a la luz del misterio de Dios. Para que así sea, os ofrezco mi aliento, mi plegaria, mi bendición”(7).

San Miguel de Piura, 28 de julio de 2011
Fiesta de Nuestra Señora de la Paz

 

(1) Ver S.S. Juan Pablo II, Encíclica Centesimus annus, n. 46.

(2) S.S. Juan Pablo II, Encíclica Evangelium vitae, n. 71.

(3) S.S. Benedicto XVI, Discurso a los Obispos del Brasil, 28-X-2010.

(4) Gaudium et spes, n. 22.

(5) S.S. Juan Pablo II, Memoria e Identidad, p. 87.

(6) Jorge Basadre, La Vida y la Historia, p. 145.

(7) S.S. Juan Pablo II, Homilía en el Encuentro con la Juventud del Perú, 02-II-1985.

martes 26 julio, 2011