PIDAMOS CON FE EL DON DE LA LLUVIA

Exhortación Pastoral del Arzobispo Metropolitano a toda la Iglesia Arquidiocesana de Piura y Tumbes

“Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida. La acequia de Dios va llena de agua” (Sal 65, 10).

 A mis muy queridos Sacerdotes, Diáconos, Personas Consagradas y a los Fieles Laicos de la Arquidiócesis de Piura y Tumbes:

Después de hacerles llegar un afectuoso saludo en el Señor Jesús y en nuestra Madre Santísima, que es para nosotros nuestra amada “Mechita”, les escribo esta Exhortación Pastoral para que todos emprendamos una cruzada de oración pidiendo a Dios Padre providente, que frente a la sequía que abate a nuestra costa peruana, nos envíe la lluvia que tanto necesitamos para nuestro consumo personal, la agricultura y nuestra ganadería. Hace varios meses que no llueve y ya se siente en algunas zonas los efectos de la sequía. La falta de pastos está provocando la muerte del ganado y la falta de agua suficiente en nuestros reservorios amenaza nuestras diversas campañas agrícolas.

Necesitamos lluvia para nuestra subsistencia y salud, para nuestros campos y animales, así como para aumentar la capacidad de almacenamiento de nuestros reservorios y nutrir las fuentes de agua.

Considero que no es suficiente que nos limitemos simplemente a enterarnos por las noticias de este grave problema y a comentarlo en nuestras conversaciones. Nuestra condición de cristianos debe llevarnos a orar insistentemente, tanto personal como públicamente en nuestras iglesias, comunidades y familias, para que Dios, Padre Creador del cielo y de la tierra, nos envíe las esperadas y necesarias lluvias.

La situación que vivimos es también propicia para que cada uno de nosotros se examine en qué medida es responsable de la situación que vivimos, sea porque no cuidamos el agua y la derrochamos o no velamos lo suficiente por el don de la creación y de la naturaleza a través de una ecología humana y cristiana.

Por eso les pido que iniciemos juntos una Campaña de Oración llena de fe y perseverancia para pedirle al Señor confiadamente la lluvia que necesitamos. La oración no es nunca para el creyente el último de los recursos sino lo primero que siempre debe hacer, conciente que como enseña el Papa Francisco, “Dios siente debilidad por la oración del hombre. La oración del hombre humilde es la debilidad de Dios. El Señor es débil sólo en esto: es débil frente a la oración de su pueblo”. Toquemos con confianza a la puerta del corazón de nuestro Padre Dios con la seguridad de que todo lo que le pidamos en nombre de su amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, Él nos lo concederá (ver Jn 14, 13).

Por tanto les solicito que al terminar la Misa de cada día y en especial las dominicales, antes de hacer la acostumbrada oración a San Miguel Arcángel nuestro patrono, elevemos la siguiente oración compuesta por el Papa Paulo VI, oración que también debemos rezar en nuestras comunidades y familias y en nuestra oración personal:

Dios Padre Nuestro, Señor del cielo y de la tierra.

Tú eres para nosotros existencia, energía y vida.

Tú has creado al hombre a tu imagen y semejanza, para que con su trabajo, haga fructificar las riquezas de la tierra, colaborando así a tu creación.

Somos conscientes de nuestra miseria y debilidad. Nada podemos sin Ti.

Tú, Padre Bueno, que haces brillar el sol sobre todos y haces caer la lluvia, ten compasión de cuantos sufren durante la sequía en estos días.

Escucha con bondad las oraciones que tu Iglesia te dirige con confianza, como escuchaste las súplicas del Profeta Elías, que intercedía a favor de su Pueblo. Haz que caiga del cielo sobre la tierra árida, la lluvia tan deseada, para que renazcan los frutos y se salven los hombres y los animales.

Que la lluvia sea para nosotros el signo de tu gracia y bendición. Así, confortados por tu misericordia, te rendimos gracias por todo don de la tierra y del cielo, con que tu espíritu satisfaga nuestra sed.

Por Jesucristo, Tu Hijo, que nos ha revelado tu amor, Fuente de Agua Viva que brota hasta la vida eterna. Amén.

Que María, Santísima, quien en Caná de Galilea pidió a su Divino Hijo por los jóvenes esposos, consiguiendo con su poderosa intercesión que Jesús hiciera su primer milagro, nos alcance ver transformada la tierra seca y sedienta en verde y floreciente de frutos, con abundantes pastos para nuestro ganado, así como nuestros reservorios con agua suficiente que asegure nuestra subsistencia y salud.

Los bendice con afecto y pide sus oraciones,

 

San Miguel de Piura, 09 de febrero de 2014

Domingo V del Tiempo Ordinario

sábado 8 febrero, 2014