PARROQUIA DE LA ARENA INAUGURÓ REMODELADO PISO CON SANTA MISA

 29 de agosto (Oficina de prensa).- Con una Santa Misa fue inaugurada hoy la remodelación del piso de la Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes de La Arena, el cual fue bendecido por Monseñor José Antonio Eguren, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, quien también presidió la celebración eucarística.

La alegría de cientos de fieles católicos de La Arena se manifestó con entusiastas cantos y aplausos a la hora de la bendición del piso, en un recorrido que Monseñor Eguren hizo por la nave central del Templo, acompañado por el Párroco del lugar, Pbro. José Manuel Gómez Zapata, el Doctor Venancio Risco, Alcalde de la Arena, y su esposa. En la Santa Misa también estuvieron presentes Regidores del distrito.

 Comentando el Evangelio de hoy que señala que “quien se enaltece será humillado, y quien se humille será enaltecido”, nuestro Arzobispo explicó que con esta parábola, en su sentido más profundo, Jesús nos da una “gran lección para la vida cristiana: no busquemos los primeros lugares, ni las grandezas de esta vida. Jesús nos invita a que seamos humildes, seamos sencillos como Él lo fue durante toda su vida”.

“¡Qué importante es en nuestra vida cotidiana la virtud de la humildad! – agregó Monseñor Eguren-. Si queremos ser santos la virtud de la humildad tiene que estar en el fundamento del edificio de nuestra santidad. Sin la humildad no es posible ser otro Cristo, pues la humildad es la base para que las demás virtudes se acrecienten”.

Monseñor Eguren resaltó la muestra radical de humildad que nos dio Jesús en la Cruz, el cual siendo el Hijo de Dios “aceptó su Divino Plan con total obediencia, muriendo en la Cruz para redimirnos de nuestros pecados…. Jesús nos enseña a ser humildes. Por lo tanto, no seas tú la medida de ti mismo. Jesús debe ser la medida de tu vida, el modelo de plena humanidad, el Camino, la Verdad y la Vida. Eso es vivir la humildad.”

Monseñor Eguren sostuvo que la humildad, que es “andar en Verdad” como solía decir Santa Teresa de Jesús, “implica reconocernos como creaturas de Dios, con nuestras limitaciones y defectos. Se trata de reconocernos como lo que somos, es decir, seres humanos. No somos dioses y fácilmente podemos creerlo así cuando le decimos a Dios que no lo necesitamos. Andar en Verdad es reconocer que somos hijos de Dios, somos sus creaturas, somos sus discípulos”.

 “Al final de la parábola – prosiguió nuestro Pastor – Jesús sugiere al jefe de los fariseos que invite a su mesa no a sus amigos o parientes ricos, sino a las personas más pobres y marginadas, que no tienen modo de devolvérselo…y como consecuencia de esta lección de humildad, debemos amar a los demás, especialmente a los que no pueden devolvernos el favor. La humildad nos debe llenar de la actitud del servicio desinteresado y a tener un corazón dispuesto a amar a quienes más lo necesitan. Sólo cuando se vive la humildad florece la solidaridad, la paz, la honestidad, la generosidad, la fraternidad, el amor.”

Finalmente, Monseñor Eguren exhortó a los presentes a “mirar el ejemplo de Santa María, la Madre del Hijo de Dios y Madre nuestra, que nunca hizo alarde de esta condición, sino que siempre estuvo atenta a las necesidades de sus hijos, siempre amando y sirviendo a todos”.

 

 

 

domingo 29 agosto, 2010