MONSEÑOR EGUREN CELEBRA FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA CRUZ

 14 de setiembre (Oficina de prensa).- En la Parroquia Santísima Cruz del Norte Monseñor José Antonio Eguren, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, celebró hoy una Santa Misa con ocasión de la Fiesta de la Exaltación de la Cruz, la cual fue concelebrada por el Pbro. Rómulo Gibaja, párroco del lugar.

Monseñor Eguren explicó a los fieles que esta Fiesta litúrgica “nos llama a mirar con detención y reverencia la Cruz y en ella al Crucificado: nuestra mirada es a Cristo, al Hijo que viene a redimirnos en el madero”.

Seguidamente nuestro Pastor dijo que “la Cruz es signo de reconciliación porque Cristo al morir en ella nos alcanza la reconciliación con Dios, con nosotros mismos, con los demás hermanos y con la creación. La Cruz, en definitiva, nos devuelve la unidad de vida que el pecado nos había arrebatado.”

 “La Cruz – prosiguió Monseñor Eguren –es motivo de profunda alegría porque es el signo de nuestra salvación. Por eso cuando la contemplamos descubrimos el inmenso amor de Jesucristo por cada uno de nosotros. Él está ahí por ti y por mí.”

“Por eso la Cruz además de ser fuente de consuelo, de alegría y de esperanza, nos recuerda el inmenso, infinito y eterno amor que Jesús tiene por cada uno de nosotros”, agregó.

 Cabe recordar que la Iglesia Católica en este día celebra la veneración a las reliquias de la cruz de Cristo en Jerusalén, tras ser recuperada de manos de los persas por el emperador Heráclito. Según manifiesta la historia, al recuperar el precioso madero, el emperador quiso cargar una cruz, como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la cruz en el sitio donde antes era venerada. Los fragmentos de la santa Cruz se encontraban en el cofre de plata dentro del cual se los habían llevado los persas, y cuando el patriarca y los clérigos abrieron el cofre, todos los fieles veneraron las reliquias con mucho fervor, incluso, su produjeron muchos milagros.

martes 14 septiembre, 2010