Misa por la Fuerza Aérea del Perú en el Aniversario de Quiñones

Misa por la Fuerza Aérea del Perú22 de julio (Oficina de Prensa).- Mons. José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V. presidió el día de hoy, a las 8:30 de la mañana, la Santa Misa en la Basílica Catedral de Piura, con ocasión de conmemorarse el Sexagésimo Sexto Aniversario de la inmolación del Cap. FAP José Abelardo Quiñones Gonzáles y Día de la Fuerza Aérea del Perú.

La Santa Eucaristía estuvo concelebrada por el P. Felizardo Arrascue, Capellán de la Fuerza Aérea del Perú y el P. Miguel Medina Pacherre, párroco de la Parroquia San Miguel Arcángel.

A continuación ofrecemos el texto de la Homilía que pronunciara el Arzobispo Metropolitano de Piura.

 

HOMILÍA

MISA POR LA FUERZA AÉREA DEL PERÚ

LXVI ANIVERSARIO DE LA INMOLACIÓN DEL

CAP. FAP JOSÉ ABELARDO QUIÑONES GONZÁLES

BASÍLICA CATEDRAL DE PIURA

Señor Presidente Regional, Doctor Don César Trelles Lara.

Señor Doctor, Roberto Palacios Márquez, Presidente de la Corte Superior de Piura.

Señor Ingeniero, Ricardo Wacheng Morales, Alcalde del Distrito de Castilla – Piura.

Señor General de Brigada Ejército Peruano, Paul da Silva Gamarra, Comandante General de la Región Militar del Norte y Comandante General del Comando Operacional del Norte.

Señor Mayor General Fuerza Aérea Peruana, Donovan Bartolini Martínez, Comandante General del Ala Aérea Nº 1.

Señor Contralmirante Armada Peruana, José Luis Paredes Lora, Comandante General de la Primera Zona Naval.

Señor Mayor General Policía Nacional del Perú, Luis Henríquez Palacios, Director de la Primera Dirección Territorial Policial.

Dignas Autoridades Políticas, Civiles y Militares.

Señoras y Señores.

Misa por la Fuerza Aérea del Perú1. En la víspera de celebrarse el sexagésimo sexto aniversario de la inmolación del Capitán FAP José Abelardo Quiñones Gonzáles, héroe nacional por Ley Nº 16126, del 10 de mayo de 1966, y Día de la Aviación Militar del Perú, nos hemos reunido en esta Basílica Catedral de Piura, para rendir homenaje a este insigne peruano y para ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa por nuestra querida Fuerza Aérea del Perú, institución decisiva para la defensa y la soberanía nacional.

Nuestro homenaje esta mañana a nuestros aviadores militares, quienes con su sacrificio y entrega diaria, contribuyen al engrandecimiento del Perú, cumpliendo con su misión de resguardar la soberanía e integridad territorial, así como contribuir al desarrollo del país, muchas veces en condiciones de extrema dificultad y en medio de grandes limitaciones.

Nuestra atención se dirige hoy en primer lugar a la figura egregia de Quiñones, héroe representativo de nuestra Fuerza Aérea del Perú. El 23 de julio de 1941, el entonces Teniente FAP José Quiñones Gonzáles, demostró heroicamente con abnegación, desprendimiento y sacrificio de su propia vida, su amor por el Perú, cayendo valerosamente en acción de armas en la Batalla de Zarumilla, durante el conflicto armado con el Ecuador del año 1941.

Ese día, la 41º Escuadrilla despegó de Tumbes para cumplir con su misión. La flotilla estaba integrada por el teniente comandante Antonio Alberti, quien se hallaba al mando; los tenientes Fernando Paraud y José Quiñones y el Alférez Manuel Rivera, a bordo de los aviones caza North American NA – 50, cariñosamente apodados como “toritos”.

Misa por la Fuerza Aérea del PerúPocos minutos después de la partida la escuadrilla estaba sobre el objetivo de Quebrada Seca. Cuando el avión piloteado por Quiñones efectúa su descenso, es alcanzado por el fuego de las baterías antiaéreas. Las llamas envuelven al avión y Quiñones lejos de utilizar el paracaídas, en cuyo manejo era experto, conduce su máquina hacía las baterías norteñas y las destruye totalmente. El oficial que un día había jurado defender a la Patria hasta con la propia vida, cumplió con su promesa y con su misión.

La Fuerza Aérea Ecuatoriana, representada por el Coronel Octavio Ochoa, entregó los restos mortales del héroe peruano el 19 de octubre de 1941, pronunciando las siguientes frases: “A nombre de las Fuerzas Armadas Ecuatorianas, entrego a la Fuerza Aérea Peruana los restos de quien supo honrar a su Patria, a su Pueblo Peruano y a sus Fuerzas Armadas”.

Quiñones contaba con apenas 27 años cuando entregó su vida por el Perú. La pregunta que surge espontánea entre nosotros es ¿Por qué? ¿Por qué un joven de grandes cualidades personales y con un brillante futuro decide sacrificar su vida por el Perú en vez de salvarla sin temerle a la muerte?

Quiñones, como nuestros demás héroes, nos enseña a poner al Perú primero. Con dolor hemos visto estos días en nuestra Patria luchas, violencia, enfrentamientos y divisiones entre peruanos, con el doloroso saldo de pérdidas de vidas humanas, así como destrucción de la propiedad pública y privada. Siguiendo el ejemplo de Quiñones que entregó su vida por el Perú, busquemos el bien común y dejemos de lado los intereses personales, de grupo y de partido, que tanto daño hacen a la unidad de todos los peruanos.

Misa por la Fuerza Aérea del PerúPara lograr el bien de todos tendremos que estar dispuestos a sacrificar siempre algo, a deponer egoísmos, y a esforzarnos sobre todo por servir a los más pobres, a nuestros niños y jóvenes, a los débiles y necesitados de nuestro país, que siempre deben estar en el primer lugar de nuestra preocupación. Como enseñan el Catecismo y el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia:

“Una sociedad que, en todos sus niveles, quiere positivamente estar al servicio del ser humano es aquella que se propone como meta prioritaria el bien común, en cuanto bien de todos los hombres y de todo hombre” (1).

“El bien común exige ser servido plenamente no según visiones reductivas subordinadas a las ventajas que cada uno puede obtener, sino en base a una lógica que asume en toda su amplitud la correlativa responsabilidad. El bien común corresponde a las inclinaciones más elevadas del hombre, pero es un bien arduo de alcanzar porque exige la capacidad y la búsqueda constante del bien de los demás como si fuese el bien propio” . (2)

Quiñones, con su entrega hasta dar la vida por el Perú, nos enseña que la Patria es un bien común de todos los ciudadanos, y como tal, un deber, una responsabilidad de todos sin excepción. Por la Patria, Quiñones sacrificó voluntariamente su vida, nadie lo obligó. También nosotros por el Perú, siguiendo su ejemplo, debemos estar dispuestos, sin que nadie nos obligue a ello, a tener una actitud semejante recordando que después de Dios, nuestra obligación primera es con nuestro país, y por él debemos estar dispuestos a sacrificar el interés privado y de grupo, así como el individualismo que tanto daño hacen a nuestra convivencia social.

2. “Arriba, siempre arriba,
las alas vencedoras,
despleguemos triunfantes
en busca del ideal”
.

Misa por la Fuerza Aérea del PerúAsí cantan las primeras líneas del Himno de la Fuerza Aérea del Perú. Ciertamente ellas hacen referencia directa a la sagrada misión de la FAP de “cuidar en los cielos a nuestra hermosa Patria con orgullo y valor…velando…que siempre en todo el territorio bata invicta su ala nuestro gran bicolor”.

Pero permítanme decirles, queridos hermanos aviadores militares, que la letra de vuestro Himno, suscita en mí una reflexión más profunda. El cielo, que un aviador anhela surcar, es símbolo de Dios. Dios mora en las alturas. Por ello el anhelo de volar expresa en el fondo la nostalgia de infinito que anida en el corazón humano y que sólo Dios puede saciar. Por ello “Arriba, siempre arriba”, es decir además del esfuerzo por ser en vuestra vocación de aviadores militares como Jorge Chávez y José Abelardo Quiñones, aspiren a la santidad, a una vida espiritual intensa, madura, seria y responsable, centrada en el Señor Jesús, ya que Dios se ha manifestado plenamente en su Hijo. Él es el único que sacia plenamente todas nuestras ansias de infinito, de felicidad y de plenitud.

“Arriba, siempre, arriba”: Sean hombres y mujeres de oración, de confesión frecuente, de Misa dominical, para que en cada misión, sea en sus bases militares o en la cabina de sus aviones, el Señor sea su copiloto, permanezca siempre con ustedes, y así dé sustento y fecundidad a todas vuestros esfuerzos, tareas y misiones.

“Arriba, siempre, arriba”: Sean hombres y mujeres de fe que como María, la hermana de Marta y de Lázaro, en el evangelio de hoy domingo, escojan siempre la parte mejor, aquella que no les será quitada y que consiste en escuchar la palabra de Jesús y acogerla en el corazón como Palabra de Dios capaz de darnos la vida eterna.

“Arriba, siempre, arriba”: Aspiren a la santidad que no es otra cosa sino “ser amigos del Señor Jesús”, en quien la verdad y el amor se identifican. Él, es la verdad que nos hace libres y el amor que llena de sentido nuestras vidas. Hay que tener siempre presente, que es la amistad con Cristo la que nos abre a todo lo que es bueno, noble y bello en la vida.

Misa por la Fuerza Aérea del Perú3. La Patrona de la Aviación es la Virgen de Loreto, ya que según la tradición transmitida por generaciones, la Santa Casa de Nazaret donde vivieron juntos Jesús, María y José, fue milagrosamente transportada por los ángeles al medio de un bosque de la campiña lauretana en Loreto – Italia, en la noche del 9 al 10 de diciembre de 1294. Por aquel “vuelo angélico”, la Virgen de Loreto es venerada por los aviadores como su Patrona.

Por ello que el azul de vuestros uniformes, les recuerde sobre todo a María Santísima. Un aviador militar debe profesarle a la Madre de Dios, que también es Madre nuestra, una profunda devoción y amor filial. Un aviador militar debe estar siempre en los brazos maternales de Santa María. Su amor por Ella debe marcar su vida para que María lo cubra siempre con su manto maternal y lo proteja de todo peligro, pero sobre todo para que desde su Inmaculado Corazón, María lo lleve al Sacratísimo Corazón de su Hijo Jesús y así sacie su nostalgia de infinito. Un aviador militar nunca debe descuidar el rezo diario del Santo Rosario.

María, Virgen de Loreto,
nutre los corazones de tus hijos aviadores
con una fe fuerte y segura como la tuya,
para que sean valientes ante el peligro,
serenos y prontos en su respuesta ante lo inesperado,
generosos y abnegados en su misión,
y fieles e intachables en el cumplimiento de sus deberes,

María, Virgen de Loreto,
cúbrelos con tu manto maternal,
protégelos de todo peligro,
y colma sus vidas de alegría y paz.

Y a todos nosotros, Madre nuestra,
ayúdanos a elevar la mirada al cielo
para que sepamos organizar nuestra existencia cotidiana sobre la tierra,
sabiendo mirar a Dios,
fin supremo y último de nuestras vidas.

Que así sea. Amén

San Miguel de Piura, 22 de julio de 2007

+ JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI, SCV.
Arzobispo Metropolitano de Piura

 

NOTAS

1. Ver Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1912.

2. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nº 167.

lunes 23 julio, 2007