“LA HUMILDAD ES EL FUNDAMENTO SOBRE EL CUAL SE EDIFICA NUESTRA SANTIDAD”

Solemnidad de San Martín de Porres

 03 de noviembre (Oficina de Prensa).- Hoy domingo, en la Parroquia “San Martín de Porres” de Castilla, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura presidió la Santa Misa por la Solemnidad de San Martín de Porres, en la cual también celebró el 52° Aniversario de esta Parroquia. Concelebraron la Eucaristía, el R.P. Francisco Alburquerque Sánchez, párroco del lugar y el R.P. Alex Abad Acha, vicario parroquial.

En su homilía Monseñor Eguren resaltó la humildad de nuestro “Santo de la Escoba”, virtud sobre la que pudo edificar su santidad: “Queridos hermanos, si hay algo que resaltar en la santidad de San Martín de Porres es su profunda humildad, pues ésta es el fundamento para construir el edificio de la propia santidad a la que todos debemos aspirar en nuestra vida cristiana. La humildad es andar en la verdad, sabiendo que Dios es Dios y nosotros sus criaturas, que Dios es Padre y nosotros sus hijos, reconociendo la soberanía y la paternidad de Dios en nuestra propia vida. Así lo hizo Martín, quien a pesar de su nacimiento humilde y del desprecio que sufría por parte de los demás debido a su condición racial, jamás se sintió menos porque se sabía profundamente amado por Dios, y es en el amor de Dios donde encontró su auténtica libertad y alegría, viviendo su vida con total naturalidad y felicidad. Es la humildad la que le abrió el camino a Martín para conocer el misterio de Dios, y fue por su gran humildad que el Señor le permitió hacer tantos milagros en vida y después de muerto. Él demostraba su humildad incluso cuando las personas le agradecían por algún favor: «Es Dios el que te salva, no yo», decía. Nuestro hermano Martín nos pide hoy a nosotros despojarnos de todo orgullo y soberbia, para ser humildes y sencillos”.

 Luego nuestro Arzobispo agregó: “Y junto a la humildad de San Martín, otra característica de su santidad es su gran caridad. La humildad le permitió descubrirse amado por el Señor, y es así que abriendo su corazón a Él y lleno del amor de Dios, pudo después prodigar ese amor hacia los demás. Porque la humildad nos lleva a una correcta relación entre nosotros, a saber descubrir en el otro a un hermano en Cristo, a alguien a quien tengo que amar y servir y no del cual busco servirme para mis propios intereses. El humilde es capaz de ver en el hermano la presencia viva de Dios, de ver a Cristo en el hermano. Estamos llamados a amar y a servir a todos sin distinción, a Martín lo vemos en todo momento siendo un instrumento activo de la caridad de Dios, alimentando a los pobres, curando a los enfermos, sirviendo con gran amor en las tareas y labores más pequeñas y sencillas. Y al dar ese amor a los demás, Martín se convirtió en presencia viva del amor de Dios en la vida de tantas personas”.

 Antes de finalizar su homilía nuestro Pastor dijo: “La religiosidad popular ha representado a San Martín a través de dos símbolos: por un lado con una escoba en la mano, y por otro a sus pies encontramos a perro, pericote y gato comiendo de un mismo plato. Lo primero nos recuerda que la santidad supone nuestro esfuerzo de cooperación activa con la gracia para “barrer” con todo pecado, soberbia y egoísmo en nuestra vida, y al mismo tiempo a través del trabajo y la actividad cotidiana esforzarnos por amar y servir a los hermanos en fidelidad al plan de Dios. Lo segundo nos enseña que la santidad de una persona es capaz de lograr la reconciliación, el amor, la comunión y la unidad aún entre aquellos que parece imposible. Hermanos, sigamos el ejemplo de San Martín de Porres que es grande en sus milagros, en el amor y en la caridad que prodigaba a todos porque grande fue su humildad”.

domingo 3 noviembre, 2013