JESÚS NOS PIDE QUE NUESTRO CORAZÓN SEA TIERRA BUENA DONDE PODAMOS ACOGER SU PALABRA

 14 de julio (Oficina de Prensa).- La mañana del pasado domingo, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura presidió, en la Basílica Catedral de nuestra ciudad, la Santa Misa correspondiente al XV Domingo de Tiempo Ordinario.

Dirigiéndose a los fieles reunidos, y en especial a los niños de la catequesis de la Primera Comunión acompañados por sus padres, Monseñor Eguren les explicó el significado de la parábola del sembrador que Jesús propone en el Evangelio (Mt 13, 1-23): “Recordemos que Jesús utiliza parábolas, es decir, comparaciones tomadas de las diversas circunstancias de la vida cotidiana de su tiempo, para ayudarnos a comprender un misterio o una verdad que es fundamental conocer para poder ser felices y salvarnos. Hoy, Jesús con la parábola del sembrador nos pide que nuestro corazón sea tierra buena donde podamos acoger su Palabra, para así alcanzar la felicidad y la salvación”.

 “Hermanos – continuó diciendo nuestro Arzobispo -, a esta parábola podemos aproximarnos desde dos ángulos distintos. El primero es desde el ángulo del sembrador: en un primer momento podríamos decir que su gran esfuerzo es en vano porque echa semillas por todos lados, en todos los terrenos, y muchas de esas semillas no fructifican o si lo hacen luego mueren. Pero lo que hace no es en vano. Vemos en el sembrador, que es Jesús, la actitud generosa de quien no se cansa de echar las semillas en todo tipo de terreno, porque Dios quiere que todos sus hijos conozcan su Palabra y acogiéndola en su corazón se salven. El amor de Dios es así, no busca llegar a unos pocos sino a todos, porque sólo su Palabra puede darnos la libertad, la felicidad, la vida y salvación eternas. Hoy, Dios sigue derramando sus semillas aquí mismo en cada uno de nosotros, a la hora que nos ha sido proclamada la Palabra de Dios, con la confianza de que aquí haya un corazón que reciba esta semilla y fructifique”.

 A continuación agregó: “La segunda enseñanza de esta parábola la encontramos desde la perspectiva del terreno. Jesús propone varios tipos de tierra en las cuales la semilla cayó y no fructificó porque encontró un terreno duro, o lleno de piedras o de abrojos, es decir corazones endurecidos por diversas causas: el orgullo, la falta de instrucción en la fe, el miedo a ser testigos de Cristo por el sufrimiento que ello puede causar, o porque el mundo y sus preocupaciones y fascinaciones seducen. Pero pensemos especialmente que hoy en día hay muchas personas que no entienden la Palabra de Jesús, porque no han tenido la oportunidad de que alguien les enseñe a rezar o que les enseñe el catecismo. ¿Hacemos todo lo posible para ayudarlas? Hermanos: una de las obras de caridad es instruir a quien no sabe y hoy hay muchos deseosos de conocer a Cristo. No seamos tropiezo sino más bien camino para que sus corazones vibren con la única Palabra de Vida: la de Jesús, que felicidad y sentido a la existencia.

Nuestro Pastor concluyó diciendo: “La parábola del sembrador acaba de manera positiva y esperanzadora. No todos los corazones son duros. Hay corazones buenos y nobles que como la tierra buena acogen la semilla para que ésta fructifique. Los malos son pocos y los buenos somos muchísimos más. En el mundo de hoy hay muchos corazones nobles y generosos que como Santa María, acogen la Palabra de Dios con alegría y dan testimonio de ella”.