JESÚS ASEGURA SU PRESENCIA ENTRE NOSOTROS POR MEDIO DE LA PALABRA Y LA EUCARISTÍA

 22 de abril (Oficina de prensa).- Así como los discípulos de Emaús reconocieron a Jesús al partir el pan, así también nosotros encontramos al Señor en la Celebración eucarística”, aseguró el Papa Benedicto XVI en sus palabras previas a la oración mariana pascual “Regina Coeli” que rezó desde la ventana de su estudio, en la Plaza San Pedro, junto a miles de peregrinos provenientes de diversas partes del mundo.

El Santo Padre reiteró que el Señor “asegura su presencia real entre nosotros, por medio de la Palabra y de la Eucaristía”, señalando seguidamente que Santo Tomás de Aquino explicó en sus obras que “es necesario reconocer según la fe católica, que todo el Cristo está presente en este sacramento”. A continuación presentamos el texto completo del mensaje de Benedicto XXI:

¡Queridos hermanos y hermanas!

“Hoy, tercer Domingo de Pascua, encontramos -en el Evangelio según san Lucas- a Jesús resucitado que se presenta en medio de los discípulos (cfr Lc 24,36), los cuales incrédulos y asustados, piensan que ven un fantasma (cfr Lc 24,37). Escribe Romano Guardini: “El Señor ha cambiado. No vive más como antes. Su existencia… no es comprensible. Y sin embargo es corpórea, incluye… toda su vida vivida, el destino atravesado, la pasión y su muerte. Todo es realidad. Si, cambiada, pero siempre una realidad tangible” (El Señor. Meditaciones sobre la persona y la vida de NS. Jesucristo, Milán 1949, 433). Porque la resurrección no cancela los signos de la cruficixión, Jesús muestra a los apóstoles las manos y los pies. Y para convencerlos, les pide incluso algo de comer. Así los discípulos “le ofrecen una porción de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de ellos” (Lc 24,42-43). San Gregorio Magno comenta que “el pescado asado en el fuego tiene el significado de la pasión de Jesús Mediador entre Dios y los hombres. Él, en efecto, se dignó esconderse en las aguas del género humano, aceptó de ser sometido al lazo de nuestra muerte y fue como puesto al fuego por los dolores que sufrió en el tiempo de la pasión” (Hom. en Evang. XXIV, 5: CCL 141, Turnhout 1999, 201).

Gracias a estos signos muy reales, los discípulos superan la duda inicial y se abren al don de la fe; y esta fe les permite comprender lo que se ha escrito sobre Cristo “en la ley de Moisés en los Profetas y en los Salmos”(Lc 24,44). Leemos, en efecto, que Jesús “les abrió la mente para comprender las escrituras y les dijo: “Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto.” (Lc 24,45-48). El Salvador nos asegura su presencia real entre nosotros, por medio de la Palabra y de la Eucaristía. Así como los discípulos de Emaús reconocieron a Jesús al partir el pan (cfr Lc 24,35), así también nosotros encontramos al Señor en la Celebración eucarística. A este propósito explica Santo Tomás de Aquino, que “es necesario reconocer según la fe católica, que todo el Cristo esta presente en este sacramento…. Porque jamás la divinidad ha dejado el cuerpo que asumió” (S.Th. III, q. 76, a. 1).

Queridos amigos, en el tiempo pascual la Iglesia, a menudo, administra la Primera Comunión a los niños. Exhorto, por tanto, a los párrocos, a los padres de familia y a los catequistas que preparen bien esta fiesta de la fe, con gran fervor pero también con sobriedad. “este día permanece justamente impreso en la memoria como el primer momento en el que… se percibe la importancia del encuentro personal con Jesús” (Esort. ap. postsin. Sacramentum caritatis, 19). Que la Madre de Dios nos ayude a escuchar con atención la Palabra del Señor y a participar dignamente en la mesa del Sacrificio Eucarístico, para convertirnos en testimonios de la nueva humanidad.”

lunes 23 abril, 2012