Exhortación Pastoral del Arzobispo Metropolitano a toda la Iglesia Arquidiocesana de Piura y Tumbes

con ocasión del mes de Octubre de 2009

(Para leer en todas las Misas del domingo 11 de Octubre)

con ocasion del mes de octubre 2009Muy queridos hermanos: que Dios Padre y Jesucristo, el Señor, les concedan gracia y paz (2 Tes 1, 2).

Dios-Amor, en su infinita ternura y misericordia, nos concede vivir un nuevo Octubre, mes marcado por una profunda religiosidad y fervor católico entre nosotros. De la mano de Nuestra Señora de las Mercedes, cuya fiesta hemos celebrado recientemente, somos ahora conducidos a encontrarnos personal y comunitariamente con su Divino Hijo, el Señor Jesús, que es para nosotros “El Señor Cautivo” y el “Señor de los Milagros”.

Octubre es tradicionalmente un mes de peregrinaciones y procesiones, de cruces y de hábitos morados, de penitencia y de muestras de caridad fraterna, manifestaciones de fe que expresan el profundo hambre de Dios y el gran anhelo de reconciliación que tenemos los piuranos y tumbesinos.

Mi esperanza que Octubre sea para todos nosotros un tiempo de gracia en donde podamos tener de manera renovada un encuentro con Cristo, el único que da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación decisiva a nuestra existencia(1) . Que en este mes, cada uno de nosotros se deje alcanzar por la Palabra de Cristo, que invita, mediante una conversión auténtica y duradera, a una respuesta de fe personal y adulta, con vistas a una fecundidad social y a una fraternidad entre todos.

Asimismo que Octubre sea un tiempo lleno de gestos concretos de amor fraterno que penetren en los espíritus y sacudan las conciencias. ¡Hermanos: rompamos las barreras del propio egoísmo y de nuestra mezquindad que oprimen nuestro corazón! Seamos presencia viva del amor de Cristo en la vida de los demás, especialmente con los más pobres y necesitados.

A todos exhorto a recurrir con confianza durante este mes al sacramento de la penitencia, también llamado de la reconciliación. Ahí en el confesionario, en la persona del sacerdote, nos aguarda el mismo Jesucristo para darnos su misericordia, porque Él es la mano amorosa que el Padre extiende a los pecadores y nuestra reconciliación (ver 2 Cor 5, 18-19).

A los sacerdotes de Piura y Tumbes les pido que en este Año Sacerdotal y siguiendo el ejemplo del Santo Cura de Ars, dediquen todas las horas que les sean posibles en sus parroquias, capellanías e iglesias a oír las confesiones de los fieles cristianos. El Cura de Ars consiguió en su tiempo cambiar el corazón y la vida de muchas personas, porque fue capaz de hacerles sentir el amor misericordioso del Señor en la confesión sacramental. Como nos lo ha recordado el Santo Padre Benedicto XVI, “todos los sacerdotes hemos de considerar como dirigidas personalmente a nosotros aquellas palabras que él (el Cura de Ars) ponía en boca de Jesús: «Encargaré a mis ministros que anuncien a los pecadores que estoy siempre dispuesto a recibirlos, que mi misericordia es infinita»”(2) .

Que como consecuencia de experimentar la gracia de la misericordia divina en este sacramento nos esforcemos todos por vivir intensamente el don maravilloso de la reconciliación.

Hagamos de la reconciliación una realidad concreta en todos los ámbitos de nuestras existencias: ante todo en nosotros mismos, mediante una conversión sincera que se exprese en obras de amor y de verdad, reflejo del perdón de Dios que transforma a las personas; en la familia, que debe ser cenáculo de amor y santuario de la vida; en la vida social y política, siguiendo la magnífica exhortación de Juan Pablo II en su segunda visita al Perú, cuando nos pidió construir un Perú más justo, fraterno y reconciliado.

Finalmente les pido a todos que en este mes de Octubre encomendemos mucho en nuestra oración al “Señor Cautivo de Ayabaca” y al “Señor de los Milagros”, que son el único Señor Jesús, las intenciones de la Familia y de la Vida.

El futuro de la humanidad, y por tanto de nuestra Patria, pasa necesariamente por la familia basada sobre los cimientos de un matrimonio estable y fecundo entre un hombre y una mujer. No hay nada que pueda igualar o sustituir el valor formativo de crecer en un ambiente familiar seguro, porque es en la familia donde se cultivan las virtudes como la veracidad, la generosidad, la responsabilidad, la honradez y la fraternidad; donde aprendemos a vivir el amor en comunión y donde la fe cristiana y católica se transmite de padres a hijos. Ruego al Señor Jesús que las familias de Piura y Tumbes afiancen su unión en el amor y la comprensión mutua, sin dejarse vencer por las dificultades de la vida, sino siendo en todo momento lámparas vivas de fe, esperanza y caridad.

Asimismo les pido que oren incesantemente al Señor por la intención de la Vida. Ante las grandes presiones que buscan legalizar el crimen abominable del aborto en el Perú, hoy le pido al “Señor Cautivo” que no lo permita.

Que no permita el asesinato de vidas inocentes en los vientres maternos, vidas que tienen tanto derecho a vivir como nosotros. Que no permita que por sentencias judiciales se autorice la libre comercialización y distribución de la Píldora del Día Siguiente, porque toda pastilla o fármaco que pueda impedir la implantación en el útero de su madre de un nuevo ser humano y que le impida desarrollarse como persona, debe ser considerado como abortivo, es decir como la eliminación de una vida humana, de una persona humana y por lo tanto es un asesinato.

Que no permita que por leyes o disposiciones inicuas que van contra el orden Constitucional y Legal vigente, se consagre el crimen del aborto en el Perú bajo la mentira y el disfraz del mal llamado “protocolo de aborto terapéutico” o de programas de “salud sexual y reproductiva”. Mí llamado urgente a todos a defender la vida humana desde su inicio con la concepción en la fecundación, hasta su fin natural.

Finalmente, en este Año Sacerdotal quiero consagrar a todos los sacerdotes de Piura y Tumbes a Cristo, en sus advocaciones del “Señor Cautivo” y “Señor de los Milagros”, para que seamos sacerdotes santos según Su Sacratísimo Corazón. Que el Señor suscite muchas vocaciones sacerdotales entre nosotros y que por medio de su Madre Santa María, bendiga todos los trabajos de nuestra Gran Misión Arquidiocesana, Él que es “el Primer Evangelizador”(3) , y el “Evangelizador viviente en su Iglesia”(4) . Los bendice con afecto y pide sus oraciones.

(1) Ver S.S. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas est, n. 1.

(2) S.S. Benedicto XVI, Carta con ocasión del Año Sacerdotal, 18-VI-2009.

(3) S.S. Pablo VI. Exhortación Apostólica postsinodal Evangelii nuntiandi (1975), n. 7: “Jesús mismo, Evangelio de Dios, ha sido el primero y el más grande evangelizador. Lo ha sido hasta el final, hasta la perfección, hasta el sacrificio de su existencia terrena”.

(4) Así se titula la segunda parte del Documento Conclusivo de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizada en Santo Domingo (1992).

martes 6 octubre, 2009