“DIOS NO ES RIVAL DEL HOMBRE SINO TODO LO CONTRARIO: ES SU FELICIDAD Y SU SALVACIÓN”

Santa Misa de Nochebuena

 25 de diciembre (Oficina de prensa).- Para celebrar el hermoso misterio del Nacimiento del Niño Jesús, centenares de fieles católicos colmaron anoche la Basílica Catedral de Piura, participando con profunda alegría en la Santa Misa de Nochebuena celebrada por Monseñor José Antonio Eguren, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, quien impartió la Indulgencia Plenaria a quienes cumplieron con las condiciones requeridas.

La celebración eucarística – que contó con la presencia de Ramón Celi, Gobernador de Piura; Ricardo Washeng, Alcalde de Castilla; César Orrego, Jefe de la Defensoría del Pueblo; y de Javier Atkins, Presidente Electo del Gobierno Regional – se inició con la lectura del pregón navideño que nos recordó el Amor de Dios que nos creó y más admirablemente nos reconcilió en el Misterio de su Hijo único nacido de Santa María.

 Momento de particular recogimiento se vivió cuando Monseñor Eguren puso la imagen del Niño Jesús en el Pesebre de la Catedral, mientras los fieles acompañaron el momento con oraciones y cantos.

Nuestro Arzobispo reflexionó en su homilía sobre las tres palabras claves que destacan en la liturgia de este día: Hijo, Luz y Paz. Al respecto señaló que “el Niño que hoy ha nacido y adoramos es el Hijo de Dios. Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. Dios es tan poderoso que puede hacerse un Niño indefenso; y todo esto lo hace para que podamos encontrarlo, para que podamos amarlo”.

 “El nacimiento de Jesús esta noche – continuó nuestro Pastor – nos anuncia que Dios no es rival del hombre sino todo lo contrario: es su felicidad y su salvación, su origen y su destino. Dios es tan bueno, y nos quiere tanto, que renuncia a su esplendor divino y desciende a un establo para que podamos encontrarlo, para que así su amor y su bondad nos toquen, nos transformen y así nosotros renovados podamos transformar nuestro mundo según su amor y su bondad”.

Asimismo, Monseñor Eguren resaltó que en el establo de Belén resplandece la luz. “El Niño que hoy nos ha nacido es la Luz del mundo, es decir es la Verdad y el Amor. Sólo Él es capaz de hacernos libres y de darnos la vida. La Luz de Belén nunca se ha apagado y hoy brilla con todo su fulgor”.

Nuestro Arzobispo exhortó a los presentes a dejarnos envolver por Cristo que es la Luz del mundo. “Dejemos que el resplandor divino llegue a nuestro interior y encienda en nuestros corazones la llama de la verdad y del amor. Custodiémosla fielmente y ofrezcámosla a los demás para que así en el mundo reine la verdad y el amor”.

 Posteriormente, Monseñor Eguren sostuvo que Dios busca en esta noche santa personas que anhelen su paz y que quieran ser portadoras de ella a los demás. “Como los Pastores, tengamos un corazón vigilante y abierto, que espere a Dios, que se experimente necesitado de su bondad y de su salvación y que dispuesto a ser portador de su paz”.

Nuestro Pastor recordó que Dios se ha hecho regalo para nosotros en Belén y nos enseña a hacer de nuestras vidas un don para los demás, a comprender que la felicidad está en darnos nosotros mismos a los demás.

“Hermanos: el “establo” en el que hoy nace el Niño Jesús, es símbolo de nuestro mundo roto y deteriorado. A este mundo roto y deteriorado por el egoísmo y la mentira, desciende hoy el Cielo, desciende hoy Dios, hecho Hijo de Santa María para reconciliarlo”.

 Monseñor Eguren terminó su homilía con la oración del Beato Cardenal John Henry Newman – a quien el Santo Padre Benedicto XVI beatificara en su reciente viaje a Inglaterra en el pasado mes de septiembre – que expresa el deseo de que el Niño Dios nazca en nosotros en esta Navidad y desde nosotros sea irradiado a los demás.

Antes de finalizar la Eucaristía, nuestro Pastor impartió la Indulgencia Plenaria a todos los que se encontraban debidamente preparados para recibirla, esto es con verdadero arrepentimiento por los pecados cometidos, confesión y comunión, así como rezar por las intenciones del Santo Padre.

En el procesional de salida, los fieles extendían sus manos para recibir la bendición y el saludo de Monseñor Eguren, quien con mucho afecto bendijo imágenes del Niño Jesús que los fieles levantaban a su paso, deseándoles una feliz Navidad a todos en esta hermosa noche.

sábado 25 diciembre, 2010