“DIOS ES MISTERIO DE AMOR INFINITO Y MISERICORDIOSO EN NUESTRA VIDA”

Santa Misa de Miércoles de Ceniza

 06 de marzo (Oficina de prensa).- La mañana de ayer, en un ambiente de oración y profundo recogimiento, y con la participación de gran número de fieles, se dio inicio al Tiempo de Cuaresma con la celebración eucarística del Miércoles de Ceniza en la Basílica Catedral de Piura, la cual fue presidida por Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, quien impuso la ceniza en la frente de los fieles en señal de penitencia y deseo sincero de conversión. Concelebraron la Santa Misa el Vicario General Mons. Luciano Maza, el R.P. Carlos Coronado, y los formadores del Seminario Arquidiocesano, el R.P Carlos Esparza Gómez y el R.P. Santiago Villarino.

 En su homilía Monseñor Eguren manifestó que durante la Cuaresma Dios se muestra particularmente misericordioso y tierno con el pecador arrepentido que reconoce y confiesa su pecado: “La Cuaresma es un tiempo de gracia que nos ayuda a tomar conciencia que todos somos pecadores. Los tiempos que vivimos hoy están caracterizados por la pérdida del sentido del pecado. Y la Cuaresma nos recuerda que nos hemos rebelado frente al amor de Dios y a sus mandamientos, que le hemos dado la espalda al Señor tantas veces, y al hacerlo hemos caído en sombras de muerte. Preguntémonos en qué hemos ofendido a Dios, en qué nos hemos hecho daño a nosotros mismos, en qué le hemos hecho daño a nuestros hermanos. Y al tomar conciencia de nuestro pecado, descubriremos la gran necesidad que tenemos todos de volver al Señor y a su amor, como un hijo pródigo que se dice así mismo: he pecado contra el cielo y contra ti, Señor, no merezco llamarme hijo tuyo. Queridos hermanos, que este tiempo de Cuaresma nos ayude a ser humildes, a abrir nuestro corazón al Señor, a no rechazar su gran amor con el cual nos ha creado y nos ha salvado”.

 En otro momento de su homilía nuestro Arzobispo exhortó a los fieles presentes diciendo: “Pero el tiempo Cuaresma no se limita a llevarnos a la conciencia de nuestro pecado, sino que también nos ayuda a levantarnos de nuestras caídas y a experimentar la alegría y la esperanza de saber que Dios se muestra misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad con aquél que confiesa y reconoce humildemente su pecado. La Cuaresma busca sembrar en nosotros la alegría de saber que nuestro pecado puede ser perdonado por Dios y sanado nuestro corazón, que podemos retomar el camino hacia la auténtica liberación y vida plena. No olvidemos nunca que Dios es misterio de amor misericordioso e infinito en nuestra vida, y por ello nos da siempre la oportunidad de un nuevo comienzo, la posibilidad de la felicidad y la salvación que anhelamos”.

 Antes de finalizar nuestro Pastor reflexionó sobre el significado de la imposición de la ceniza en la frente de cada uno de los fieles: “Por un lado la ceniza nos recuerda que el tiempo que tenemos para convertirnos no es eterno sino limitado, y por lo tanto hay que aprovecharlo. Nuestra vida aquí en la tierra tendrá un fin que puede llegar en cualquier momento, por ello lo importante es aprovechar el hoy, el ahora, y no decir: mañana me convertiré, mañana comenzaré a cambiar, mañana volveré al Señor, mañana me confesaré. Queridos hermanos, el Señor nos da el hoy, tiempo precioso de gracia y de conversión. Además la ceniza nos ayuda a comprender que los seres humanos nos equivocamos cuando ponemos el valor y sentido de nuestras vidas en aquello que es perecedero: el dinero, el poder y el placer impuro son realidades que así como comienzan, terminan. Pongamos el sentido de nuestra vida en el Señor y su amor por nosotros, porque Jesucristo que es el único que permanece para siempre. Que nuestro corazón esté como el de la Virgen María y el de los santos firmemente anclado a Dios, porque supieron poner al centro de su vida a la Palabra de Jesucristo y la gracia de los sacramentos”, concluyó nuestro Arzobispo.

jueves 6 marzo, 2014