LA TRANSFIGURACIÓN NOS PERMITE AFRONTAR LA CRUZ DE LA PANDEMIA

Arzobispo celebra Santa Misa en el II Domingo de Cuaresma

28 de febrero de 2021 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa correspondiente al II Domingo de Cuaresma.

En su homilía, Monseñor Eguren recordó que el camino cuaresmal debe llevarnos a vivir el amor fraterno, la solidaridad y la justicia, para que transfiguremos la vida de muchos llenándola de luz, de esperanza, de alegría, de ilusión y de amor. Por ello nos invitó a que: «transfiguremos nuestra sociedad por medio del amor y de las obras de misericordia. Y hay una forma muy concreta para hacerlo en esta Cuaresma: Sumándonos a la campaña “Respira Piura”, que busca reunir S/. 700,000 soles para hacer realidad la compra de una planta de oxígeno medicinal para brindar esta medicina vital en la lucha contra la pandemia a nuestros hermanos más pobres y vulnerables. No hay donación pequeña. Todo cuenta. Tú, tu familia y tus amigos pueden hacer la diferencia. ¡En esta Cuaresma dona oxígeno! ¡Dona vida y esperanza!». 

A continuación, compartimos la Homilía completa pronunciada hoy por nuestro Pastor: 

La Transfiguración nos permite afrontar la cruz de la pandemia

Para comprender el pasaje de la Transfiguración del Señor que nos ha sido proclamado el día de hoy (ver Mc 9, 2-10), es importante hacer memoria de lo que había ocurrido seis días antes, cuando Jesús les había manifestado a sus discípulos que en Jerusalén le aguardaba el rechazo, la pasión y la cruz (ver Mt 16, 21). Este anuncio había puesto en crisis a Pedro y a todo el grupo de discípulos, quienes rehusaban la idea de que Jesús terminara rechazado por los jefes del pueblo y después crucificado. Imaginémonos como estaría en particular el ánimo de Pedro que había confesado que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios vivo (ver Mt 16, 16): Jesús, su Maestro y Señor, ¿rechazado, escarnecido y crucificado? ¡Increíble! ¡Imposible! ¡Jamás!

De hecho, la idea que los discípulos tenían del Mesías no era ésta, a pesar de que Jesús se les había mostrado no como poderoso y dominador, al estilo del mundo, sino como siervo manso y sufriente dispuesto a dar su vida por todos. Como bien se pregunta y responde el Papa Francisco: “¿Cómo se puede seguir a un Maestro y Mesías así cuya vivencia terrenal terminaría de ese modo? Así pensaban ellos. Y la respuesta llega precisamente en la transfiguración. ¿Qué es la transfiguración de Jesús? Es una aparición pascual anticipada”.[1]

La Transfiguración nos permite comprender la Cruz como misterio del Amor Divino 

Tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan, sus tres discípulos predilectos, Jesús se transfiguró delante de ellos en lo alto de un monte: “Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo” (Mc 9, 3). Es decir, Jesús les hizo ver por un instante su divinidad a través de su humanidad, les hizo experimentar la gloria del Hijo de Dios.

A todo ello se suma la voz del Padre que desde el Cielo se hace sentir con claridad: “Este es mi Hijo amado, escuchadlo” (Mc 9, 7). Esta teofanía o manifestación, les permitirá entonces a los discípulos comprender que la cruz es el camino a la luz, que la cruz es un misterio de amor: Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su único Hijo…Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo (ver Jn 3, 16 y 13, 1). La Transfiguración les ayudará a los apóstoles a comprender que la Pasión es el misterio del amor de Dios que nos salva y reconcilia a través de la Cruz, y que todo no terminará el Viernes Santo sino que después de este día de inmenso dolor y sufrimiento vendrá la alegría sin fin de la Pascua.

Así como la Transfiguración les permitió a los discípulos afrontar la pasión de Jesús sin quedar totalmente abatidos y derrumbados, este misterio nos permite a nosotros afrontar nuestras penas y dolores con esperanza, especialmente hoy en día en medio de esta de pandemia que causa tanto dolor sufrimiento, y muerte; esperanza que brota de la certeza de sabernos amados por el Señor, y que la última palabra no la tiene el pecado, la muerte y la enfermedad sino Cristo que es vida, resurrección y salud. 

Aquel que padecerá y morirá en la Cruz es el Hijo de Dios

Asimismo, la Transfiguración tiene otra enseñanza importante: Nos ayuda a comprender el misterio pascual, ya que gracias a la Transfiguración sabemos que Aquel que sufrirá muerte de cruz no es un hombre cualquiera, sino el Hijo Unigénito del Padre, que con su amor fiel hasta la muerte nos ha salvado, quien con su obediencia total al Plan de su Padre nos ha reconciliado.

Es curioso que San Marcos comience su Evangelio con estas palabras: “Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (Mc 1, 1), y hacia el final reproduzca las palabras del Centurión que fue testigo de la muerte de Jesús: “Al ver que había expirado de esa manera, dijo: Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15, 39). Todo el Evangelio es una revelación gradual de la identidad de Jesús. La confesión de San Pedro (ver Mt 16, 13-20) y la Transfiguración son el punto central o medular de esa revelación: ¡Jesucristo es el Hijo de Dios! A lo largo del Evangelio, la identidad del Señor Jesús se percibe en el equilibrio entre su gloria y su despojamiento, entre su divinidad y su humanidad, entre su resurrección y su muerte, entre su entronización a la derecha del Padre y su descenso al lugar de los muertos. Este equilibrio es el mismo que se observa en la escena de la Transfiguración: Después de verlo transfigurado, es decir después de verlo como a Dios verdadero, los apóstoles, “no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos” (Mc 9, 8).

Toda nuestra salvación se juega en saber y confesar quién es Jesús. Y, sin embargo, nosotros solos no podemos penetrar en ese misterio. Es necesario que el Señor se nos revele a nosotros. ¿Cómo lo hace? El Evangelio de hoy nos dice que Jesús se llevó a Pedro, Santiago y Juan a un monte alto, a un lugar apartado, y sólo a ellos (ver Mc 9, 2). Para tener una experiencia de quién es Jesús, es necesario disponer de un tiempo de momentos de silencio y oración. Es necesario estar a solas con Jesús. Sólo así, podemos escuchar la voz de Dios Padre que nos asegura que Jesús es su Hijo, y nuestro Salvador.

Que el Señor nos conceda en esta Cuaresma, por medio de la oración y de los sacramentos, tener una experiencia profunda de Jesús transfigurado como la tuvieron los apóstoles, para que también nosotros podamos exclamar: “¡Maestro, qué bien se está aquí!” (Mc 9, 5), porque sólo Jesús llena de sentido la vida, sólo Él es capaz de colmar el hambre de Dios y la nostalgia de infinito que tenemos. Por eso, hoy y siempre, hay que hacer caso a la voz del Padre y de la Madre que nos exhortan a la obediencia de la fe: “Este es mi Hijo amado, escuchadle” (Mc 9, 7); “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5).

En Cuaresma transfiguremos nuestra sociedad marcada por el dolor de la pandemia por medio del Amor

La Cuaresma debe llevarnos a una experiencia de oración pero no para evadirnos de lo cotidiano, sino para que gozando de la familiaridad con Dios en Cristo, podamos vivir con renovado vigor el camino trabajoso de la cruz de cada día que nos lleva a la resurrección.

Asimismo, el camino cuaresmal debe llevarnos a vivir el amor fraterno, la solidaridad y la justicia, para que transfiguremos la vida de muchos llenándola de luz, de esperanza, de alegría, de ilusión y de amor. En este tiempo de pandemia, hay mucho sufrimiento y necesidad a nuestro alrededor. Que con nuestras obras de misericordia pongamos un poco de calor y de luz en este mundo, hay veces tan frío y oscuro por culpa de nuestro egoísmo e individualismo.

Transfiguremos nuestra sociedad por medio del amor y de las obras de misericordia. Y hay una forma muy concreta para hacerlo en esta Cuaresma: Sumándonos a la campaña “Respira Piura”, que busca reunir S/. 700,000 soles para hacer realidad la compra de una planta de oxígeno medicinal para brindar esta medicina vital en la lucha contra la pandemia a nuestros hermanos más pobres y vulnerables. No hay donación pequeña. Todo cuenta. Tú, tu familia y tus amigos pueden hacer la diferencia. ¡En esta Cuaresma dona oxígeno! ¡Dona vida y esperanza! Los invito a visitar la página de Facebook y la página Web del Arzobispado de Piura, para que sepan cómo hacernos llegar sus donaciones.

Miremos ahora con amor filial a la Virgen María, la criatura humana transfigurada interiormente por la gracia de Cristo. Nos encomendamos confiados a su maternal ayuda para proseguir con fe y generosidad el camino de la Cuaresma y de nuestra cruzada “Respira Piura”. 

San Miguel de Piura, 28 de febrero de 2021
II Domingo de Cuaresma 

[1] S.S. Francisco, Ángelus, 25-II-2018.

Puede ver el video de la Santa Misa que presidió nuestro Arzobispo la mañana de hoy AQUÍ

Puede descargar el archivo PDF de esta Homilía de nuestro Arzobispo desde AQUÍ

domingo 28 febrero, 2021