«ENCONTRARON QUE LA PIEDRA HABÍA SIDO RETIRADA DEL SEPULCRO»

Arzobispo preside Solemne Vigilia Pascual

16 de abril de 2022 (Oficina de Prensa).- En la Basílica Catedral de nuestra Ciudad, los fieles piuranos se reunieron, con profundo gozo, para celebrar la Solemne Vigilia Pascual, en la que conmemoramos la Gloriosa Resurrección de Cristo y su victoria sobre el pecado y la muerte. Nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., exhortó a los presentes, durante la solemne celebración eucarística, a dejarse tocar por la buena noticia de la Resurrección del Señor, para así ser testigos de Cristo y trabajar por un Perú de justicia y paz.

Monseñor Eguren bendijo el fuego nuevo en el atrio de la Catedral y tras el ingreso procesional con el cirio y el canto del pregón pascual, presidió la hermosa Liturgia de la Palabra, que nos recuerda la obra de la creación y la más admirable obra de nuestra redención. Posteriormente presidió la Liturgia Bautismal con la bendición del agua y la renovación de las promesas bautismales, para finalmente presidir la Liturgia Eucarística. Los fieles piuranos cantaron con fuerte voz y gran alegría, en medio de espontáneos aplausos, el Himno del Gloria, porque Cristo ha resucitado. ¡Verdaderamente ha resucitado!

Al finalizar la Santa Misa, Monseñor Eguren agradeció al Santo y Fiel Pueblo de Dios en Piura y Tumbes, por su fervorosa y multitudinaria participación durante las celebraciones de Semana Santa, señalando que con ello se manifiesta una vez más que la raíz más profunda y vital de nuestra peruanidad es nuestra fe cristiana y católica, y que las autoridades y los políticos no pueden gobernar de espaldas a la fe del pueblo, sino más bien, estar en sintonía con esa fe, porque sólo así se podrá construir el Perú justo, fraterno y reconciliado que todos anhelamos.

A continuación compartimos el íntegro de la homilía  pronunciada hoy por nuestro Pastor: 

Domingo de Pascua
de la Resurrección del Señor

“Encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro»

De joven, en el Día de Pascua, cantábamos un hermoso himno cuya letra dice así:

En la mañana de Resurrección
caminan al sepulcro donde está el Redentor.
Se preguntan al marchar: ¿quién moverá,
quién abrirá la tumba donde está el Señor?
El Señor nuestro Dios resucitó,
¡Aleluya, aleluya, aleluya![1]

En esta noche de Pascua, y en virtud del Evangelio (ver Lc 21, 1-12), somos conducidos por unas santas mujeres a descubrir con asombro la tumba vacía del Señor Jesús. Ellas, llenas de amor por su Maestro, se dirigen presurosas muy de madrugada a su sepulcro, llevando los aromas que habían preparado para ungir su cuerpo, según la costumbre judía (ver Lc 24, 1-2).

¿Qué de significativo puede tener una tumba vacía? ¿Qué importancia puede tener este hallazgo que hacen estas mujeres por más piadosas y santas que sean?

Con todo, debemos decir que sí es relevante, porque la tumba vacía es la de Cristo, y el caminar presuroso de María la Magdalena, María la de Santiago, Juana y Salomé, nos lleva a todos al encuentro con Jesús Resucitado, el único que transforma la vida, liberándola del miedo y llenándola de firme esperanza (ver Mt 28, 1-10 y Mc 16, 1-8).

Las mujeres se pusieron en camino y anunciaron

El Evangelio de San Lucas es claro: Las santas mujeres se pusieron en camino. Y entonces es pertinente preguntarnos: ¿Y cómo está el camino de mi vida? ¿Va como el de las santas mujeres en dirección al encuentro con Jesús resucitado? ¿O va en la dirección contraria y se aleja del Señor de la Vida? O quién sabe, ¿he optado por el encierro, es decir, por la inmovilidad y la parálisis de los Apóstoles que, por miedo a los judíos, se encerraron en una casa (ver Jn 20, 19)?  El camino de mi vida, ¿está sumido en la tristeza y el abatimiento? O más bien, apuesta por la esperanza que alentó a las intrépidas mujeres a caminar sin miedo alguno a la tumba de Jesús, para recibir como premio a su amor el anuncio de la Resurrección (Ver Lc 24, 5-8), un anuncio que llenó sus vidas de luz y de alegría. ¿Por qué camino anda hoy mi corazón?

El Evangelio de esta Noche Santa, nos trae dos enseñanzas sobre las cuales es bueno que reflexionemos.

La primera. Mientras las mujeres iban de camino al sepulcro de Jesús, cayeron en cuenta de que tendrían que enfrentar un problema.

Efectivamente, el sepulcro de Jesús estaba sellado por una piedra de gran tamaño y peso. Por eso, mientras caminaban, se decían unas a otras: “¿Quién nos correrá la piedra?” (Mc 16, 3). Pero cuando arriban al sepulcro, la preocupación por la piedra se desvanece al ver que ésta ya había sido removida.

De manera similar, en el camino de nuestra vida encontramos con frecuencia infinidad de piedras. Desde la más grande y pesada de todas que es la muerte, la cual parece inamovible (lo hemos experimentado dolorosamente durante dos años de pandemia con el fallecimiento de muchos seres queridos, amigos y compañeros de trabajo), hasta las duras piedras cotidianas como son entre otras, la injusticia, la violencia, la pobreza, el desempleo, la soledad, el abandono, la guerra, el sufrimiento de inocentes, y ahora la crisis moral, política y económica que padece nuestro país. Sólo Jesús puede correrlas, y ayudarnos a removerlas de nuestra vida personal y social.

Jesús resucitado tiene el poder de levantar el peso del pecado que oprime nuestro corazón y que no nos deja ser felices. Jesús resucitado puede correr la piedra que nos impide salir de las tinieblas del mal, y trasladarnos a la luz admirable y apacible de la Verdad y el Amor, que nos hacen libres y llenan el corazón de gozo. No hay pecado, no hay problema, no hay dificultad, que con Cristo resucitado no podamos vencer. No hay vida, por más mala que parezca, que su Amor no pueda redimir, transformar, cambiar.

En Jesús resucitado encontramos la fuerza y el valor para avanzar en el camino de nuestra vida, superando así todas las dificultades y aflicciones que podamos encontrar, es decir, todas las piedras del camino. Pensemos en ello en esta Noche Santa de Pascua en que, con toda la comunidad de los creyentes, vamos a renovar nuestras promesas bautismales, porque en el Bautismo, Jesús ha removido de nuestros corazones la pesada piedra del pecado original y nos ha dado su Vida, y con ella la posibilidad de ser santos y constructores de un mundo más justo y fraterno.

Al propósito de lo dicho, qué bien nos viene esta enseñanza del Papa Francisco: “Al igual que Pedro y las mujeres, tampoco nosotros encontraremos la vida si permanecemos tristes y sin esperanza y encerrados en nosotros mismos. Abramos en cambio al Señor nuestros sepulcros sellados cada uno de nosotros los conoce, para que Jesús entre y lo llene de vida; llevémosle las piedras del rencor y las losas del pasado, las rocas pesadas de las debilidades y de las caídas. Él desea venir y tomarnos de la mano, para sacarnos de la angustia. Pero la primera piedra que debemos remover esta noche es ésta: la falta de esperanza que nos encierra en nosotros mismos. Que el Señor nos libre de esta terrible trampa de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el Señor no hubiera resucitado y nuestros problemas fueran el centro de la vida”. [2]

Finalmente, veamos la segunda enseñanza del Evangelio de hoy. Nos narra San Lucas que, después de recibir de los dos Ángeles vestidos con trajes refulgentes la buena noticia que Jesús había resucitado, las santas mujeres, “recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los Once y a los demás…Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. Pedro sin embargo se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose vio sólo las vendas por el suelo. Y se volvió admirándose de lo sucedido” (Lc 24, 8-12).

Es interesante el relato: Las mujeres se ponen nuevamente en camino, pero ahora para contar la buena noticia del sepulcro vacío a los Apóstoles. Ellas se dejaron tocar por la noticia de la Pascua. Según San Lucas, Pedro es el único apóstol que, ante el anuncio de las santas mujeres, después de inicialmente dudar, termina por ponerse en camino al sepulcro. Él también se dejó tocar por la noticia de Pascua.

Hoy Domingo de Resurrección, ¿nos dejaremos tocar por la noticia del sepulcro vacío? ¿Te dejarás tocar por esta buena noticia que es la más importante de toda la historia de la humanidad y la más importante de toda tu historia personal? Dejarse tocar por la buena noticia de la Resurrección del Señor, exige salir corriendo de todo lo que es sepulcro, muerte y pecado, y más bien correr hacia el encuentro con el Señor Resucitado para abrirle el corazón.

Dejarse tocar por la noticia de la Resurrección, supone finalmente tener el valor de anunciar a los demás, con las señales de la propia vida cristiana y con la palabra valiente, que Jesús ha resucitado, a pesar de que algunos puedan creer que estás delirando o que estás loco. Dejarse tocar por la noticia de la Resurrección, nos exige ser testigos del Señor, nos exige cambiar y luchar por un Perú de justicia y paz.

¡Reina del Cielo, alégrate, aleluya!

Esta es la oración que la Iglesia, le dirige esta noche a Santa María, prolongando así en el tiempo el “Alégrate” que le dirigió el Ángel de la Anunciación.

Sí, alégrate, porque todo valió la pena. Valió la pena el dejar tus seguridades y planes, el vivir en la dinámica de la alegría y del dolor; el vivir en la provisionalidad más absoluta cuando te quedaste sola ante el tránsito de tu casto esposo San José, y la partida de tu amado Jesús, al inicio de su ministerio público.  

Sí, alégrate, porque valió la pena todo el sufrimiento de la Pasión, y las tres horas en que la espada del dolor, profetizada por Simeón, traspasó totalmente tu Corazón Inmaculado desgarrándolo al pie de la Cruz (ver Lc 2, 35).

Sí, alégrate, porque tu fe serena, tu esperanza intrépida, y tu encendida caridad, se ven hoy colmadas de alegría y júbilo espiritual en el abrazo lleno de ternura y de amor que te da tu Hijo Resucitado, porque tú fuiste la primera a quien Él se le apareció.

¡María de la Resurrección! Ayúdanos a comprender que vale la pena darlo todo, como único camino para ganarlo todo en Cristo.

¡Feliz Pascua de Resurrección! Que la alegría de este día sostenga nuestra fidelidad y nuestra lucha hoy y cada día del año.

¡Amén! ¡Aleluya!                           

San Miguel de Piura, 16 de abril de 2022
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
Vigilia Pascual

[1] Autor R.P. Carmelo Erdozáin, “Himno en la Mañana de Resurrección”. Disco “Cristo libertador”.

[2] S.S. Francisco, Homilía en la Vigilia Pascual, 26-III-2016.

Puede descargar la Homilía pronunciada hoy por nuestro Arzobispo AQUÍ

Puede ver el vídeo de la transmisión de la Solemne Vigilia Pascual AQUÍ