«EL SEÑOR NO QUITA NADA, LO DA TODO»

Conociendo el Seminario Arquidiocesano San Juan María Vianney en Piura

05 de mayo de 2022 (Oficina de Prensa).- Este domingo 08 de Mayo celebraremos la 59° Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, en la que bajo el lema “Llamados a edificar la familia humana”, pediremos muy especialmente al Señor Jesús, que envíe Sacerdotes según Su Corazón que nos alimenten con el Pan de Su Palabra y en la mesa de Su Cuerpo y de Su Sangre; y Consagrados que, por su santidad, sean testigos de Su Reino.

Como preámbulo a la celebración de esta importante Jornada, visitamos el Seminario Arquidiocesano “San Juan María Vianney”, para conocer mejor el lugar donde se forman los futuros sacerdotes que estarán al servicio del Santo Pueblo Fiel de Dios en Piura y Tumbes. Pudimos conversar con el equipo formador del Seminario conformado por el R.P. Santiago Villarino Matellán, Rector del Seminario, el R.P. Carlos Vargas Núñez, Vicerrector, y el R.P. Marcio Ferreira de Abreu, Director Espiritual, quienes nos respondieron las siguientes preguntas:

¿Hay algunos “requisitos” que se necesiten para ser sacerdote?

De acuerdo a la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, documento de la Congregación para el Clero, de la Santa Sede, en el que se detallan diversos aspectos de la formación de los futuros sacerdotes, en el Don de la Vocación Presbiteral son cuatro las dimensiones que interactúan simultáneamente en la formación y en la vida de los ministros ordenados: la dimensión humana, que representa la base necesaria y dinámica de toda la vida presbiteral; la dimensión espiritual, que contribuye a configurar el ministerio sacerdotal; la dimensión intelectual, que ofrece los instrumentos racionales necesarios para comprender los valores propios del ser pastor, procurar encarnarlos en la vida y transmitir el contenido de la fe de forma adecuada; y la dimensión pastoral, que habilita para un servicio eclesial responsable y fructífero. Como equipo formador y responsable de la preparación de los seminaristas de Piura y Tumbes, buscamos siempre que el candidato al sacerdocio, muestre un real deseo e inquietud por ser presbítero, que sienta el llamado del Señor en su corazón, y asimismo procuramos que exprese su abierta disponibilidad y plena docilidad para dejarse formar a imagen de Jesucristo, el Buen Pastor.

¿Qué es el discernimiento vocacional? y ¿Qué necesitan los seminaristas durante su formación?

Una luz del discernimiento vocacional nos la ofrece el Papa Francisco en el Documento final de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. El Santo Padre nos dice que: “El acompañamiento vocacional es la dimensión fundamental de un proceso de discernimiento por parte de la persona que ha de tomar una decisión”. A partir de esta afirmación, podemos decir que el discernimiento vocacional implica el acompañamiento que el seminarista necesita para que pueda ser consciente de la llamada del Señor y aceptar la voluntad de Dios en su situación concreta. Por ello la importancia de una formación integral, que lo lleve a la madurez requerida para ejercer el ministerio sacerdotal. Aquí en el Seminario, seguimos la línea de lo que nos pide el Papa Francisco, procurando que cada seminarista puede sentir la presencia de Dios en su vida y en su historia personal, posibilitando así reconocer su acción, aquí el papel de la oración, de la vida sacramental y de la ascesis es fundamental. Pero también buscamos que los seminaristas tengan una continua interacción con las exigencias que implica predicar y vivir la Palabra de Dios. Para esto ellos cuentan con el permanente apoyo y seguimiento de los sacerdotes que formamos parte del equipo formador, que desde nuestra experiencia buscamos guiarlos para que adquieran lo necesario para poder luego servir de la mejor manera a Cristo y a Su Iglesia.

Si algún joven se está haciendo la pregunta sobre si Dios le quiere en el camino del sacerdocio ¿Qué le diría?

Querido joven, no tengas miedo de responder a la llamada de Dios, ya que Él no quita nada, sino más bien lo da todo. Quiero dirigirme a todos aquellos que sienten esa inquietud en su corazón, quiero invitarlos a las jornadas vocacionales que se realizan aquí en el Seminario los tres primeros domingos de cada mes. Acérquense a su Párroco, cuéntenle lo que sienten, para que él los pueda dirigir espiritualmente y posteriormente presentarlos al Seminario.

¿Cómo se forman los jóvenes seminaristas aquí?

Es muy importante tener en cuenta que durante el proceso formativo es necesario que el seminarista se conozca y se deje conocer, relacionándose de modo sincero y transparente con los formadores. Teniendo como fin el ser dócil al Espíritu Santo, el acompañamiento personal representa un instrumento indispensable de la formación. Aquí procuramos tener constantes entrevistas entre los formadores y los seminaristas. De este modo, dócil a la acción del Espíritu, el seminarista podrá configurarse gradualmente con Cristo. El acompañamiento que les brindamos es integral, educándolos en la escucha y el diálogo, para que así puedan descubrir el verdadero significado de la obediencia y la libertad interior. Cada uno de los formadores, buscamos ayudar al seminarista para que sea consciente de su propia condición, de los talentos recibidos, pero también de sus propias fragilidades, para que así se mantengan siempre plenamente disponibles a la acción de la gracia. Pero además buscamos cultivar en cada uno de ellos la confianza, que es un elemento muy necesario en el proceso del acompañamiento. Este acompañamiento está presente desde el inicio del proceso formativo y debe continuar durante toda la vida.

¿Qué iniciativas se están llevando a cabo, en cuanto a la promoción vocacional?

Somos muy conscientes de la necesidad e importancia de una pastoral vocacional, por eso, desde antes de la pandemia, se han estado realizando jornadas, aquí en el Seminario, con los jóvenes de las distintas parroquias, y también tenemos encuentros vocacionales los tres primeros domingos de cada mes a las 10:30 de la mañana, en ellos desarrollamos temas de la doctrina de la Iglesia. Visitamos constantemente las parroquias, colegios y universidades, convocando a los jóvenes a participar de estas jornadas. Durante la pandemia, estos encuentros no dejaron de hacerse, y para ello utilizamos las nuevas tecnologías y las redes sociales, que nos permitieron mantener ese contacto con todos los jóvenes que sentían el llamado. Actualmente se han retomado los encuentros presenciales y jornadas vocacionales, respetando todos los protocolos de bioseguridad. Los seminaristas y formadores oramos incesantemente pidiendo al Dueño de la mies, que envíe más obreros a su mies. Animamos a todos a que nos acompañen con sus oraciones para que Dios suscite abundantes y santas vocaciones al sacerdocio en nuestra Iglesia particular, por la santidad, fidelidad e intenciones de nuestros sacerdotes y por la perseverancia de los seminaristas de nuestra Arquidiócesis.

Durante la visita, conversamos también con el seminarista Juan Carlos Pacherres Carmen, del segundo año de pastoral. A él le preguntamos:

¿Cómo es la vida al interior del Seminario?

Iniciamos nuestra jornada poniéndonos en la presencia del Señor a través de la oración, sin la ayuda de Dios no podemos hacer nada, es el Espíritu Santo el que nos impulsa a realizar las cosas, ya que si hacemos las cosas por nuestras propias fuerzas terminamos cansados y tristes. Los estudios de Filosofía y Teología nos ayudan a conocer mejor a Dios y así nuestra oración se relaciona mejor con la Santísima Trinidad, es importante conocer la doctrina de la Iglesia, ya que detrás de nosotros hay un pueblo que nos espera. Dios nos permite que podamos compartir muchos momentos de confraternidad con nuestros hermanos seminaristas, y a pesar de que pueda haber algunas diferencias, todos nos apoyamos porque somos hermanos. Pero es importante tener en cuenta que todo lo que aprendemos aquí en el Seminario es para poder ponerlo en práctica en todos los lugares a donde podemos ser enviados. En mis ocho años de formación he aprendido muchas cosas y como siempre nos dicen nuestros formadores: “la formación es para toda la vida, cada día conocemos más cosas que nos ayudarán en nuestra formación”.

Aquí en el Seminario cada día nos conocemos mejor. Por ejemplo, en el deporte que realizamos por las tardes solemos conocer cuanto duele perder y la alegría que se siente al ganar. Cada uno de nosotros dentro del Seminario tiene un servicio específico, como gasfitería, albañilería, carpintería, pintura, electricidad, cocina, jardinería, etc. Los que tienen más experiencia en estos trabajos, por caridad suelen enseñar a los que no saben. Y es que en el trabajo también nos encontramos con Dios. Es necesario que a ejemplo de Jesús “que conocía lo que hay en el hombre” (Jn 2,25), cada seminarista sea capaz de conocer en profundidad el alma humana, intuir dificultades, problemas, facilitar el encuentro, el diálogo, obtener la confianza, y sobre todo servir.

¿Tras todo este tiempo de formación, cómo te ves en un futuro como sacerdote?

Tras estos ocho años de formación, he visto que es Dios el que lleva la vocación, es el alfarero que me va moldeando. Esto lo veo reflejado también en mis formadores, que con gran paciencia me van formando para poder servir a ese Pueblo que está en busca de Dios. El sacerdocio es un don de Dios, y aunque no soy digno de merecerlo, el Señor me ha llamado para ser su sacerdote. A Él le pido que me conceda la gracia y la fuerza para poder hacer siempre su voluntad, y así poder configurarme cada día más plenamente a su imagen, ser otro Cristo en la tierra, ser misericordioso con los files y administrar los sacramentos con alegría. Para que todo lo que haga sea para mayor gloria suya y por la salvación de las almas.

Quiero llegar a “Ser el buen olor de Cristo”, ése es el deseo que llevo en el corazón. Quiero ser el buen olor de Cristo a pesar de mi fragilidad y en medio de esta sociedad donde se quiere sacar al Señor del centro de la vida de la persona. Quiero que mi vida esté siempre marcada por las actitudes propias de Cristo, el Buen Pastor. Actitudes que estoy aprendiendo en la formación que recibo aquí en el seminario y también de las enseñanzas y el ejemplo de nuestro Arzobispo, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V.

Me sigo formando, cada día más y mejor, para poder orar fervorosamente, celebrar dignamente, predicar con el ejemplo, escuchar con el corazón, comprender, ser líder, animador de la santidad en la vida de los laicos, ser un alegre y optimista sacerdote. Para ser célibe, saber amar y servir al pueblo que Dios pone en mi camino, y tener obediencia total al Papa y al Obispo. Conozco a muchos sacerdotes que siguen siendo el buen olor de Cristo, a pesar de que ser sacerdote en este tiempo y en medio de este mundo, no es nada fácil. Por ello hago mía la frase del Papa Francisco: “La esperanza no defrauda”. El Señor es mi esperanza, con Él a mi lado, sé que lo lograré.