“EL GRAN DESAFÍO QUE NOS DEJA OCTUBRE:
AMAR COMO EL SEÑOR DE LOS MILAGROS”

Arzobispo inaugura Camino Sinodal

31 de Octubre de 2021 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., presidió en la Basílica Catedral de Piura, la Santa Misa ante la Sagrada Imagen del «Señor de los Milagros», con la que cerramos el Mes de Octubre, «Mes Morado». Durante la Eucaristía, nuestro Pastor, en sintonía y siguiendo el pedido del Papa Francisco, inauguró el Camino Sinodal en nuestra Arquidiócesis, camino que recorreremos juntos todos los que formamos nuestra Iglesia particular. Los devotos y fieles cristianos, se reunieron en medio de un clima de profundo fervor y recogimiento, respetando el aforo permitido y observando todos los protocolos de bioseguridad.

Jóvenes de los Colegios Parroquiales de Piura y Tumbes concluyen jornadas de discernimiento vocacional

A la Santa Misa, que también fue transmitida a través de la página de Facebook del Arzobispado, se unieron virtualmente más de 650 jóvenes de los últimos años del nivel secundario pertenecientes a los Colegios Parroquiales “Santa Rosa de Lima” de Talara, “Nuestra Señora de las Mercedes” y “San Pedro Chanel” de Sullana, así como “San José Obrero”, “Nuestra Señora del Rosario”, “Santa Rosa de Lima” y “Nuestra Señora del Tránsito” de nuestra ciudad, que a lo largo del mes de Octubre han venido participando de las Jornadas Vocacionales «Ven y Sígueme», que año a año organiza la Oficina Arquidiocesana de Colegios Parroquiales de Piura.

El «Cristo de las Maravillas» recorrió Piura, derramando su amor y bendiciendo a su pueblo

Concluida la Eucaristía, la Sagrada Imagen del “Cristo Moreno” salió cargada en hombros de Monseñor y de los miembros de la Hermandad del «Señor de los Milagros» de nuestra Ciudad y a bordo del Nazareno Móvil realizó un recorrido por las principales calles y avenidas de Piura, con rumbo al Monasterio «Santa Teresita del Niño Jesús» de las Madres Carmelitas Descalzas, Guardianas del Señor, donde fue guardado hasta el próximo mes de Octubre en que volverá a salir. El recorrido se realizó con la autorización y el resguardo de nuestra Policía Nacional, y acompañados del cuerpo de Serenazgo Municipal de Piura y del Distrito 26 de Octubre.

A lo largo del recorrido se vivieron hermosas manifestaciones de fe y emocionantes momentos de alegría por parte de los fieles, Instituciones y los integrantes de la Hermandad del «Señor de los Milagros» quienes al paso de la Sagrada Imagen, lo saludaron ofreciéndole hermosas alfombras y arreglos florales, agitando pañuelos blancos e incensando la Sagrada Imagen. Los fieles devotos y familias enteras se asomaban a las puertas, ventanas, balcones y techos de sus viviendas para ver pasar al “Cristo Moreno”, levantando y agitando sus manos en señal de saludo y adoración, presentando ante el Señor a sus niños pequeños, sosteniendo imágenes y cuadros, orando de rodillas, lanzando globos al aire, aplaudiendo efusivamente y entonando hermosos cánticos de alabanza.

De esta hermosa manera hemos concluido este Mes Morado de Octubre, un mes lleno de las bendiciones del Señor, donde en medio de la inmensa alegría de todos sus fieles devotos, salió a nuestro encuentro para hacernos sentir su cercanía, impartirnos su bendición y derramar su amor misericordioso, acogiendo nuestras súplicas y oraciones en estos tiempos de tanta necesidad. 

A continuación, les ofrecemos la homilía completa que pronunció hoy nuestro Pastor:

“El gran desafío que nos deja Octubre:
Amar como el Señor de los Milagros”

El Evangelio de hoy Domingo (ver Mc 12, 28-34), nos presenta a un escriba quien, tras oír que Jesús había respondido con sabiduría a las preguntas capciosas que le habían formulado los fariseos y herodianos, con la intención de atrapar al Señor en alguna de sus respuestas, aprovecha la oportunidad para hacerle una pregunta que preocupaba a los doctores de la ley: “Maestro: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” (Mc 12, 28). La pregunta no es vana o inútil, porque para un israelita la justificación consistía en cumplir fielmente los mandamientos y preceptos de la ley de Moisés (ver Dt 30, 9-10). Pero en la ley judía había cientos de mandamientos, preceptos y prohibiciones. Por tanto, era importante saber cuál era el más importante de todos en caso de que se produjera un conflicto entre dos preceptos. Entonces, ¿cuál es el primero de todos los mandamientos?

Amar a Dios y al prójimo son inseparables y complementarios

Jesús responde como un verdadero maestro: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mc 12, 29-30).

Pero no bien termina el Señor de responderle al escriba, comienza una nueva enseñanza, y a través de ella, Cristo se revela como Aquel que ha nacido y venido a este mundo para dar testimonio de la Verdad (ver Jn 18, 37). ¿Cuál es esta nueva enseñanza? Jesús recoge de la ley, que está contenida en el Pentateuco, es decir, en los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, un precepto que estaba olvidado y que tenía un sentido muy restrictivo, y añade: “El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos” (Mc 12, 31). En efecto, este mandamiento aparece en el libro del Levítico (ver Lev 19, 18), pero allí “prójimo” significa “el hijo de tu pueblo”, es decir el compatriota, el conciudadano. Para los judíos, el amor al prójimo quedaba entonces limitado a practicarse sólo entre ellos. Jesús en cambio, le da una extensión universal y una importancia equivalente al primero y mayor. Jesús hace de la pregunta del escriba, una ocasión preciosa para darle al amor al prójimo una dimensión insospechada para los judíos: La del amor universal. En efecto, así lo constatamos en el pasaje paralelo de San Lucas, cuando Jesús, a la repregunta del escriba sobre quien es mi prójimo, nos dejó como enseñanza la hermosa parábola del “Buen Samaritano” (Ver Lc 10, 25-37). 

Indudablemente se trata de dos mandamientos, el amor a Dios y el amor al prójimo, pero ambos son inseparables y complementarios. En el fondo podríamos decir que no son dos, sino uno sólo, o afirmar que el amor a Dios y al prójimo son como las dos caras de una misma moneda.

Por eso San Juan en su primera carta afirmará rotundamente: “Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de Él este mandamiento: Quien ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Jn 4, 20-21). San Juan, el discípulo amado, ha unido tanto los dos mandamientos que habla de uno sólo: “Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios” (1 Jn 4, 7).  

Ahora bien, el mandamiento del amor al prójimo sólo lo puede poner en práctica plenamente quien vive una relación profunda con Dios, de manera semejante al hijo que se hace capaz de amar a los demás a partir de una buena relación de amor con su madre y su padre. Sólo cuando el amor a Dios ha echado raíces profundas en nosotros, es decir en nuestro corazón, es cuando nos volvemos capaces de amar, también a quien no lo merece, incluso al enemigo.

El amor a Dios va primero, porque es el fundamento del amor al prójimo. Si se quita a Dios, cae todo respeto a la dignidad de la persona humana. Es lo que afirma muy claramente el Concilio Vaticano II: “La criatura sin el Creador se desvanece”.[1] Y de esto tenemos en nuestro tiempo muchos ejemplos. El olvido y rechazo de Dios abre el camino a las injusticias y violaciones más terribles contra la dignidad de la persona humana como son entre otras, el aborto, la eutanasia, la trata de personas, la violencia en el hogar, los abusos contra la mujer y los niños, las guerras, la corrupción, los egoísmos, las ideologías que deforman y tuercen la verdad antropológica de la persona humana, etc. En cambio, cuando se afirma a Dios, brota la fraternidad, la solidaridad, la justicia y el amor fraterno, porque todos nos reconocemos sus hijos y por tanto hermanos entre sí.  

El gran desafío de Octubre: Amar como el Señor de los Milagros

Ante todo lo dicho surge una inquietud: ¿El amor es un mandamiento? Ciertamente lo es, lo afirma la misma Sagrada Escritura y el mismo Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros” (Jn 13, 34). Pero además de ser un mandato, el amor es un don, por eso el Señor nos donó al Espíritu Santo que es el Amor personal que procede del Padre y del Hijo, que nos permite amar a Dios y al prójimo con un corazón libre y generoso (ver Rom 5, 5). El amor es la vida íntima de Dios Uno y Trino, porque Dios es Amor (ver 1 Jn 4, 8), y Él derrama su misma vida divina en nuestros corazones para que amando como Él ama, no sólo hagamos felices a los demás y forjemos un mundo nuevo, sino podamos realizarnos plenamente como personas, porque hemos sido creados y reconciliados por el Amor y para el Amor. Fuera del Amor el ser humano nunca podrá reconocerse, ser feliz y salvarse. Sólo amando, es como el hombre se encuentra a sí mismo, y se despliega en plenitud.

Ahora bien, alguno se preguntará con razón: En estos tiempos de tanta confusión y de relativismo imperante en que incluso a lo impuro se llama amor, ¿quién nos revela y nos muestra el amor verdadero, auténtico y genuino, el amor que ennoblece y hace digna la vida? ¿Quién nos enseña a amar de verdad? La respuesta es clara y definitiva para un cristiano: ¡El Señor Jesús!, que para nosotros tiene un rostro muy concreto: ¡El Señor de los Milagros! Nuestro “Cristo Morado” es el amor encarnado.

Él, encarna y expresa de manera perfecta en los dos maderos de su única Cruz, el amor a Dios, su Padre, y el amor al prójimo. El madero vertical expresa su amor obediente a su Padre hasta el fin: “Todo está cumplido” (Jn 19, 30). Y el horizontal, su amor de Amigo fiel por nosotros: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1).

Por eso, el gran desafío que nos deja Octubre es el desafío de amar como el “Señor de los Milagros”. Por eso sería bueno que el día de hoy, cada uno se examinara sobre su vida de amor: En la familia, con los amigos, en el trabajo, con los vecinos, así como nuestra vida de amor para con los más pobres, los enfermos, los desconocidos, el extranjero, incluso con nuestros enemigos. Dios es Amor absoluto, y en tanto que participamos de ese Amor, estamos llamados a compartirlo con todos. No hay “otros” ni “ellos”, sólo hay “nosotros”.

Jóvenes: sólo amando como el Señor serán felices y libres

Hoy, nos acompañan los jóvenes de nuestros colegios parroquiales, quienes a lo largo de todo el mes de Octubre han participado en las Jornadas Vocacionales “Ven y Sígueme”. A ustedes queridos jóvenes quiero decirles que, sólo amando por Cristo, con Él y en Él, podrán reconocer a fondo su propia verdad.

Los animo a que tengan el coraje de consagrar sus vidas al Amor de Cristo, sea que el Señor los llame a ser santos en el sacerdocio, la vida consagrada o matrimonial. Tengan la audacia de amar como el “Señor de los Milagros”. ¡Déjense traspasar por su Amor!

Desde su Cruz, el “Cristo Moreno”, les revela hoy esta verdad fundamental: Para ser felices y acertar en el camino de la verdadera libertad que conduce al Cielo, hay que darse. Sólo quien se da, se encuentra a sí mismo y se posee, porque solo “si el grano de trigo muere, da fruto, y fruto abundante” (Jn 12, 24). El “Señor de los Milagros” en la Cruz nos proclama, con el ejemplo de su vida, que entregarse es la única fuente de la verdadera vida, ya “que el hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”.[2]           

Queridos hermanos: Lo que nos salva es el Amor del “Señor de los Milagros”. Lo que salva al mundo es el Amor del “Señor Crucificado”. Solamente seremos felices y construiremos un mundo más justo y reconciliado, si nos comprometemos con el Señor, hoy y siempre, a amar como Él ama y como Él nos ama. 

Apertura del Camino Sinodal

Finalmente, hoy delante del “Señor de los Milagros”, y en comunión con el Papa Francisco, comenzamos a recorrer el itinerario sinodal que el Santo Padre inauguró el pasado 10 de octubre en vista al Sínodo de los Obispos del año 2023, que tiene por título: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Hacer Sínodo, significa caminar juntos en fraternidad siguiendo al Señor, tal como lo hacemos en la procesión del “Señor de los Milagros”. Hacer Sínodo, es dedicar amplios espacios y tiempo para estar con el Señor y favorecer el encuentro fraternal entre nosotros.

El Sínodo es un camino de discernimiento espiritual y eclesial, que se realiza en la adoración, en la oración, en el contacto con la Palabra de Dios, para discernir lo que el Espíritu Santo le quiere decir a la Iglesia en estos tiempos. Será un tiempo de encuentro, reflexión y oración entre todos los que conformamos la Iglesia que peregrina por Piura y Tumbes para preguntarnos, ¿cómo se realiza hoy ese “caminar juntos” que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo a la misión que le fue confiada? Y, ¿qué pasos el Espíritu nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal?

El deseo del Papa Francisco, es que la Iglesia entera participe en la búsqueda de métodos en pos de la sinodalidad, es decir, para conseguir de manera real y efectiva que todos los bautizados, el Papa, los obispos, sacerdotes, consagrados y laicos, caminemos juntos en comunión y fraternidad. Será un tiempo de consulta al “Santo y Fiel Pueblo de Dios”, para que el proceso sinodal se realice en la escucha de la totalidad de los bautizados. Será un tiempo, “para enfocarnos en el rostro y la palabra del otro, encontrarnos cara a cara, dejarnos alcanzar por las preguntas de las hermanas y los hermanos, ayudarnos para que la diversidad de los carismas, vocaciones y ministerios nos enriquezca. Todo encuentro —lo sabemos— requiere apertura, valentía, disponibilidad para dejarse interpelar por el rostro y la historia del otro… Que podamos ser peregrinos enamorados del Evangelio, abiertos a las sorpresas del Espíritu Santo. No perdamos las ocasiones de gracia del encuentro, de la escucha recíproca, del discernimiento. Con la alegría de saber que, mientras buscamos al Señor, es Él quien viene primero a nuestro encuentro con su amor”.[3]

San Miguel de Piura, 31 de octubre de 2021
XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

[1] Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n. 36.

[2] Constitución Pastoral, Gaudium et spes, n. 24.

[3] S.S. Francisco, Homilía en la Santa Misa para la Apertura del Sínodo de los Obispos, 10-X-2021.

Puede descargar el archivo PDF de la homilía pronunciada por nuestro Arzobispo AQUÍ

Puede ver el video de la transmisión de la Santa Misa de hoy AQUÍ

domingo 31 octubre, 2021