“DARNOS CON PUREZA DE CORAZÓN”

Arzobispo celebra Santa Misa por el X Aniversario del tránsito a la casa del Padre de Monseñor Oscar Cantuarias Pastor 

07 de noviembre de 2021 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., presidió en la Basílica Catedral de Piura, la Santa Misa en el XXXII Domingo del Tiempo Ordinario. La Eucaristía fue especialmente ofrecida en acción de gracias al Señor por el don de la vida y misión de quien por 25 años fue Arzobispo de Piura, Monseñor Oscar Ronald Cantuarias Pastor, hoy en el X Aniversario de su tránsito a la casa del Padre. Los fieles piuranos se dieron cita para participar de la Eucaristía, respetando el aforo permitido y observando todos los protocolos de bioseguridad.

A continuación, les ofrecemos la homilía completa que pronunció hoy nuestro Pastor:

“Darnos con pureza de corazón”

El episodio del Evangelio de este domingo (ver Mc 38-44), se compone de dos partes: una dedicada a los escribas o maestros de la ley, y a prevenirnos a no ser como ellos, y la otra dedicada a una pobre viuda que es puesta por el Señor como ejemplo para nuestra vida cristiana. Son dos figuras opuestas: Los escribas y la pobre viuda. Los escribas, “representan a las personas importantes, ricas e influyentes; mientras que la viuda representa a los últimos, los pobres y los débiles”.[1]

Comencemos por la primera parte, la que hace referencia a los escribas o doctores de la ley. Para entenderla, debemos hacer una consideración previa. En los tiempos de Jesús, las personas que sabían leer y escribir eran muy pocas. Además, el material para escribir, la tinta y el papel, era muy escaso y costoso. Los escribas sabían leer y escribir. Leían las Sagradas Escrituras al pueblo y las interpretaban, y de esta manera se consideraban mejores que el común de las personas, haciéndose llamar “maestros”, y aspiraban a recibir honores y distinciones de parte de los demás. Viéndolos, Jesús nos dirige esta dura advertencia:  “Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so pretexto de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa” (Mc 12, 38-40).

En sus duras palabras, Jesús señala tres vicios que se manifiestan en el estilo de vida de los escribas: La soberbia, la avidez y la hipocresía. Con su advertencia, el Señor quiere prevenirnos para que no caigamos en estos pecados. En la soberbia, que es “la actitud de quien se coloca ante Dios pensando que siempre tiene las cuentas en orden con Él: el soberbio cree que hace todo bien… Es la gente que se siente perfecta, la gente que critica a los demás”.[2] En la avidez, que es el ansía, afán o codicia. Y en la hipocresía, que es el “miedo de la verdad. La hipocresía tiene miedo de la verdad. Se prefiere fingir en vez de ser uno mismo… El hipócrita es una persona que finge, adula y engaña porque vive con una máscara en el rostro y no tiene el valor de enfrentarse a la verdad. Por esto, no es capaz de amar verdaderamente -un hipócrita no sabe amar-, se limita a vivir de egoísmo y no tiene la fuerza de mostrar con transparencia su corazón”.[3] Un discípulo de Jesús debe vivir, más bien, las virtudes contrarias: la humildad, la moderación y el desprendimiento, y la sinceridad.

En la segunda parte del Evangelio de hoy, Jesús insiste en la misma enseñanza pero desde el testimonio de vida de una viuda pobre. Como bien sabemos, el Señor Jesús enseñaba con frecuencia en el templo. Él mismo así lo declaró frente aquellos que lo detuvieron como a un malhechor en el Huerto de Getsemaní: “Todos los días estaba junto a vosotros enseñando en el Templo, y no me detuvisteis” (Mc 14, 49).  Por ello no nos debe sorprender que en el Evangelio de hoy, Jesús esté sentado frente al arca del tesoro, mirando cómo echaba la gente sus ofrendas (ver Mc 12, 41).

¿Y qué es lo que descubre el Señor con su atento mirar a las personas? Que, “muchos ricos echaban mucho” (Mc 12, 41), pero que lo hacían para llamar la atención de la gente y aparentar generosidad, y peor aún, echaban en el cepillo del templo aquello que les sobraba. Esto no llamó la atención de Jesús hasta que llegó “una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as”(Mc 12, 42), es decir puso en el alcancía del templo la moneda más pequeña que existía en aquellos tiempos. La pobre viuda debió haber hecho esta ofrenda con tanta humildad, modestia y devoción, que esto sí impresionó al Señor, quien consideró oportuno destacar el gesto de la pobre viuda, es decir, de una mujer que no tenía a nadie que cuidara de ella, y que, con su pobre, pero fervorosa ofrenda, expresaba su total abandono y confianza en el amor providente de Dios. Por eso el Evangelio nos dice que después de haber mirado el gesto de la viuda, Jesús, “llamando a sus discípulos, les dijo: Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del tesoro. Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir” (Mc 12, 43-44).

Surge en nosotros una pregunta: ¿Cómo puede Jesús juzgar y decir esto sobre los ricos y sobre la pobre viuda con una mera observación exterior? Lo puede hacer porque Jesús es Dios, y como Dios verdadero, puede ver lo que hay en el corazón de cada persona. En efecto, la Sagrada Escritura dice: “La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazón” (1 Sam 16, 7).

Ante Dios, ante Jesús, ninguno de nosotros puede aparentar o fingir, pues lo más oculto que tenemos está al descubierto ante su mirada.

Hermanos: Jesús no juzga por las apariencias como nosotros. Él juzga las intenciones y el corazón. Mientras los ricos daban de lo que les sobraba, la viuda dio todo lo que tenía para vivir, y con ello expresaba que confiaba y amaba a Dios con todo su corazón, con todas sus fuerzas y con toda su alma, y al prójimo como así misma. En efecto, ella dio “todo lo que tenía”, no se reservó o guardó nada para sí. Esta actitud atrajo la mirada bondadosa, misericordiosa y amorosa del Señor.

Finalmente dejemos al Papa Francisco la enseñanza conclusiva de nuestra homilía de hoy, quien comentando este pasaje del Evangelio nos dice: “Hermanos y hermanas, las balanzas del Señor son diferentes a las nuestras. Pesa de manera diferente a las personas y sus gestos: Dios no mide la cantidad sino la calidad, escruta el corazón, mira la pureza de las intenciones. Esto significa que nuestro «dar» a Dios en la oración y a los demás en la caridad debería huir siempre del ritualismo y del formalismo, así como de la lógica del cálculo, y debe ser expresión de gratuidad, como hizo Jesús con nosotros: nos salvó gratuitamente, no nos hizo pagar la redención. Nos salvó gratuitamente. Y nosotros, debemos hacer las cosas como expresión de gratuidad. Por eso, Jesús indica a esa viuda pobre y generosa como modelo a imitar de vida cristiana. No sabemos su nombre, pero conocemos su corazón —la encontraremos en el Cielo y seguramente iremos a saludarla—, y eso es lo que cuenta ante Dios. Cuando nos sentimos tentados por el deseo de aparentar y de contabilizar nuestros gestos de altruismo, cuando estamos demasiado interesados ​​en la mirada de los demás pensemos en esta mujer y, permitidme las palabras cuando nos pavoneemos, pensemos en esta mujer. Nos hará bien: nos ayudará a despojarnos de lo superfluo para ir a lo que realmente importa, y a permanecer humildes. ¡Que la Virgen María, mujer pobre que se entregó totalmente a Dios, nos sostenga en el propósito de dar al Señor y a los hermanos, no algo nuestro, sino a nosotros mismos, en una ofrenda humilde y generosa!”. [4]

San Miguel de Piura, 07 de noviembre de 2021
XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

[1] S.S. Francisco, Angelus 08-XI-2015.

[2] S.S. Francisco, Audiencia General, 19-IV-2019.

[3] S.S. Francisco, Audiencia General, 25-VIII-2021.

[4] S.S. Francisco, Angelus, 11-XI-2018.

Puede descargar el archivo PDF de la homilía pronunciada por nuestro Arzobispo AQUÍ 

Puede ver el video de la transmisión de la Santa Misa de hoy AQUÍ

domingo 7 noviembre, 2021