“CAMINEMOS CON EL MISMO CELO APOSTÓLICO DEL SEÑOR JESÚS”

Arzobispo preside Santa Misa Dominical 

30 de enero de 2022 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa en la Basílica Catedral de Piura, correspondiente al IV Domingo del Tiempo Ordinario. Los fieles piuranos se dieron cita en medio de un clima de profundo fervor y agradecimiento a Dios y participaron de la Eucaristía cumpliendo todos los protocolos de bioseguridad.

A continuación, compartimos el íntegro de la Homilía pronunciada hoy por nuestro Pastor:

“Caminemos con el mismo celo apostólico del Señor Jesús”

Nuestro evangelio dominical (ver Lc 4, 21-30), es continuación del Evangelio del Domingo pasado (ver Lc 4, 14-21). Jesús ha regresado a Nazaret, el pueblo donde se crío, y explicando en la sinagoga la profecía mesiánica de Isaías (ver Is 61, 1), la apropia a su persona, es decir, la hace suya. El Evangelio nos dice que: “Todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca” (Lc 4, 22). Hasta aquí, podríamos afirmar que Jesús gozaba de gran popularidad, fama y aceptación.  

Pero al final del relato de hoy la situación cambia dramáticamente: “Todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle” (Lc 4, 28-29). ¿Por qué se produjo este cambio tan drástico entre los nazarenos? Veamos.

Cuando Jesús terminó su intervención en la sinagoga con las palabras: “Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy” (Lc 4, 21), a algunos de los presentes se le ocurrió poner en duda su credibilidad recordando la humildad de su origen: “¿No es este el hijo de José?” (Lc 4, 22)…”¿De dónde le viene esto? ¿Y qué sabiduría es esta que le ha sido dada?… ¿No es éste el carpintero, el hijo de María?…Y se escandalizaban a causa de Él” (Mc 6, 2-3).

Esto da pie para que Jesús pronuncie la famosa sentencia: “En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria” (Lc 4, 24). Y a continuación, el Señor les cita dos episodios de la historia sagrada en que Dios despliega su poder salvador sobre dos extranjeros: “Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio” (Lc 4, 25-27).

Ante estas palabras de Jesús, los nazarenos llenos de ira pasaron del asombro y la admiración, al rechazo y al desprecio, al punto de arrojar a Jesús fuera de la ciudad de Nazaret con el deseo inconfesable de despeñarlo, es decir, de matarlo. ¿Por qué se produjo este cambio entre ellos? Una explicación la podemos encontrar en la envidia, este pecado tan antiguo como Caín y Abel (Gen 4, 1-15) que ciega a las personas. Los nazarenos tienen envidia de que Jesús, uno de ellos, haya logrado fama y notoriedad, y sea un profeta poderoso en obras y palabras. Recordemos que la envidia es uno de los siete pecados capitales junto con la soberbia, la avaricia, la ira, la lujuria, la gula, y la pereza. Se le llama pecado capital, no por la magnitud del pecado en sí mismo, sino porque éste da origen a muchos otros pecados y vicios, y porque rompe con el amor al prójimo que Jesús nos enseña. La envidia, la podemos definir como la “tristeza por el bien del otro, o como el deseo de algo que no se posee”.

En el caso de este pasaje de la vida de Jesús, la envidia de los nazarenos los ciega hasta el extremo de impedirles creer en el Señor, y aceptarlo como el Salvador, el Mesías que tenía que venir al mundo. Por eso buscan descalificarlo.  

Otra explicación al rechazo de los nazarenos a Jesús, la podemos encontrar en el hecho que la palabra o enseñanza del Señor, primero fascina, pero cuando se la examina más profundamente uno cae en cuenta que ella nos va a exigir morir a nuestro pecado, a renunciar a nuestra vida hecha a la medida de nuestro egoísmo y comodidades, y como no estamos dispuestos a morir a nosotros mismos, preferimos desacreditar al Señor relativizando su enseñanza diciendo: “Este es el hijo del carpintero”. O incluso llegamos al extremo de rechazarlo y pretender acabar con Él, simplemente porque la Verdad nos incomoda y preferimos la mentira en la cual tiene cabida nuestro egoísmo. Por eso es oportuno preguntarnos hoy: ¿Es Jesús para nosotros una amenaza, al punto que también queremos acabar con Él como pretendieron hacerlo los nazarenos? ¿Preferimos permanecer en la esclavitud de la mentira y del egoísmo, que acogerle y dejarnos liberar por la Verdad que es Él mismo?

El Evangelio de este Domingo, dolorosamente se sigue repitiendo también hoy en día, porque Jesús, por medio de su Iglesia, sigue enseñando las mismas cosas que provocaron el rechazo de sus contemporáneos quienes terminaron por llevarlo a la Cruz. Hoy también hay muchos que, incluso llamándose cristianos, se han hecho una idea e imagen de un Jesús simpático, que no les exige nada, que no les incomoda de ninguna manera, que no los cuestiona.

“Cristianos” que no quieren vivir la radicalidad del Evangelio, y que incluso han arrancado de él sus páginas incómodas. El pasaje evangélico de hoy nos invita a hacer un profundo examen de conciencia sobre nuestra acogida a la doctrina de Cristo, aquella que la Iglesia enseña en su nombre y con su autoridad, no sea que cuando el Señor vuelva en su última y definitiva venida, nosotros no aceptemos el hecho de que Él predique la pureza y la santidad de las costumbres; que anuncie la justicia y la predilección por los pobres; que llame a los pecadores a la conversión; o que rechacemos la inviolabilidad de la vida desde la concepción hasta su fin natural: o el don de la familia basada en el matrimonio entre un varón y una mujer, o incluso el don del sacerdocio reservado sólo a los varones, lo cual no supone una menor dignidad ni una discriminación hacia las mujeres, sino la observancia fiel de una disposición que hay que atribuir a la sabiduría del Señor del universo.[1]   

El final del Evangelio de hoy no deja de sorprendernos: “Pero Él, pasando por en medio de ellos, se marchó” (Lc 4, 30). Ello nos revela que, a pesar de la expulsión de la ciudad, los empujones y el intento de matarlo, Jesús mantiene su majestad y queda dueño de la situación. Así el Señor nos da el valor y el coraje, a nosotros sus pastores y discípulos, a no tener miedo en nuestra misión de anunciarlo. Como Él, muchas veces seremos profetas no bien recibidos en nuestra propia casa, barrio, trabajo, o lugar de estudios. Como Él, sufriremos incomprensión y hasta desprecio, burla y persecución, pero ello no debe desanimarnos y menos darnos miedo, porque somos portadores de una Palabra de Vida que es eterna y eficaz, capaz de abrirse paso en medio de las más tremendas y difíciles situaciones. Sólo se necesita que creamos, y que con convicción anunciemos al Señor que es la Verdad (ver Jn 14, 6). Por ello, a la hora del testimonio y del anuncio de Cristo seamos valientes, como se lo pidió el mismo Dios a Jeremías en la primera lectura de hoy: “Ármate de valor, ponte de pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo” (Jer 1, 17).

Queridos hermanos: El duro rechazo que experimentó el Señor Jesús, no lo detiene en su camino profético de anunciar la Verdad que nos hace libres. Él sigue adelante, y nosotros junto con Él.

Pidámosle a María Santísima en nuestra oración, que podamos crecer y caminar con el mismo celo apostólico que animó la misión de su Divino Hijo, porque tenemos que anunciar y defender la Verdad, aunque volvamos a ser solamente doce, ya que sólo la libertad que abraza la Verdad encuentra el camino hacia el bien.    

San Miguel de Piura, 30 de enero de 2022
IV Domingo del Tiempo Ordinario

[1] Ver San Juan Pablo II, Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis, 22-V-1994.

Puede descargar el archivo PDF de la homilía pronunciada por nuestro Arzobispo AQUÍ 

Puede ver el video de la transmisión de la Santa Misa de hoy AQUÍ