«AMAR COMO JESÚS»

V Domingo de Pascua

15 de mayo de 2022 (Oficina de Prensa).- Hoy, V Domingo de Pascua, el Evangelio nos presenta la lectura del capítulo 13 de San Juan (ver Jn 13, 31-35), pasaje que nos relata el momento en que Jesús les deja como herencia, a los apóstoles, y a todos nosotros, el mandamiento nuevo: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros”. Nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., ha preparado una homilía basada en los textos que nos presenta el Evangelio de hoy.

En su homilía, Monseñor Eguren nos recuerda que: “En la vida de Jesús, hemos contemplado lo que es el amor verdadero y cómo Él nos ha amado: Hasta el extremo (ver Jn 13, 1). Él dio su vida por nosotros, murió para salvarnos, para reconciliarnos. Él nunca buscó su propio interés, sino sólo el nuestro”.

A continuación, compartimos la Homilía completa de nuestro Pastor:

“Amar como Jesús”

Nuestro pasaje evangélico de este V Domingo de Pascua, está tomado del capítulo 13, según San Juan (ver Jn 13, 31-35). Como el del domingo pasado, es corto, pero su enseñanza es trascendental y valiosísima para nosotros los discípulos del Señor. Jesús lo pronuncia en un momento muy importante y significativo: Durante la Última Cena con sus Apóstoles. Ya ha tenido lugar el lavatorio de los pies y el anuncio de la traición de Judas. Una vez que Judas, sumido en las tinieblas del pecado y del mal, sale para entregar a su Maestro, Jesús comienza a despedirse de sus Apóstoles, sus amigos más íntimos y queridos.  

Jesús había dirigido a Judas unas palabras que los demás Apóstoles no habían entendido (ver Jn 13, 29): “Lo que vas a hacer, hazlo pronto” (Jn 13, 27). El Señor se refería a su traición. Con la salida de Judas del Cenáculo comienza el drama de la Pasión y Muerte de Jesús, lo que le permite al Señor exclamar: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto” (Jn 13, 31-32).

No hay que olvidar que en el Evangelio de San Juan, la “glorificación de Jesús” es su crucifixión. La muerte de Jesús en la Cruz ha sido el único sacrificio meritorio y digno de Dios, es decir, el único sacrificio que le ha dado al Padre la gloria que en verdad merece.

A propósito de lo mencionado, es bueno recordar que cada Santa Misa hace presente el único sacrificio de la Cruz y, por tanto, en su celebración, el Padre es perfectamente glorificado por el Hijo en el Espíritu Santo.       

El Señor Jesús, ha dado gloria a Dios con toda su vida, pues toda ella fue un acto de perfecta obediencia al Padre, una obediencia llena de amor. Pero en la Cruz esta obediencia alcanzó su punto culminante y definitivo. Este es el sentido de la sexta palabra de Cristo en la Cruz: “Todo está cumplido” (Jn 19, 30), es decir, el Plan de Dios, la voluntad del Padre, Jesús la ha realizado perfectamente hasta las últimas consecuencias. A su vez, el Padre aceptó y correspondió a esta donación total de su Hijo que, “se hizo obediente hasta la muerte” (Flp 2, 8), son su entrega paternal, es decir con el don de la vida nueva e inmortal en la Resurrección.[1]  

Surge entonces una primera reflexión para nuestra vida cristiana: Como Jesús, ¿doy gloria al Padre siendo obediente a su voluntad en mi vida? ¿Soy consciente que, al participar en la Misa dominical, ésta me exige durante la semana, glorificar al Padre con mis palabras y obras, buscando responder al Plan de Dios, en cada circunstancia concreta de mi vida?  Y lo más hermoso es descubrir que cuando más y más nos vamos abriendo con docilidad a la voluntad de Dios, más constatamos que como fruto de ello, nuestra libertad crece, nuestro corazón se llena de felicidad, paz y alegría, y nos vamos desplegando auténticamente como personas, aun cuando vivamos todavía en este mundo la terrible batalla de la Cruz, es decir, cuando aún vivamos en este valle de lágrimas, que es el mundo, sujetos a la dinámica dolor-alegría. Con gran fuerza lo expresa la “mujer pobre” de la novela del escritor católico francés León Bloy, cuando un sacerdote la encuentra llorando frente al Santísimo: “Soy completamente dichosa…No se entra al Paraíso mañana, ni dentro de diez años, se entra hoy, cuando se es pobre y se está crucificada”.[2]

Pero volvamos a nuestro Evangelio dominical. En el momento de la despedida de sus Apóstoles, Jesús les deja como herencia, su mandamiento nuevo: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros” (Jn 13, 34).

Surge inmediatamente una pregunta: ¿Por qué dice Jesús que este mandamiento es “nuevo”? Efectivamente, en el Antiguo Testamento, en la Ley, existía el mandamiento del amor: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19, 18). La novedad está en el modo de amar, es decir en la medida del amor de Jesús que es un amor sin medida e incondicional. Esto es lo que hace que el mandamiento de Jesús sea nuevo y además sea suyo: “Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros” (Jn 13, 34; ver además Jn 15, 12). Pero Jesús añade algo que debe hacernos reflexionar: “En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros” (Jn 13, 35).

En la vida de Jesús, hemos contemplado lo que es el amor verdadero y cómo Él nos ha amado: Hasta el extremo (ver Jn 13, 1). Él dio su vida por nosotros, murió para salvarnos, para reconciliarnos. Él nunca buscó su propio interés, sino sólo el nuestro. En su vida, y sobre todo en el momento culmen de su crucifixión, hemos aprendido que el amor verdadero supone estar dispuesto a negarse a uno a sí mismo para procurar el bien del otro. Y lo más sorprendente es que cuando uno vive el amor de Jesús, uno descubre que cuando uno más se da, más se posee y más se encuentra a sí mismo. Esta es una de las paradojas del Evangelio que el mundo no alcanzará jamás a comprender. Preguntémonos: ¿Nos distinguimos por amar así? Cuándo la gente nos escucha y ve actuar, ¿ve en nosotros vivo y actuante el amor de Jesús? Cuando vemos el mundo de hoy, quedamos consternados al constatar hasta qué punto se ha profanado el excelso verbo “amor”, porque hoy hasta a lo más impuro se le llama amor, e incluso se llama amor a lo que es un perfecto egoísmo.

Para concluir escuchemos a nuestro querido Papa Francisco, quien a propósito de nuestro Evangelio dominical nos dice: “Jesús nos ha amado primero, nos ha amado a pesar de nuestras fragilidades, nuestros límites y nuestras debilidades humanas. Ha sido Él quien ha hecho que nos hiciéramos dignos de su amor que no conoce límites y no termina nunca. Dándonos el mandamiento nuevo, Él nos pide que nos amemos entre nosotros no solo y no tanto con nuestro amor, sino con el suyo, que el Espíritu Santo infunde en nuestros corazones si lo invocamos con fe. De esta manera —y solo así— nosotros podemos amarnos entre nosotros no solo como nos amamos a nosotros mismos, sino como Él nos ha amado, es decir inmensamente más. Dios de hecho nos ama mucho más de cuanto nosotros nos amamos a nosotros mismos. Y así podemos difundir por todos lados la semilla del amor que renueva las relaciones entre las personas y abre horizontes de esperanza. Jesús siempre abre horizontes de esperanza, su amor abre horizontes de esperanza. Este amor nos hace convertirnos en hombres nuevos, hermanos y hermanas en el Señor, y hace de nosotros el nuevo Pueblo de Dios, es decir la Iglesia, en la cual todos son llamados a amar a Cristo y en Él a amarse unos a otros”.[3]

Que la Virgen María, cuyo mes estamos celebrando con profundo amor filial, nos ayude, con su maternal intercesión y ejemplo de vida, a acoger de su Hijo Jesús, el don de su mandamiento nuevo, y del Espíritu Santo, la fuerza para vivirlo en la vida de cada día.

Amén.

San Miguel de Piura, 15 de mayo de 2022
V Domingo de Pascua

[1] Ver San Juan Pablo II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 13.

[2] León Bloy, La Mujer Pobre, pág. 303.

[3] S.S. Francisco, Regina Coeli, 19-V-2019.

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