ORACIÓN PATRIÓTICA CON OCASIÓN DEL 188º ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ 2009

– BASÍLICA CATEDRAL DE PIURA –

Señor Presidente Regional, Doctor César Trelles Lara.

Señor Regidor Félix Chang, representante de la Municipalidad Provincial de Piura.

Señor Alcalde de Castilla, Ricardo Wacheng Morales.

Señora Pilar Benítez de Alburqueque, Gobernadora de Castilla y representante de la Gobernadora de Piura.

Señor Doctor, Marco Antonio Guerrero Castillo, Presidente de la Corte Superior de Piura.

Señor General de División Ejército Peruano, Carlos Miranda Velásquez, Comandante General de la Región Militar del Norte y Comandante General del Comando Operacional del Norte.

Señor Mayor General Fuerza Aérea Peruana, Raúl Hoyos de Vinatea, Comandante General del Ala Aérea Nº 1.

Señor Contralmirante Armada Peruana, Carlos Salazar Muro, Comandante General de la Primera Zona Naval.

Señor Mayor General Policía Nacional del Perú, Walter Rivera Alva, Director de la Primera Dirección Territorial Policial.

Señor General de Brigada Ejército Peruano, Agusto Vallenas Meza, Jefe del Estado Mayor de la Región Militar del Norte.

Señor General de Brigada Ejército Peruano, Jorge Luis Chávez Tresta, Inspector General de la Región militar del Norte.

Dignas Autoridades Políticas, Diplomáticas, Universitarias, Civiles y Militares.

Señoras y Señores.

Como lo hicieron nuestros mayores hace 188 años, nos hemos congregado esta mañana en la Basílica Catedral del Piura, para ofrecer la Santa Misa y cantar el Te Deum, en acción de gracias por nuestra Patria, el Perú.

En estos días en que evocamos la gesta de la Independencia, nuestra mente y nuestro corazón se dirigen a pensar en el Perú y a acrecentar el amor por lo nuestro. Al comienzo de esta “Oración Patriótica”, quiero comprometerlos a todos ustedes a que siguiendo el ejemplo de nuestros santos, próceres y héroes, y de muchísimos peruanos de buena voluntad que nos han precedido en la historia de nuestra Patria, nos comprometamos en la construcción de un Perú más justo y reconciliado.

Por ello esta mañana hago una invocación a los líderes políticos y sindicales, a los empresarios y trabajadores, a los hombres de la cultura y de la ciencia, a los que de una manera u otra influyen en la marcha de la sociedad, a los peruanos que visten el uniforme de la Patria y al ciudadano común y corriente, cualquiera fuere la responsabilidad que tenga, a que contribuyamos generosamente, con honradez absoluta, con conciencia limpia, con claridad de ideas, con espíritu solidario, con obras eficaces, a construir el Perú que todos soñamos, donde reinen la Bienaventuranzas proclamadas por el Señor Jesús en el Santo Evangelio (ver Mt 5, 1-12).

Necesidad de hombres virtuosos y morales

Por todos es conocido que en los últimos años nuestra Patria viene experimentado un crecimiento económico sostenido que nos hace mirar con optimismo y confianza el futuro. Pero hay que ser conscientes que ello no es suficiente. La grandeza de los pueblos se mide en primer lugar por sus fuerzas espirituales.

Para forjar el Perú que todos queremos, no basta el mero crecimiento económico, necesitamos sobre todo de hombres virtuosos y morales. Como bien señalaba el insigne pensador peruano don Víctor Andrés Beláunde: “no creemos en la virtualidad misteriosa de un esquema político o de una fórmula social ni en el mito de un progreso mecánico indefinido. Nuevas fórmulas, nuevas instituciones y procedimientos necesitan ser aplicados por hombres y el sentido de su utilización depende principalmente de la orientación ética del individuo. El problema se reduce, en síntesis, a modelar almas, a crear espíritus. Éstos deben tener una ética cada vez más exigente, una idealidad más pura, un sentimiento del deber más hondo y aquello que no puede explicar ninguna filosofía materialista y positivista: espíritu de sacrificio”(1).

Ahora bien, la simple moral laica no alcanza para forjar estos hombres nuevos que el Perú de hoy necesita urgentemente. La historia de nuestra Patria nos muestra que es en nuestra fe cristiana y católica donde se pueden forjar estas personas. De ahí la necesidad de conservar, afirmar, vivir y defender el tesoro de nuestra fe en todas las circunstancia concretas de nuestra vida. Los tiempos que vivimos requieren de una vuelta más decidida al ideal cristiano por parte de todos nosotros. El Perú será el gran beneficiado con ello.

Importancia de la Iglesia Católica en la formación de la “peruanidad”

No hay que olvidar que la fe católica ha sido y sigue siendo la gran fuerza formadora de nuestra Patria, la base de nuestra cohesión nacional, la fuente de nuestra moralidad colectiva y el fundamento de nuestra vida familiar. Nuestra fe católica está en las raíces y en la cumbre de nuestra nacionalidad. Ella envuelve y mantiene nuestra alma colectiva.

Ella ha contribuido decididamente a la formación del Perú y a su conciencia nacional. Por ello con gran acierto el Maestro Belaúnde describe esta realidad con hermosas y poéticas palabras cuando afirma: “sabemos todos cuándo los peruanos se aman: junto a la bandera y al pie del altar. Se aman cuando se cierne una amenaza al territorio nacional, y cuando evocamos la memoria de sus héroes…Se aman en el templo que los cobija y los protege como en su propio hogar, que recoge en el bautismo sus primeros gemidos, que bendice su alegría nupcial, y que los recibe con ternura maternal después de la muerte”(2).

En este punto de nuestras reflexiones es oportuno recordar lo que señala el artículo 50 de nuestra actual Constitución Política cuando dice que, “dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, y le presta su colaboración”.

Es un hondo reconocimiento el que hace nuestra Carta Magna del rol histórico desempeñado por la Iglesia Católica. Por ello cualquier ley que hoy en día busque legislar sobre el derecho humano fundamental a la libertad religiosa, tiene que ser respetuosa del principio constitucional antes indicado.

El rol que la Iglesia Católica ha desempeñado desde el primer momento en la formación de lo que llamamos “peruanidad”, es el factor que la diferencia decisivamente en su relación con el Estado, con respecto a las relaciones de colaboración que éste puede establecer con otras confesiones. No hacerlo sería un grave atentado contra la verdad histórica.

Perú: país mestizo

El pasado mes de junio hemos sido testigos de hechos dolorosos que confiamos nunca más vuelvan a suceder en el Perú. Enfrentamientos entre hermanos, violencia e intolerancia que costaron la vida de treintacuatro peruanos, entre ellos veinticuatro humildes policías, a los que hoy rendimos nuestro homenaje y con ellos a sus familias. Desde aquí con firmeza decimos: ¡Nunca más violencia entre peruanos! ¡Nunca más sangre derramada entre peruanos! ¡La violencia sólo engendra más violencia!

Es hora más bien de fomentar la paz y la reconciliación por la vía maestra del diálogo en la verdad. Como nos dice Su Santidad Benedicto XVI, en su reciente Encíclica “Caritas in Veritate”, sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad, “la verdad es «logos» que crea «diá-logos», y por tanto, comunicación y comunión. La verdad, rescatando a los hombres de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite llegar más allá de las determinaciones culturales e históricas y apreciar el valor y la sustancia de las cosas”(3).

A raíz de estos lamentables acontecimientos, algunos han afirmado que el Perú es un mosaico de culturas o guetos incomunicados entre sí, conectados sólo por una relación de conflicto y opresión. Como sostiene el Doctor Don José Agustín de la Puente Candamo, “las peculiaridades de su historia (la del Perú), han creado ambientes con manifestaciones muy peculiares de cultura, como sucede con todas las naciones antiguas en la historia; mas, esas maneras diversas de vivir lo peruano, no indican que estén fuera del país, sino que viven lo nuestro de manera peculiar”(4).

Hoy se hace imperioso proclamar que el Perú real es uno e indivisible y éste es el Perú mestizo, “síntesis viviente” de la cultura hispana e indígena. El Perú no es sólo indígena ni sólo hispano. El Perú es mestizaje hispano-indígena. Los que pretendan aislar los elementos de sangre y cultura incurren en un error antipatriótico.

El cristianismo católico estuvo en la base de dicha síntesis, fue el crisol que permitió este mestizaje entre las herencias india, africana e hispana, por ello podemos decir que la “peruanidad” es una síntesis verdadera forjada por el espíritu católico, ciertamente no concluida, que debe afirmarse, completarse y superarse.

Con todo lo dicho no queremos ciertamente ignorar los grandes problemas nacionales que nos afligen y que actúan como factores negativos desintegradores de la “peruanidad”, como son entre otros el racismo, la exclusión de la población indígena, las deficiencias de la educación pública, la fragilidad de nuestras instituciones democráticas, el aún asfixiante centralismo, la frivolidad de algunos grupos sociales, la corrupción, el narcotráfico, el terrorismo, la delincuencia común, la violencia que sufren los más débiles de la sociedad, especialmente las mujeres y los niños, y la pobreza en la que aún viven muchos peruanos.

Estos problemas merecen nuestra preocupación y profunda atención porque todos en nuestro corazón: ¡Queremos Patria! Por ello hermanos, ¡hagamos Patria que aún estamos a tiempo!(5)

Ética de la vida y ética social

En su reciente Carta Encíclica “Caritas in Veritate”, el Santo Padre Benedicto XVI, ha subrayado la relación existente entre la ética de la vida y la ética social.

Dice el Papa: “la Iglesia propone con fuerza esta relación entre ética de la vida y ética social, consciente de que no puede tener bases sólidas, una sociedad que –mientras afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz– se contradice radicalmente aceptando y tolerando las más variadas formas de menosprecio y violación de la vida humana, sobre todo si es débil y marginada…La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo…Si se pierde sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosa para la vida social”(6).

Por ello mi llamado urgente a defender la vida humana desde su inicio con la concepción hasta su fin natural. Mi invocación a no ceder ante las grandes presiones que buscan legalizar el crimen abominable del aborto en el Perú.

Veo con suma preocupación maniobras oscuras encaminadas a limitar el valor inviolable de la vida humana misma o de disociarla de su ambiente natural como es el amor humano en el matrimonio y la familia. La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción y a lo largo de todas sus etapas hasta su fin natural. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida.

De no seguir haciéndolo, quebrantaríamos los fundamentos mismos del Estado de derecho, ya que el Estado debe poner su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, y entre ellos, el concebido no nacido es el más débil y pobre de todos.

La Iglesia promueve “una cultura de la vida”. No lo hace sólo por motivos confesionales sino además por motivos de humanidad, ya que el hombre es el primer y fundamental camino de la Iglesia y Ella es experta de humanidad.

Rezar por las enfermedades

Últimamente el Perú, como otras Naciones del mundo, se viene viendo afectado por el flagelo de ciertas enfermedades, como la gripe AH1N1. Invito a todos a unirnos en una gran cruzada de oración para pedirle al Señor Jesús, que curaba a los enfermos de toda dolencia, que nos libre de estos males. La oración nunca debe ser lo último que hagamos sino más bien el primer recurso del creyente. Ciertamente a la oración debemos unir nuestros esfuerzos y acciones sanitarias encaminadas a prevenir y curar. No hacerlo sería una grave irresponsabilidad. Pero no rezar sería una negligencia aún mayor.

Por ello, oremos fervientemente estos días al Señor para que nos libre de estos males y no sólo a nosotros sino a toda la humanidad. Tengamos la seguridad que el Señor oirá nuestra oración porque nos ama y nos librará de los males que nos afligen.

Nuestra Señora de la Paz

Con ocasión de la conmemoración de nuestra Independencia, la Iglesia en el Perú celebra a la Santísima Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de la Paz.

La generalidad e intensidad del culto mariano en nuestro Patria es prueba innegable de la penetración del espíritu católico en todo nuestro pueblo. En el ande, la costa y la selva, Santa María, es venerada, querida, amada e invocada como Madre de Misericordia, Guía en nuestro caminar y fuente inagotable de esperanza y consuelo. Ella nos ha acompañado desde los albores de nuestra formación como Nación.

La Virgen María nos recuerda que la paz es fruto de la justicia, justicia entendida como dar al otro lo que es suyo, lo que le corresponde en virtud de su ser y de su obrar. Pero la justicia para un cristiano tiene que ser superada por la caridad que nos exige no sólo dar al otro “lo suyo” sino además darle al otro de “lo mío”. En otras palabras ser solidario, fraterno, generoso, saber amar al hermano queriendo su bien y trabajando eficazmente por él. Sólo construyendo relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión, construiremos el Perú justo y reconciliado que queremos, donde se haga realidad la ansiada Civilización del Amor. Superemos los egoísmos, individualismos, sectarismos y las actitudes conflictivas que tanto daño nos hacen y forjemos más bien todos juntos caminos de unidad, cohesión y reconciliación.

Hermanos: a la justicia sumémosle la caridad, que manifiesta el amor gratuito de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nacido de Santa María para ser nuestro Reconciliador. Así aseguraremos la paz en el Perú.

A Ella hoy nos dirigimos para pedirle por el Perú, por nuestro Perú:

Nuestra Señora de la Paz
Madre de Dios y Madre nuestra.

A tu Corazón Inmaculado de Virgen y Madre
encomendamos a todos los habitantes de nuestra Patria, el Perú.

Que bajo tu protección maternal,
seamos una sola familia unida en el hogar común,
una Nación reconciliada en el Amor de Cristo
en el olvido de las injurias,
y en la caridad fraterna.

¡Líbranos, oh Madre del flagelo de las enfermedades!
Tú que eres la Madre de la Vida verdadera,
enséñanos a ser testigos del Dios vivo,
del amor que es más fuerte que la muerte,
del perdón que disculpa las ofensas,
de la esperanza que mira hacia el futuro
para construir, con la fuerza del Evangelio,
la Civilización del Amor
en una Perú reconciliado y en paz.
Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 27 de julio de 2009

 

(1) Víctor Andrés Belaúnde, La Realidad Nacional. Lima, Cuarta Edición Prologada y Anotada, Series Reflexiones sobre el Perú – Interbank, 1980, pág. 210.

(2) Víctor Andrés Belaúnde, Parágrafos del discurso pronunciado en el Congreso Eucarístico de Trujillo, 1943.

(3) S.S. Benedicto XVI, Carta Encíclica, Caritas in Veritate, n.4.

(4)http://www.congreso.gob.pe/comisiones/2002/debate_constitucional/aportes
/aporte_jose_agustin_delapuente_candamo.htm.

(5) Ver Víctor Andrés Belaúnde, Meditaciones Peruanas. Lima, Edición de la Comisión Nacional del Centenario, 1987, pág. 130.

(6) S.S. Benedicto XVI, Carta Encíclica, Caritas in Veritate, n.15 y 28.

lunes 27 julio, 2009