HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI 2022

“La Eucaristía es el Corazón de la Iglesia que sacia más que nada«

Solemnidad del Corpus Christi

La gran fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo que hoy nos congrega, nació en el S. XIII, con una finalidad muy concreta: Que los católicos reafirmemos y confesemos públicamente que el Señor Jesús está vivo, y está realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.

La Eucaristía es la presencia de las presencias del Señor

El “Corpus Christi” es la fiesta anual para adorar y agradecer públicamente al Señor Jesús, que en el Sacramento Eucarístico sigue amándonos “hasta el extremo” (Jn 13, 1), hasta el don total de su Cuerpo y de su Sangre.[1] Nos alegra sobre manera que en este año el Señor nos conceda la gracia de poder volver a reunirnos para celebrarla juntos, y así poder acompañar a Jesús Sacramentado por nuestras calles y plazas, rindiéndole homenaje de fe y amor.   

Santa Teresa de Calcuta, solía decir de la Eucaristía: “La Palabra se hace carne otra vez y habita entre nosotros, bajo las especies de la Eucaristía. El mismo Jesús, nacido hace dos mil años como un pequeño Niño en Belén, está verdadera, real, física y personalmente presente para nosotros en el Santísimo Sacramento…Cuando miras al crucifijo, comprendes cuánto te amó Jesús. Cuando miras a la Eucaristía, comprendes cuánto te ama hoy”.

Cristo, en su amorosa providencia, ha querido quedarse realmente entre nosotros en la Eucaristía. Por ello, cuando contemplamos en la Santa Misa al Señor, elevado en las manos del sacerdote después de la Consagración, o cuando lo adoramos con devoción expuesto en la Custodia, o cuando le visitamos prisionero de amor por nosotros en el Sagrario, renovamos con profunda humildad nuestra fe en su presencia real y substancial en el Santísimo Sacramento del Altar, y decimos con profunda fe: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28). “La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos…sino como el don por excelencia, porque es el don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además de su obra de salvación”[2]La Eucaristía, “es el corazón palpitante de la Iglesia, la genera y regenera, la reúne y le da fuerza”.[3] 

La Eucaristía alimento de vida eterna

Fruto precioso de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, la Eucaristía es verdadero alimento y comida. La Eucaristía es un alimento sencillo, como el pan, pero es el único que sacia, porque no hay amor más grande. Allí encontramos a Jesús realmente, compartimos su vida, sentimos su amor; allí puedes experimentar que su muerte y resurrección son para ti. Y cuando adoras a Jesús en la Eucaristía recibes de Él, el Espíritu Santo y encuentras paz y alegría. Queridos hermanos y hermanas, escojamos este alimento de vida: pongamos en primer lugar la Misa, descubramos la adoración en nuestras comunidades. Pidamos la gracia de estar hambrientos de Dios, nunca saciados de recibir lo que Él prepara para nosotros”.[4]

Dar prioridad a la Misa dominical

Por todo ello, mi llamado en esta Solemnidad del “Corpus Christi”, a que demos prioridad a la Misa dominical, que es sacrificio, acción de gracias, memorial, presencia real, banquete pascual, fuente de caridad fraterna y prenda de la gloria futura. Por ello me complace informar a todos, que en nuestra Arquidiócesis rige de nuevo, a partir de hoy, el deber de observar el Domingo y las demás fiestas de precepto, participando presencialmente en la Misa.  

Sí, hay que participar activa y conscientemente en la Misa del Domingo y, si es posible, mejor con la familia. La asistencia de los padres con los hijos a la Misa del Domingo es un medio sumamente eficaz para comunicar la fe y para que la familia se mantenga unida en el amor del Señor. El Domingo es el “Día del Señor”. Por ello no hay Domingo sin Santa Misa. La celebración dominical de la Eucaristía ha de ser el centro de nuestra vida cristiana. 

La Eucaristía suscita la evangelización y la solidaridad

Asimismo, el encuentro con Cristo en la Eucaristía suscita el compromiso de la evangelización y el impulso de la solidaridad. Despierta en el cristiano el fuerte deseo de anunciar el Evangelio y de testimoniarlo en la sociedad para que ésta sea más justa, más humana y más divina.

En la Eucaristía, Cristo ha querido darnos su Amor, aquel Amor que lo impulsó a ofrecer su vida en la Cruz por nosotros. Cuando nos alimentamos en la Santa Comunión con su Cuerpo y con su Sangre, su Amor pasa a nosotros haciéndonos capaces de dar la vida por los hermanos, es decir, de amar como Él ama. Y ésta, es la verdadera alegría en la vida: La alegría del Amor.

Por ello de la Eucaristía ha brotado a lo largo de los siglos un inmenso caudal de caridad y de justicia. La participación en la Santa Misa debe impulsarnos a ser solidarios y fraternos con todos, pero especialmente con los más pobres y necesitados. Quien realmente se encuentra con Cristo en la Eucaristía, y lo recibe con fe y amor en la sagrada comunión, sabe también reconocerlo en los pobres y afligidos con las llagas de su pasión, y se siente urgido a brindar auxilio al hermano en sus necesidades, a defender sus derechos si estos son amenazados, y a promover, según el máximo de sus posibilidades y capacidades, una sociedad fundada en la verdad, la justicia, la honestidad, y la reconciliación.    

Que esta gozosa fiesta del Corpus Christi, nos haga crecer aún más en la adoración eucarística. Visitemos diariamente a Jesús en los Sagrarios. Que Jesús Eucaristía nunca esté solo, sino siempre acompañado por una multitud de adoradores. Como decía el Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney: “¡En el Sagrario está quien nos ama tanto! ¿Por qué no amarlo?”. Y a propósito de ello, les digo esta tarde a mis hijos y hermanos sacerdotes, haciéndome eco de un bello escrito sobre la relación que hay entre el Sacerdote y el Sagrario:

En el Sagrario, el sacerdote encuentra la luz para sus homilías y catequesis. En el Sagrario, el sacerdote encuentra la compañía que necesita para su corazón. ¿A dónde irá a consolar su corazón el sacerdote si no es en el Sagrario? Cuando tiene que tomar alguna decisión importante, o afrontar algún problema, nada mejor que el Sagrario; ahí lleva sus alegrías, sus penas, su alma. El Sagrario es para el sacerdote su lugar de descanso. Vive del Sagrario, de ahí saca la fuerza, el coraje, la decisión, la perseverancia en su vocación. El Sagrario es su punto de referencia para todo. “Él me mira y yo le miro”, como decía el Santo Cura de Ars, cuando en una ocasión se le preguntó qué hacía tanto tiempo frente al Sagrario.

¡Feliz Día Papá!

Hoy en que también celebramos a nuestros padres, quiero expresar mi homenaje a todos los papás quienes, como cabeza de sus familias, y en comunión de amor con sus esposas, ejercen su paternidad engendrando vida para después orientarla hacia su plenitud por medio de la educación humana y cristiana de sus hijos. Mi homenaje a todos los padres que en estos momentos difíciles que vivimos en el Perú, trabajan arduamente, protegiendo y animando a sus familias, no permitiendo que la adversidad les robe la esperanza ni la alegría de vivir, manteniendo viva la fe en el Señor que es fuente de todo consuelo y fortaleza.

Queridos papás: Que Jesús Eucaristía esté en el centro de la vida de sus familias. De esta manera el Amor de Cristo alimentará las relaciones familiares y el hogar conseguirá del Señor Jesús la esperanza y la fuerza para el camino de la vida diaria. Papá: ¡Que la Misa dominical sea el centro de la semana cristiana de tu familia! Encomendamos también en nuestra oración a todos nuestros padres a quienes el Señor ya ha llamado a su presencia, especialmente a los fallecidos durante la pandemia. 

Jesús Eucaristía, camina y vive siempre con nosotros

Al final de esta solemne celebración, llevaremos a Jesús Eucaristía por las calles de nuestra gran ciudad en procesión. Con este gesto damos testimonio público de nuestra fe y amor a Jesús realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Pero también con este gesto, Cristo se sumerge en la cotidianidad de nuestra vida. De esta manera el Señor Jesús nos manifiesta que el camina y vive siempre con nosotros.

¡Qué hermoso es saber que no estamos solos! Qué hermoso es saber que podemos transitar por las calles de la vida sabiendo que Él va siempre a nuestro lado, apoyados en la esperanza de que llegará el día en que lo veremos cara a cara en el Cielo y así seremos en todo semejantes a Él (ver 1 Jn 3, 2). No olvidemos que, en los peores momentos de la pandemia, mientras estábamos confinados en nuestros hogares sin poder salir de ellos, fue precisamente Jesús Eucaristía, quien salió a nuestro encuentro en procesión. A su paso, Él nos bendijo, consoló, sanó, renovó nuestra esperanza, y dio la vida eterna a nuestros difuntos.  

Por eso hoy le decimos con fe: Señor Jesús, cuando recorras hoy de nuevo nuestras calles y plazas como lo hacías durante tu vida terrena, derrama tu bendición sobre nuestros hogares, centros de trabajo y de estudio, sobre nuestras familias, enfermos, ancianos, jóvenes, adolescentes y niños, y sobre los niños por nacer. Jesús Eucaristía, te adoramos y te amamos. Toca hoy con fuerza la puerta de nuestro corazón para que te abramos de par en par nuestra vida personal y social, y así en Ti y sólo en Ti, construyamos nuestra felicidad, la justicia y la unidad que tanto necesita nuestro Perú. 

María, guía segura al Santísimo Sacramento

En este día de Corpus Christi, nuestra oración también se dirige a la María Santísima, la “Mujer Eucarística”, para pedirle que nos ayude a creer y a amar más este milagro del amor divino. No olvidemos que si hay Eucaristía es también gracias a María, porque el Cuerpo y la Sangre que adoramos y recibimos en este misterio de fe, es el mismo Cuerpo y la misma Sangre que nacieron de Ella: “Ave verum corpus natum de Maria Virgine”, canta la liturgia. “Te saludamos verdadero cuerpo nacido de María Virgen”. Nadie mejor que Santa María puede ayudarnos a adorar a Jesús realmente presente en la Eucaristía. Amén. 

San Miguel de Piura, 19 de junio de 2022
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

[1] S.S. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal, n. 1.

[2] San Juan Pablo II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 11.

[3] S.S. Francisco, Homilía con ocasión de la Solemnidad del Corpus Christi, 3-VI-2018.

[4] S.S. Francisco, Homilía en la Solemnidad del Corpus Christi, 3-VI-2018.

Puede descargar el archivo PDF conteniendo la Homilía pronunciada hoy por nuestro Arzobispo AQUÍ