HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO EN LA SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR 2021

“La Anunciación: momento decisivo de la historia”
“Defendamos siempre al Niño por Nacer”

Hoy celebramos la Solemnidad de la Anunciación del Señor, fiesta en la que la Iglesia dirige su mirada intensa y reverente al misterio de la Encarnación, milagro del amor divino, centro de la historia y plenitud de los tiempos. Hoy es un día hermosísimo en la Liturgia de la Santa Iglesia. En él celebramos el Amor de Dios que misericordiosamente se aproxima a la humanidad. Hoy, el Altísimo interpela a la Elegida, a Aquella que es el primer fruto adelantado de la reconciliación que habrá de venir. Hoy, Dios se dirige a la Virgen Inmaculada, para invitarla a cooperar con la gran gesta de la Redención. Dios–Amor invita a María, símbolo de la humanidad, a que responda si acepta el Divino Plan para sanar las rupturas causadas por el pecado y reconciliar al ser humano con su Creador. Y Ella, desde su libertad poseída, pronuncia su , su HÁGASE, su FIAT: ¡Sí Señor, lo quiero con todo el corazón! ¡Que así sea! ¡Amén!

Si por un lado nos asombra el amor misericordioso de Dios que busca en María a la persona humana para salvarla, por el otro lado también nos conmueve la respuesta de la Madre, una respuesta nutrida de fe consciente y generosa, llena de generosidad y de entrega confiada. María es pronta en su respuesta, no deja esperando al Señor. Asume su vocación con amor y alegría: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38).

Consciente que la salvación de la humanidad depende de su respuesta, Ella acoge con fe y reverencia el Divino Plan en su vida, abandona sus planes y seguridades humanas, y se pone totalmente en las manos de Dios.

San Bernardo de Claraval, reflexionará con gran belleza espiritual, en el trascendental momento de la Anunciación-Encarnación, y del “Sí” de María. Escuchemos:

“Se pone entre tus manos (María) el precio de nuestra salvación; en seguida seremos librados si consientes. Por la Palabra eterna de Dios fuimos todos creados, y a pesar de eso morimos; más por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida… De tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salvación, finalmente, de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje. Da pronto tu respuesta. Responde presto al ángel, o, por mejor decir, al Señor por medio del ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna…Cree, di que sí y recibe. Que tu humildad se revista de audacia, y tu modestia de confianza…Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta… Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento. Aquí está -dice la Virgen- la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.[1]

Nosotros debemos responder siempre al llamado del Señor en nuestras vidas como Santa María, conscientes de que la verdadera libertad, alegría y paz, aquellas que anhelan el corazón humano, sólo nacen de la plena adhesión a la voluntad de Dios y a su designio divino.

Al leer el pasaje evangélico de hoy (ver Lc 1, 26-38), pienso que Dios-Padre se habrá llenado de consuelo y gozo con la respuesta de Santa María. Después de haber recibido el NO desobediente y soberbio de Adán y Eva, por fin el Señor encontraba un corazón humano que no era indiferente a su Amor y que se abría de par en par para acoger su gracia y su voluntad amorosa. Hoy en día, en que la indiferencia religiosa crece con audacia insolente, cada uno de nosotros está llamado a repetir en su vida el SÍ de María, ese SÍ que engendra vida y salvación, que trae luz, gracia y esperanza al mundo, porque nos da a Cristo, nuestro Salvador.  

Creyendo en lo que Dios le decía por medio del ángel, María ha concebido a Jesús en su mente y en su corazón, antes que en su vientre, como recuerda San Agustín[2], y por eso, por su fe y por su obediencia al Plan de Dios, “se hizo causa de salvación para sí misma y para toda la humanidad”.[3] Queridos hermanos: En este día de la Anunciación del Señor, Dios baja, Dios entra en la historia y lo hace con su estilo original: con una sorpresa. Lo hace por medio de la fe de María, “porque ninguna cosa es imposible para Dios” (Lc 1, 37).  

Defendamos siempre al Niño por Nacer

En el marco de esta gran fiesta de la Anunciación del Señor, también celebramos hoy el “Día del Niño por Nacer”. Lo hacemos a partir de la promulgación de la Ley N° 27654 aprobada en el año 2002, con el fin de proteger la vida humana desde la concepción. El vínculo entre la Anunciación del Señor y el “Evangelio de la Vida” es estrecho y profundo. El “Evangelio de la Vida” está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas. [4]

Hoy, día de la Encarnación, podemos proclamar que, ¡El Hijo de Dios se hizo embrión humano! Qué mayor prueba que ésta para afirmar sin dudas que la vida es un don sagrado, intangible e inviolable desde la concepción, y que por tanto ella siempre debe ser acogida, respetada y defendida.

Lamentablemente, en estos días hemos visto con suma preocupación el intento, por parte de los algunos miembros del Congreso, de legalizar el aborto libre hasta las 14 semanas de gestación, y hasta término del embarazo, en casos de violación y de peligro en la salud de la madre. Así lo denuncié en mi Comunicado del 17 de marzo pasado. Una vez más se busca atentar contra la vida de los Niños por Nacer, los peruanos más pobres e indefensos, quienes no tienen voz para defenderse, ni votan.

¡El Niño por Nacer es el más pequeño y frágil integrante de la familia peruana! No hay que cesar de repetir: ¡No existe el derecho para matar, para asesinar, sólo existe el derecho a la vida!

Como bien lo ha denunciado el Papa Francisco: “¿Es justo eliminar una vida humana para resolver un problema? ¿Es justo contratar a un sicario para resolver un problema? No entren en lo religioso cuando es una cuestión humana”. [5]

“La vida humana es sagrada e inviolable. Todo derecho civil se basa en el reconocimiento del primer y fundamental derecho, el de la vida, que no está subordinado a alguna condición, ni cualitativa ni económica, ni mucho menos ideológica…Es necesario, por lo tanto, ratificar una firme oposición a todo atentado directo contra la vida, especialmente inocente e indefensa; y el nasciturus (el que va a nacer) en el seno materno es el inocente por antonomasia. Recordemos las palabras del Concilio Vaticano II: «La vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables» (Gaudium et spes, n. 51)”. [6]           

Es por tanto imperativo en nuestros tiempos, hacer una clara y valiente defensa de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, así como de la dignidad intrínseca del ser humano en todas las etapas de su vida.  No es tiempo para silencios cómplices y cobardes cuando se trata de la defensa de la vida humana.

Seamos la voz de los que no tienen voz. Seamos valientes defensores de los Niños por Nacer, porque, “vale la pena acoger a toda vida, porque cada persona humana vale la sangre de Cristo mismo. ¡No se puede despreciar lo que Dios ha amado tanto!”.[7] Queridos hermanos: Todo Niño por Nacer es siempre signo de esperanza.

Junto con nuestra ardiente defensa por la vida humana por nacer, recemos hoy y siempre:

Señor Jesús, Verbo eterno del Padre,
que por amor a los hombres quisiste encarnarte
por obra del Espíritu Santo
en el vientre purísimo de Santa María siempre virgen:
protege la vida de todos los Niños por Nacer.

Y ya que Tú quisiste pasar oculto nueve meses en preciosísimo sagrario,
haz que todos reconozcamos el valor sagrado de la vida humana
desde su concepción.

Abre los ojos y cambia los corazones
de quienes pretenden arrebatar la vida del seno de sus madres
y haz que dejen vivir, hasta que Tú lo dispongas,
a quienes han sido objeto de tu amor creador. Amén.

San Miguel de Piura, 25 de marzo de 2021
Solemnidad de la Asunción del Señor


[1] San Bernardo de Claraval, abad, Homilía 4, 8-9 de las Excelencias de la Virgen-Madre.

[2] San Agustín de Hipona. De Sancta Virginitate, III, 3; PL 40, 398: Sermón 215, n. 4; PL 38, 1074.

[3] San Ireneo de Lyon. Adversus Haereses, III, 22, 4.

[4] Ver San Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelii gaudium, n, 1.

[5] S.S. Francisco, Discurso a los participantes en el Congreso “Yes to Life”, 25-IV-2019.

[6] S.S. Francisco, Discurso al Movimiento por la Vida Italiano, 11-IV-2014.

[7] S.S. Francisco, Twitter, 25-III-2019.

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jueves 25 marzo, 2021