HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO EN LA SANTA MISA CON OCASIÓN DE LA FIESTA DEL «SEÑOR DE LOS MILAGROS» – 2021

¡Señor de los Milagros,
tus fieles devotos, venimos a implorar tu bendición!

El Señor, nunca deja de asombramos y sorprendernos. Lo digo porque en estos días redescubrí el libro de un antiguo profesor mío de teología, el R.P. Rodrigo Sánchez Arjona Halcón S.J., en donde trata de manera muy hermosa y esmerada, el apasionante tema de la “Religiosidad Popular Católica en el Perú”.[1] En dicha obra, dedica unas páginas muy significativas a reflexionar en la devoción al “Señor de los Milagros”. A través de ellas, nos va explicando cómo los fieles devotos del “Cristo de Pachacamilla”, de una manera profundamente sentida y honesta, manifiestan, su profunda fe en el “Cristo Morado”, haciendo que el culto al Señor sea una auténtica expresión de fe y amor a Jesucristo, como nuestro Salvador.  

Tengo que confesarles que haberme encontrado con este libro de mi profesor en mis años de formación sacerdotal, me ha renovado en mi fe y amor, no sólo al “Señor de los Milagros”, sino también al “Pueblo santo y fiel de Dios”, quien expresa de mil y unas formas muy creativas, su hermosa fe y adhesión a Jesucristo, así como su honda convicción de que no hay Otro a quien se pueda recurrir en busca de perdón, consuelo, bendición y vida eterna, más a que a Jesús, el “Señor de los Milagros”.

Por ello, y guiado por mi antiguo maestro, me he propuesto en esta ocasión reflexionar con ustedes en la riqueza de algunos de los símbolos y gestos con que la piedad de los devotos de toda raza y condición social, manifiestan su fe cristiana en la devoción y procesión del “Señor de los Milagros”. Los invito entonces, a adentrarnos en las profundidades de los sentimientos de fe de nuestra piedad popular católica, con el fin de que crezca aún más nuestro amor al “Señor de los Milagros”, y a que valoremos siempre esta devoción bendita que tiene 370 años entre nosotros como señal inequívoca de la predilección de Dios por el Perú y los peruanos. A las reflexiones del Padre Sánchez-Arjona, me permitiré unir algunas mías, fruto de mi propia experiencia de fe y devoción al “Cristo Morado”, la cual me fue inculcada por mi padre desde la niñez y que perdura en mi vida hoy en día.

Los personajes del cuadro del “Señor de los Milagros”

A pesar de representar el “Señor de los Milagros” el misterio de la Cruz, es decir de Cristo muerto y traspasado por amor a nosotros para salvarnos del pecado, la sabiduría cristiana, hizo pintar en la parte superior del Crucificado las figuras de Dios Padre y del Espíritu Santo, para que quede claro que la maravillosa obra de la Creación y la aún más asombrosa obra de nuestra Redención, han sido gracias al Amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Asimismo, a los pies de Señor están su Madre Santísima (ver Jn 19, 25), traspasada por la espada que le fuera profetizada por el anciano Simeón en el templo (ver Lc 2, 35), y Santa María Magdalena, de quien Jesús había expulsado siete demonios (ver Lc 8, 2).

Conmueve por un lado ver a Santa María al pie de la Cruz de Jesús, sostenida por la fortaleza de su fe, de su invicta esperanza y de su ardiente caridad, y del otro a la Magdalena, una mujer transformada por la misericordia y el perdón del Señor. Preguntémonos: En los momentos de dolor y de prueba, ¿tengo la firmeza y la serenidad de Santa María? ¿Soy con Ella, fuerte en la fe, invencible en la esperanza y ardiente en el amor? Cómo la Magdalena, ¿tengo la audacia de acercarme al “Señor de los Milagros” para llorar mis pecados y dejarme transformar por la misericordia de Jesús? Las multitudes que acompañan la procesión con paso penitencial así lo expresan, por eso con convicción Nicomedes Santa Cruz declama:

“A Ti, Señor, me consagro,
y de tus perfiles magros
venga a nos tu Redención
que nunca negó perdón
el Señor de los Milagros”.

Un trono de oro y plata para nuestro Amo y Señor

Si miramos bien el anda del “Señor de los Milagros”, veremos que la imagen del Crucificado está asentada sobre una mesa, una peana y una jardinera. Estos tres elementos unidos conforman un sólido trono. Así, con la fuerza del símbolo, los devotos del Señor expresamos el misterio de Cristo como nuestro Amo y Señor, como nuestro Salvador y Juez, quien dirige la historia humana y la historia personal de cada uno de nosotros, porque Él, “está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin” (Credo Niceno-Constantinopolitano). Nunca hay que olvidar que Jesús es Salvador por su gracia, y Juez por nuestra libertad.

Asimismo, el pueblo fiel ha rodeado el cuadro del “Señor de los Milagros”, con una rica aureola de oro y plata, para proclamar así que Jesús muerto en la Cruz, es el Señor glorificado y resucitado, vencedor del pecado y de la muerte. Por eso los fieles devotos se refieren siempre al “Señor de los Milagros”, como a una persona viva y amiga, que habita entre nosotros y que camina con nosotros, tanto en nuestras alegrías como en nuestros dolores. Así lo manifiestan los devotos con sus sencillas pero profundas frases de fe que comparten entre sí: “Voy a ver al Señor” … “Vengo de estar con el Señor” … ”El Señor está por tal calle de nuestra ciudad”…”Voy a implorarle al Señor su bendición”. También es conmovedor constatar que año tras año los devotos del Señor nos esforzamos por enriquecer y embellecer sus andas. De esta manera expresamos nuestro deseo que Jesús, nuestro Rey y Señor, tenga un trono digno de un Dios tan bueno, tan cercano, y tan misericordioso con su pueblo.

La experiencia espiritual de encontrarse con el Señor de los Milagros

También es enternecedor descubrir las diversas experiencias espirituales que tienen los devotos en su encuentro con el “Cristo Morado”. Preguntadas las personas que vienen a visitar al Señor y acompañarlo en la procesión, todas manifiestan haber tenido un encuentro misterioso con Cristo. Los fieles devotos vienen a la Misa y a la procesión del “Señor de los Milagros”, no tanto a pedir, aunque también lo hacen, sino sobre todo a abrirle su corazón a Jesús. Vienen a contarle al Señor sus penas y sufrimientos, y cuando regresan a sus hogares, vuelven desahogados y con paz en el corazón, porque han tenido la experiencia de que Cristo los ha escuchado y consolado.

¿Acaso no ha sido esta también nuestra experiencia de vida en más de una ocasión en el mes de Octubre?  De otro lado, junto con este abrirle el corazón al Señor y de suplicarle por alguna necesidad, en la devoción al “Señor de los Milagros”, está también presente la oración de acción de gracias y de alabanza por los dones, maravillas y milagros obrados por el “Cristo Moreno”, todo ello expresado por los cánticos de las hermanas cantoras, y por la nube de incienso de las sahumadoras, que precede a la imagen del “Señor de los Milagros”. Los devotos del Señor, saben muy bien que la oración llena de fe es la debilidad de Dios y la fortaleza del ser humano

Igualmente, los hermanos cargadores de la Hermandad, y cualquiera que haya tenido el privilegio de cargar en sus hombros al “Señor de los Milagros”, ha sentido una emoción indescriptible, fruto de su encuentro con el misterio de Cristo, y de haber sido tocado por el Amor de Dios que todo lo purifica y lo hace nuevo (Ap 21, 5). Es tal la emoción de este encuentro con lo divino y trascendente, que el cargador del Señor se olvida de todo, hasta del terrible peso de las andas. Pero junto con esta emoción, el cargador siente durante el carguío, por breve y corto que éste sea, una llamada del Señor a la conversión, a ser santo, a dejar los caminos del pecado y del egoísmo, y de hacer todo el bien posible a los demás, es decir, a sus hermanos.

La devoción al “Señor de los Milagros”, hace posible cada año el prodigio de que nos descubramos hermanos en Cristo, y de esta manera llamados, por el Señor, a vivir el amor fraterno, porque como nos dijo Jesús: “En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros” (Jn 13, 35).

En la devoción al “Señor de los Milagros”, los devotos no sólo nos encontramos hermanados en el sufrir y en nuestra condición de pecadores, expresado en el hábito morado, símbolo de penitencia, sino sobre todo en que Jesús nos ama sin diferencia alguna, y nos ha elegido para “ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor” (Ef 1, 4). Por eso junto con el hábito morado que cubre el cuerpo del devoto, hay un cordón blanco que los hombres usan alrededor de su cuello y las mujeres en su cintura. Este cordón expresa para mí el deseo de pureza y santidad del penitente. Vestir así el hábito morado en Octubre, significa entonces el compromiso a una conversión de vida y el anhelo de revestirse de Cristo, el hombre nuevo y perfecto (ver Col 3, 9). Sin lugar a dudas, esta epifanía o manifestación de Cristo, que es para nosotros el “Señor de los Milagros”, ha despertado en los limeños, los peruanos, y en todos sus devotos a nivel mundial, un cariño tierno y profundo a Jesucristo, nuestro Señor.

Los cirios y las flores a porfía

Un elemento muy importante de la devoción al “Señor de los Milagros” son los cirios. A través del encender una vela delante del Señor, lo que los fieles llaman “Velar al Señor”, el devoto quiere simbolizar que le deja su corazón a Él, y con humildad le pide como el Buen Ladrón: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino” (Lc 23, 42). Creo que este es también el simbolismo de las miles de ofrendas de flores que el “Señor de los Milagros”, recibe cada año con una diferencia interesante: Los fieles devotos dejan sus flores nuevas y reciben a cambio de los miembros de la Hermandad, otras que han estado en el anda del Señor.

Los fieles las llevan felices a sus casas como señal del amor del Señor en sus vidas, es decir de que Jesús los ha mirado con ternura y compasión. Muchas de estas flores terminan también en manos de los enfermos que no han podido ir a visitar al “Señor de los Milagros” o acompañarle en la procesión, y es para ellos una fuente de consuelo saber que Cristo, el doliente en la Cruz, no se olvida de ellos, y que les envía su bendición, y ellos a su vez se sienten animados a completar en su carne, “lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24).

La presentación de los niños y la defensa de la vida naciente

Pero quien sabe uno de los rasgos más delicados y finos del amor de los devotos al “Señor de los Milagros”, lo constituye la presentación de los niños ante su Sagrada Imagen. Al hacerlo, los padres del niño buscan la bendición del Señor para sus hijos, pero además que su hijo o hija sea para siempre devoto del “Cristo Morado”, de ahí que comúnmente lo presenten al Señor vestido con un hábito morado.

En mi propia experiencia de fe, veo en este gesto de presentar a los niños ante el “Señor de los Milagros”, cómo los peruanos somos conscientes del valor sagrado e inviolable de la vida desde la concepción hasta su fin natural.  Esta presentación de los niños recién nacidos o muy pequeños, es en definitiva un “Sí” por la vida naciente, porque la vida humana es siempre un bien, porque ella es en cualquier fase o condición imagen y reflejo de Dios. De ahí que en los últimos tiempos no sea extraño que la devoción y procesión al “Señor de los Milagros” sea ocasión para exclamar: ¡Sí a la Vida. No al aborto!

Como afirma categóricamente el Papa Francisco: “El aborto es un homicidio y quien lo practica es un sicario que mata” … ”No es lícito convertirse en cómplice del aborto”.[2] Por eso todo fiel devoto del “Señor de los Milagros” es un decidido defensor del “Niño por Nacer”, el más pobre entre los pobres porque ni voz tiene para defenderse, el cual debe ver garantizado su derecho inviolable a la vida desde el momento de su concepción. Hoy más que nunca, el “Señor de los Milagros”, es el primer y más grande defensor del “Niño por Nacer”.

Queridos hermanos y hermanas: Es tal la riqueza de la devoción al “Señor de los Milagros”, es tal la vitalidad de catolicismo popular en esta devoción, que podríamos meditar muchísimo más en ella, pero el tiempo no nos lo permite. Sólo añadiré con el Padre Sánchez-Arjona a manera de conclusión, que la devoción y procesión al “Señor de los Milagros”: “No es sólo una imagen viva de un pueblo de hermanos unidos por la misma fe, que camina tras Cristo hacia el Padre; ella es también un símbolo prestigioso, de que Jesucristo sigue triunfando con su gracia de la apatía de los ciudadanos de la moderna sociedad técnica y secularizada”.

Por eso, este prodigio que vive el Perú y el mundo entero cada año, es como bien afirma un escrito poético publicado hace algunos años en un periódico peruano: “No una tradición, no una costumbre, sino la FE de un pueblo entero, que defenderá tu Nombre y el derecho de llevarte por las calles y las plazas proclamando tus grandezas a los pasos de tus andas”. Amén.

28 de Octubre de 2021
Fiesta del Señor de los Milagros

[1] Ver R.P. Rodrigo Sánchez-Arjona Halcón S.J., “La Religiosidad Popular Católica en el Perú”, pp. 147-151; Lima 1981.

[2] S.S. Francisco, “Conferencia de Prensa durante el vuelo de regreso de su Visita Apóstolica a Budapest y Eslovaquia”, 15-IX-2021; “Discurso a los participantes en un Congreso organizado por la Sociedad Italiana de Farmacéutica; 14-X-2021.     

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jueves 28 octubre, 2021