HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO EN EL IV DOMINGO DE PASCUA O DEL BUEN PASTOR

“Como el Buen Pastor, amemos y sirvamos a los hermanos”

Tradicionalmente el IV Domingo de Pascua está dedicado a meditar en Jesús, el Buen Pastor, pasaje que recoge el capítulo 10 del Santo Evangelio según San Juan. De los 42 versículos que componen este capítulo, hoy se nos proponen para nuestra meditación los versículos del 11 al 18, que aluden al misterio pascual de Cristo, cuando el Señor afirma: “El buen pastor da su vida por sus ovejas” (Jn 10, 11).

Veamos a continuación, el sentido de algunas de las expresiones de Jesús en el Evangelio de hoy. En primer lugar, entre el pastor y las ovejas existe una relación recíproca de conocimiento y comunión, relación que es muy estrecha, profunda y fuerte: “Yo soy el buen pastor –dice Jesús- conozco a las mías y ellas me conocen a Mí” (Jn 20, 14). Esta relación mutua es una participación en la relación recíproca que existe entre Jesús y el Padre: “Conozco a las mías y ellas me conocen, como el Padre me conoce y yo conozco al Padre” (Jn 10, 14-15). Es decir, la relación que Jesús, el Buen Pastor, mantiene con nosotros es como una prolongación de su vida en la Santísima Trinidad.

De otro lado, el Señor nos dice que como consecuencia de esta relación profunda, personal y llena de amor que tiene con nosotros, Él, da la vida por sus ovejas.

Él no es como el asalariado, porque el asalariado no ama a las ovejas, sólo ve en ellas el provecho que pueda sacarles, por eso cuando ve venir al lobo, no le hace frente, no defiende a las ovejas, sino que huye abandonándolas, y entonces el lobo hace estragos entre ellas y las dispersa.

Con esta bella parábola, Jesús quiere que comprendamos toda su generosidad para con nosotros, la cual está basada en el amor. Como Buen Pastor que es, Él ama a los suyos hasta el extremo de dar su propia vida. Ahora bien, este dar la vida por nosotros como Buen Pastor, brota de su fidelidad a la voluntad de su Padre: “Por eso me ama el Padre, porque doy la vida” (Jn 10, 17).

Asimismo, en el pasaje evangélico de hoy, el Señor menciona las dos dimensiones que componen su misterio pascual: La primera es la de ofrecer la vida, es decir, morir por nosotros sus ovejas, y la segunda es el recuperar la vida venciendo a la muerte por medio de la Resurrección: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre” (Jn 10, 17-18).

La muerte de Jesús fue un sacrificio ofrecido al Padre por la salvación del mundo, sacrificio en el cual el Señor es la víctima y el sacerdote a la vez (ver Hb 7, 24-27). Su única motivación es el amor, en primer lugar, al Padre, a quien dio gloria con ese acto, y a los hombres, a quienes redimió de la esclavitud del pecado y de la muerte.

Finalmente, ese dar la vida por las ovejas, no se limita a un círculo restringido o limitado de personas, por eso Jesús nos dice en el Evangelio de hoy: “También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor” (Jn 10, 16). Por tanto, Jesús no es sólo el “Buen Pastor” sino también “el Único Pastor”, es decir el único capaz de reunirnos en el amor y conducirnos a la salvación. No hay otro Salvador fuera de Él.

¿Y qué enseñanzas nos deja la parábola de hoy para nuestra vida cristiana? En primer lugar, entregando su vida como “Buen Pastor”, Jesús nos dice a cada uno: “Tu vida es tan valiosa para Mí, que yo entrego la mía para salvarla”. En los presentes momentos de prueba e incertidumbre, de sufrimiento y de muerte, nos llena de consuelo saber que hay un Amor con mayúsculas que nos es incondicional, fiel, y absoluto, un Amor en el cual podemos reclinar todos nuestros dolores, dudas, e incluso el misterio de la misma muerte, para encontrar paz, fortaleza y un horizonte de vida eterna. 

En segundo lugar, cuando el Señor nos dice: “Yo conozco a mis ovejas y las mías me conocen a Mí, como me conoce el Padre y yo conozco al Padre” (Jn 10, 14-15), Jesús nos enseña que nuestra relación con Él, es una relación personal, de predilección, de amistad, de ternura mutua, de amor. Un reflejo de la misma relación íntima de amor que hay entre Él y el Padre. “Conocer” en la Sagrada Escritura no coincide con nuestra noción de “conocer”, en la cual predomina el aspecto intelectual. En la Biblia “conocer” y “amar” están inseparablemente unidos.      

Para la mentalidad semita, la sede del conocimiento radica en el corazón. Por eso cuando Jesús nos dice que el es el “Buen Pastor” que conoce a sus ovejas, nos está diciendo que ciertamente nos conoce de manera personal, pero que además nos lleva a todos y a cada uno de nosotros en su Sagrado Corazón; que nos ama a todos y a cada uno de nosotros de una manera personal, única y a la vez total. Él es el “Buen Pastor” porque ama a las ovejas, incluso hasta las más extraviadas y perdidas. Él, está atento a cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón profundamente, conoce nuestras fortalezas y debilidades, nuestras alegrías y dolores, nuestras necesidades y esperanzas, nuestros aciertos y errores. Cada uno de nosotros es muy querido por Él, porque Él ha dado su vida por nosotros. Basta que hoy nos cojamos de su mano y nos dejemos conducir por Él, para que podamos atravesar los caminos más tortuosos de la vida sin perdernos, como por ejemplo el de la presente pandemia.

“A nuestra vez, nosotros estamos llamados a conocer a Jesús. Esto implica buscar un encuentro con Él, que despierte el deseo de seguirlo abandonando las actitudes autorreferenciales para emprender nuevos senderos, indicados por Cristo mismo y abiertos a vastos horizontes. Cuando en nuestras comunidades (y en nosotros mismos) se enfría el deseo de vivir la relación con Jesús, de escuchar su voz y seguirlo fielmente, es inevitable que prevalezcan otras formas de pensar y vivir que no son coherentes con el Evangelio. Que María, nuestra Madre nos ayude a madurar una relación cada vez más fuerte con Jesús. Abrirnos a Jesús para que entre dentro de nosotros. Una relación más fuerte: Él ha resucitado. Así podemos seguirlo para toda la vida”. [1]

Por eso hagamos un examen de conciencia para ver qué tan buenas ovejas somos de Cristo. Preguntémonos: ¿Realmente le conocemos por la fe y por el amor? ¿Cómo es nuestra relación personal con Él? ¿Es cálida y amical? ¿Obedecemos su voz y le seguimos?

Asimismo, y siempre en la línea del examen de conciencia, si bien el pasaje del Evangelio de San Juan se aplica principalmente a los sacerdotes, llamados por Jesús a ser pastores según su Corazón y a apacentar y pastorear a su Pueblo en su nombre, todos nosotros de alguna manera estamos revestidos de mayor o menor autoridad, y por lo tanto somos pastores para otras personas: Los padres de familia para con sus hijos, las autoridades civiles y militares para con su pueblo y personal, el jefe de una empresa o centro de labores con sus trabajadores, el dirigente vecinal o comunal con su comunidad, etc.

Por tanto, mirando las cualidades que Jesús describe y cumple en el pasaje del Buen Pastor preguntémonos: ¿Somos buenos pastores? ¿Nos preocupamos por los que están bajo nuestra responsabilidad? ¿Buscamos su interés o el nuestro? ¿Nos sacrificamos por aquellos que tenemos bajo nuestro cuidado hasta entregar la vida por ellos? ¿Les dedicamos nuestra atención y servicio? ¿Nos preocupamos por conocer sus problemas, dificultades y necesidades? En estos tiempos de pandemia, ¿me esfuerzo por servir y amar olvidándome de mí y de esta manera aliviar el dolor, la necesidad, y la incertidumbre en la que tantos viven hoy en día?   

Finalmente, hoy la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, y hace un llamado especial a orar por las vocaciones sacerdotales y consagradas. El sacerdote está llamado a ser pastor en medio del Pueblo de Dios, o como le gusta decir al Papa Francisco, un pastor que esté adelante, en el medio y detrás del rebaño, para que así tenga olor a oveja. El sacerdote recibe un don sagrado para pastorear y apacentar a los fieles en el nombre del mismo Cristo y para darles vida con la Palabra y con los Sacramentos. El sacerdote sabe que siendo Cristo el único pastor de las ovejas, ha sido llamado y escogido por Jesús, sin mérito de su parte, para prolongar en el tiempo la misión del Buen Pastor: Enseñar, santificar y guiar a las ovejas de Cristo.    

Por eso, cuando se piensa que un sacerdote cuando celebra la Santa Misa tiene una dignidad infinitamente mayor que la de un gobernante, y que no es ni un símbolo, sino que es Cristo mismo que está haciendo presente el mayor milagro de amor de Dios, el Calvario, uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales; uno comprende el afán con que, en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase una vocación sacerdotal.

Pidamos hoy para que el Señor suscite muchas vocaciones sacerdotales y también consagradas, para Piura y Tumbes, para el Perú y el mundo entero, para que así sigan cumpliéndose en nuestros tiempos las palabras de Jesús: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). 

Asimismo, el Papa Francisco, nos pide que, en este año dedicado a San José, contemplemos su figura como patrono de las vocaciones, reflexionando sobre su ejemplo de confianza, abandono y respuesta generosa a la voluntad divina. Él es modelo sublime para todos los que son llamados por Dios a entregar su vida y decir sí para siempre: “Me gusta pensar entonces en San José, el custodio de Jesús y de la Iglesia, como custodio de las vocaciones. Su atención en la vigilancia procede, en efecto, de su disponibilidad para servir: «Se levantó, tomó de noche al niño y a su madre» (Mt 2,14), dice el Evangelio”.[2]  

No puedo concluir esta homilía sin agradecer a los sacerdotes, consagrados y consagradas, que silenciosa pero abnegadamente, están también multiplicándose en la atención de muchísimas necesidades espirituales y materiales de nuestro pueblo, entre ellas la de asistir con los sacramentos a nuestros enfermos, y lo hacen con verdadera misericordia y amor a sus ovejas.

San Miguel de Piura, 25 de abril de 2021
IV Domingo de Pascua o del Buen Pastor

[1] S.S. Francisco, Regina Coeli, 22-IV-2018.

[2] S.S. Francisco, Mensaje para la LVIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, 19-III-2021.

Puede descargar el PDF conteniendo la homilía de nuestro Arzobispo AQUÍ

domingo 25 abril, 2021