HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO EN EL 489° ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE SAN MIGUEL DE PIURA

Al celebrar jubilosos el 489° aniversario de la fundación de nuestra muy noble e ilustre Ciudad, lo hacemos con esta Santa Misa de acción de gracias, recordando con satisfacción que San Miguel de Piura fue la primera ciudad fundada por los españoles en el Perú y en el Pacífico Sur. Ella fue puesta bajo la custodia y defensa de Nuestra Señora de la Asunción, y de San Miguel Arcángel, príncipe de la milicia celestial.   

Solemnidad de la Asunción

No podemos comenzar estas reflexiones, sin referirnos a la Santísima Madre de Dios y nuestra, cuya solemnidad de la Asunción hoy gozosamente celebramos. El dogma de la Asunción de la Virgen María, es el último de los grandes dogmas marianos, y fue definido por Su Santidad el Papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950, con la Constitución Apostólica “Munificentissimus Deus”.

Con las siguientes palabras, el venerado Papa Pacelli definía ex-cathedra, y por tanto de manera infalible, esta verdad de fe: “Pronunciamos, declaramos, y definimos que es dogma revelado por Dios que la Inmaculada Madre de Dios siempre Virgen María, concluido el curso de su vida terrena, fue asunta a la gloria celestial en cuerpo y alma”.   

Si le preguntáramos a la Virgen María, ¿por qué Tú? Ella nos respondería con las mismas palabras del Magnificat: “Engrandece mi alma al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre.” (Lc 1, 46-49).

La alabanza que brota del Corazón Inmaculado y Doloroso de Santa María, revela la gratitud de Aquella que se siente objeto de la infinita gratuidad del amor de Dios en su vida. También nosotros los piuranos, estamos llamados hoy, a elevarle al Señor, con nuestra Madre, nuestro propio Magnificat, por la bendición de habernos dado a Piura como nuestra casa común, y tener la gracia de vivir en esta hermosa tierra, donde como dice la canción “Rosal viviente”: “nace el sol, duerme el sol, Piura del eterno calor”. Pero no sólo del calor por su característico clima, sino sobre todo del calor de su gente, siempre dispuesta a dar su amistad, acogida, amor y fraternidad a todos.  

Queridos hermanos: Hoy ha sido elevada a los cielos, nuestra Madre Santísima. Desde ahí, resplandece como primicia y signo inequívoco de la Iglesia que un día será glorificada. Ella es fuente de esperanza segura y consuelo, porque desde el Cielo, Santa María no deja de interceder por nosotros, para alcanzarnos de su Divino Hijo Jesús, las gracias y bendiciones que necesitamos, así como cubrirnos constantemente con su manto maternal, para protegernos de todo peligro.

Por eso hoy le rezamos confiados: “No desoigas las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita”. 

¡Piura es la cuna y la puerta de la fe para el Perú!

Los piuranos debemos sentir honda satisfacción de vivir en esta ciudad, porque, Piura es la cuna del Perú. En efecto, en ella se dio origen a lo que hoy es nuestra Patria: Un país mestizo, tanto en lo biológico como en lo cultural y social. Fue en Piura donde comenzaron a interactuar los Tallanes y los Españoles, quienes llegaron guiados por don Francisco Pizarro González en 1532. Fue en Piura donde la Providencia Divina quiso que se diera inicio a esa síntesis viviente entre lo español, lo indígena y lo africano, para así dar origen a una cultura totalmente nueva: La Peruana.

Igualmente, Piura es la puerta de la fe para nuestra Patria. Fue aquí donde comenzó el anuncio del Evangelio en el Perú, ya que, de estas tierras, y bajo la protección del Arcángel San Miguel, partieron los pioneros del anuncio de Jesucristo, de su Buena Nueva y de su Iglesia, hacia el vasto territorio del antiguo Imperio Inca.

El mestizaje: clave para entender al Perú y a Piura

Hace menos de un mes, hemos celebrado el Bicentenario de nuestra Independencia, y con ocasión de esta efeméride, hemos comenzado a escuchar una serie de expresiones equivocadas, desacertadas y absurdas, por decir lo menos, que forman parte de una leyenda negra o de una nueva narrativa que se nos quiere imponer acerca de la realidad del Perú, como por ejemplo que seríamos un país plurinacional, y que todo lo andino es bueno y todo lo español es malo.  

Este nuevo aniversario de San Miguel de Piura, es ocasión propicia para reiterar una vez más, que la clave para entender al Perú y su proceso emancipador, es el mestizaje. Cuando los peruanos se percibieron diferentes a lo puramente español surgió el anhelo por la Independencia, la ilusión por una vida mejor, la afirmación de lo propio frente a lo extranjero, el deseo que el gobierno pase a las manos de quienes han nacido y viven en una misma tierra, la aspiración de que el Perú soberano dialogue con los demás pueblos del mundo, el afán por la fundación de un Estado independiente con una nueva organización política.

La emancipación fue contra el dominio español, y no contra los valores que aportó España al Nuevo Mundo, los cuales se incorporaron al medio americano y se transformaron en categorías propias. No reconocerlo es caer en el simplismo de un indigenismo radical ideologizado que atiza los enfrentamientos y las luchas sociales, y en vez de unir e integrar, desintegra y disocia.

Víctor Andrés Belaunde, uno de los grandes representantes de la “Generación del 900”, generación que tanto aportó a la comprensión de la identidad peruana, solía decir que, si bien es posible que en un país concreto exista una población con mayor ADN indígena, nadie, absolutamente nadie, se escapa del mestizaje cultural y espiritual. 

Quienes niegan la realidad evidente del mestizaje peruano, de que nuestra Patria es una “síntesis viviente”, entre lo español, lo indígena y lo africano, afirman equivocadamente que el Perú es un mosaico de culturas o guetos incomunicados entre sí, conectados sólo por una relación de conflicto y opresión, y ello no es así. Como bien lo explica don José Agustín de la Puente y Candamo, uno de nuestros ilustres historiadores, “las peculiaridades de su historia (la del Perú), han creado ambientes con manifestaciones muy peculiares de cultura, como sucede con todas las naciones antiguas en la historia; mas, esas maneras diversas de vivir lo peruano, no indican que estén fuera del país, sino que viven lo nuestro de manera peculiar”.[1]  

A lo que añade: “¿Cómo se hizo el Perú? El Perú no se hizo ni en la guerra, ni en la política, ni en la ideología. La conquista fue dura como toda conquista…la convivencia (entre el andino, el negro y el español) … fue difícil, pero de esa convivencia nace espontáneamente, sin que nadie lo postulara, el Perú. Hay algunos ejemplos que lo ilustran claramente: La mezcla de las sangres, lo primero…El español como cristiano sabía que todos los seres humanos somos iguales en tanto hijos de Dios, entonces no había idea de sangre superior o sangre inferior. Otro ejemplo es la transformación del paisaje. Llegaban semillas, árboles y granos que se incorporan al mundo andino. Igual ocurre con las flores, la rosa vino con los españoles y se juntó a la retama. Llegó también el trigo…Se transformó también la alimentación. ¿Qué no es mestizo en la comida peruana? Es muy raro que en Lima o en el Cusco se presente un plato exclusivamente prehispánico. La comida se transformó como expresión de la cultura. Llegan también las ideas: la idea de «persona», por ejemplo, se incorpora en la vida cotidiana. Todos estos hechos, ¿qué nos demuestran? Que el Perú no se forma, ni en la política, ni en la guerra, sino en la vida cotidiana. Se crea una manera de vivir que ya no va a ser española únicamente, ni solamente andina. Lo importante es subrayar que no somos una improvisación, que no somos un país falso, sino que tenemos una entraña, tenemos un ser, una personalidad. Somos un Perú mestizo”.[2]  

Ahora bien, en este proceso de mestizaje, el cristianismo ha sido y es el factor de nuestra unidad nacional. Nuestra Patria ha nacido al calor del anuncio del Evangelio, y a pesar de los problemas del presente, la fe cristiana y católica ha sellado el alma del Perú, constituyéndose en la matriz de nuestra cultura. Nuestro pueblo está marcado en lo más íntimo por la fe católica, nuestro país es un pueblo cristiano, identificado con Cristo y su Madre, la Virgen María, y Piura es un vivo testimonio de ello, bástenos señalar el profundo amor que los piuranos tienen por la Eucaristía, el hondo amor filial que profesan a la Virgen María, su religiosidad popular, tan rica y diversas en sus expresiones, la tradicional y multitudinaria Semana Santa de Catacaos. Sin falsos triunfalismos podemos afirmar que, la identidad nacional del Perú y de Piura, existe por la fe en Cristo y el espíritu filial a María Santísima. Sólo un necio o alguien ideológicamente prejuzgado, puede negar el legado de la Iglesia en la formación histórica, cultural y moral del Perú, y de su ética colectiva como lo afirma nuestra Constitución Política.[3]

Además, no hay que olvidar que más del 90% de los peruanos se identifica con la fe cristiana. 

Trabajar unidos por una Piura más justa y reconciliada

Si miramos a nuestra Ciudad, y al hacerlo es imposible no mirar desde ella a toda nuestra Región, son ciertamente grandes los desafíos que tenemos por delante. Desafíos que podemos enumerar en casi todas las áreas: Salud, educación, vivienda, seguridad ciudadana, infraestructura, medio ambiente, seguridad vial, limpieza, orden, etc.  A ello se suma la crisis económica que viene afectando a los sectores productivos piuranos. El desempleo crece junto con la informalidad, golpeando sobre todo a las familias y a nuestra juventud piurana. Todo ello se ha visto agravado por la pandemia que aún nos aflige y que amenaza con volver próximamente con más fuerza. Dios y nosotros no lo permitamos.  

No han sido pocas las ocasiones en que he hablado de manera clara y precisa, de que los piuranos debemos estar unidos para afrontar estos desafíos y conseguir del gobierno central aquello que en justicia necesitamos y nos es debido. En esta ocasión lo vuelvo a reiterar, poniendo énfasis en la postergada reconstrucción, y en soluciones permanentes y estables en el sector sanitario, que garanticen la salud de todos los piuranos, especialmente de los más pobres y descartados, a lo que añado, poder contar con vacunas contra el Covid-19, de calidad y en número suficiente, para inmunizar en el menor plazo posible a toda nuestra población. No olvidemos que después de Lima, Piura es la primera Región con más población en el Perú.

Queridos piuranos: Unidos tenemos que afrontar estos desafíos que apuntan a un mismo objetivo: La defensa y promoción de la dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, con especial énfasis en los niños, las mujeres, los jóvenes, los ancianos, los pobres, y hoy en plena pandemia, qué duda cabe, con los enfermos. Urge construir una Ciudad y Región justa y reconciliada, en donde las personas y las familias cuenten más, y sean la razón que impulsen e inspiren las obras a realizar.   

Ahora bien, a la par de este trabajo por alcanzar el bienestar material, debe ir una adecuada formación ética y moral de las personas y una promoción de iniciativas que tutelen y sostengan los valores e instituciones fundamentales de la sociedad, comenzando por la familia, fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer. Sin ello corremos el riesgo de no conseguir éxitos duraderos.  Apremia también una adecuada atención a los jóvenes, mostrándoles y testimoniándoles los altos ideales humanos y espirituales, como el compromiso altruista, el orden, la disciplina, la lealtad, la laboriosidad, la veracidad, la solidaridad y la caridad.   

La Iglesia desde los inicios de Piura hasta nuestros días, presta su colaboración en ello, proponiendo a los cristianos, y al conjunto de la sociedad, el mensaje de salvación del Señor Jesús, con sus valores y virtudes humanas y sobrenaturales, y con su trabajo en favor de la promoción humana y el servicio en bien de los más pobres y vulnerables de nuestra sociedad.

Piura debe defender nuestra libertad y democracia

Piura, ha dado al Perú personalidades de notables cualidades. Entre sus mejores hijos están los ilustres pintores Ignacio Merino Muñoz y Luis Montero Cáceres, el poeta Carlos Augusto Salaverry, el padre de la medicina peruana, José Cayetano Heredia, el distinguido marino y político, Lizardo Montero Flores, y sobre todo al Héroe de Angamos y Peruano del Milenio, el Gran Almirante del Perú y Caballero de los Mares, don Miguel Grau Seminario.

Sin temor a equivocarme, todos ellos, así como nuestros próceres y antepasados, nos reclaman hoy en día un suplemento de amor por la Patria, para que los piuranos seamos celosos defensores de la libertad, de la democracia, y de los derechos fundamentales de la persona humana, que son derechos naturales, universales e inviolables, entre ellos, especialmente el derecho a la vida desde la concepción hasta su fin natural; los derechos de la familia, como comunidad básica o célula primera de la sociedad; el derecho de los padres de familia a educar libremente a sus hijos; la inalienable libertad de conciencia; la libertad de opinión; la justicia en las relaciones laborales; los derechos concernientes a la vida de la comunidad política en cuanto tal, así como los basados en la vocación trascendente del ser humano, empezando por el derecho a la libertad de profesar y practicar el propio credo religioso, y fortalecer la separación y equilibrio de poderes,  junto con el control político.

Los piuranos debemos estar alertas para defender al Perú de toda forma de totalitarismo que busque destruir nuestra libertad, nuestros derechos e independencia, aquellos que precisamente hace 200 años nos legaron nuestros Próceres, y por la cual derramaron su sangre nuestros Héroes. En este nuevo aniversario de Piura, hagamos el firme propósito de defender al Perú de toda ideología totalitaria, la cual admite el principio inmoral de que, el fin justifica los medios, sin importar si éstos traen atropellos, violencia y muerte. Preservemos nuestra frágil democracia, y con ella la libertad, la justicia, la unidad y la amistad social en el Perú.

No permitamos que, en el Perú, un grupo político usurpe el papel de único guía, así como la libertad de las personas-ciudadanos, y que el hombre y el pueblo se convierten en objeto, no obstante, todas las declaraciones y promesas verbales. No permitamos que un grupo político se perpetúe en el poder y vulnere el derecho del pueblo a elegir a sus propios gobernantes mediante elecciones libres y justas. No permitamos que el Estado se transforme en un Estado tirano que termine por disponer de la vida de las personas, en nombre de una utilidad pública, que no es otra cosa en realidad sino la búsqueda de intereses y privilegios para una casta privilegiada.[4] No claudiquemos en defender la libertad y la democracia, menos a cambio de dádivas o promesas por atender y solucionar los problemas que tenemos. Es una obligación del gobierno central el atender la deuda histórica que tiene con Piura, y no un favor que se nos hace.      

Bajo la protección de la Asunta y de San Miguel, Arcángel

Frente a los retos y desafíos que tenemos por delante, ¡No tengamos miedo! Nos asisten nuestros santos patronos: La Virgen de la Asunción y San Miguel Arcángel, bajo cuyo cuidado y protección nos pusieron los fundadores de Piura hace 489 años. Ellos atraen sobre nosotros el poder del amor del Señor.

María Santísima, Asunta a los Cielos, y San Miguel Arcángel, reflejan la victoria del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte, de la gracia sobre el pecado, en definitiva el triunfo de Dios-Amor sobre el demonio, y nos dan la esperanza y fortaleza para construir una “tierra nueva” donde brille la ansiada “Civilización del Amor”, es decir una cultura impregnada de los valores de las Bienaventuranzas del Reino (ver Mt 5, 3-12), que le permita a la persona humana desarrollarse integralmente.

A todos los que habitamos en Piura, les hago llegar mi afectuosa bendición, especialmente a nuestros niños, jóvenes, ancianos, enfermos, pobres y damnificados.  

Que así sea. Amén. 

San Miguel de Piura, 15 de agosto de 2021

Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María
489° Aniversario de la Fundación de San Miguel de Piura

[1] https://www4.congreso.gob.pe/comisiones/2002/
debate_constitucional/aportes/aporte_jose_agustin_delapuente_candamo.htm

[2] José Agustín de la Puente y Candamo, Entrevista a “Círculo de Encuentro”; Boletín Cultural, agosto-septiembre de 2002.

[3]  Ver Constitución Política del Perú, Art. 50. 

[4] Ver Mons. José Antonio Eguren Anselmi, Oración Patriótica por Fiestas Patrias, 27-VII-2021.

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domingo 15 agosto, 2021