HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO CON OCASIÓN DEL 490º ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SAN MIGUEL DE PIURA

Satisfacción de ser piuranos

Con la profunda satisfacción de ser piuranos, y el firme propósito de comprometernos aún más con nuestra Ciudad, para hacer de ella “casa y escuela de la comunión”, nos reunimos el día de hoy para elevar nuestra acción de gracias al Altísimo por los 490 años de fundación española de nuestra muy noble e hidalga ciudad de San Miguel de Piura. Puesta bajo la protección de Nuestra Señora de la Asunción, o del Tránsito, y del Príncipe de la Milicia Celestial, Piura fue la primera ciudad occidental que se fundó en la costa del Pacífico Sur.

Apenas diez años nos separan de celebrar el V Centenario de la fundación de nuestra Ciudad. Ello nos exige ir preparando desde ya, un programa de largo aliento para la celebración de tan magno acontecimiento, no sólo con la programación y ejecución de obras de infraestructura, siempre tan necesarias y urgentes para Piura, sino sobre todo con programas formativos que ayuden a mejorar la calidad de la vida espiritual, moral y cívica de sus habitantes, para fortalecer así entre nosotros las relaciones fraternas de mutua comprensión, unidad, y solidaridad, que son ajenas a cualquier clase de división, odio y violencia.

Para ello, será fundamental fortalecer a la familia a través de políticas públicas adecuadas, porque ella es la célula básica y viva de la sociedad, su signo e instrumento de unidad, y el ámbito primordial de la formación y educación de la persona humana, es decir, de los futuros ciudadanos.

La familia, fundada en el amor entre un varón y una mujer, es la primera y principal escuela de humanidad; es la imprescindible y mejor transmisora de los valores, así como de la fe y las virtudes. En definitiva, la familia es el lugar donde se aprende a amar y servir, a Dios y a los hermanos.

En vista al V Centenario de la Fundación de San Miguel de Piura, animo a todos, pero especialmente a sus autoridades, a que busquemos el bienestar material, social, y espiritual de nuestra gran Ciudad. Para ello será fundamental cultivar entre nosotros relaciones de fraternidad y caridad.

En efecto, “es una convicción firme del cristianismo que los valores humanos únicamente pueden triunfar cuando se instaura un clima de amor del cual son necesaria expresión el respeto de los derechos de todos (tanto de cada ciudadano como de las diferentes categorías sociales), la tolerancia, la concordia y la misma justicia. A esto sobre todo intenta contribuir la Iglesia mediante el apostolado, la educación y la caridad por medio de las parroquias, por las comunidades religiosas y por las instituciones libres fundadas por la generosa iniciativa de los católicos para el servicio del prójimo”.[1]

Piura: origen del Perú

Los piuranos debemos sentir honda complacencia de vivir en esta noble Ciudad, porque en Ella está en el origen de lo que hoy es el Perú: Un país mestizo, no sólo en lo biológico, sino sobre todo en lo cultural, social y espiritual.  

El Perú nació gracias a que la Providencia Divina dispuso con amor, el encuentro en nuestra tierra del español, del indígena y del negro. Es en Piura donde comenzaron a interactuar la cultura autóctona de los Tallanes, y la cultura Occidental que vino con don Francisco Pizarro González, el Márquez Conquistador, y los primeros vecinos de la ciudad.

Ahora bien, ese mestizaje fértil o feraz, entre lo europeo y lo autóctono, se realizó al calor de la evangelización. Efectivamente, el cristianismo estuvo en la base de dicha síntesis, fue el crisol que permitió este rico encuentro y cruce, y por tanto es importante reconocer, y nunca olvidar, que la Iglesia Católica ha sido y es un instrumento esencial en la formación histórica, cultural y moral del Perú y de Piura, como bien lo reconoce nuestra Constitución Política.[2]

Una única Ciudad con cuatro asentamientos

La ocasión que nos reúne es propicia para señalar que la única ciudad de San Miguel, tuvo desde 1532 hasta 1588, cuatro diferentes asentamientos: San Miguel, fundada en 1532 por don Francisco Pizarro en los predios del Curaca de Tangarará; San Miguel de Piura traslada en 1534 por Diego de Almagro, cuyos restos aún se encuentran en Morropón y se le conoce como “Piura la Vieja”; San Francisco de la Buena Esperanza de Paita, reubicada por el Virrey Francisco de Toledo hacia mediados de la década de 1570; y finalmente San Miguel del Villar, su actual emplazamiento, trasladada y reedificada por el Capitán Juan de Cadalzo y Salazar con autorización del Virrey Fernando de Torres y Portugal, Conde del Villar Dompardo, el 15 de agosto de 1588. Si bien inicialmente nuestra ciudad tomó el nombre del Virrey, pronto recuperó el hermoso y señorial título con que se le conoce hasta nuestros días: “San Miguel de Piura”. Se trata sin lugar a dudas de la misma Ciudad que tuvo cuatro traslados o ubicaciones diferentes a lo largo de su historia.

De esta manera la Divina Providencia ha querido imprimirle a nuestra ciudad de San Miguel de Piura un dinamismo, fecundidad e identidad tales que, a través de su historia, ha unido en ella los más variados paisajes de nuestra Región, como son la costa y la sierra, el mar, los valles y las montañas, de tal manera que todos los piuranos, sin distinción alguna, nos identifiquemos con ella, y seamos por tanto corresponsables de su presente y futuro, llamados por un lado a rechazar las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y que engendran división, corrupción, y envidias, y del otro lado convocados a fomentar nuestra fe cristiana y católica, así como los valores de la amistad, la auténtica solicitud y asistencia, que tanto caracterizan a los que habitamos en estas cálidas tierras del norte del Perú. Efectivamente, si hay algo que nos caracteriza a los piuranos es ser gente de profunda fe cristiana, amables, serviciales y solidarios.

La hora del compromiso con Piura

Pero, así como hay que sentir honda satisfacción de ser piuranos, también debemos sentirnos comprometidos con nuestra Ciudad, identificarnos con sus desafíos y problemas de hoy, de tal manera que cada uno de nosotros, por pequeña o grande que sea nuestra responsabilidad, haga todo lo que pueda y deba hacer para que nuestra querida San Miguel de Piura sea una ciudad donde todos vivamos en libertad, fraternidad, justicia, y desarrollo integral. Hoy por razones de tiempo sólo quisiera enfocarme en algunas necesidades que considero prioritarias, y lo hago mirando, desde nuestra Ciudad, a toda nuestra querida Región Piura.

En primer lugar, está nuestro Hospital de Alta Complejidad, que de hacerse realidad ahorraría tanto sufrimiento a nuestros pacientes que necesitan una atención crítica y especializada, y que hoy se ven obligados a viajar a Lima u otras ciudades del país para sus tratamientos médicos.  

Las recientes declaraciones del Decano del Colegio Médico del Perú, en el sentido que después de una conversación sostenida con el actual ministro de Salud, Piura tendrá que esperar hasta el año 2024 para ver el inicio de este anhelado sueño piurano, debido a que no hay presupuesto para su ejecución, nos debe de llenar no sólo de indignación, sino de resolución y compromiso para exigirle al Gobierno Central la ejecución del mismo. Así nos lo exigen desde sus tumbas los cerca de 30,000 piuranos y piuranas fallecidos durante la pandemia, junto con sus afligidas familias.

Así nos lo exige, ser la segunda Región del Perú con mayor índice de mortalidad materna. Nos lo exige ver nuestra actual red hospitalaria, siempre trabajando al límite de su capacidad, al borde del colapso, sino colapsada, tanto en personal, equipamiento, y capacidad, y lo que es más penoso, dependiendo de donaciones y campañas de ayuda de instituciones privadas y de la Iglesia para poder atender a los enfermos, sobre todo a los más pobres y necesitados.

Hago una invocación a las autoridades regionales y locales, a las instituciones de nuestra sociedad, y al sector privado, a mantenernos unidos en este reclamo para que el gobierno central por fin nos escuche, y de una vez por todas, tome las medidas necesarias para que a la brevedad posible se firme el convenio de gobierno a gobierno que haga realidad nuestro Hospital de Alta Complejidad, sin descuidar los demás hospitales que actualmente están en proceso de construcción. Piura no puede seguir siendo maltratada. Piura merece respeto y no discriminación. No podemos seguir tolerando ser ninguneados, cuando somos la primera Región del Perú con más población después de Lima, y la cuarta que más aporta al Producto Bruto Interno a nivel nacional.

Lamentablemente, la crisis política que vive el Perú, hace que el gobierno no vea la profunda crisis sanitaria que tenemos en Piura. Yo creo en la cultura del diálogo. Por ello exhorto a nuestras autoridades, a que hagan todas las gestiones necesarias para hacer realidad la presencia, en Piura, de los ministros de Salud y Economía y Finanzas.

Caso contrario, deberemos reclamar con firmeza y unidad, pero sin violencia, ni afectando los derechos fundamentales de las personas, como, por ejemplo, el derecho al libre tránsito, y el acceso a los servicios de salud de los más pobres y de los enfermos.  

En segundo lugar, otra preocupación prioritaria entre nosotros es la Seguridad Ciudadana. Alarmantes son los índices de los homicidios, el sicariato, los robos, los asaltos, las extorsiones, la violencia contra la mujer, etc.

Creo que todos coincidimos en que se hace urgente fortalecer a nuestra Policía Nacional dotándola de un mayor número de efectivos, así como del presupuesto necesario para incrementar su parque automotor, equipar adecuadamente a su personal, y mejorar la infraestructura de sus comisarías. De esta manera nuestra Policía podrá enfrentar a la delincuencia, el crimen organizado y el narcotráfico con mayor capacidad y eficacia.

No es posible que, teniendo Piura una población superior a los dos millones de habitantes, y la Provincia de Piura casi 900,000 ciudadanos, de acuerdo a una proyección del INEI, del año 2018 al 2020, tengamos un menor número de efectivos policiales (apenas 5,317) comparado con otras regiones del Perú como Trujillo (12,500 efectivos), y Arequipa (8,000 efectivos). A ello se agrega en nuestro caso que, cerca del 50% del parque automotor de I Macro Región Policial, está inoperativo, afectando ello sensiblemente la capacidad operacional de la División Policial de la ciudad de Piura.  

Hay distritos de nuestra Región con más de 10,000 habitantes, en cuya comisaría no se cuenta con un patrullero para velar por su seguridad ciudadana, o comisarías que llegaron a contar con hasta siete patrulleros inteligentes, y que hoy sólo cuentan con uno para una población superior a los 45,000 habitantes.

Debemos fortalecer a nuestra Policía Nacional, porque ella es la llamada a garantizar y restablecer el orden interno; prestar protección y ayuda a las personas y a la comunidad; garantizar el cumplimiento de las leyes y la seguridad del patrimonio público y privado; prevenir, investigar y combatir la delincuencia; y vigilar y controlar las fronteras.[3] En este pedido también debemos estar muy unidos todos los piuranos.  

Un tercer punto a considerar como prioritario es el tema migratorio, que es una cuestión muy actual y sensible entre nosotros, debido al gran número de migrantes que nuestra Ciudad y Región vienen recibiendo desde varios países hermanos como Venezuela. Algunos malos emigrantes podrán haberse dedicado a delinquir o a fomentar el desorden público, los cuales merecen ser sancionados conforme a nuestras leyes, pero no es el caso de la gran mayoría, quienes han venido a nuestra Región y Patria con sus familias, portando consigo muchas cualidades personales y profesionales. No tengamos miedo a su presencia entre nosotros. Menos aún, no tengamos actitudes de rechazo o xenofobia hacia estos hermanos nuestros que comparten con nosotros una fe e historia comunes.  

Con el Papa Francisco les pido, que construyamos el futuro de Piura con ellos: “Construir el futuro con los migrantes y los refugiados significa también reconocer y valorar lo que cada uno de ellos puede aportar al proceso de edificación. Me gusta ver este enfoque del fenómeno migratorio en una visión profética de Isaías, en la que los extranjeros no figuran como invasores y destructores, sino como trabajadores bien dispuestos que reconstruyen las murallas de la Nueva Jerusalén, la Jerusalén abierta a todos los pueblos (ver Is 60,10-11). En la misma profecía, la llegada de los extranjeros se presenta como fuente de enriquecimiento: «Se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti» (Is 60, 5). De hecho, la historia nos enseña que la aportación de los migrantes y refugiados ha sido fundamental para el crecimiento social y económico de nuestras sociedades. Y lo sigue siendo también hoy. Su trabajo, su capacidad de sacrificio, su juventud y su entusiasmo enriquecen a las comunidades que los acogen. Pero esta aportación podría ser mucho mayor si se valorara y se apoyara mediante programas específicos. Se trata de un enorme potencial, pronto a manifestarse, si se le ofrece la oportunidad”.[4]

Soy consciente de la difícil situación económica y laboral que actualmente vive el Perú, y en particular Piura, pero tengamos entrañas de misericordia, acogida y caridad cristiana, compartiendo con ellos lo mucho o poco que tengamos, recordando que en su presencia está la presencia del mismo Señor Jesús, que en el Evangelio nos dice, en la parábola del Juicio Final: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo…porque era forastero y me acogisteis” (Mt 25, 34-35).

La Iglesia siempre estará dispuesta a apoyar y colaborar con cualquier iniciativa en este sentido.

Finalmente, un cuarto y último punto a tener presente, es el aumento de la pobreza. Piura no es una isla. Formamos parte de esta gran nación que se llama Perú. La pandemia, la presente crisis política, y el desgobierno existente, están afectando seriamente nuestra economía, y con ello estamos viendo un aumento del desempleo, de la informalidad laboral, de la pobreza y la mendicidad.

La productividad viene en descenso, los precios de la canasta familiar se disparan todos los días, hay un fuerte aumento de la inflación, y todo ello hace más difícil a los pobres y vulnerables comprar los productos de primera necesidad que necesitan, por no tener los ingresos suficientes para ello. Esto nos demanda hacer de Piura la “casa de la solidaridad”. La solidaridad no es un sentimiento de vaga compasión o de superficial misericordia por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Es más bien la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y de cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. Como nos recuerda el Papa Francisco: “La medida de la grandeza de una sociedad está determinada por la forma en que trata a quien está más necesitado, a quien no tiene más que su pobreza”.[5] Asimismo, aliento a nuestras autoridades y al sector privado, a unir esfuerzos para impulsar o reforzar iniciativas y programas en la lucha contra la pobreza y el desempleo.

La dramática hora que vivimos en el Perú, nos exige a los piuranos dejar de lado nuestras diferencias y desconfianzas, disputas y enfrentamientos, para coordinar y trabajar en equipo. Seamos humildes y pidamos consejo cuando sea necesario, dejémonos asesorar por los profesionales y técnicos piuranos que, con el favor de Dios, los hay en buen número y muy calificados.   

Frente a los retos y desafíos que tenemos por delante: ¡No tengamos miedo! Nos asisten nuestros santos patronos: La Virgen de la Asunción y San Miguel Arcángel, bajo cuyo cuidado y protección nos pusieron los fundadores de Piura hace 490 años. Ellos atraen sobre nosotros el poder del Amor del Señor camino al V Centenario de nuestra fundación.

A todos los que habitamos en San Miguel de Piura, les hago llegar mi afectuosa bendición, especialmente a nuestros enfermos, niños, jóvenes, ancianos y pobres. Amén.

San Miguel de Piura, 15 de agosto de 2022
Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María

[1] San Juan Pablo II, Discurso al Alcalde de Roma, 23-XII-1978.

[2] Ver Constitución Política del Perú, art. 50.

[3] Ver Constitución Política del Perú, Art. 166.

[4] S.S. Francisco, Mensaje para la 108ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2022, 09-IV-2022.  

[5] S.S. Francisco, Discurso en la Visita a la Comunidad de Varghina – Río de Janeiro, 25-VII-2013.

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