El Año Paulino y el don de la indulgencia

El año pasado, Su Santidad Benedicto XVI anunciaba solemnemente que del 28 de junio de 2008 al 29 de junio de 2009, destinaremos un año jubilar especialmente dedicado al apóstol San Pablo con ocasión del bimilenario de su nacimiento que los historiadores sitúan entre los años 7 y 10 d.C. Este año jubilar tiene por finalidad profundizar en la rica enseñanza contenida en las cartas de San Pablo, verdadero patrimonio de la humanidad redimida en Cristo y de edificarnos con su testimonio de vida para que así surjan discípulos y misioneros del Señor dispuestos a vivir, trabajar, sufrir y morir por Cristo y Su Iglesia. Asimismo se deberá cuidar la dimensión ecuménica. El Año Paulino viene entonces a ser una ocasión maravillosa para nosotros que estamos por comenzar a vivir la Gran Misión Arquidiocesana Quédate con Nosotros, Señor que se enmarca dentro de la Misión Continental solicitada por la V Conferencia de Aparecida.

La tradición de los años jubilares está ligada a la concesión de indulgencias de un modo más generoso que en otros años. Podríamos decir que la indulgencia es uno de los elementos constitutivos de un jubileo. En la indulgencia se manifiesta la plenitud de la misericordia del Padre, que sale al encuentro de todos con su amor. Precisamente a través del ministerio de su Iglesia, Dios extiende en el mundo su misericordia mediante aquel precioso don que, con nombre antiguo, se llama “indulgencia".

1. Pero, ¿qué son las indulgencias?

Con el Catecismo de la Iglesia Católica afirmamos que:

“La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos. La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente. Todo fiel puede ganar para sí mismo o aplicar por los difuntos a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias” (Catecismo, n. 1471).

La indulgencia que podrá ganarse con ocasión del Año Paulino será plenaria y por tanto ella podrá liberarnos totalmente de la pena temporal debida por nuestros pecados.

2. ¿Cómo entender de mejor manera la enseñanza y la práctica de la Iglesia sobre las indulgencias?

Para entender la doctrina y la práctica de la Iglesia acerca de las indulgencias, es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia: genera en nosotros una “pena eterna” y una “pena temporal”. Recurramos nuevamente al Catecismo de la Iglesia Católica para comprender mejor esta enseñanza:

“El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la “pena eterna” del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de lo que se llama “pena temporal” del pecado… El perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios entrañan la remisión de las penas eternas del pecado. Pero las penas temporales del pecado permanecen. El cristiano debe esforzarse, soportando pacientemente los sufrimientos y las pruebas de toda clase y, llegado el día, enfrentándose serenamente con la muerte, por aceptar como una gracia estas penas temporales del pecado; debe aplicarse, tanto mediante las obras de misericordia y de caridad, como mediante la oración y las distintas prácticas de penitencia, a despojarse completamente del “hombre viejo” y a revestirse del “hombre nuevo” (ver Ef 4,24)”. (Catecismo, nn. 1472-1473).

De lo anteriormente dicho podemos concluir que si bien por el sacramento de la Penitencia se nos perdona la “pena eterna del pecado”, la indulgencia es uno de los medios a través de los cuales se nos perdonan las “penas temporales del pecado”.

Es precisamente apoyado en estas razones doctrinales e interpretando el maternal sentir de la Iglesia, que el Papa Benedicto XVI ha dispuesto que todos los fieles, convenientemente preparados, puedan beneficiarse con abundancia, durante todo el Año Paulino, del don de la indulgencia.

3. ¿Cómo se podrá ganar la indulgencia plenaria con ocasión del Año Paulino?

De dos maneras:

1. Participando devotamente en una celebración sagrada o en un piadoso ejercicio tenido públicamente en honor a San Pablo en los días de la solemne apertura y clausura del Año Paulino (28 de junio de 2008 y 29 de junio de 2009) y en la fiesta de la Conversión de San Pablo (25 de enero de 2009), en todas las parroquias e iglesias de la Arquidiócesis que están habitualmente abiertas al culto.

2. Peregrinando durante este período de tiempo a las iglesias jubilares designadas en nuestra Arquidiócesis y allí, unidos de corazón con las intenciones espirituales del Año Paulino, participemos devotamente en una celebración litúrgica o en un ejercicio piadoso en honor de San Pablo, o al menos permanezcamos por un adecuado espacio de tiempo en piadosa oración ante la imagen sagrada del Apóstol de Gentes expuesta a la veneración pública, concluyendo con la recitación o canto del Padrenuestro y el Credo, y con una invocación a la Santísima Virgen María y a San Pablo. Esta devoción espiritual tenga siempre ligada la memoria de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles.

Ahora bien, estas obras se deberán realizar cumpliendo con las siguientes condiciones:

a. Exclusión de todo afecto hacia cualquier pecado, incluso venial.

b. Confesión sacramental, Comunión eucarística y Oración por las intenciones del Sumo Pontífice.

Las condiciones descritas en la letra b. se habrán de cumplir de la siguiente manera:

  • La confesión sacramental deberá hacerse de preferencia antes de realizar la peregrinación, visita, o la obra enriquecida con la indulgencia jubilar. De no poder hacerse antes se podrá hacer unos días después.
  • La comunión eucarística y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice son convenientes que tengan lugar el mismo día en que se realiza la peregrinación o visita. De no poder hacerse el mismo día se pueden realizar o unos días antes o unos días después.

Con una sola confesión sacramental pueden ganarse varias indulgencias. Conviene, no obstante, que se reciba frecuentemente la gracia del sacramento de la Penitencia, para ahondar en la conversión y en la pureza de corazón. En cambio, con una sola comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Santo Padre sólo se gana una indulgencia jubilar

La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple si se reza a su intención un solo Padrenuestro y Avemaría; pero se concede a cada fiel cristiano la facultad de rezar cualquier otra fórmula, según su piedad y devoción.

¿Por qué son necesarias la confesión sacramental y la comunión eucarística?

Porque así expresamos que la verdadera conversión del corazón conduce a la comunión con Cristo en los Sacramentos. No olvidemos que el Señor Jesús es nuestra “indulgencia” y que Él es la “propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 2,2).

¿Por qué orar por las intenciones del Santo Padre?

Porque a través de nuestra oración por las intenciones del Santo Padre, testimoniamos nuestra comunión con la Iglesia. No olvidemos que el don de la indulgencia se consigue gracias a la mediación de la Iglesia.

4. ¿Desde cuando se podrá ganar la indulgencia jubilar?

Ella se podrá ganar desde las primeras vísperas de la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo del presente año (28 de junio de 2008) hasta el término de la misma solemnidad del siguiente año (29 de junio de 2009).

5. ¿Cuáles son en la Arquidiócesis de Piura y Tumbes las iglesias jubilares a visitarse para ganar la indulgencia jubilar?

Además de la iglesia Basílica Catedral de Piura, el Santo Padre Benedicto XVI, ha tenido a bien designar para nuestra Arquidiócesis las siguientes iglesias parroquiales:

Vicaría Foránea de Piura: iglesia parroquial de San Pedro y San Pablo.
Vicaría Foránea del Bajo Piura: iglesia parroquial de San Juan Bautista (Catacaos).
Vicaría Foránea de Paita: iglesia parroquial de San Francisco de Asís.
Vicaría Foránea de Sullana: iglesia parroquial de La Santísima Trinidad.
Vicaría Foránea de Talara: iglesia parroquial de La Inmaculada.
Vicaría Foránea de Tumbes: iglesia parroquial de San Nicolás de Tolentino.

6. ¿Con qué espíritu deberemos dirigirnos hacia estas iglesias?

Con espíritu de fe, oración y conversión. Nos dirigimos a estas iglesias para simbolizar que como creyentes somos peregrinos en este mundo y que caminamos hacia la Casa del Padre que es nuestra Patria definitiva. Peregrinar evoca además el camino personal del creyente que, como San Pablo, sigue las huellas de Jesucristo Salvador en actitud de conversión permanente y de esfuerzo por la santidad.

7. ¿Hay alguna indicación final?

Sí. La indulgencia plenaria por el Año Paulino sólo podrá ganarse una vez al día. Sin embargo, el cristiano podrá ganar la indulgencia plenaria “in articulo mortis”, aunque el mismo día haya ganado ya otra indulgencia plenaria.

La indulgencia jubilar puede también aplicarse por los difuntos.

Finalmente los fieles impedidos por enfermedad u otra legítima y relevante causa, siempre con el ánimo desapegado de cualquier pecado y con el propósito de cumplir las condiciones habituales en cuanto sea posible, podrán también ganar la Indulgencia plenaria, con tal de que se unan espiritualmente a una celebración jubilar en honor a San Pablo o peregrinen espiritualmente a una de las iglesias jubilares, ofreciendo a Dios sus oraciones y sufrimientos por la unidad de los cristianos.