25 de marzo. Día del Niño por Nacer

Ama, celebra y defiende la vida

La celebración del Día del Niño por Nacer en nuestro país es ocasión para lanzar una vez más un llamado a los cristianos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a que acojan el grande y misterioso don de la vida que brilla en cada ser humano, especialmente en aquel que está en espera de nacer. Todos hemos recibido la vida como un don y por eso, amar, celebrar y defender la vida ha de brotar naturalmente desde lo hondo del corazón de toda persona capaz de reconocer esta verdad.

La razón humana se abre al misterio de la vida y lo sondea. La ciencia nos enseña que el ser humano – criatura única e irrepetible – empieza a existir como tal en el momento de la concepción, cuando apenas es sólo una célula; y desde allí prosigue su desarrollo hasta su nacimiento. Las circunstancias que rodean este hecho pueden ser variadas, hasta dramáticas: el nuevo ser puede ser querido o no deseado, quizá no esperado; estar en el seno materno o en una lámina de laboratorio, quizá en un congelador; haber sido generado por amor o en la violencia, en el calor de un hogar o en la frialdad de una irresponsable inconciencia. Pero en ninguna de estas circunstancias modifica la verdad científica, que se mantiene incólume y no cambia: estamos frente a un ser humano, tan valioso como uno ya nacido.

Por otra parte la historia reciente de la humanidad y de nuestro país nos enseña que la violencia – aunque se le quiera silenciar o disfrazar de buenas intenciones – no engendra la paz. ¿Aprenderemos la lección?

Hace poco el Santo Padre volvió a recordarnos: “La vida, que es obra de Dios, no se debe negar a nadie, ni siquiera al más pequeño e indefenso de los niños por nacer, mucho menos cuando tienen graves discapacidades”. Su llamado resuena especialmente fuerte en nuestro continente latinoamericano y en nuestro país sobre los que se cierne la amenaza cada vez más agresiva e insistente de la despenalización y legalización del aborto presentada bajo la máscara de “terapéutico”, propuesto incluso como “solución” al drama del embarazo que porta un niño malformado o que es fruto de una violación. Pero a pesar de la máscara con la que se le cubra, el aborto “terapéutico” seguirá siendo el asesinato de un ser humano a manos de otro.

Dejémonos interpelar por la verdad. La muerte no puede traer paz a la sociedad, menos aún al corazón de la mujer madre. La legalización del aborto es una estafa, no soluciona nada. Trabajemos juntos soluciones auténticas y realistas a los problemas sociales y al drama humano de enfrentar un embarazo difícil. La justicia y la reconciliación nacional no de van a alcanzar a costa de la vida de peruano inocentes e indefensos, sino con un “sí” generoso al amor auténtico y a la verdad acerca del hombre y de los designios de Dios para él.

Comisión Episcopal de Familia y Defensa de la Vida

martes 13 marzo, 2007