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«ALÉGRATE, LLENA DE GRACIA»

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María

08 de diciembre de 2022 (Oficina de Prensa).- Hoy, la Iglesia Universal celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., ha preparado una homilía especial centrada en esta importante fecha.

En su Homilía, nuestro Pastor nos recuerda que: «La Solemnidad de la Inmaculada nos renueva en la esperanza, de que el pecado, la enfermedad, el mal, el sufrimiento, y la muerte no tienen la última palabra. La última palabra la tiene Dios-Amor. Por eso esta fiesta de Santa María, donde vemos resplandecer a nuestra Madre Santísima sin mancha alguna de pecado, sin que el mal la haya contaminado de manera alguna, debe conducirnos a ser hombres de esperanza y no de desesperación, hombres de la vida y no de la muerte, a ser personas de que aun en medio de las pruebas cotidianas no pierdan la alegría. Firmemente fundados en la fe y la esperanza, sabemos que la última palabra la tiene el amor misericordioso del Padre, que en Cristo ha vencido al mal. La hermosa solemnidad mariana de hoy nos renueva en la esperanza y en la alegría de vivir».

Primeras Comuniones

En este día, como ya es tradicional, las parroquias y colegios de las diferentes Vicarías Episcopales de nuestra Arquidiócesis se ven repletas de niños quienes vestidos completamente de blanco y guiados de la mano maternal de la Santísima Virgen, concebida sin pecado original, tuvieron su primer encuentro con el misterio de amor del Cuerpo y Sangre de Cristo, quien es el Amigo que nunca falla y el que único que abre siempre el corazón a todo lo verdadero hermoso y noble que hay en la vida.

A continuación, compartimos la Homilía completa de nuestro Arzobispo:

LA INMACULADA CONCEPCIÓN

“Alégrate, llena de gracia”

Hoy celebramos la gran fiesta de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen. La contemplación de este misterio no nos distrae de la espiritualidad del tiempo de Adviento, centrada en la espera del Salvador, sino que la hace más atenta, pues María es la aurora que anuncia la Luz, o “la bella y purísima Luna que recoge los rayos del Sol de Justicia, se nutre de ellos y los refleja de la mejor manera posible”, anunciando así que pronto “nos visitará el Sol que nace de lo Alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1, 78-79), es decir para conducir nuestras vidas por la senda de la reconciliación.

La riqueza de los textos escriturísticos de la Solemnidad de hoy, nos sugiere de manera inmediata el tema de esta fiesta. La primera lectura tomada del libro del Génesis (ver Gn 3, 9-15.20), nos narra la situación de desnudez y de destierro, de ruptura y de desemejanza en la que quedaron Adán y Eva como consecuencia de su pecado de desobediencia y rechazo al Plan de Dios-Amor.

A la serpiente infernal, causante de la caída de nuestros primeros padres, Dios le dice: “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar” (Gen 3, 15).

La promesa de la destrucción de la serpiente significa para nosotros la liberación definitiva del pecado y de todas sus consecuencias, sobre todo de la muerte, entiéndase no sólo de la natural, sino fundamentalmente de la muerte eterna.

La promesa de la destrucción de la serpiente, significa tener la posibilidad de una humanidad redimida, libre, y plenamente reconciliada. Éste, es el primer anuncio de la salvación, por eso este pasaje del Génesis, es designado con justicia como el proto-evangelio, o primer anuncio del futuro Salvador. Allí se nos anuncia a una “Mujer”, cuya descendencia es decir su Hijo, vencerá a la serpiente infernal. Además, se nos dice que entre la “Mujer” y la serpiente hay una enemistad irreconciliable. Por lo tanto, esa “Mujer”, a diferencia de Eva, nunca entrará en tratos o arreglos con el demonio, nunca será engañada por él, y más aún, nunca estará bajo su dominio. Será por tanto inmune a todo pecado. Ella será la única concebida sin pecado, la única inmaculada y llena de gracia desde su concepción.

El pasaje del proto-evangelio debió haber dejado perplejos a los sabios de Israel, quienes se harían hasta llegada la plenitud de los tiempos (ver Gal 4, 4-5), una gran pregunta: ¿Quién será la “Mujer”? Los siglos pasaban y ninguna de las grandes mujeres con las que Dios bendecía al pueblo de las promesas colmaba la expectativa, llenaba la descripción. A lo más cada una de ellas señalaba una característica de la “Mujer”, haciendo que la expectación creciera.

Se habrían dicho: la “Mujer” prometida por Dios en el Génesis, será sin dudas bendecida con una maternidad mayor a la de Sara (ver Gn 17, 15); tendrá una capacidad de intercesión mayor a la de Abigail (ver 1 Sam 32-35) y a la de Ester (ver Est 5, 1-9, 19); poseerá una hermosura infinitamente superior a la de Raquel (ver Gen 29, 15-20). La “Mujer” prometida por Dios en el Génesis tendrá un valor superior al de Judit (ver Jdt 13, 18-20), porque el enemigo a enfrentar y derrotar es más terrible que Holofernes y todo su ejército[1], ya que es nada menos que el seductor, el tentador, Satanás, la serpiente antigua. Se habrían dicho, además: la “Mujer” prometida por Dios en el Génesis tendrá una sabiduría más grande que la de Débora, jueza de Israel (ver Jue 4, 4), y poseerá una heroicidad infinitamente mayor a la de la madre de los Macabeos (ver 2 Mac 7, 1-41), puesto que será la Madre del Siervo Sufriente de Yahvé (ver Is 42, 1-9; 49, 1-6;1​ 50, 4-11; 52,13 – 53, 12). Más aún, se habrían dicho, la “Mujer” prometida reunirá en sí misma todas estas características en grado eminente y muchas otras más.

La respuesta a la pregunta, ¿y quién será la “Mujer”?, no se haya por tanto en el Antiguo Testamento sino en el Nuevo. Es en el Evangelio de la Anunciación-Encarnación (ver Lc 1, 26-38), que acabamos de escuchar, donde tenemos la certeza por fin de estar frente a la “Mujer”. Como canta una hermosa canción: “María es, esa mujer, que desde siempre el Señor se preparó, para nacer como una flor, en el jardín que a Dios enamoró”.

Sí, Santa María es la “Mujer”: “Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María” (Lc 1, 26-27).

María, es la “Mujer” anunciada desde antiguo. Esta certeza se confirma si nos detenemos a considerar el saludo que el ángel le dirige: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 28). En el saludo angélico no se puede dejar de descubrir la huella de su Inmaculada Concepción. María es la “Mujer”, y su descendencia es en primer lugar su Hijo, que es el Hijo de Dios, el Señor Jesús: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios” (Lc 1, 35). Pero su descendencia también la conformarán todos los renacidos a la vida de la gracia y que como Ella quieran responder al Plan de Dios en sus vidas y al horizonte de la misión que se les confía. Por tanto, la descendencia de la “Mujer” llamada a aplastar la cabeza de la serpiente infernal la conformará el Señor Jesús y nosotros, que somos también hijos de su gran fe.  

El milagro de la Inmaculada Concepción de María, que hoy con gozo celebramos, es una verdad encerrada en el depósito sagrado de la Palabra de Dios, es decir en la Tradición y la Escritura de la Iglesia. Una verdad que desde el inicio y a través de los siglos se fue abriendo camino hasta el momento en que estuvo madura para que la creencia en esta verdad fuera pública y debidamente definida como artículo de fe de la Santa Iglesia.

Al hacerlo el 8 de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis Deus, el Beato Papa Pío IX destacaba que ello queda definido como “revelado por Dios”. Describe aquel gran Sumo Pontífice, que María Inmaculada fue colmada de gracias “en tal grado… (que) toda hermosa y perfecta, poseyera tal plenitud de inocencia y santidad, que no se pueda comprender una mayor después de Dios, ni cabe pensar en conseguirla aparte de Dios”.

Ciertamente nos maravilla lo que Dios hizo en María, al concederle venir al mundo purísima, llena de gracia, como fruto anticipado de la redención que nos habría de obtener el Señor Jesús, en previsión a su maternidad divina. Pero también nos llena de admiración la respuesta de la Virgen de Nazaret al don recibido. Nos asombra ver la manera como Ella sale al encuentro de la iniciativa de Dios-Amor; como coopera desde su libertad poseída con el designio divino. Nos conmueve su entrega generosa y su disponibilidad absoluta con el Plan de Salvación.

Su Fiat, su Hágase, lleno de fe y de una obediencia traspasada de amor, es su respuesta al don de su Inmaculada Concepción: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). Y todo ello nos cuestiona y nos compromete, ya que los innumerables dones que hemos recibido del Altísimo desde nuestro bautismo exigen de nosotros una respuesta lo más semejante posible a la de María, exigen de nosotros santidad y fidelidad de vida, acogida y anuncio valiente del Evangelio, es decir de Jesucristo, el Hijo de Dios y de María, el Salvador del mundo.

La Solemnidad de la Inmaculada nos renueva en la esperanza, de que el pecado, la enfermedad, el mal, el sufrimiento, y la muerte no tienen la última palabra. La última palabra la tiene Dios-Amor. Por eso esta fiesta de Santa María, donde vemos resplandecer a nuestra Madre Santísima sin mancha alguna de pecado, sin que el mal la haya contaminado de manera alguna, debe conducirnos a ser hombres de esperanza y no de desesperación, hombres de la vida y no de la muerte, a ser personas de que aun en medio de las pruebas cotidianas no pierdan la alegría. Firmemente fundados en la fe y la esperanza, sabemos que la última palabra la tiene el amor misericordioso del Padre, que en Cristo ha vencido al mal. La hermosa solemnidad mariana de hoy nos renueva en la esperanza y en la alegría de vivir.  

A los Niños de la Primera Comunión

Como bien sabemos, en el día de la Inmaculada, muchos niños de Piura y Tumbes suelen hacer su Primera Comunión. A ellos le hago llegar mi más cordial saludo y felicitación. En este día tan grande y feliz, en que Dios viene por primera vez a visitar sus corazones puros de niños buenos, imploro para ustedes todas las gracias celestiales, y la bendición y protección de María Santísima, para que los conserve siempre buenos y santos.  

Queridos niños: Quiero pedirles que hoy, también ofrezcan su primera comunión por la paz de Piura y del Perú, por el bienestar y la libertad de nuestra Patria para que, con Jesús Eucaristía, seamos capaces todos los peruanos de construir el Perú justo y reconciliado que todos queremos, y con el cual soñamos.

Queridos niños: Este día tan grande, en que el Hijo de Dios viene realmente en persona a sus corazones, nunca se olviden que Jesús es el más grande y bueno de todos los amigos que podemos tener. Por amor a nosotros, Él murió en la Cruz, y gracias a que resucitó, es capaz de llenar nuestras vidas de felicidad eterna como nada ni nadie puede hacerlo. Por eso les pido que crezcan aún más en la amistad con Él por medio de la oración, la catequesis, la devoción a la Virgen Santísima, que es nuestra Madre del Cielo, la confesión frecuente y recibiendo cada domingo a Jesús en la Hostia Santa donde está realmente presente.

Nunca se olviden que la amistad con Jesús nos abre a todo lo verdadero, bello y hermoso que hay en la vida. Que la Virgen Inmaculada los cuide junto con sus familias, y los lleve siempre de la mano al encuentro con Jesús, sobre todo en la Eucaristía. Los bendigo de corazón y les pido que también recen por mí.    

San Miguel de Piura, 08 de diciembre de 2022

Solemnidad de la Inmaculada Concepción
de la Bienaventurada Virgen María


La Inmaculada Concepción
“Alégrate, llena de gracia”

[1] Holofernes: General asirio a las órdenes de Nabucodonosor II, rey de Babilonia.

Puede descargar el PDF de esta Homilía de nuestro Arzobispo AQUÍ

HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO EN LA SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN 2022

LA INMACULADA CONCEPCIÓN

“Alégrate, llena de gracia”

Hoy celebramos la gran fiesta de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen. La contemplación de este misterio no nos distrae de la espiritualidad del tiempo de Adviento, centrada en la espera del Salvador, sino que la hace más atenta, pues María es la aurora que anuncia la Luz, o “la bella y purísima Luna que recoge los rayos del Sol de Justicia, se nutre de ellos y los refleja de la mejor manera posible”, anunciando así que pronto “nos visitará el Sol que nace de lo Alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1, 78-79), es decir para conducir nuestras vidas por la senda de la reconciliación.

La riqueza de los textos escriturísticos de la Solemnidad de hoy, nos sugiere de manera inmediata el tema de esta fiesta. La primera lectura tomada del libro del Génesis (ver Gn 3, 9-15.20), nos narra la situación de desnudez y de destierro, de ruptura y de desemejanza en la que quedaron Adán y Eva como consecuencia de su pecado de desobediencia y rechazo al Plan de Dios-Amor.

A la serpiente infernal, causante de la caída de nuestros primeros padres, Dios le dice: “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar” (Gen 3, 15).

La promesa de la destrucción de la serpiente significa para nosotros la liberación definitiva del pecado y de todas sus consecuencias, sobre todo de la muerte, entiéndase no sólo de la natural, sino fundamentalmente de la muerte eterna.

La promesa de la destrucción de la serpiente, significa tener la posibilidad de una humanidad redimida, libre, y plenamente reconciliada. Éste, es el primer anuncio de la salvación, por eso este pasaje del Génesis, es designado con justicia como el proto-evangelio, o primer anuncio del futuro Salvador. Allí se nos anuncia a una “Mujer”, cuya descendencia es decir su Hijo, vencerá a la serpiente infernal. Además, se nos dice que entre la “Mujer” y la serpiente hay una enemistad irreconciliable. Por lo tanto, esa “Mujer”, a diferencia de Eva, nunca entrará en tratos o arreglos con el demonio, nunca será engañada por él, y más aún, nunca estará bajo su dominio. Será por tanto inmune a todo pecado. Ella será la única concebida sin pecado, la única inmaculada y llena de gracia desde su concepción.

El pasaje del proto-evangelio debió haber dejado perplejos a los sabios de Israel, quienes se harían hasta llegada la plenitud de los tiempos (ver Gal 4, 4-5), una gran pregunta: ¿Quién será la “Mujer”? Los siglos pasaban y ninguna de las grandes mujeres con las que Dios bendecía al pueblo de las promesas colmaba la expectativa, llenaba la descripción. A lo más cada una de ellas señalaba una característica de la “Mujer”, haciendo que la expectación creciera.

Se habrían dicho: la “Mujer” prometida por Dios en el Génesis, será sin dudas bendecida con una maternidad mayor a la de Sara (ver Gn 17, 15); tendrá una capacidad de intercesión mayor a la de Abigail (ver 1 Sam 32-35) y a la de Ester (ver Est 5, 1-9, 19); poseerá una hermosura infinitamente superior a la de Raquel (ver Gen 29, 15-20). La “Mujer” prometida por Dios en el Génesis tendrá un valor superior al de Judit (ver Jdt 13, 18-20), porque el enemigo a enfrentar y derrotar es más terrible que Holofernes y todo su ejército[1], ya que es nada menos que el seductor, el tentador, Satanás, la serpiente antigua. Se habrían dicho, además: la “Mujer” prometida por Dios en el Génesis tendrá una sabiduría más grande que la de Débora, jueza de Israel (ver Jue 4, 4), y poseerá una heroicidad infinitamente mayor a la de la madre de los Macabeos (ver 2 Mac 7, 1-41), puesto que será la Madre del Siervo Sufriente de Yahvé (ver Is 42, 1-9; 49, 1-6;1​ 50, 4-11; 52,13 – 53, 12). Más aún, se habrían dicho, la “Mujer” prometida reunirá en sí misma todas estas características en grado eminente y muchas otras más.

La respuesta a la pregunta, ¿y quién será la “Mujer”?, no se haya por tanto en el Antiguo Testamento sino en el Nuevo. Es en el Evangelio de la Anunciación-Encarnación (ver Lc 1, 26-38), que acabamos de escuchar, donde tenemos la certeza por fin de estar frente a la “Mujer”. Como canta una hermosa canción: “María es, esa mujer, que desde siempre el Señor se preparó, para nacer como una flor, en el jardín que a Dios enamoró”.

Sí, Santa María es la “Mujer”: “Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María” (Lc 1, 26-27).

María, es la “Mujer” anunciada desde antiguo. Esta certeza se confirma si nos detenemos a considerar el saludo que el ángel le dirige: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 28). En el saludo angélico no se puede dejar de descubrir la huella de su Inmaculada Concepción. María es la “Mujer”, y su descendencia es en primer lugar su Hijo, que es el Hijo de Dios, el Señor Jesús: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios” (Lc 1, 35). Pero su descendencia también la conformarán todos los renacidos a la vida de la gracia y que como Ella quieran responder al Plan de Dios en sus vidas y al horizonte de la misión que se les confía. Por tanto, la descendencia de la “Mujer” llamada a aplastar la cabeza de la serpiente infernal la conformará el Señor Jesús y nosotros, que somos también hijos de su gran fe.  

El milagro de la Inmaculada Concepción de María, que hoy con gozo celebramos, es una verdad encerrada en el depósito sagrado de la Palabra de Dios, es decir en la Tradición y la Escritura de la Iglesia. Una verdad que desde el inicio y a través de los siglos se fue abriendo camino hasta el momento en que estuvo madura para que la creencia en esta verdad fuera pública y debidamente definida como artículo de fe de la Santa Iglesia.

Al hacerlo el 8 de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis Deus, el Beato Papa Pío IX destacaba que ello queda definido como “revelado por Dios”. Describe aquel gran Sumo Pontífice, que María Inmaculada fue colmada de gracias “en tal grado… (que) toda hermosa y perfecta, poseyera tal plenitud de inocencia y santidad, que no se pueda comprender una mayor después de Dios, ni cabe pensar en conseguirla aparte de Dios”.

Ciertamente nos maravilla lo que Dios hizo en María, al concederle venir al mundo purísima, llena de gracia, como fruto anticipado de la redención que nos habría de obtener el Señor Jesús, en previsión a su maternidad divina. Pero también nos llena de admiración la respuesta de la Virgen de Nazaret al don recibido. Nos asombra ver la manera como Ella sale al encuentro de la iniciativa de Dios-Amor; como coopera desde su libertad poseída con el designio divino. Nos conmueve su entrega generosa y su disponibilidad absoluta con el Plan de Salvación.

Su Fiat, su Hágase, lleno de fe y de una obediencia traspasada de amor, es su respuesta al don de su Inmaculada Concepción: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). Y todo ello nos cuestiona y nos compromete, ya que los innumerables dones que hemos recibido del Altísimo desde nuestro bautismo exigen de nosotros una respuesta lo más semejante posible a la de María, exigen de nosotros santidad y fidelidad de vida, acogida y anuncio valiente del Evangelio, es decir de Jesucristo, el Hijo de Dios y de María, el Salvador del mundo.

La Solemnidad de la Inmaculada nos renueva en la esperanza, de que el pecado, la enfermedad, el mal, el sufrimiento, y la muerte no tienen la última palabra. La última palabra la tiene Dios-Amor. Por eso esta fiesta de Santa María, donde vemos resplandecer a nuestra Madre Santísima sin mancha alguna de pecado, sin que el mal la haya contaminado de manera alguna, debe conducirnos a ser hombres de esperanza y no de desesperación, hombres de la vida y no de la muerte, a ser personas de que aun en medio de las pruebas cotidianas no pierdan la alegría. Firmemente fundados en la fe y la esperanza, sabemos que la última palabra la tiene el amor misericordioso del Padre, que en Cristo ha vencido al mal. La hermosa solemnidad mariana de hoy nos renueva en la esperanza y en la alegría de vivir.  

A los Niños de la Primera Comunión

Como bien sabemos, en el día de la Inmaculada, muchos niños de Piura y Tumbes suelen hacer su Primera Comunión. A ellos le hago llegar mi más cordial saludo y felicitación. En este día tan grande y feliz, en que Dios viene por primera vez a visitar sus corazones puros de niños buenos, imploro para ustedes todas las gracias celestiales, y la bendición y protección de María Santísima, para que los conserve siempre buenos y santos.  

Queridos niños: Quiero pedirles que hoy, también ofrezcan su primera comunión por la paz de Piura y del Perú, por el bienestar y la libertad de nuestra Patria para que, con Jesús Eucaristía, seamos capaces todos los peruanos de construir el Perú justo y reconciliado que todos queremos, y con el cual soñamos.

Queridos niños: Este día tan grande, en que el Hijo de Dios viene realmente en persona a sus corazones, nunca se olviden que Jesús es el más grande y bueno de todos los amigos que podemos tener. Por amor a nosotros, Él murió en la Cruz, y gracias a que resucitó, es capaz de llenar nuestras vidas de felicidad eterna como nada ni nadie puede hacerlo. Por eso les pido que crezcan aún más en la amistad con Él por medio de la oración, la catequesis, la devoción a la Virgen Santísima, que es nuestra Madre del Cielo, la confesión frecuente y recibiendo cada domingo a Jesús en la Hostia Santa donde está realmente presente.

Nunca se olviden que la amistad con Jesús nos abre a todo lo verdadero, bello y hermoso que hay en la vida. Que la Virgen Inmaculada los cuide junto con sus familias, y los lleve siempre de la mano al encuentro con Jesús, sobre todo en la Eucaristía. Los bendigo de corazón y les pido que también recen por mí.    

San Miguel de Piura, 08 de diciembre de 2022

Solemnidad de la Inmaculada Concepción
de la Bienaventurada Virgen María


La Inmaculada Concepción
“Alégrate, llena de gracia”

[1] Holofernes: General asirio a las órdenes de Nabucodonosor II, rey de Babilonia.

Puede descargar el PDF de esta Homilía de nuestro Arzobispo AQUÍ

PRONUNCIAMIENTO

El Señor Arzobispo Metropolitano de Piura, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., se pronuncia ante la situación actual del País: «Estamos ante un innegable golpe de estado, frente a un gobierno dictatorial. Confío en que todos los demócratas rechacemos con firmeza este acto usurpador del poder y hagamos respetar el orden constitucional. En la víspera de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción invito a todos los católicos a elevar nuestras oraciones a la Santísima Madre de Dios y nuestra para que proteja a nuestro País y lo mantenga en paz y libertad».

«AQUÍ ESTOY SEÑOR, PARA HACER TU VOLUNTAD»

Arzobispo rinde homenaje a sacerdote piurano que cumple 60 años al servicio de Dios y de la Iglesia

07 de diciembre de 2022 (Oficina de Prensa).- El Pbro. Dr. Eduardo Palacios More, Vicario Episcopal de Talara y Párroco de la Parroquia “La Inmaculada” – Iglesia Matriz de esta importante provincia norteña, ha cumplido recientemente 60 años de fructífera labor sacerdotal en nuestra Arquidiócesis. Por ese motivo y como signo de acción de gracias al Señor por su ministerio, celebró una Santa Misa en la que estuvo acompañado de sus hermanos sacerdotes de esta Vicaría Episcopal, así como de un gran número de familiares y amigos. Nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., participó también de la Eucaristía, al final de la cual le hizo entrega al P. Eduardo de una hermosa casulla, finamente bordada, a nombre de todos los sacerdotes de Piura y Tumbes, como un reconocimiento a su loable labor sacerdotal. Finalmente, en el Auditorio Principal del Centro de Esparcimiento y Actividades del Club Petroperú, se llevó a cabo un almuerzo en el que se rindió homenaje al Padre Eduardo y se le hizo entrega de un reconocimiento a nombre de la Empresa y de los ciudadanos talareños, en agradecimiento a su servicio y cercanía.

Tu ejemplo y servicio es fuente de muchas vocaciones

Monseñor Eguren, dirigiéndose al P. Eduardo, le dijo: “Querido Padre Eduardo, el sacerdote nutre su fidelidad de la fidelidad de Cristo con quién ha sido configurado el día de su ordenación sacerdotal. Hoy celebramos con gozo 60 años de fructuoso ministerio sacerdotal que vienes viviendo. Recuerda que cuando somos ordenados sacerdotes, los somos para el tiempo y para la eternidad. Cuando estemos en el Cielo, seguiremos siendo sacerdotes y ejerceremos nuestro sacerdocio de una manera nueva e insospechada, porque el Cielo, como lo describe San Juan en el Libro del Apocalipsis, es permanente liturgia y en esa liturgia celestial también nosotros continuaremos por los siglos de los siglos realizando nuestro sacerdocio. Nunca olvides que María es Madre de los sacerdotes, por ello me llena de alegría la relación muy estrecha que tienes con Ella, estoy seguro que la Madre, siempre ha cuidado de ti, y te ayudará siempre para que puedas responderle a su Hijo con un Sí generoso, en cada circunstancia y momento de tu vida sacerdotal. Quiero expresarte en nombre de todos: de tus hermanos sacerdotes, de los fieles aquí reunidos, de todos los que han tenido la dicha de conocerte, y de los Obispos que me han precedido, un sincero ¡Gracias! por tu entrega, por tu fidelidad, y por tu abnegado trabajo sacerdotal en estas tierras. Todos estamos aquí hoy para acompañarte y darte las gracias. Estamos seguros que tu ejemplo y tu fidelidad de tantos años, serán fuente de muchas bendiciones para nuestra Arquidiócesis y para la Iglesia del Perú, pero sobre todo, origen de muchas vocaciones al sacerdocio, que tanto necesitamos aquí en Piura y Tumbes, en el País y en el mundo entero”. 

Pudimos conversar con el Pbro Dr. Eduardo Palacios, quien tuvo la gentileza de respondernos algunas preguntas:

¿Padre Eduardo, qué reflexión le traen estos primeros 60 años de entregado servicio al Pueblo Santo y Fiel de Dios?

Siento una profunda gratitud a Dios por la salud mental, somática y espiritual plena, con la que premia cada día a este indigno siervo suyo. Hoy después de 60 años, miro hacia atrás y puedo decir que lo que empezó como un sentimiento en el seno de mi familia, se ha ido haciendo conciencia más plena. Como nos dice el Evangelio: «Jesús subió al monte y llamo a los que Él mismo quiso. Y vinieron junto a Él». Es pues claro que el Señor me llamó y desde ese primer instante, con su gracia y a pesar de que no soy digno, supe responder a su llamado, y lo sigo haciendo cada día. Creo que aquí está el gran secreto, saber escuchar en el corazón esa llamada de Jesús, y sin temor alguno responderle: «Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad». No se trata de querer escuchar la llamada, es Él quien nos busca, sin mérito de nuestra parte. Él no llama a aquellos a los que desean o gustan de cumplir esta misión, ni tampoco a aquellos que quieren hacerlo por su propia voluntad, sino que llama a aquellos que Él quiere. 

¿Qué significa para usted ser sacerdote?

Como digo, responderle a Jesús que me llamo y hacer el servicio que Él me encarga. Este servicio no resulta de la propia voluntad, sino de saber escuchar y ser obediente. La voluntad de Jesús debe ser el centro de nuestra vida sacerdotal, debe ser discernimiento y plena determinación de cada acción que realicemos. Ésta es sin duda una primera característica del ministerio sacerdotal en la Iglesia. Es fundamental y de vital importancia, desde el punto de vista dogmático y espiritual, que la llamada de Él y la obediencia nuestra se renueven día a día. Nuestro ministerio se apoya entonces en la escucha vigilante que se pone a disposición del que llama, que es Jesús. Nuestro ministerio se apoya también en nuestra actitud de servicio. Se trata de aprender a posponer la propia voluntad respecto a la voluntad de Jesús, se trata de hacer nuestro el espíritu, no de ser servido, sino de servir, como Jesús nos enseñó antes de instituir la Eucaristía. Queridos hermanos sacerdotes, comparto con ustedes esta realidad. Si la misión del sacerdote consiste en testimoniar a Jesucristo ante los hombres, esto presupone conocerlo, vivir en intimidad con Él, encontrarnos en Él, saber estar junto a Él a cada instante de nuestra vida, ahí está el verdadero el lugar verdadero de la propia existencia. Si como sacerdotes estamos llamados a hablar de Él y darlo a conocer a los hombres, entonces es necesario acostumbrarnos a la intimidad con Él, a vivir cercanos a sus enseñanzas, a seguirlo, escucharlo, mirarlo y acostumbrarnos a gustar su modo de ser y de pensar. Hemos de ser otros Cristos participando de su sacerdocio.

¿Cual es el secreto para permanecer siempre fieles y seguir firmes en la fe?

La oración no se debe descuidar, la participación frecuente de la Santa Misa con devoción, el rezo del Santo Rosario. Es importante también la formación permanente. Pero tampoco hay que descuidar nuestra llamada a ser discípulos misioneros, permanentes evangelizadores. Recordemos que la Eucaristía, la liturgia cristiana por excelencia, no es un acto ritual en el que el sacerdote presenta a Dios una ofrenda de expiación, sino por el contrario, es la proclamación dotada de autoridad, por la Muerte y Resurrección del Señor, en la que nos unimos en un único cuerpo, que es la Iglesia. La tarea litúrgica del sacerdote y su tarea misionera no se contradicen, sino que se iluminan recíprocamente. El sacerdote y los fieles cristianos deben unirse y vivir en estado de permanente misión, más aún en este tiempo sinodal. Como sacerdotes nos hacemos mediadores entre Dios y la humanidad, el mundo necesita que le anunciemos a Jesucristo para que puedan conocerlo y vivir como Él pide. El pueblo tiene hambre de Dios, y somos nosotros los sacerdotes, los primeros misioneros, los que estamos llamados a llevar el pan de la Palabra y el pan de la Eucaristía a cada uno de los bautizados, para que todo aquel que aún no lo conoce, pueda hacerlo y salvarse.

Padre Eduardo: Gracias por tanto y perdón por tan poco

Durante la celebración, los miembros de la comunidad Parroquial, le manifestaron al P. Eduardo su cariño y cercanía, diciéndole: “En nombre de toda nuestra comunidad parroquial querido Padre Eduardo, queremos expresarte nuestro más profundo agradecimiento por toda la obra realizada en estas tierras. Agradecemos tu dedicación, la entrega que has tenido para con toda la Iglesia y en especial para con todos nosotros, los hijos que el Señor te ha confiado. Sabemos Padre Eduardo que el camino no ha sido fácil, y que entre altos y bajos, entre alegrías y tristezas, tú siempre te has mantenido fiel sosteniéndonos. Queremos agradecer a Dios en esta mañana bendita por el Pastor que nos ha entregado a lo largo de todos estos años. Gracias por mostrarnos esta fidelidad. Siempre has estado allí y no has dejado de sentir la inspiración del Espíritu Santo y la compañía de María para mantenerte fiel a tu comunidad. También queremos pedirte perdón, Padre Eduardo, perdónanos por todas las veces que hemos causado dolor a tu corazón. Gracias por todo tu ejemplo de amor y perseverancia. Gracias por tanto y perdón por tan poco”. 

Reseña Biográfica

El Presbítero Doctor Eduardo Palacios More nació en Castilla el 17 de abril de 1937, es el primero de nueve hermanos y desde pequeño aprendió a amar a Dios. Sus padres son Humberto Palacios Mondragón y Dora Clorinda Morey León, fueron personas piadosas y orantes, enseñaron a sus hijos, a permanecer siempre unidos a Dios. A los 13 años de edad ingreso a estudiar al Seminario “Santo Domingo Savio” de Piura, posteriormente siguió estudios de filosofía en el Seminario Conciliar Santo Toribio de Mogrovejo. Estudió Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, como seminarista fue aceptado en el Pontificio Colegio Pío Latinoamericano de Roma de Villa Maffei – Roma, donde recibió su formación sacerdotal. Recibió la Ordenación Sacerdotal por la imposición de manos de Monseñor Arturo Vélez, Obispo de Jalapa en México, en la Basílica “Nuestra Señora de Guadalupe” (Roma). Luego estudio en la Academia Alfonsiana (Pontificia Universidad Lateranense de Roma) obteniendo su doctorado con la Tesis “La Conciencia en San Juan Gerónimo”.

En el año 1969 en retorno al Perú, entregando su servicio en la Basílica Catedral de Piura. Asimismo, sirvió a la comunidad del Asentamiento Humano Consuelo González de Velasco. En 1975 fue nombrado Párroco de Paita y Vicario Foráneo de esta zona, brindando sus servicios sacerdotales durante 21 años. En 1996 fue designado a Talara, desde los inicios de su servicio dinamizó su labor en la Parroquia La Inmaculada, gracias a su iniciativa empeño y empuje con el apoyo de la feligresía realizó las obras de remodelación del templo. Fundó la Casa del Buen Pastor donde se alberga los fines de semana desde hace 20 años a niños y ancianos ofreciéndoles desayunos y almuerzos con el apoyo de los grupos parroquiales. Gracias a su capacidad de gestión, integra la mesa de diálogo de Talara y es promotor del Patronato de la Santa Cruz que tiene como fin apoyar a jóvenes de escasos recursos económicos para el desarrollo de sus estudios superiores.

El Padre Eduardo ha mostrado constante interés en el desarrollo personal y social de las familias y de la comunidad y llevando la Palabra de Dios y evangelizando constantemente a todo nivel. Pero durante estos 60 años no solo se ha entregado el servicio sacerdotal ministerial, también es autor de reconocidas obras como “La Persona Humana como Integrum Humanum, Cuerpo y Alma, al servicio del Amor”, en el año 2010 escribió el “Comentario sobre la Carta Encíclica Deus Caritas Est (Dios es Amor: Sobre el amor cristiano)”, ha preparado un libro sobre “Antropología Filosófica sobre la Moral de la Persona Humana” y un estudio sobre “El Culto a los Santos y a las Imágenes Sagradas”. Ha sido profesor de la Universidad Nacional de Piura y del Seminario Arquidiocesano “San Juan María Vianney” en Piura.

«LA ESPERANZA NO FALLA»

Arzobispo preside Eucaristía por el XXXIV Aniversario de la Policía Nacional del Perú

06 de diciembre de 2022 (Oficina de Prensa).- Nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió en la Basílica Catedral de nuestra ciudad la Santa Misa ofrecida en acción de gracias por el XXXIV Aniversario de creación de la Policía Nacional del Perú. Participó de esta celebración el General Edward Rando Espinoza López, Jefe de la I Macro Región Policial Piura, quien estuvo acompañado de las principales autoridades políticas, civiles y militares de nuestra Región, así como de los oficiales superiores, personal subalterno, y personal civil de la Policía Nacional del Perú, en  nuestra ciudad.

A continuación compartimos la Homilía completa pronunciada por nuestro Pastor en esta importante fecha:

“La Esperanza no falla”

Misa por el XXXIV Aniversario de la Policía Nacional

Con ocasión de celebrarse el XXXIV aniversario de la creación de la Policía Nacional del Perú, quiero hacerles llegar a todos los miembros de la I Macro Región Policial de Piura, mi más cordial saludo, así como mis oraciones por todos y cada uno de ustedes, en unión con sus queridas familias. Asimismo, quiero expresarles mi personal agradecimiento por la entrega y dedicación que diariamente despliegan por hacer de nuestra Región, una región más segura, donde todos podamos vivir con tranquilidad y en paz.

Mezquinos seríamos si no reconociéramos los enormes sacrificios y esfuerzos que ustedes realizan todos los días, con patriotismo y dedicación, buscando hacer realidad su lema institucional: “Dios, Patria y Ley”, viviendo el dinamismo, “un uniforme, una oración, y un deber que cumplir con la sociedad”. El antitestimonio de algunos malos policías, para nada opaca el trabajo que la inmensa mayoría de ustedes realiza con tanto amor, sacrificio, y entrega.  

La vocación del Policía es muy hermosa y digna. Nada menos que ser custodio del prójimo, es decir proteger a los demás y sus derechos inalienables. Pero hay veces esta vocación deben realizarla en medio de muchas dificultades y problemas, y con la escasez de los recursos necesarios.

Sobre esto último, el General PNP Edward Rando Espinoza López, Jefe de la I Macro Región Policial, declaró recientemente a los medios de comunicación que en Piura sólo laboran 4,200 policías, cuando deberían prestar servicio por lo menos 6,200 efectivos. A ello se agrega que, al insuficiente parque vehicular con que cuenta nuestra Macro Región, ascendente a 600 unidades entre patrulleros y motocicletas, 250 se encuentran inoperativos. Es decir, casi el 50%.

Por ello reitero una vez más el pedido que hiciera el pasado 30 de agosto, en relación a que frente a los alarmantes índices que se registran en nuestra Región de homicidios, robos, asaltos, extorsiones, violencia contra la mujer, y la lucha entre las organizaciones criminales por la hegemonía en la comisión de delitos, el Gobierno tiene el deber de fortalecer a la Policía en Piura, dotándola de un mayor número de efectivos, así como del presupuesto necesario para incrementar y reparar su parque automotor, equipar adecuadamente a su personal, y mejorar la infraestructura de sus comisarías. De esta manera, nuestra Policía podrá enfrentar a la delincuencia, el crimen organizado, el sicariato, el narcotráfico y el terrorismo, con mayor capacidad y eficacia. Piura no puede ni debe estar por debajo de otras regiones del Perú en cuanto a lo que nuestra Policía necesita y merece.

A los miembros de la Policía Nacional, quiero decirles hoy que, como policías cristianos, ustedes están llamados a no darse nunca por vencidos, a jamás desmoralizarse, porque nuestra esperanza descansa sobre una roca inamovible: El amor de Dios, revelado y entregado en Cristo Jesús, nuestro Señor, quien ha vencido al mal que ustedes a diario tienen que enfrentar y combatir.

En este tiempo de Adviento, tiempo de espera del Salvador, Isaías, el profeta de la alegría y de la esperanza, nos ha descrito en la primera lectura (ver Is 35, 1-10), con bellas y poderosas imágenes, que la victoria sobre el mal es de nuestro Dios; que al final de los tiempos habrá un cielo nuevo y una tierra nueva, y que por tanto no tengamos miedo, sino que más bien seamos fuertes y estemos animosos, porque nuestro Dios viene en persona y nos salvará, y por fin habrá paz para siempre.  Asimismo, en el Evangelio de hoy (ver Mt 3, 1-12) el Señor Jesús aparece como vencedor del pecado y del mal al perdonar y curar a un paralítico.

Por tanto, que, en vuestra lucha diaria contra el mal, los sostenga la certeza de que Cristo ya ha vencido, y que los remanentes del mal que aún nos golpean, serán definitivamente derrotados en su última y definitiva venida al final de los tiempos. No hay nada que pueda renovar más vuestra vocación y compromiso, que saber que están del lado de Cristo Rey vencedor, y que luchan bajo su guía.      

Queridos Policías: Nunca desfallezcan en su misión de luchar contra el mal, porque en esta tarea, somos más que vencedores gracias a Aquel que nos amó (ver Rom 8, 35-39). Por eso ¡la esperanza no falla! Además, cuentan con la constante intercesión de Santa Rosa de Lima, vuestra patrona, quien era pobre en recursos, pero rica en fervor. Que Ella les ayude a mantener vivos en sus corazones la fidelidad a los ideales, y la pasión por la misión policial. 

A la luz de esta firme esperanza, el trabajo que realizan, adquiere un significado valioso, que exige, de parte vuestra, la vivencia de virtudes humanas y cristianas, como el honor, la lealtad, la honestidad, el servicio, la camaradería, la fe, la caridad, y el sacrificio hasta el extremo, porque al tener la misión de preservar la vida de los demás, ello puede demandarles, la entrega de la propia vida.  

Por otro lado, que todos aquellos que se acerquen a ustedes, experimenten su ayuda, protección y amabilidad. Asimismo, no se olviden jamás que, un Policía con valores es un instrumento muy importante en la formación de nuestro amor por la Patria y el respeto por los derechos de los demás. Yo siempre recuerdo con gratitud al Policía de mi barrio que, cuando era niño y adolescente, no sólo nos cuidaba, sino que además nos instruía con su ejemplo y con sus diarias lecciones cívicas, cómo ser mejores ciudadanos. Junto con las enseñanzas de mis padres, de mis sacerdotes, y religiosas, las enseñanzas de aquel Policía me han ayudado a ser un mejor peruano y cristiano.

En este día en que celebran XXXIV años de creación como Policía Nacional del Perú, además de reiterarles nuestra gratitud, quisiera animarlos para que su servicio, a veces arduo, se sostenga siempre en su motivación fundamental: Cuidar de las personas, y proteger su dignidad, y su seguridad. Esto es lo esencial y precioso de vuestra vocación policial.

Al hacerlo, sientan las bases para una coexistencia más respetuosa y, por tanto, para una sociedad más segura, volviéndose en artesanos de justicia y esperanza.

Como Santa Rosa de Lima, su Patrona, estén siempre dispuestos a padecer limitaciones, estrecheces y sacrificios, pero manteniendo vivo su ardor, entusiasmo y pasión por los ideales que los convocaron a la Policía Nacional del Perú. No sean nunca hombres y mujeres tristes. Jamás se dejen vencer por el desánimo. Nunca hay motivos suficientes para perder la esperanza. ¡El mal no triunfará por siempre! ¡Al final el Bien lo derrotará definitivamente y lo vencerá!

Que Dios los bendiga, y que María Santísima, cuya Inmaculada Concepción pronto celebraremos, los cubra siempre con su manto maternal, los proteja de todo peligro, y los haga policías íntegros e intachables. Nunca olviden que, ¡vuestra verdadera fortaleza reside en vuestra fuerza moral!

San Miguel de Piura, 05 de diciembre de 2022
Lunes de la II Semana de Adviento

Misa por el XXXIV Aniversario de la creación
de la Policía Nacional del Perú 

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