HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO EN EL I DOMINGO DE CUARESMA 2022

“Con Jesús, María y San Miguel, vencemos a satanás”

Desde el pasado Miércoles de Ceniza, hemos comenzado a vivir el tiempo de Cuaresma. El Evangelio de hoy, I Domingo de Cuaresma (ver Lc 4, 1-13), nos muestra a Jesús ayunando cuarenta días en el desierto y venciendo a las tentaciones del demonio. El tentador y la tentación existen, pero Jesús los ha vencido a ambos enseñándonos así cómo podemos vencerlos nosotros.

Lo primero que constatamos en el pasaje de las tentaciones, es la existencia de Satanás. El demonio existe, el diablo es un ser real que busca destruir el sueño de nuestra santidad. Él busca nuestra ruina, nuestra condenación eterna. Al respecto enseña San Paulo VI: “El mal no es solamente una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia. [1]

El campo de acción de Satanás, es el mundo, donde nos tienta para que caigamos en el pecado. Su aliado en nosotros es nuestro hombre viejo (ver Ef 4, 22; Col 3, 9). Como dice Jesús de Satanás: Es un homicida, no hay verdad en él, la mentira le sale de dentro (ver Jn 8, 44). Cristo nos enseña en el pasaje de las tentaciones que con el diablo no se dialoga ni se juega.

Por eso, cada vez que Satanás busca entablar un diálogo con Jesús, el Señor le cierra toda posibilidad, enseñándonos así a no dialogar con el tentador, porque si dialogamos con él, irremediablemente perdemos. Como dice un sabio refrán: “El diablo no cambia, pero te puede cambiar a ti”. Lo mismo podemos decir de la tentación: Con la tentación no se dialoga ni se juega; se la rechaza, y si ésta es muy fuerte, se huye de ella.  

En segundo lugar, Jesús en el pasaje de las tentaciones nos enseña que, al demonio se le combate y vence con la Palabra de Dios. Así lo hace el Señor en cada una de las tres tentaciones. Por eso en la Cuaresma estamos llamados a leer con más frecuencia y abundancia la Sagrada Escritura. Al diablo se le derrota viviendo muy unidos a Jesús, quien lo ha vencido en cada una de sus tres tentaciones para darnos ejemplo y esperanza en el combate cristiano. No hay que olvidar que en Jesús todos hemos sido tentados, y en Jesús todos hemos vencido a Satanás. Por eso San Agustín afirma con gran profundidad y certeza: “Pues nuestra vida en medio de esta peregrinación no puede estar sin tentaciones, ya que nuestro progreso se realiza precisamente a través de la tentación, y nadie se conoce a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni vencer si no ha combatido, ni combatir si carece de enemigo y de tentaciones. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció?  Reconócete a ti mismo tentado en Él, y reconócete vencedor en Él.  Podía haber evitado al diablo; pero, si no hubiese sido tentado, no te habría aleccionado para la victoria cuando tú fueras tentado”. [2]

Pero también le vencemos muy unidos a la Santísima Virgen María, quien en el misterio de su Inmaculada Concepción se presenta como la vencedora de Satanás, como Aquella que pisa para siempre la cabeza a la serpiente antigua. De ahí la importancia de profesarle a Santa María una profunda piedad filial, y rezarle diariamente el Santo Rosario. Por ello, al comienzo de nuestro combate cuaresmal, nos hace mucho bien recordar la promesa de Dios que recoge el libro del Génesis, promesa realizada en Santa María y en su divino Hijo nuestro Señor Jesucristo, y en nosotros su linaje: “Enemistad pondré entre ti y la Mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar” (Gen 3, 15). La promesa de la destrucción de la serpiente significa para nosotros la liberación definitiva del pecado y de todas sus consecuencias, sobre todo de la muerte, entiéndase no sólo de la natural, sino fundamentalmente de la muerte eterna.   

Asimismo, a Satanás también se le vence a través de la devoción a San Miguel Arcángel, nuestro santo patrono. Demos gracias al Señor que, en nuestra lucha contra las fuerzas demoníacas y el mal, nos ha dado en San Miguel, y en los ángeles que él dirige, a poderosos aliados que nos protegen y nos defienden física y espiritualmente del maligno. Por eso siempre y en todo momento recémosle su oración.

San Miguel, es también el patrono de Kiev, la capital de Ucrania. Por eso hoy le pedimos que defienda a Ucrania de la injusta agresión que sufre; que luche por la paz en ese país, y que al grito de “Quién como Dios”, arroje fuera al demonio que ataca y mata, y así ponga fin a la guerra, a la destrucción, el sufrimiento, el dolor de más de un millón de refugiados, y la muerte de numerosísimos inocentes.

Pasando ahora a considerar las tres tentaciones vencidas por Jesús, éstas tienen grandes lecciones para nuestra vida cristiana. En la primera, el Señor nos enseña a saber moderar los placeres del comer y del beber, a no vivir sólo para nuestro cuerpo y la sensualidad, a tomar conciencia que debemos nutrir el espíritu con el Pan de la Palabra divina, porque, “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4; ver Lc 4, 4).

En la segunda, el Señor Jesús nos enseña que sólo hay que adorar a Dios, sólo a Él dar culto, y no al dinero, al poder, y menos a Satanás y los sucedáneos del mundo. Jesús nos enseña así que, sin Dios, manifestado plenamente en Cristo, el ser humano se desvanece, se diluye. “Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto” (Lc 4, 8), porque hemos sido creados por Él y para Él, para conocerle, amarle, servirle y darle gloria. Y le damos gloria cuando realizamos en nuestra vida su voluntad, su designio divino, el cual busca nuestra felicidad y salvación eterna. Y su designio es que creamos en su Hijo para que así tengamos vida y vida eterna (ver Jn 6, 40).

Finalmente, en la tercera tentación, el Señor Jesús nos enseña que, frente al alarde y el exhibicionismo, hoy tan de moda en los medios de comunicación social; frente a la jactancia y a la presunción, el camino que conduce a la vida pasa por la modestia, la humildad y la sencillez, tanto frente a Dios como frente a los demás.

Queridos hermanos: En su mensaje para la Cuaresma de este año, el Papa Francisco nos ha pedido que no nos cansemos de hacer el bien. Junto con la oración y el ayuno, las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales, son una de las prácticas emblemáticas de la Cuaresma. En este tiempo penitencial ahoguemos el mal en abundancia de bien. Hagamos todo el bien que esté a nuestro alcance. Multipliquemos las obras de caridad y misericordia, especialmente con los más pobres y necesitados. Tengamos presente la exhortación del Apóstol San Pedro: “Ante todo, tened entre vosotros intenso amor, pues el amor cubre multitud de pecados” (1 Pe 4, 8). La caridad fraterna, es una forma muy concreta de purificar el corazón.

En Cuaresma no desfallezcamos en hacer el bien, y junto con los pecados de pensamiento, palabra y obra, hagamos el firme propósito de vencer, con la ayuda de la gracia de Dios, los pecados de omisión, porque como afirma el Apóstol Santiago: “Aquel que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado” (Sant 4, 17). El pecado de omisión es el resultado de no hacer algo que la Palabra de Dios nos enseña y nos pide, a pesar de poder hacerlo.  

Asimismo, en Cuaresma, y como vengo pidiéndolo insistentemente, no dejemos de pedir incesantemente en nuestra oración por la paz del mundo, hoy tan amenazada. Junto con el ayuno, la oración es el arma más poderosa para frenar la guerra en Ucrania y en otras partes del mundo. Usémosla con fe y esperanza.  

Queridos hermanos: Que en esta Cuaresma sólo al Señor nuestro Dios demos culto, y hagámoslo como a Él más le agrada: Derramando su amor misericordioso en la vida de los demás.

Es decir, abriendo nuestro corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales; prestando atención a la precariedad y el sufrimiento de nuestros hermanos, especialmente los enfermos; curando sus heridas; aliviándolas con el óleo de la consolación; vendándolas con nuestra cercanía, solidaridad y cariño.

Que María Inmaculada, la vencedora de Satanás, nos cubra con su manto maternal, y que, junto con San Miguel, nos guíe en el combate cuaresmal, para así llegar a la Pascua renovados en santidad y amor fraterno.   

Que así sea. Amén.   

San Miguel de Piura, 06 de marzo de 2022
I Domingo de Cuaresma

[1] San Pablo VI, Audiencia General, 15-XI-1972.

[2] San Agustín, De los Comentarios sobre los Salmos, (Salmo 60, 2-3: CCL 39, 766).

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