EXHORTACIÓN PASTORAL CON MOTIVO DE LA NAVIDAD 2007

“No temáis os traigo una Buena Noticia”

Exhortación Pastoral del Arzobispo Metropolitano
a toda la Iglesia Arquidiocesana de Piura y Tumbes
con ocasión de la Navidad

(Para leer en todas las Misas el domingo 23 de diciembre)

Queridos hermanos y hermanas en el Señor Jesús: ¡Gracia y paz!

Cercana ya la Nochebuena, noche de paz y amor, de silencio y adoración, me dirijo a todos ustedes con el deseo de compartir unas reflexiones que nos permitan prepararnos conveniente a celebrar el misterio de Navidad, el misterio del Emmanuel, del Dios con nosotros. El relato del Nacimiento del Señor según San Lucas (ver Lc 2, 1-16), concentra nuestra mirada de fe en una ciudad pequeña de una provincia menor y remota del entonces Imperio Romano: Belén de Judá.

¿Qué de importante puede estar por suceder en Belén, y en concreto en un pesebre, porque no había alojamiento para ellos en la posada? El ángel de Navidad viene hoy en nuestra ayuda, como lo hizo ayer con los pastores para decirnos: “No tengáis miedo, porque vengo a traeros una buena noticia, que será causa de gran alegría para todos. En la ciudad de David, os nacido hoy un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esta será la señal para que le reconozcáis; encontraréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 9-12).

La Buena Noticia que pronto celebraremos es la misma buena noticia que desde hace 2007 años nos congrega cada 25 de diciembre: ¡Dios se ha encarnado y ha nacido de Santa María, virgen!

Noticia antigua pero siempre nueva, que con el paso del tiempo no pierde su vigencia y decisiva importancia para nosotros: ¡Dios ha venido a habitar entre nosotros, y gracias a ello el ser humano ya no está más solo!

El Amor infinito que es Dios, nos ama y nos busca para reconciliar lo humano y lo divino, sanando las rupturas fruto del pecado del hombre. Con la encarnación del Verbo de Dios, la misericordia divina se ha hecho tan cercana que bien podemos decir que en los brazos de la luna, que es María, yace el sol, que es Jesús.

Para comprender aún más la “Buena Noticia” de la Navidad, recurramos a San Agustín para profundizar en el misterio de amor que significa el nacimiento de Jesucristo: “Despierta hombre, por ti Dios se hizo hombre. Despierta tú, que duermes, surge de entre los muertos; y Cristo, con su luz, te alumbrará. Te lo repito: Por ti Dios se hizo hombre . Estarías muerto para siempre, si Él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca hubieras sido librado de la carne del pecado, si Él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Estarías condenado a una miseria eterna, si no hubieras recibido tan gran misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si Él no se hubiera sometido voluntariamente a tu muerte. Hubieras perecido, si Él no te hubiera auxiliado. Estarías perdido sin remedio, si Él no hubiera venido a salvarte”.1

Lo que tan viva e intensamente nos anuncia San Agustín, se hace presente, se hace «hoy» para nosotros. La Navidad no es sólo el recuerdo de un hecho histórico y extraordinario ocurrido hace más de dos mil años, sino que por la fuerza de la liturgia se hace «hoy». Por eso el anuncio del ángel adquiere total actualidad: “Hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor” (Lc 2, 11).

El hecho que Cristo haya trascendido las barreras del tiempo y del espacio con su gloriosa resurrección, hace posible que la gracia reconciliadora del misterio de su Nacimiento, se haga presente y actuante para nosotros en la celebración litúrgica del Día de Navidad.

Verdaderamente somos contemporáneos del Nacimiento del Señor Jesús, en unión con Santa María, San José y los pastores de Belén. ¡Por ello que nadie falte a la Santa Misa de Nochebuena o del Día de Navidad!

¡Dios se ha hecho hombre! Sólo en el amor podemos encontrar la razón última de la encarnación-nacimiento del Señor Jesús. El que yacerá en el pesebre es Dios-Amor, amor absoluto e incondicional por el hombre. Por eso con Su Santidad Benedicto XVI, podemos decir llenos de alegría que, “el hombre es redimido por el amor…La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando «hasta el extremo», «hasta el total cumplimiento» (ver Jn 13, 1; 19, 39)”.2

La Navidad sólo se puede celebrar a través de la humilde acogida del amor de Dios en nuestras vidas, conscientes que lo necesitamos a Él mucho más de lo que Él ha querido necesitar de nosotros al hacerse niño, ya que el Señor Jesús es el único que puede saciar el ansia de felicidad y de infinito que tiene nuestro corazón.

El gran desafío de la Navidad es acoger por la fe al Niño Dios que nace, ofreciéndole como morada la propia vida personal y social, para que ahí pueda nacer, crecer y vivir, y así llenar y transformarlo todo con su vida, luz, y amor.

Constatamos con dolor que no son pocos los indiferentes al amor de Cristo. La dolorosa sentencia del Prólogo de San Juan no ha perdido vigencia: “Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron” (Jn 1, 11). ¡Que esto no suceda en Piura y Tumbes! Démosle siempre a Jesús la acogida de nuestra fe. Que nuestros corazones, hogares, centros de trabajo y estudio, que nuestras ciudades, pueblos, centros poblados, caseríos y anexos, sean como el corazón de Santa María: ámbitos humildes donde el amor que es Jesús sea acogido y desde allí sea irradiado a los demás.

Que en esta Navidad de manera renovada nos dejemos conquistar por el amor del Niño Dios, para que así se despierte en nosotros el amor al prójimo, ya que éste, está profundamente enraizado en el amor a Dios. Como bien nos lo ha recordado el Santo Padre, el servicio del amor siempre será necesario y debe ser la consecuencia natural de acoger a Jesús-Amor en Navidad: Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo… (pero este servicio de amor), no brinda a los hombre sólo ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, una ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material”.3

Que en esta Navidad y a lo largo de todo el Nuevo Año, por nuestra activa caridad especialmente para con los más pobres y necesitados, testimoniemos que en la Iglesia late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu del Señor Jesús, y que la caridad pertenece a la naturaleza de la Iglesia y es manifestación irrenunciable de su propia esencia.

Que María Santísima, la Madre de Dios, y San José, su castísimo esposo, nos ayuden a profundizar en el misterio de Navidad.

Que ellos nos muestren al Señor Jesús, nos ayuden a conocerlo y amarlo, para que así seamos capaces de vivir e irradiar el verdadero amor, aquel que yace en los brazos de Santa María, en el portal de Belén, y que San José custodia como varón fiel y prudente.

A todos les deseo una muy Feliz Navidad y un Año Nuevo lleno de las bendiciones del Señor.

Con mi bendición pastoral.

+ JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI, S.C.V.
Arzobispo Metropolitano de Piura

San Miguel de Piura, 23 de diciembre de 2007
Domingo IV de Adviento

Notas

1. San Agustín, Sermón N. 185.

2. S.S. Benedicto XVI, Carta Encíclica Spe Salvi, n. 27.

3. S.S. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus caritas est, n. 28.