HOMILÍA SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED 2006

Misa y Te Deum con las Fuerzas Armadas
Basílica Catedral de Piura

Señor General de División Ejército Peruano, César Cárdenas Figuerola, Comandante General de la Región Militar del Norte.

Señor Mayor General Fuerza Aérea Peruana, Jaime Figueroa Olivos Comandante del Ala Aérea Nº 1.

Señor Capitán de Navío, Juan Valqui Samillán, Jefe de Estado Mayor de la Primera Zona Naval.

Señor General de Brigada, Ejército Peruano, Paul Da Silva Gamarra, Jefe de Estado Mayor de la Región Militar del Norte.

Señor Coronel Policía Nacional del Perú, Antonio Lazarte Dextre, Jefe Policial de Piura y representante del General Ricardo Benavides, Jefe de la Región Policial de Piura y Tumbes.

Señor Presidente Regional, Don César Trelles Lara.

Señor Representante de la Prefectura de Piura.

Señor Doctor, Andrés Villalta Pulache, Presidente de la Corte Superior de Piura.

Señor Doctor, Héctor Lama Martínez, Fiscal Superior.

Señor Alcalde Provincial de Piura, Don Eduardo Cáceres Chocano.

Señora Doctora, Eugenia Fernán Zegarra de Belaúnde, Defensora del Pueblo.

Dignas Autoridades Civiles y Políticas.

Señoras y Señores.

1. Hoy nuestras Fuerzas Armadas y todo Piura rinden homenaje de filial amor a “Nuestra Señora de la Merced”, Patrona de los Campos y de las Armas del Perú, Gran Mariscala de nuestra Patria.

Venimos a ponernos bajo su manto maternal para renovarle la entrega de de nuestras vidas, porque sabemos que Ella con gran amor de Madre, cuida siempre a quienes la invocan de corazón.

De manera especial hoy queremos poner bajo su protección a nuestras Fuerzas Armadas quienes la tienen como su Patrona: desde su Comandante Supremo, el Señor Presidente Constitucional de la República y sus Comandantes Generales, hasta el último soldado, marino, y aviador que sirve a la Patria.

¡Virgen de las Mercedes, son tus hijos, vela por ellos!

Protégelos de todo mal, bendice a sus familias y sobre todo ayúdales en su trabajo cotidiano a que sean siempre los dignos herederos de la gloria del Gran Almirante del Perú y peruano del milenio, Don Miguel Grau Seminario; del héroe de Arica, el Coronel Francisco Bolognesi Cervantes; y del héroe de la aviación peruana, el Capitán José Abelardo Quiñones Gonzáles, y de esta manera siempre honren a la Patria, al Pueblo Peruano y a las Fuerzas Armadas.

Nuestro homenaje esta mañana a los peruanos de uniforme, quienes con su sacrificio y entrega diaria, contribuyen al engrandecimiento del Perú, sirviendo en los lugares más inhóspitos, cumpliendo la misión de resguardar la soberanía e integridad territorial así como coadyuvar al desarrollo del país a través de sus unidades militares.

2. Los colores de la Bandera del Perú, son los colores de la Virgen de las Mercedes. De esta manera María Santísima expresa su identificación con esta tierra que todos amamos y que se llama Perú. No somos indiferentes a su amor maternal. Nuestras alegrías, dolores, gozos, y esperanzas, son también los suyos. Ella se interesa por nosotros. Por eso delante de su imagen hoy queremos hacer nuestra la oración que en 1921 le dirigiera el gran Mariscal del Perú, don Andrés Avelino Cáceres:

“Madre de nuestro Ejército: humilde a tus plantas como acostumbré en mi juventud de soldado, hoy el anciano Mariscal te repite el ruego de toda su vida: que la fe en las mercedes que otorgas cual guía luminosa abra al Perú la ruta de la gloria”.

Sí, hoy le pedimos a La Virgen de las Mercedes, que cual guía luminosa abra al Perú la ruta de la gloria. Para ello será imprescindible que todos los peruanos, con uniforme o sin él, luchemos unidos, juntos de la mano de María Santísima, por recuperar los valores y las fuerzas morales que hacen grande a una nación.

“Gran Mariscala y Patrona de los Campos del Perú”, ayúdanos a construir un Perú justo y reconciliado, libre de enfrentamientos entre peruanos, donde la búsqueda del bien común, y no la de nuestros intereses personales o partidarios, sea la guía de nuestro actuar.

Ayúdanos, oh Madre a vernos libres del egoísmo insolidario, y más bien siguiendo tu ejemplo y modelo de servicio, haznos fraternos. Enséñanos a saber abrir nuestros corazones a todos, especialmente a los más pobres y necesitados, para compartir con ellos nuestros bienes y sus sufrimientos, y así llevarles consuelo y esperanza.

Madre Inmaculada, Virgen llena de gracia, reflejo puro de la perfección de Dios, concédenos ser en nuestro actuar público sembradores de la verdad, de justicia, honestidad, laboriosidad, pureza. Haznos fieles a nuestra vocación sea ésta la sacerdotal, consagrada o matrimonial. Tú la Madre de Aquél que es la Vida, enséñanos a respetar la vida desde la concepción hasta su fin natural.

Hoy, civiles, militares y eclesiásticos te rendimos filial homenaje, es decir todos los representantes de nuestra sociedad, señal inequívoca que la fe católica es el sustrato del alma peruana, y que sin ella, no podemos entender nuestro presente y menos proyectarnos con confianza al futuro.

Madre, Mediadora de todas las gracias, guíanos a la victoria más importante, la obtención de la Paz y del Amor, que es nuestra contribución a la venida del Reino de tu Hijo.

3. Nuestra Señora de las Mercedes:

A los ojos de Dios eres hermosísima, la más perfecta y la más santa de las criaturas. Tu alma jamás fue oscurecida por la sombra de una sola mancha, y toda la rabia del infierno se agotó en vano contra tu hermosura.

Pasaste por entre los pecados y miserias morales de nuestra tierra, y no dejaste en ella sino la silueta de una pureza intacta, milagrosa.

Porque Dios estableció en ti el santuario más oculto y más fuerte de su Amor. Tú lo acogiste con fe y amor y Él formó en ti un rostro que reflejase de una manera ideal la luz divina.

Santa María, en la espera del día en que veamos tu rostro glorioso, queremos contemplar tu belleza con ojos de la fe, llenar nuestra mirada terrena de este esplendor celestial.

¡Qué, deslumbrados por una hermosura tan espiritual, seamos conducidos, nosotros pobres pecadores, hacia la perfección de tu ideal!

B ella y purísima Luna que recoges los rayos del Sol de Justicia que es Jesucristo, te nutres de ellos y los reflejas de la mejor manera posible. Pareces estar tan encima de nosotros, a una altura inaccesible. Y, sin embargo, nos eres muy cercana, porque recibiste de Dios el privilegio de ser para nosotros dadores de mercedes.

Madre Inmaculada y Señora Nuestra: en ti el triunfo del bien sobre el mal nos llena de esperanza y de ilusión en nuestro peregrinar.

Acoge con amor esta ofrenda de tus hijos y bendice esta amada tierra con los dones de la reconciliación y la paz.

¡Oh clementísima, oh piadosísima, oh dulce Virgen María!

San Miguel de Piura, domingo 24 de septiembre de 2006
Solemnidad de Nuestra Señora de la Merced

Mons. José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V.
Arzobispo Metropolitano de Piura