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MISA POR EL LXVII ANIVERSARIO DE LA INMOLACIÓN DEL CAP. FAP JOSÉ ABELARDO QUIÑONES 2008 PDF Imprimir E-Mail

 MISA POR LA FUERZA AÉREA DEL PERÚ
LXVII ANIVERSARIO DE LA INMOLACIÓN DEL
CAP. FAP JOSÉ ABELARDO QUIÑONES GONZÁLES

Señor Presidente Regional, Doctor César Trelles Lara.
Señora Gobernadora de Piura, Maritza Landa de Taboada.
Señora Alcaldesa Provincial de Piura, Mónica Zapata de Castagnino.
Señor Alcalde de Castilla, Ricardo Wacheng Morales.
Señor Doctor, Roberto Palacios Márquez, Presidente de la Corte Superior de Piura.
Señor Doctor, Aurelio Saavedra Cedano, Fiscal Superior Decano de Piura.
Señor Doctor, César Orrego Azula, Jefe de la Defensoría del Pueblo.
Señor General de División Ejército Peruano, Carlos Miranda Velásquez, Comandante General de la Región Militar del Norte y Comandante General del Comando Operacional del Norte.
Señor Mayor General Fuerza Aérea Peruana, Donovan Bartolini Martínez, Comandante General del Ala Aérea Nº 1.
Señor Contralmirante Armada Peruana, Ernesto Ormeño Baglietto, Comandante General de la Primera Zona Naval.
Señor Mayor General Policía Nacional del Perú, Eusebio Félix Murga, Director de la Primera Dirección Territorial Policial.
Dignas Autoridades Políticas, Diplomáticas, Universitarias, Civiles y Militares.
Señoras y Señores.

Nos hemos reunido esta mañana en la Basílica Catedral de Piura, para rendir sentido homenaje al Capitán FAP don José Abelardo Quiñones Gonzáles, Héroe Nacional y Gran General del Aire del Perú, con ocasión de celebrarse el próximo miércoles 23 de julio, el sexagésimo séptimo aniversario de su inmolación por la Patria.

Con ocasión de esta trascendental fecha en la historia del Perú, celebramos también el Día de la Aviación Militar del Perú. Por ello nuestro reconocimiento a nuestra gloriosa Fuerza Aérea, institución decisiva para la defensa y la soberanía nacional. Nuestro sentido homenaje a nuestros aviadores que visten el uniforme de la Patria y el azul del cielo que también es el azul de Santa María Virgen, a quien aman filialmente consagrándole diariamente sus vidas en la hermosa advocación de “Nuestra Señora de Loreto”.

Nuestros aviadores militares con su cotidiana entrega, muchas veces realizada en medio de grandes carencias y limitaciones, contribuyen no sólo a garantizar la soberanía e integridad territorial, sino también al desarrollo del país, a su engrandecimiento y bienestar. Ello lo saben muy bien los pobladores humildes del Perú, que tanto en la costa, sierra y selva se alegran al escuchar el sonido de los motores de un avión o de un helicóptero de nuestra Fuerza Aérea, porque saben que con ellos llega la ayuda oportuna en la necesidad y el apoyo eficaz en sus diarios esfuerzos por vivir cada día más dignamente.

Hoy nuestra mirada emocionada y agradecida se dirige a la insigne figura del Capitán FAP don José Abelardo Quiñones Gonzáles, Héroe Nacional y Gran General del Aire del Perú, quien naciera en el puerto de Pimentel, departamento de Lambayeque, el 22 de abril de 1914.

Fue el segundo hijo varón del matrimonio de don José María Quiñones Arizola y doña María Juana Rosa Gonzáles. En 1935 ingresa a la Escuela de Aviación “Jorge Chávez” como cadete, integrando la promoción Comandante “José Lucas Raguz Verán”.

Desde el principio mostró sus excepcionales condiciones para el vuelo. Cuatro años después de haber ingresado, se recibe como Alférez el 21 de enero de 1939, siendo distinguido como el número 1 en la especialidad de piloto de caza. En el día de su graduación y al mando de un avión de fabricación italiana Caproni 113, realizó sus famosos vuelos invertidos, a tan sólo un metro y medio del suelo, vuelos que ya evidenciaban su coraje, nervio de acero y gran valor.

Al poco tiempo de su graduación fue designado al XXI escuadrón de caza del Primer Grupo Aéreo, ubicado en la ciudad de Chiclayo. Formó parte de la 41 Escuadrilla de aviones North American NA-50. Allí integró la Primera Escuadrilla de alta acrobacia. Al crearse la Unidad de paracaidistas, realizó intensos entrenamientos de salto sobre el cielo de Chiclayo, lo que lo hizo todo un experto en el uso del paracaídas.

En una ocasión, Quiñones había dicho: “Todo ser humano tiene en su camino el pedestal del héroe. El mérito consiste en, llegado el momento, tener el valor de subir en él”. Esa ocasión llegó para nuestro héroe, el 23 de julio de 1941, cuando durante el conflicto entre el Perú y el Ecuador, Quiñones partió en una escuadrilla aérea de caza con la misión de recuperar la frontera. Durante un ataque sobre el río Zarumilla, en Quebrada Seca, Quiñones fue alcanzado por el fuego antiaéreo.

En esta circunstancia en vez de salvarse usando el paracaídas, del cual como hemos visto era experto, decide dirigir su avión contra el emplazamiento de ametralladoras ecuatorianas. De esta manera, Quiñones cumplió con abnegación, desprendimiento y el sacrificio de su vida con sus sagrados deberes para con el Perú.

Dice un refrán, que los héroes inspiran con el ejemplo de su sacrificio, con el coraje de sus actos y por el amor a su Patria. Que el sacrificio de Quiñones nos inspire a amar más al Perú, a superar las rivalidades, ya que todos los peruanos, con o sin uniforme, estamos llamados a “realizar, unidos en un esfuerzo generoso, una sociedad en la que el reconocimiento, la estima y la defensa de lo particular no vayan en perjuicio del bien común. En efecto, sólo una comprensión fraterna, que respete a toda persona y se oriente a resolver los posibles contrastes puede promover el auténtico y efectivo crecimiento de cada uno[1].

Víctor Andrés Belaúnde, insigne pensador peruano solía decir que para que exista una moral mínima o media que haga digna nuestra vida y solidaria nuestra convivencia social, es necesario el ejemplo de una minoría heroica que practique la moral máxima[2].

Sin esta minoría de personalidades superiores que son los factores vivos de la ética social, sin la luz de sus enseñanzas y sin el estímulo de su ejemplo que determinan la conducta colectiva de una Nación, nuestras vidas caerían inevitablemente hacia el abismo, sin una visión de las altas cumbres que reflejan la luz eterna; de los nobles ideales que señalan el camino y animan a trabajar con ilusión y esperanza por un Perú mejor, justo y reconciliado, que sea la casa de todos sin excepción.

Esta enseñanza de Víctor Andrés Belaúnde es un eco de las enseñanzas de vida eterna de Jesús en el Evangelio, cuando el Señor nos habla del grano de trigo que muere para dar mucho fruto, de la pequeña semilla de mostaza que cuando crece se convierte en un gran arbusto que cobija a muchos en sus ramas, de la pequeña medida de levadura que fermenta a toda la masa, de la sal y la luz que da sabor y alumbra a toda la casa[3].

Quiñones pertenece a esta minoría heroica que practica la moral máxima constituyéndose así para todos los peruanos sin excepción en un ejemplo de persona recta que buscando el bien común, y no exclusivamente el bien para sí mismo, nos convoca a todos a dar lo mejor de nosotros por el bien del Perú, abriendo solidariamente nuevas posibilidades para el desarrollo integral de cada peruano y de todos los peruanos. Un desarrollo, y es oportuno decirlo, que debe ser integral, que no se reduzca a lo técnico y económico, sino que abarque además lo educativo, cultural y espiritual, porque el desarrollo tiene como fin a la persona humana en su totalidad.

Mi deseo para ustedes Aviadores Militares, que sigan el ejemplo de Quiñones, que sean de esa minoría heroica que practica la moral máxima. Para ello, no se olviden que su preparación técnica y el desempeño de las obligaciones que les corresponden requieren de una vida cristiana seria y responsable. Porque las virtudes humanas exigidas por vuestra vocación, como el valor, la abnegación, la disciplina, el compañerismo, el amor de la justa convivencia, se encuentran más garantizadas y ennoblecidas cuando la fe, el sentido cristiano del sacrificio y de la fraternidad las ilumina e impregna. Una vida cristiana valientemente vivida por ustedes será la garantía para vivir en plenitud vuestra vocación y misión de aviadores.

Por ello “Arriba siempre arriba”, como dice la noble letra de vuestro himno institucional, es decir aspiren a ser santos que no es otra cosa sino tener una vida de intensa amistad con Jesús por la oración, la confesión frecuente y la Misa dominical.

Que el pensamiento de Dios, Padre de todos los hombres, creador de la tierra que sobrevuelan y de los inmensos espacios que cruzan, los acompañe siempre en el fiel desempeño de su misión. Que Jesucristo nuestro Salvador, les aliente, como a Quiñones, a vivir el amor hasta el extremo, ya que “no hay amor más grande que el dar la vida por los amigos” (Jn 15, 12-13). Que el Espíritu Santo les dé sabiduría y fortaleza y que vuestros días transcurran en la serenidad de la paz que todos deseamos para el Perú y para el mundo entero.

Nuestro homenaje también a sus esposas e hijos. No es fácil ser familia de un aviador militar, porque también se deben compartir las incomodidades que implica su misión. Y sin embargo, la familia es el apoyo principal de cada uno de ustedes, comprometidos a garantizar la soberanía y la paz del Perú. De ahí la importancia de fortalecer la unión familiar.

También hoy elevamos nuestra oración al Señor por aquellos Aviadores Militares caídos en diversas misiones de paz, en la lucha contra el terrorismo y en la defensa de la Patria. ¡Qué su sacrificio no haya sido en vano!

Que su testimonio nos impulse a todos a no resignarnos al mal y a la injusticia, sino a vencer el mal con el bien. Que el Señor Resucitado, los acoja en su Reino de paz y conceda a sus familiares esperanza y consuelo.

Desde aquí elevamos un respetuoso pero firme pedido al Supremo Gobierno para que acelere el proceso de repotenciación y reparación de las unidades de nuestra Fuerza Aérea, para que así nuestros Aviadores Militares puedan cumplir de manera segura y cabal con su misión, y volar las horas necesarias que les permitan mantener al tope sus habilidades y profesionalismo.

No podemos concluir estas reflexiones sin dirigir nuestra mirada de amor de hijos a nuestra Madre Santísima, “Nuestra Señora de Loreto”, patrona de todos los aviadores. Según una muy antigua tradición, la Santa Casa de Nazaret donde vivieron Jesús, María y José, fue milagrosamente transportada por los ángeles al medio de un bosque en la campiña lauretana en Loreto – Italia, en la noche del 09 al 10 de diciembre de 1294. Por aquel vuelo angélico, la Santísima Virgen de Loreto es proclamada por los aviadores como su Madre y Patrona.

Mi deseo que el azul de vuestros uniformes les recuerde siempre que son hijos de Santa María. Por ello en todo momento tribútenle un profundo amor filial. Récenle todos los días el acto de consagración, y en familia el Santo Rosario, oración ésta última tan querida por Ella. Encomiéndenle sus misiones y tareas. Ella sabrá cubrirlos siempre con su manto maternal.

No se olviden que Jesús en la Cruz después de confiarnos a su amor maternal: “Mujer ahí tienes a tu Hijo” (Jn 19, 25) nos la señaló como nuestra Madre, y nos exhortó a amarla como Él la había amado: “Ahí tienes a tu Madre” (Jn 19, 26). Un Aviador Militar siempre debe estar en los brazos maternales de Santa María.

A Ella los confiamos con esta sencilla oración:

María, Virgen de Loreto, puerta del cielo,
ayúdanos a elevar nuestra mirada a las alturas.
Queremos ver a Jesús, hablar con Él
y anunciar a todos su Amor.

Madre Santa María, en tu corazón inmaculado,
ponemos la vida y misión
de nuestros aviadores militares y la de sus familias.
Son tus hijos, Madre Purísima,
cuídalos, defiéndelos y guíalos.
Has que en la inmensidad del cielo
te encuentren, y junto a Ti, a tu amado Hijo Jesús.
Has que retornen con bien al seno de sus hogares
y con la satisfacción de la misión cumplida.

¡Oh Madre Santa de Loreto!
fuente del más puro amor,
nuestra esperanza esta en Ti,
Madre Reina del Cielo.
Cuando en el día de nuestra muerte
al final de nuestro terrenal vuelo,
nuestras alas se quiebren,
antes de llegar al suelo,
que los brazos de tu amor nos acojan
y nos lleven al cielo.
Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, domingo 20 de julio de 2008
+ JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI, SCV.
Arzobispo Metropolitano de Piura

Notas

[1] S.S. Juan Pablo II, Discurso en Triste, Italia, 01-V-1992.

[2] Víctor Andrés Belaúnde. “Martín de Porres, el problema racial y la cuestión social”. En: Palabras de fe. Obras Completas, Tomo VI. Lima, Publicaciones del Instituto Riva Agüero, 1993, pág. 160.

[3] Ver Jn 12, 24; Mt 13, 31-33; Mt 5, 13-16.

 
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