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CARTA ENCÍCICLICA “ECCLESIA DE EUCHARISTIA” CAPÍTULOS IV, V, VI y CONCLUSIÓN (nn. 34 – 62) CAPÍTULO IV EUCARISTÍA Y COMUNIÓN ECLESIAL 34. La Iglesia está llamada a mantener y promover la comunión con Dios y entre los fieles. Para ellos cuenta con la Palabra, los Sacramentos y sobre todo la Eucaristía. La Eucaristía se manifiesta como culminación de todos los Sacramentos, en cuanto lleva a perfección la comunión con Dios Uno y Trino. 35. La Eucaristía consolida y lleva a la perfección la comunión. Expresa este vínculo de comunión, sea en la dimensión invisible o sea en la dimensión visible. 36. La comunión invisible, aun siendo por naturaleza un crecimiento, supone la vida de gracia. No basta la fe, es preciso perseverar en la gracia santificante y en la caridad y en el seno de la Iglesia con el cuerpo y el corazón. En este sentido quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe acercarse al sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Ésta norma está vigente y siempre lo estará. 37. La Eucaristía y la Penitencia están estrechamente vinculados entre sí. 38. La comunión eclesial es también visible y se manifiesta en los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos y del gobierno eclesiástico. La Eucaristía exige que se celebre en un contexto de integridad de todos los vínculos, incluso externos, requiere de los lazos de comunión de los sacramentos, especialmente del Bautismo y del Orden Sacerdotal. No se puede dar la comunión a una persona no bautizada o que rechace la verdad íntegra sobre la Eucaristía. 39. El sacrificio eucarístico no es nunca una celebración de una sola comunidad, sino que ha de mantenerse en sintonía con todas las demás comunidades católicas. La comunión eclesial de la asamblea eucarística es comunión con el propio Obispo y con el Papa. 40. La Eucaristía crea comunión y educa a la comunión. 41. La Eucaristía es eficaz para promover la comunión, por ello la importancia de la Misa dominical. Participar de la Misa es una obligación para todos los fieles, a menos que tengan impedimento para hacerlo. Ella es el lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente. 42. La salvaguardia y promoción de la comunión eclesial es una tarea que incluye a todos los fieles. 43. Al considerar la Eucaristía como sacramento de comunión eclesial no podemos olvidarnos del compromiso ecuménico: la unidad entre todos los cristianos, tanto de los hijos de la Iglesia Católica como de nuestros hermanos de las otras Comunidades eclesiales. La Eucaristía es el supremo Sacramento de unidad. 44. Porque la Eucaristía exige la completa comunión en los vínculos de profesión de fe, de los sacramentos y del gobierno de la Iglesia, no es posible celebrar la misma liturgia eucarística hasta que no se reestablezca la integridad de esos vínculos El camino a la unión plena tiene que hacerse en la verdad. 45. En circunstancias especiales se puede dar la comunión eucarística a personas que no están en plena comunión con la Iglesia Católica, en este caso el objetivo es satisfacer una necesidad espiritual para la salvación de las almas. 46. Los ministros católicos pueden, en determinados casos, administrar los sacramentos de la Eucaristía, de la Penitencia y de la Unción de los enfermos a otros cristianos que no están en comunión plena con la Iglesia católica. En determinados casos, los católicos también pueden pedir la administración de los mismos Sacramentos a ministros de aquellas Iglesia en que sean válidos. CAPÍTULO V DECORO DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA 47. El episodio de la unción de Betania hace de preludio a la tarde de la Última Cena. 48. La Iglesia dedica sus mejores recursos y esfuerzos para expresar su reverente asombro ente el don de la Eucaristía. A lo largo de los años siempre la ha celebrado en un contexto digno de tan grande misterio, acogiéndola como don que viene del Esposo. La Eucaristía es verdaderamente un banquete sagrado, en el cual la sencillez de los signos contiene la santidad de Dios. 49. La fe de la Iglesia ante el Misterio de la Eucaristía, no sólo se manifiesta en un acto de piedad interior sino a través de muchas expresiones externas que subrayan la magnitud del acontecimiento que se celebra. De ahí las normas y recomendaciones en la liturgia eucarística. Manifestaciones del arte como la arquitectura, la música, la pintura, escultura, han encontrado en la Eucaristía una fuente de gran inspiración. 50. Tanto en las Iglesias de Oriente como en Occidente, se han hecho presentes estas manifestaciones que han hecho un auténtico servicio a la fe. El arte sagrado debe distinguirse por expresar adecuadamente el Misterio. 51. En los lugares donde el cristianismo es más joven se produce un proceso de inculturación, donde el misterio eucarístico toma contacto con diversas formas, estilos y culturas. Este trabajo de adaptación debe llevarse a cabo con la conciencia de lo inefable del Misterio. El tesoro es demasiado grande para que se empobrezca o hipoteque. 52. La responsabilidad de la celebración eucarística es de los sacerdotes, quienes la presiden in persona Christi. Es lamentable que por algunas malas interpretaciones de creatividad y de adaptación, se hayan cometido algunos abusos y ciertas reacciones que llevaron a algunos a considerar “las formas” como no obligatorias, introduciendo así innovaciones no autorizadas. Deben observarse con gran fidelidad las normas litúrgicas en la celebración eucarística, ellas son expresión de auténtica eclesialidad. La liturgia no es propiedad individual. El sacerdote manifiesta su verdadero amor por la Iglesia celebrando fielmente la Misa según las normas. Nadie puede tratar el Misterio a su arbitrio personal. CAPÍTULO VI EN LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER “EUCARÍSTICA” 53. Mirar a María para descubrir en toda su riqueza la relación íntima que une Iglesia y Eucaristía. María tiene una relación profunda con el Santísimo Sacramento. La presencia de María no pudo faltar en las celebraciones eucarísticas de los primeros cristianos. María es mujer eucarística por su relación con este misterio, la Iglesia toma a María como ejemplo. 54. La Eucaristía nos exige confianza total en la Palabra de Dios, ya que ella supera nuestro entendimiento. La Iglesia ve en María un ejemplo de confianza plena en la Palabra del Señor: “Haced lo que él os diga”. 55. María ha practicado su fe eucarística al haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo. La Eucaristía está en continuidad con la Encarnación. Existe una profunda analogía entre el Fiat pronunciado por María y el amén que cada fiel dice cuando recibe la comunión. María ha anticipado la fe eucarística de la Iglesia en la Visitación, pues ella lleva en su seno al mismo Señor, convirtiéndose como en el primer tabernáculo de la historia y desde él irradia luz para todos los hombres. 56. La Virgen hace suya la dimensión sacrificial de la Eucaristía, después de escuchar las profecías de Simeón, ella se prepara para el calvario. Recibir la Eucaristía en las primeras celebraciones, debía significar para María como si acogiera de nuevo en su seno a su Hijo. 57. El mismo Señor nos entrega a María como Madre nuestra. Vivir en la Eucaristía el memorial de la muerte de Cristo implica también acoger a María al igual que Juan y asumir el compromiso de conformarnos a Cristo siguiendo el ejemplo y enseñanzas de la Virgen. 58. La Eucaristía es al igual que el Magnificat, alabanza y acción de gracias. La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea como la de María, un continuo Magnificat. CONCLUSIÓN 59. En la Santísima Eucaristía está el tesoro de la Iglesia, el corazón del mundo, la prenda que todo hombre, aunque sea inconsciente, aspira. Es un misterio que nos supera poniendo a prueba nuestra capacidad de ir más allá de las apariencias. 60. En el alba del tercer milenio todos los hijos de la Iglesia estamos llamados a caminar en la vida cristiana con un renovado impulso evangelizador, este nuevo vigor de la vida cristiana pasa por la Eucaristía. Todo compromiso de santidad y toda acción evangelizadora han de sacar de la Eucaristía la fuerza necesaria y ordenarse a ella como su culmen. 61. El Misterio eucarístico –sacrificio, presencia, banquete- no consiente reducciones ni ambigüedades, debe ser vivido en su integridad, tanto en su celebración como en la contemplación. Así se construye la Iglesia y expresa lo que es: una, santa, católica y apostólica. El tesoro eucarístico nos alienta a compartirlo plenamente con todos los hermanos con quienes nos une el mismo Bautismo. Dar a la Eucaristía todo el relieve que merece, sin infravalorar ningunas de sus dimensiones o exigencias. 62. Seguir el ejemplo de tantos santos y santas, grandes intérpretes de la verdadera piedad eucarística. Ponernos a la escucha de María, en quien el Misterio eucarístico se muestra como misterio de luz. En la Eucaristía vemos el mundo renovado por el amor, ella es ya aquí, prenda de la tierra futura. Cristo camina con nosotros como nuestra fuerza y nuestro viático, en el humilde signo de pan y vino, transformado en su cuerpo y en su sangre.
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