| Catequesis 6 |
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EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL Segunda parte: Eucaristía Misterio que se ha de celebrarLex orando y lex credendi 34. El Sínodo de los Obispos ha reflexionado mucho sobre la relación intrínseca entre fe eucarística y celebración, poniendo de relieve el nexo entre lex orandi y lex credendi, y subrayando la primacía de la acción litúrgica. Belleza y liturgia 35. La relación entre el misterio creído y celebrado se manifiesta de modo peculiar en el valor teológico y litúrgico de la belleza. En efecto: la liturgia, como también la revelación cristiana, está vinculada intrínsecamente con la belleza: es Veritatis Splendor. […] Este atributo al que nos referimos no es mero esteticismo, sino el modo en que nos llega, nos fascina y nos cautiva la verdad del amor de Dios en Cristo, haciéndonos salir de nosotros mismos y atrayéndonos así hacia nuestra verdadera vocación: el amor (Cfr GS 22). […] esta belleza no es una simple armonía de formas […] Jesucristo nos enseña cómo la verdad del amor sabe también transfigurar el misterio oscuro de la muerte en la luz radiante de la resurrección. Aquí el resplandor de la gloria de Dios supera toda belleza mundana. La verdadera belleza es el amor de Dios que se ha revelado definitivamente en el misterio pascual. […] La belleza por tanto no es un elemento decorativo de la acción litúrgica; es más bien un elemento constitutivo, ya que es un atributo de Dios mismo y de su revelación. Hemos de poner gran atención para que la acción litúrgica resplandezca según su propia naturaleza. La celebración Eucarística obra del “Christus Totus”Christus Totus in capite et in corpore 36. […] el gran santo de Hipona, refiriéndose precisamente al Misterio eucarístico, pone de relieve cómo Cristo mismo nos asimila a sí: “…Si lo habéis recibido dignamente, vosotros sois eso mismo que habéis recibido (Sermo 227, 1)”. “Cristo…está enteramente en la cabeza y en el cuerpo” (In Iohannis Evangelium Tractatus, 21)”. Eucaristía y Cristo resucitado 37. […] A partir de la experiencia del Resucitado y de la efusión del Espíritu Santo, la Iglesia celebra el Sacrificio eucarístico obedeciendo al mandato de Cristo. Por este motivo, al inicio, la comunidad cristiana se reúne el día del Señor para la fractio panis. El día en que Cristo ha resucitado de entre los muertos, el domingo, es también el primer día de la semana, el día que según la tradición vetero testamentaria representaba el principio de la creación. Ahora, el día de la creación se ha convertido en el día de la “nueva creación”, el día de nuestra liberación en el que conmemoramos a Cristo muerto y resucitado. Ars celebrandi 38. […] el primer modo con el que se favorece la participación del Pueblo de Dios en el Rito sagrado es la adecuada celebración del Rito mismo…Obediencia fiel a las normas litúrgicas en su plenitud. El Obispo, liturgo por excelencia 39. […] Obispos, sacerdotes y diáconos, cada uno según su propio grado, han de considerar la celebración como su deber principal. En primer lugar el obispo diocesano: en efecto, él, como ‘primer dispensador de los misterios de Dios en la Iglesia particular a él confiada, es el guía, el promotor y custodio de toda la vida litúrgica’ (ver nota 117)…es por excelencia el liturgo de su propia Iglesia (CD 14; SC 41). Respeto de los libros litúrgicos y la riqueza de los signos 40. […] La sencillez de los gestos y la sobriedad de los signos, realizados en el orden y en los tiempos previstos, comunican y atraen más que la artificiosidad de añadiduras inoportunas. El arte al servicio de la celebración 41. […] La naturaleza del templo cristiano se define por la acción litúrgica misma, que implica la reunión de los fieles (ecclesia), los cuales son las piedras vivas del templo (Cfr 1Pe 2,5). …La iconografía religiosa se ha de orientar a la mistagogía sacramental… Por tanto, es indispensable que en la formación se los seminaristas y de los sacerdotes se incluya la historia del arte como materia importante, con especial referencia a los edificios de culto, según las normas litúrgicas. Es necesario que en todo lo que concierne a la Eucaristía haya gusto por la belleza. Se debe también respetar y cuidar los ornamentos, la decoración, los vasos sagrados, para que fomenten el asombro ante el misterio de Dios, manifiesten la unidad de la fe y refuercen la devoción (Cfr nota 125). El canto litúrgico 42. La Iglesia, en su bimilenaria historia, ha compuesto y sigue componiendo música y cantos que son un patrimonio de fe y de amor que no se ha de perder. Ciertamente, no podemos decir que en la liturgia sirva cualquier canto. A este respecto, se ha de evitar la fácil improvisación o la introducción de géneros musicales no respetuosos del sentido de la liturgia. Como elemento litúrgico, el canto debe estar en consonancia con la identidad propia de la celebración. Por consiguiente, todo —el texto, la melodía, la ejecución— ha de corresponder al sentido del misterio celebrado, a las partes del rito y a los tiempos litúrgicos. Finalmente, si bien se han de tener en cuenta las diversas tendencias y tradiciones tan loables, deseo, como han pedido los Padres sinodales, que se valore adecuadamente el canto gregoriano como canto propio de la liturgia romana. Estructura de la celebración eucarísticaUnidad Intrínseca de la acción litúrgica 44. Liturgia de la Palabra 45. […] La Palabra que anunciamos y escuchamos es el Verbo hecho carne (Cfr Jn 1,14), y hace referencia intrínseca a la persona de Cristo y a su permanencia de manera sacramental. Cristo no habla en el pasado, sino en nuestro presente, ya que Él mismo está presente en la acción litúrgica. Homilía 46. […] Pido a los ministros un esfuerzo para que la homilía ponga la Palabra de Dios proclamada en estrecha relación con la celebración sacramental (Cfr SC 52) y con la vida de la comunidad, de modo que la Palabra de Dios sea realmente sustento y vigor de la Iglesia (Cfr DV 21). Se ha de tener presente, por tanto, la finalidad catequética y exhortativa de la homilía. Es conveniente que, partiendo del leccionario trienal, se prediquen a los fieles homilías temáticas que, a lo largo del año litúrgico, traten los grandes temas de la fe cristiana, según lo que el Magisterio propone en los “cuatro pilares” del Catecismo de la Iglesia Católica y en su reciente Compendio:
Presentación de las ofrendas 47. […] este gesto humilde y sencillo tiene un sentido muy grande: en el pan y en el vino que llevamos al altar toda la creación es asumida por Cristo Redentor para ser transformada y presentada al Padre […] Este gesto para ser vivido en su auténtico significado, no necesita ser enfatizado con añadiduras superfluas. Plegaria eucarística 48. La Plegaria eucarística es “el centro y la cumbre de toda la celebración” (Ordenación General del Misal Romano, 78). Su importancia merece ser destacada adecuadamente. […] La Ordenación General del Misal Romano nos ayuda en esto, recordándonos los elementos fundamentales de toda Plegaria eucarística:
Rito de la paz 49. […] se comprende la intensidad con que se vive frecuentemente el rito de la paz en la celebración litúrgica. A este propósito, sin embargo, durante el Sínodo de los Obispos se ha visto la conveniencia de moderar este gesto, que puede adquirir expresiones exageradas provocando cierta confusión en la asamblea precisamente antes de la comunión. Sería bueno recordar que el alto valor del gesto no queda mermado por la sobriedad necesaria para mantener un clima adecuado a la celebración, limitando, por ejemplo, el intercambio de la paz a los más cercanos. [Nota 150: “Teniendo en cuenta costumbres antiguas y venerables, así como los deseos manifestados por los Padres sinodales, he pedido a los Dicasterios competentes que estudien la posibilidad de colocar el rito de la paz en otro momento, por ejemplo, antes de la presentación de las ofrendas en el altar. Por lo demás, dicha opción recordaría de manera significativa la amonestación del Señor sobre la necesidad de reconciliarse antes de presentar cualquier ofrenda a Dios” (Cfr Mt 5,23 s)]. Distribución y recepción de la Eucaristía 50. […] no se descuide el tiempo precioso de acción de gracias después de la Comunión: además de un canto oportuno, puede ser también muy útil permanecer recogidos en silencio. […] Donde se den situaciones en donde no sea posible garantizar la debida claridad sobre el sentido de la eucaristía, se ha de considerar la conveniencia de sustituir la Eucaristía con una celebración de la palabra de Dios. Despedida: “Ite, missa est” 51. […] En la antigüedad, “missa” significaba simplemente “terminada”. Sin embargo, en el uso cristiano ha adquirido un sentido cada vez más profundo. La expresión “missa” se transforma, en realidad, en “misión”. […] Sería útil disponer de textos debidamente aprobados para la oración sobre el pueblo y la bendición final que expresen dicha relación. Actuosa participatioAuténtica participación 52. Participación y ministerio sacerdotal 53. Celebración eucarística e inculturación 54. Condiciones personales para una “actuosa participatio” 55. […] Condiciones particulares de cada uno:
Lengua latina 62. Pido que los futuros sacerdotes, desde el tiempo del seminario, se preparen para comprender y celebrar la Santa Misa en latín, además de utilizar textos latinos y cantar en gregoriano algunas partes de la liturgia.. Celebraciones eucarísticas en pequeños grupos 63. […] han de estar en armonía con el conjunto del proyecto pastoral de la diócesis. En efecto, dichas experiencias perderían su carácter pedagógico si se las considerara como antagonistas o paralelas respecto a la vida de la Iglesia particular. A este respecto, el Sínodo ha subrayado algunos criterios a los que atenerse: Los grupos pequeños han de servir para unificar la comunidad parroquial, no para fragmentarla; esto debe ser evaluado en la praxis concreta; estos grupos tienen que favorecer la participación fructuosa de toda la asamblea y preservar en lo posible la unidad de cada familia en la vida litúrgica. La celebración participada interiormenteCatequesis mistagógica 64. […] Se ha de promover una educación en la fe eucarística que disponga a los fieles a vivir personalmente lo que se celebra (…) ¿cuáles pueden ser los instrumentos formativos idóneos? A este respecto los padres sinodales han propuesto unánimemente una catequesis de carácter mistagógico que lleve a los fieles a adentrarse cada vez más en los misterios celebrados. […] Se ha de afirmar ante todo que “la mejor catequesis sobre la Eucaristía es la Eucaristía misma bien celebrada”. El itinerario formativo del cristiano en la tradición más antigua de la Iglesia, aun sin descuidar la comprensión sistemática de los contenidos de la fe, tuvo siempre un carácter de experiencia, en el cual era determinante el encuentro vivo y persuasivo con Cristo, anunciado por auténticos testigos. En este sentido, el que introduce en los misterios es ante todo el testigo. Dicho encuentro ahonda en la catequesis y tiene su fuente y su culmen en la celebración de la eucaristía. De esta estructura fundamental de la experiencia cristiana, nace la exigencia de un itinerario mistagógico, en el cual se han detener presentes tres elementos: a) ante todo, la interpretación de los ritos a la luz de los acontecimientos salvíficos, según la tradición viva de la Iglesia. b) además, la catequesis mistagógica ha de introducir en el significado de los signos contenidos en los ritos. Más que informar la catequesis mistagógica debe despertar y educar la sensibilidad de los fieles ante el lenguaje de los signos y gestos que, unidos a la palabra, constituyen el rito. c) finalmente, la catequesis mistagógica ha de enseñar el significado de los ritos en relación con la vida cristiana en todas sus facetas. […] Forma parte del itinerario mistagógico subrayar la relación entre los misterios celebrados en el rito y la responsabilidad misionera de los fieles. En este sentido, el resultado final de la mistagogía es tomar conciencia de que la propia vida es transformada progresivamente por los santos misterios que se celebran. El objetivo de toda la educación cristiana, por otra parte, es formar al fiel como “hombre nuevo”, con una fe adulta, que lo haga capaz de testimoniar en el propio ambiente la esperanza cristiana que lo anima. Para desarrollar en nuestras comunidades eclesiales esta tarea educativa, hay que contar con formadores bien preparados. Ciertamente, todo el Pueblo de Dios ha de sentirse comprometido en esta formación. Cada comunidad cristiana está llamada a ser ámbito pedagógico que introduce en los misterios que se celebran en la fe. Adoración y piedad eucarísticaRelación intrínseca entre celebración y adoración 66. Uno de los momentos más intensos del Sínodo fue cuando, junto con muchos fieles, nos desplazamos a la Basílica de San Pedro para la adoración eucarística. Con este gesto de oración, la asamblea de los Obispos quiso llamar la atención, no sólo con palabras, sobre la importancia de la relación intrínseca entre celebración eucarística y adoración. En este aspecto significativo de la fe de la Iglesia se encuentra uno de los elementos decisivos del camino eclesial realizado tras la renovación litúrgica querida por el Concilio Vaticano II. 67. Por tanto, unido a la asamblea sinodal, recomiendo ardientemente a los pastores de la Iglesia y al pueblo de Dios la práctica de la adoración eucarística, tanto personal como comunitaria. Lugar del sagrario en la Iglesia 69. […] en las iglesias donde no hay capilla del Santísimo Sacramento, y el sagrario está en el altar mayor, conviene seguir usando dicha estructura para la conservación y adoración de la Eucaristía, evitando poner delante la sede del celebrante. […]Todos estos detalles ayudan a dar dignidad al sagrario, del cual debe cuidarse también el aspecto artístico. Obviamente, se ha de tener en cuenta lo que dice a este respecto la Ordenación General del Misal Romano. En todo caso, el juicio último en esta materia corresponde al Obispo diocesano. Tercera parte: Eucaristía: Misterio que se ha de vivir71. El nuevo culto cristiano abarca todos los aspectos de la vida, transfigurándola: “Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios” (1Cor 10,31). El cristiano está llamado a expresar en cada acto de su vida el verdadero culto a Dios. De aquí toma forma la forma intrínsecamente eucarística de la vida cristiana. La Eucaristía, al implicar la realidad humana del creyente, hace posible, día a día, la transfiguración progresiva del hombre, llamado a ser por gracia imagen del Hijo de Dios (Cfr Rom 8,29s). Todo lo que hay de auténticamente humano –pensamientos y afectos, palabras y obras– encuentra en el sacramento de la eucaristía la forma adecuada para ser vivido en plenitud. Aparece aquí todo el valor antropológico de la novedad radical traída por Cristo con la eucaristía: el culto a Dios en la vida humana no puede quedar relegado a un momento particular y privado, sino que, por su naturaleza, tiende a impregnar cualquier aspecto de la realidad del individuo. El culto agradable a Dios se convierte así en un nuevo modo de vivir todas las circunstancias de la existencia, en la que cada detalle queda exaltado al ser vivido dentro de la relación con Cristo y como ofrenda a Dios. La gloria de Dios es el hombre viviente (cfr 1cor 10,31). Y la vida del hombre es la visión de Dios (Cfr S. Ireneo, Contra las herejías IV, 20,7). “Iuxta dominicam viventes” – Vivir según el domingo 72. […] San Ignacio de Antioquia calificaba a los cristianos como “los que viven ‘según el domingo’ (iuxta dominicam viventes). […] el domingo es el día en que el cristiano encuentra esa forma eucarística de su existencia y a la que está llamado a vivir constantemente. “Vivir según el domingo” quiere decir vivir conscientes de la liberación traída por Cristo y desarrollar la propia vida como ofrenda de sí mismos a Dios, para que su victoria se manifieste plenamente a todos los hombres a través de una conducta renovada íntimamente. Vivir el precepto dominical 73. Los Padres sinodales. Conscientes de este nuevo principio de vida que la Eucaristía pone en el cristiano, han reafirmado la importancia del precepto dominical para todos los fieles, como fuente de libertad auténtica, para poder vivir cada día según lo que han celebrado en el “día del Señor”. En efecto, la fe peligra cuando ya no se siente el deseo de participar en la Celebración eucarística, en que se hace memoria de la victoria pascual. Participar en la asamblea litúrgica dominical, junto con todos los hermanos y hermanas con los que se forma un solo cuerpo en Jesucristo, es algo que la conciencia cristiana reclama y que al mismo tiempo la forma. Perder el sentido del domingo, como día del Señor para santificar, es síntoma de una pérdida del sentido auténtico de la libertad cristiana, la libertad de los hijos de Dios. […] Es preciso recordar que el domingo merece ser santificado en sí mismo, para que no termine siendo un día “vacío de Dios”. Una forma eucarística de la vida cristiana, la pertenencia eclesial 76. La importancia del domingo como dies Ecclesiae nos lleva a la relación intrínseca entre la victoria de Jesús sobre el mal y sobre la muerte y nuestra pertenencia a su Cuerpo eclesial. En efecto, en el Día del Señor todo cristiano descubre también la dimensión comunitaria de la propia existencia redimida. […] Así pues, llamados a ser miembros de Cristo y, por tanto, miembros los unos de los otros (Cfr 1Cor 12,27), formamos una realidad fundada antológicamente en el bautismo y alimentada por la Eucaristía, una realidad que requiere una respuesta sensible en la vida de nuestras comunidades. La forma eucarística de la vida cristiana es sin duda una forma eclesial y comunitaria. El modo concreto en que cada fiel puede experimentar su pertenencia al cuerpo de Cristo se realiza a través de la diócesis y las parroquias, como estructuras fundamentales e la Iglesia en un territorio particular. Asociaciones, movimientos eclesiales y nuevas comunidades –con la vitalidad de sus carismas concedidos por el Espíritu Santo para nuestro tiempo-, así como también los institutos de vida consagrada, tienen el deber de ofrecer su contribución específica para favorecer en los fieles la percepción de pertenecer al Señor (Cfr Rom 14,8). Espiritualidad y cultura eucarística 77. Es significativo que los Padres sinodales hayan afirmado que “los fieles cristianos necesitan una comprensión más profunda de las relaciones entre la Eucaristía y la vida cotidiana. La espiritualidad eucarística no es solamente participación en la misa y devoción al Santísimo Sacramento. Abarca la vida entera. Eucaristía y fieles laicos 79. Eucaristía y espiritualidad sacerdotal 80. Eucaristía y vida consagrada 81. Eucaristía y transformación moral 82. Coherencia eucarística 83. Es importante notar lo que los Padres sinodales han denominado coherencia eucarística, a la cual está llamada objetivamente nuestra vida. En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la eucaristía (cfr 1cor 11,27-29). Los obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado. Eucaristía, misterio que se ha de anunciar Eucaristía y misión 84. […] La Eucaristía no es sólo fuente y cumbre de la vida de la Iglesia; lo es también de su misión: “Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera” (Propositio 42). […] No podemos acercarnos a la Mesa eucarística sin dejarnos llevar por ese movimiento de la misión que, partiendo del corazón mismo de Dios, tiende a llegar a todos los hombres. Así pues, el impulso misionero es parte constitutiva de la forma eucarística de la vida cristiana. Eucaristía y testimonio 85. La misión primera y fundamental que recibimos de los santos misterios que celebramos es la de dar testimonio con nuestra vida. El asombro por el que Dios nos ha hecho en Cristo imprime en nuestra vida un dinamismo nuevo, comprometiéndonos a ser testigos de su amor. Nos convertimos en testigos cuando, por nuestras acciones, palabras y modo de ser, aparece otro y se comunica. Se puede decir que el testimonio es el medio con el que la verdad del amor de Dios llega al hombre en la historia, invitándolo a acoger libremente esa novedad radical. En el testimonio Dios, por así decirlo, se expone al riesgo de la libertad del hombre. Jesús mismo es el testigo fiel y veraz (Cfr Ap 1,5; 3,14); ha venido para dar testimonio de la verdad (Cfr Jn 18,37). Eucaristía Misterio que se ha de ofrecer al mundoEucaristía: pan partido para la vida del mundo 88. […] la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse “pan partido” para los demás y, por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno (…) Cristo sigue exhortando también hoy a sus discípulos a comprometerse en primera persona: “dadles vosotros de comer” (Mt 14,16). En verdad, la vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, pan partido para la vida del mundo. Implicaciones sociales del Misterio eucarístico 89. La unión con Cristo que se realiza en el Sacramento nos capacita también para nuevos tipos de relaciones sociales: la ‘mística’ del Sacramento tiene un carácter social” (Deus caritas est 18). (…) A este respecto, hay que explicitar la relación entre misterio eucarístico y compromiso social. […] No hay duda de que las condiciones para establecer una paz verdadera son la restauración de la justicia, la reconciliación y el perdón. De esta toma de conciencia nace la voluntad de transformar también las estructuras injustas para restablecer el respeto de la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. […] Los Padres sinodales han recordado que el sacrificio de Cristo es misterio de liberación que nos interpela y provoca continuamente. Dirijo por tanto una llamada a todos los fieles para que sean realmente operadores de paz y de justicia: “en efecto, quien participa en la Eucaristía ha de empeñarse en construir la paz en nuestro mundo marcado por tantas violencias y guerras, y de modo particular hoy, por el terrorismo, la corrupción económica y la explotación sexual” (Propositio 48). Doctrina social de la Iglesia 91. El misterio de la Eucaristía nos capacita e impulsa a un trabajo audaz en las estructuras de este mundo (…) nos obliga a hacer todo lo posible, en colaboración con las instituciones internacionales, estatales o privadas, para que cese o al menos disminuya en el mundo el escándalo del hambre y de la desnutrición que sufren tantos millones de personas, especialmente en los países en vías de desarrollo. […] Por eso, como ha pedido el Sínodo, es necesario promover la doctrina social de la iglesia y darla a conocer en las diócesis y en las comunidades cristianas. (…) Esta doctrina (…) se caracteriza por el realismo y el equilibrio, ayudando así a evitar compromisos equívocos o utopías ilusorias. Conclusión94. […] La Eucaristía es el origen de toda forma de santidad, y todos nosotros estamos llamados a la plenitud de vida en el Espíritu Santo. (…) Por eso, es necesario que en la Iglesia se crea realmente, se celebre con devoción y se viva intensamente este santo misterio. El don de sí mismo que Jesús hace en el Sacramento memorial de su pasión, nos asegura que el culmen de nuestra vida está en la participación en la vida trinitaria, que en El se nos ofrece de manera definitiva y eficaz. (…) invito pues a todos los pastores a poner la máxima atención en la promoción de una espiritualidad cristiana auténticamente eucarística. Que los presbíteros, los diáconos y todos los que desempeñan un ministerio eucarístico, reciban siempre de estos mismos servicios, realizados con esmero y preparación constante, fuerza y estímulo para el propio camino personal y comunitario de santificación. Exhorto a todos los laicos, en particular a las familias, a encontrar continuamente en el Sacramento del amor de Cristo la fuerza para transformar la propia vida en un signo auténtico de la presencia del Señor resucitado. Pido a todos los consagrados y consagradas que manifiesten con su propia vida eucarística el esplendor y la belleza de pertenecer totalmente al Señor. 95. Sine dominico non possumus. Que estos mártires de Abisinia, junto con muchos santos y beatos que han hecho de la eucaristía el centro de su vida, intercedan por nosotros y nos enseñen la fidelidad al encuentro con cristo resucitado. 96. Que María Santísima, Virgen inmaculada, arca de la nueva y eterna alianza nos acompañe en este camino al encuentro del Señor que viene. En Ella encontramos la esencia de la Iglesia realizada del modo más perfecto. La Iglesia ve en María, “Mujer eucarística” –como la ha llamado el Siervo de Dios Juan Pablo II- , su icono más logrado, y la contempla como el modelo insustituible de vida eucarística. 97. Que el Espíritu Santo, por intercesión de la Santísima Virgen María, encienda en nosotros el mismo ardor que sintieron los discípulos de Emaús (Cfr Lc 24,13-35) y renueve en nuestra vida el asombro eucarístico por el resplandor y la belleza que brillan en el rito eucarístico, signo eficaz de la belleza infinita propia del misterio santo de Dios. (…) La Eucaristía nos hace descubrir que Cristo muerto y resucitado, se hace contemporáneo nuestro en el misterio de la Iglesia, su cuerpo. Hemos sido hechos testigos de este misterio de amor. Deseemos ir llenos de alegría y admiración al encuentro de la santa Eucaristía, para experimentar y anunciar a los demás la verdad de la palabra con la que Jesús se despidió de sus discípulos: “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). |
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