I.
Dios, Padre misericordioso, que enviaste a tu Hijo al mundo como Reconciliador de los hombres; concédenos, a los que celebramos con devoción a su Madre bajo el título de Nuestra Señora de La Merced, que guardemos fielmente la verdadera libertad de hijos, que Cristo, el Señor, nos mereció por su sacrificio y que podamos extenderla a todos los pueblos. Que así sea. Amén.
II. Oración inicialVirgen María de la Merced, bondadosa Madre de Dios, estrella resplandeciente del mar, luna purísima que recoges los rayos del Sol de Justicia, te nutres de ellos para reflejarlos de la mejor manera. Escucha Madre, nuestros ruegos; tú que benigna atendiste desde el cielo los tristes lamentos de los pobres cautivos que gemían sin consuelo en la dura opresión de los moros, y rompiste los grillos y cadenas que los aprisionaban, por medio de tu familia de redentores. Por tu ardiente caridad, por tus virginales entrañas en que se encarnó el Hijo de Dios para nuestro remedio, te pedimos, Madre querida, que rompas las cadenas de nuestro pecado, para que libres de ellas, podamos conformarnos con tu Hijo el Señor Jesús. Amén. Salutaciones
- Saludemos a María, por ser la Madre de Dios, Dios te salve, María... - Saludemos a María, por ser nuestra Madre. Dios te Salve, María... - Saludemos a María, que incesantemente nos ofrece su maternal misericordia. Dios te Salve, María... Oración finalDulce es nombrarte, María, y no hay gozo en el mundo que pueda compararse al de tu amor maternal. Si nuestros amigos nos defraudan en ti encontramos a la Madre que nunca falla. Si caemos en pecado, en ti encontramos el refugio y el auxilio para levantarnos. Si la fortaleza del cuerpo se debilita, tú siempre nos sostienes con maternal amor. Si lloramos, nos acompañas en el dolor. Alegres, participas de nuestras alegrías. Siempre nos acoges porque somos tus hijos, hijos de tu inmaculado y doloroso corazón. ¿Qué haríamos sin ti, Madre nuestra? ¿Cómo responder dignamente a tu amor de Madre? Si quieres nuestros corazones, aquí los tienes, prontos a brindarte su amor filial y a manifestártelo en el seguimiento fiel a tu Hijo. Si te gusta una expresión de amor, acepta la que te tributamos en este día como signo de nuestra piedad filial. Bendita Madre nuestra de la Merced, no nos dejes solos durante nuestro peregrinar en esta vida. No nos dejes entregados a nuestras débiles fuerzas, ya que sin tu maternal intercesión desfalleceríamos en el camino. Madre del Señor y Madre nuestra, obtennos de tu Hijo la fuerza del Espíritu para que anime y fortalezca nuestros pasos. Madre de la Merced, ayúdanos a dar valiente testimonio de vida cristiana y a ser generosos en el servicio de amor a los hermanos. Amén. |