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Nos alegramos también en los sufrimientos, conscientes de que producen paciencia, a paciencia consolida la fidelidad, la fidelidad consolidada produce esperanza. (Rom 5,3-4)
Homilía de Mons. José Antonio Eguren en su Toma de Posesión PDF Imprimir E-Mail

Quiero en primer lugar expresar mi profunda alegría y mi gratitud a Dios, por estar entre ustedes, amados hermanos, en esta querida e histórica Arquidiócesis de Piura, que comprende las provincias de Sechura, Piura, Paita, Sullana, y Talara, así como las de Tumbes, Contralmirante Villar y Zarumilla, provincias pertenecientes a los departamentos de Piura y Tumbes, frontera norte de la patria, donde la peruanidad palpita con suma intensidad.

Alegría y gratitud a Dios, por estar en esta tierra rica en historia y tradición. Tierra que habitaron en sus orígenes los tallanes, los vicús y los yumples. Tierra de geografía variada y hermosa, de folclore alegre y festivo en donde el tondero es su mejor expresión. Tierra de rico arte donde destacan los finos tejidos de paja y de algodón, la cerámica y los trabajos de filigrana en oro y plata, entre otros. Tierra de peruanos ilustres como los insignes pintores Ignacio Merino y Luis Montero, del poeta Carlos Augusto Salaverry, del padre de la medicina peruana José Cayetano Heredia, del distinguido escritor Enrique López Albújar, el héroe tumbesino Alipio Rosales Camacho, y sobre todo del Héroe de Angamos y Peruano del Milenio, el gran Almirante del Perú y Caballero de los Mares, don Miguel Grau Seminario.

Sé que lo mejor de esta tierra es su gente: cálida, acogedora, pero sobre todo solidaria. Gente que no se amilana ante los desafíos y dificultades, y así como el algarrobo se levanta por encima del desierto árido y candente, este pueblo sabe siempre alzarse por encima de sus retos y problemas. Como pueblo creyente que es, tiene la certeza que su esfuerzo dará fruto si lo une a la ayuda divina.

Alegría y gratitud a Dios por estar en esta tierra de raíces profundamente cristianas y católicas. Podemos decir con humilde satisfacción que la evangelización comenzó en nuestra Arquidiócesis. En efecto, fue en Tumbes, en el distrito que hoy lleva su nombre, donde la Cruz, el símbolo de nuestra reconciliación, fue plantada en 1532 por vez primera en nuestra Patria. Asimismo, fue en el valle de Tangarará, a orillas del río Chira, donde Francisco Pizarro fundó el 15 de julio de 1532, la primera ciudad española de Sudamérica, a la que puso bajo el patrocinio y protección de San Miguel Arcángel. Y, no menos importante es el hecho histórico que Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, el gran evangelizador del Perú y de América Latina, desembarcó en el puerto de Paita al atardecer del 11 de marzo de 1581, y desde ahí comenzó a dar los primeros pasos que lo llevarían en 25 años de episcopado a recorrer un total de 40,000 kilómetros, llevando la luz y el calor del Evangelio por todo el Perú.

Todo ello dio inicio a un rico y fecundo proceso evangelizador, conocido con el nombre de “Evangelización Constituyente”, que ha hecho de la fe el sustrato del alma peruana. Es decir, la fe pasó a ser parte constitutiva de nuestro ser e identidad como nación. Sin ella, no podemos entender nuestro presente y sin ella no podemos proyectarnos con confianza al futuro. De ahí la importancia de atesorarla y acrecentarla.

¡Querida Iglesia que peregrinas por Piura y Tumbes! Recuerda con gratitud tu pasado, para así vivas con pasión el presente y puedas abrirte confiadamente al futuro: “Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre” (Hb 13, 8) [1] .

Quiero decirles que iré visitando las diferentes Provincias de mi nueva Arquidiócesis, para encontrarme personalmente con todos ustedes y conocer de cerca sus gozos y esperanzas, sus dolores y sufrimientos, buscando seguir el ejemplo de Jesús, el Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y se preocupa por ellas (ver Jn 10, 15).

Al asumir hoy el ministerio de Pastor de la Arquidiócesis de Piura, por bondadoso e inmerecido designio del Señor y del Santo Padre Benedicto XVI, su Vicario en la Tierra, quiero invitarlos a todos, sacerdotes, consagrados, consagradas, y laicos, a que demos un lugar prioritario al compromiso por la “Nueva Evangelización”.

Frente al debilitamiento de la vida cristiana que constatamos con dolor en el mundo de hoy, y del cual no somos ajenos; debilitamiento que está llevando a que se prescinda de Dios y del Evangelio de Jesucristo, y a que también se margine a la Iglesia, quiero pedirles que asumamos nuevos tiempos de evangelización para Piura y Tumbes, que despierten una fe consciente y responsable en todos, una “fe adulta y madura”, como la ha llamado Su Santidad Benedicto XVI, profundamente arraigada en la amistad con Cristo, amistad que “nos abre a todo lo que es bueno, y que nos da el criterio para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad” [2] .

La “Nueva Evangelización” de la que hablamos, supone anunciar con valor y convicción al Señor Jesús como único Salvador y Reconciliador del mundo. El Señor Jesús, Hijo consustancial al Padre, encarnado en el seno de Santa María, es quien revela el Plan de Dios sobre todo lo creado, y de manera muy especial sobre el ser humano.

Hoy hay que decirlo con claridad: Jesucristo es la respuesta definitiva a la pregunta sobre el sentido de la vida y a los interrogantes fundamentales que inquietan a tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo [3] . Él, es el camino a seguir para llegar a la plena realización personal, que culmina en el encuentro definitivo y eterno con Dios: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí » (Jn 14, 6).

La “Nueva Evangelización” de la que hablamos, supone también anunciar la verdad sobre la Iglesia. Debemos recordar que la Iglesia, que hace presente y actuante a Jesucristo en el mundo, es necesaria para la salvación, y que todos nosotros unidos a Ella por el bautismo y los sacramentos, participamos de su misión salvífica. Nosotros, anunciadores de la verdad sobre Jesús, debemos también proclamar que no hay oposición entre el Señor y Su Iglesia, ni que se puede pretender optar por Jesús dejando de lado a su Cuerpo Místico. “Cristo y la Iglesia no se pueden confundir pero tampoco separar, y constituyen un único «Cristo total»” [4] .

La “Nueva Evangelización” de la que hablamos, supone proclamar la verdad sobre la persona humana, de todo ser humano. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, posee una especialísima dignidad, cuya plena dimensión le ha sido manifestada en el Señor Jesús. No hay que olvidar que el ser humano, cada hombre concreto, es camino de la Iglesia [5] , “que el fin de la Iglesia es el hombre” [6] .

De ahí la importancia de comprometernos fraterna y solidariamente con toda persona humana. Que nadie se sienta excluido de nuestro amor, pero que sean los más pobres y necesitados, es decir aquellos cuya dignidad y derechos se encuentran amenazados, por quienes trabajemos con predilección. La defensa del concebido no nacido, el ser humano más desprotegido de todos, el amor concreto a los pobres, a los enfermos, a los discapacitados, a los ancianos, a los marginados y abandonados, y a todas aquellas personas en quienes descubrimos el rostro de Cristo sufriente, deberá siempre ocupar un lugar principal en nuestro amor solidario.

En este proclamar la verdad sobre el hombre, hay que tener presente la correcta relación de la persona humana con la naturaleza, sabiendo que ésta es un don de Dios para todos, y recordando al mismo tiempo que la creación está al servicio del ser humano. Tengamos presente el pedido que hiciera el siervo de Dios Juan Pablo II de una “ecología humana, que proteja el bien radical de la vida en todas sus manifestaciones y prepare a las generaciones futuras un entorno que se acerque lo más posible al proyecto del Creador” [7] .

Queridos hermanos y hermanas, la “Nueva Evangelización” a la que somos convocados y que supone proclamar la verdad sobre Jesucristo, sobre la Iglesia, y sobre la persona humana, debe impulsarnos a una intensa vivencia de la santidad, exigencia de nuestro bautismo y por tanto vocación de todo cristiano sin excepción.

“Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este alto grado de la vida cristiana ordinaria” [8] , que es la santidad, concientes de que no sólo no hay mayor tristeza que la de no ser santos, sino que no hay mayor irresponsabilidad para los tiempos que nos han tocado vivir que no aspirar responsablemente a ella.

Y esta vocación universal a la santidad debe movernos a “hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión” [9] . Que en nuestra Iglesia particular, la comunión sea patente en las relaciones entre el Obispo, los presbíteros y diáconos, entre los Pastores y todo el Pueblo de Dios, entre el clero y los consagrados, entre las asociaciones y los movimientos eclesiales.

Para construir esta comunión, la fidelidad al Señor Jesús, a la Sede de Pedro, y a la doctrina de la Iglesia, serán imprescindibles. Ellas constituyen el fundamento seguro de toda comunión eclesial. Esta fidelidad es la única que crea comunión en la caridad y nos hace capaces de unir los corazones y sanar las rupturas insolidarias que anidan en el corazón de la sociedad y del hombre mismo.

En esta tarde, quiero saludar con todo mi afecto a las familias de esta Arquidiócesis. Mi deseo que sean auténticas “Iglesias domésticas” y “cenáculos de amor” donde se viva la acogida del Espíritu, la integración entre sus miembros, el respeto a la libertad de cada uno y la apertura al don de la vida, desde una espiritualidad de la vida familiar que se nutra y sustente de la fe y del propósito de vivir y desplegar el Plan de Dios.

Mi saludo a las comunidades educativas aquí presentes: en primer lugar a los colegios e institutos superiores. Ustedes tienen la enorme responsabilidad de formar a “la persona humana en orden a su fin último y al bien de la sociedad” [10] . La Iglesia, que es maestra en humanidad” [11] , deposita su confianza en ustedes y les brinda su cooperación, sabiendo que la educación es elemento necesario para la realización personal de nuestra juventud y del desarrollo de nuestra Patria.

Mi afectuoso saludo a las universidades, de tan importante presencia en nuestra Arquidiócesis. Ustedes constituyen un verdadero don para nuestra Iglesia particular, porque ante la secularización de la cultura y la crisis en torno a la verdad, son un ámbito privilegiado para la búsqueda de la verdad y el diálogo entre la fe y la razón, en el marco de la evangelización de la cultura.

Queridos jóvenes. No deseo concluir estas palabras sin dirigirles un mensaje. Ustedes tendrán un lugar privilegiado en mi preocupación pastoral. Desde ya les digo: sólo Cristo tiene palabras que resisten el desgaste del tiempo y permanecen para la eternidad. Sólo Él es quien libera al hombre de las cadenas del pecado. Sólo el Señor Jesús es capaz de saciar esa nostalgia de infinito que anida en lo profundo de sus corazones. Sólo el conocimiento y el encuentro con el Señor en la Iglesia, les permitirá encontrar las respuestas a sus interrogantes más profundos y el ideal por el cual vale la pena vivir. Busquen siempre el Plan de Dios en sus vidas si quieren ser felices. Y si el Señor los llama al sacerdocio o a la vida consagrada no tengan miedo de decirle SÍ. Él no es rival de su felicidad, sino todo lo contrario, Él es su felicidad. Sé que esta tierra es generosa en vocaciones. Que lo siga siendo para bien de la Iglesia y del Perú.

Mis queridos sacerdotes y seminaristas. Cuando recibí la noticia de mi elección como Arzobispo de Piura, mi primer pensamiento y oración fue para ustedes. Dios me pide que sea para ustedes un Padre. Sepan que cuentan con mi oración y con todo mi afecto de Pastor. Me encomiendo a sus oraciones y les pido: “ traten siempre de ser sacerdotes ejemplares, animados por una oración constante e intensa, cultivando la intimidad con Cristo; si son sacerdotes según el corazón de Cristo, desempeñarán su ministerio con éxito y fruto apostólico. No se dejen tentar jamás por la lógica de la carrera y del poder” [12] .

A los religiosos y consagrados , mi gratitud y aprecio por su generoso trabajo en la Arquidiócesis. Con sus respectivas espiritualidades, ustedes enriquecen la vida de esta Iglesia particular. Sean siempre fieles al carisma fundacional, sabiendo que de esa manera se garantiza la fidelidad a Cristo y a Su Iglesia, y ello produce mucha fecundidad apostólica.

A los movimientos eclesiales, asociaciones laicales, hermandades, cofradías y nuevas comunidades, les agradezco su presencia. Ustedes como laicos, con su trabajo evangelizador, hacen presente a la Iglesia en medio del mundo, y al mundo en medio de la Iglesia. Los invito a un apostolado cada vez más comprometido en sintonía y comunión con la Iglesia y el obispo diocesano.

Para concluir quiero manifestar m i eterna gratitud al Señor porque me ha amado primero al darme el don de la vida, de la fe y el don de mi vocación. Y mi pedido confiado a la Madre de Dios y Madre nuestra, a quien hoy celebramos en la liturgia de la Iglesia como María Reina, para que conserve siempre en mí un corazón humilde, consciente de que “llevamos este tesoro en vasos de barro, para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros” (2 Cor 4, 7).

Mi profundo homenaje a mis padres Alejandro y Blanca, quienes en el hogar cristiano que forjaron con mi hermano Alejo y conmigo, me enseñaron a conocer, amar y seguir al Señor Jesús, y que hoy desde el cielo sé que me acompañan con su amor.

Mi agradecimiento a Su Santidad el Papa Benedicto XVI, por la bondad y confianza que ha tenido al designarme Arzobispo de Piura. Ruego a usted Señor Nuncio Apostólico que le manifieste al Santo Padre mi total y explícita fidelidad, al tiempo que me permito agradecerle su presencia y amistad constantes.

Gracias Eminentísimo Señor Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, por la confianza y amistad que me ha manifestado a lo largo de los cuatro años en que he colaborado con usted como Obispo Auxiliar de Lima. Gracias por su ejemplo de solícito Pastor según el corazón de Cristo, y por su testimonio de fortaleza y de amor abnegado por su grey.

Gracias hermanos Obispos del Perú por su presencia aquí esta noche. De manera especial agradezco la fraterna compañía de mis hermanos Adriano y Carlos con quienes en unidad de mente, corazón y acción, hemos trabajado juntos desde nuestra ordenación episcopal. Gracias por su testimonio y amistad.

Además no podemos olvidar esta noche a Monseñor Oscar Cantuarias, quien durante veinticinco años fue el Pastor de esta Arquidiócesis. Desde aquí con nuestra oración le agradecemos todos sus esfuerzos y estamos seguros que el Señor sabrá premiarle.

Gracias Monseñor Néstor Herrera, Obispo de Machala, y Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana por acompañarnos esta tarde. Su presencia es una hermosa manifestación de la Colegialidad Episcopal que no conoce fronteras, y una expresión de la fe común que une y hermana a nuestras naciones. Queridos hermanos Obispos: que siempre brille en nosotros el espíritu de comunión y amistad que el Señor Jesús pidió para los sucesores de los apóstoles, cuando dijo: “Padre, que todos sean uno, como tú y yo somos uno” (Jn 17, 21).

Gracias a las autoridades civiles, políticas y militares de los departamentos de Piura y Tumbes que nos acompañan, por su acogida y disponibilidad. Hago votos para que en todo momento trabajemos juntos por la grandeza, unidad y realización de esta tierra. Que todos contribuyamos con nuestros esfuerzos a la consecución del bien común de todos nuestros hermanos.

Como ustedes bien saben provengo de una familia espiritual, el Sodalicio de Vida Cristiana . Desde mi temprana juventud aprendí en mi comunidad a amar profundamente a la Iglesia, a sentir hondamente con Ella y a esforzarme según el máximo de mi capacidad y de mis posibilidades por hacerla amar. Gracias hermanos sodálites por su consejo, amistad y apoyo que han contribuido al despliegue de mi vida en el apostolado cumpliendo el Plan de Dios dándole así gloria y alabanza. Gracias por venir a establecerse aquí en Piura.

Gracias, especialmente a ti Luis Fernando, mi padre fundador, que con tu testimonio, tus enseñanzas y cercanía de amigo me has ayudado siempre a abrirme con confianza al Designio Divino en mi vida.

My gratitude to my dearest friends from de United States of America here today with us: Most Reverend George J. Rassas, auxiliary bishop of Chicago with a group of his people. Thanks for being here with me and making real once more the universal communion of the Church. You know how much your friendship and support means to me.

A todos mis amigos venidos desde Lima, gracias por acompañarme todos estos años. Cuento con sus oraciones y amistad y sepan que los llevaré siempre en mi corazón.

“Remis velisque”: “Con los remos y con las velas” , reza mi lema episcopal. Que cooperando generosamente con nuestro esfuerzo humano a la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas, todos los que formamos esta querida Arquidiócesis, rememos mar adentro bajo la guía de Santa María, estrella de la Nueva Evangelización, para llevar a todos el Evangelio de la vida, que es el Señor Jesús, el mismo ayer, hoy y siempre.

Que Dios los bendiga a todos.

Piura, 22 de agosto de 2006

Memoria de Santa María Reina.

† José Antonio Eguren Anselmi

Arzobispo Metropolitano de Piura



[1] Ver S.S. Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, n. 1.

[2] Ver Cardenal Joseph Ratzinger, Homilía Pro eligendo Romano Pontifice, 18-IV-2005.

[3] Ver S.S. Juan Pablo II, Ecclesia in America, n. 10.

[4] Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Dominus Iesus, n. 16.

[5] Ver S.S. Juan Pablo II, Redemptor hominis, n. 14.

[6] S.S. Pío XII, Discurso, 7-IX-1955, n. 5.

[7] S.S. Juan Pablo II, Exhortación apostólica Pastores Gregis, n. 70.

[8] S.S. Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, n. 31.

[9] Ver Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, n. 43-45.

[10] Concilio Vaticano II, Decreto Gravissimum educationis, n. 1.

[11] Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n. 1.

[12] S.S. Benedicto XVI, Discurso a los alumnos de la Academia Eclesiástica Pontificia, 20-V-2005.

 
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