INTRODUCCIÓN 1. La Madre del Redentor tiene un lugar preciso en el plan de la salvación, porque “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley...” (Gal 4, 4-6). 2. La Iglesia camina en el tiempo hacia la consumación de los siglos recorriendo el itinerario realizado por la Virgen María. 3. María apareció antes que Cristo en el horizonte de la historia de la salvación, este “preceder” suyo a la venida de Cristo, se refleja cada año en la liturgia de Adviento. La presencia de María en medio de Israel resplandecía ante el Eterno, el cual la había asociado al plan salvífico que abarcaba toda la historia de la humanidad. 4. El Concilio Vaticano II nos presenta en su magisterio a la Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Sólo en el misterio de Cristo se esclarece plenamente el misterio de María. El misterio de la Encarnación nos permite penetrar y esclarecer cada vez mejor el misterio de la Madre del Verbo hecho hombre. 5. María como Madre de Cristo está unida de modo particular a la Iglesia. La realidad de la Encarnación encuentra casi su prolongación en el misterio de la Iglesia-Cuerpo de Cristo. 6. La peregrinación de fe indica la historia interior, que es también la historia de los hombres. María sigue precediendo al Pueblo de Dios, su peregrinación de fe es un punto de referencia constante para toda la Iglesia y para toda la humanidad. Es difícil abarcar y medir su radio de acción. María es ya el cumplimiento escatológico de la Iglesia, al mismo tiempo no deja de ser Estrella del mar que guía a todos los que aún seguimos en el camino de la fe. I PARTE (nn. 7-24) MARÍA EN EL MISTERIO DE CRISTO 1. Llena de gracia 7. Dios tiene un plan universal que comprende a todos los hombres, todos están incluidos en el plan de salvación que se ha revelado con la venida de Cristo. Este plan divino que es eterno, separa un lugar especial a la Madre de Cristo, a quién el Padre a confiado la obra de la salvación. 8. A través de la anunciación del ángel, María es introducida definitivamente en el misterio de Cristo. La Virgen es llamada “llena de gracia” y “bendita entre las mujeres”, la razón de este doble saludo es porque en el alma de María se ha manifestado, en cierto sentido, toda la gloria de su gracia. El ángel la llama “llena de gracia” como si este fuera su verdadero nombre. Llena de gracia significa un don especial que es fruto del amor y de la elección de Dios Padre, significa también que es una bendición singular de entre todas las bendiciones. 9. La plenitud de gracia indica la dádiva sobrenatural con que es bendecida María. Ella ha sido elegida y destinada a ser Madre de Cristo y su elección es excepcional y única, de aquí la singularidad y unicidad de su lugar en el misterio de Cristo. La donación que Dios hace de sí mismo a la creación y al hombre, encuentra en el misterio de la Encarnación, uno de sus vértices. 10. En virtud de los méritos redentores del que sería su Hijo, María ha sido preservada de la herencia del pecado original, Ella desde el primer instante de su concepción es de Cristo, es decir, participa de su gracia salvífica y santificante. 11. El misterio de la Encarnación constituye el cumplimiento de la promesa hecha por Dios a los hombres después del pecado original. Viene al mundo un Hijo, “el linaje de la mujer”, que derrotará el mal en su misma raíz: “aplastará la cabeza de la serpiente”, esta victoria se dará con una dura lucha que penetrará toda la historia humana. María está en el centro de aquella enemistad, y en este lugar Ella lleva en sí la gloria de la gracia. 2. Feliz la que ha creído 12. María ha llegado a estar realmente presente en el misterio de Cristo porque “ha creído”, Ella supo responder al don de la plenitud de la gracia que Dios le concedió. 13. En la Anunciación María se abandona a Dios completamente y manifiesta así la “obediencia de la fe”, respondiendo con todo su “yo” humano. En esta respuesta estaba contenida una cooperación perfecta con la gracia de Dios. El misterio de la Encarnación se ha realizado en el momento en el cual María ha pronunciado por medio de la fe su fiat. 14. La fe de María puede también compararse a la fe de Abraham, ya que su fe da comienzo a la Nueva Alianza. En la Anunciación, la fe de María encuentra su momento culminante pero a la vez es el punto de partida donde se inicia todo su camino hacia Dios, camino de fe marcado por la obediencia. 15. María ha crecido en medio de la expectativa del pueblo de Israel que estaba a la espera de su Hijo, el Mesías prometido. 16. María oye después otras palabras, las de Simeón en el Templo de Jerusalén, quien confirma la verdad de la Anunciación, las palabras de Simeón dan nueva luz al anuncio que María a oído del ángel. Este anuncio de Simeón es como un segundo anuncio para María, en el cual se revela que Ella deberá vivir el sufrimiento al lado de su Hijo. 17. Cuando la Sagrada Familia regresa a Nazaret, comienza la vida oculta de Jesús y María; junto con la vida de Jesús, María está oculta con Cristo en Dios por medio de la fe. María está constantemente y diariamente en contacto con el misterio inefable de Dios que se ha hecho hombre. María está en contacto con la verdad de su Hijo únicamente en la fe y por la fe, por ello es bienaventurada pues ha creído y cree cada día. La Virgen lleva consigo la radical “novedad” de la fe: el inicio de la Nueva Alianza. Ella fue la primera criatura humana admitida al descubrimiento de Cristo. 18. María se asoció con corazón maternal al sacrificio de Jesús, mantuvo fielmente su unión con su Hijo hasta la Cruz, su unión por medio de la fe. A los pies de la Cruz, María participa por medio de la fe en el desconcertante misterio del despojamiento de Cristo. 19. A los pies de la Cruz, las palabras de Isabel “¡Feliz la que ha creído!”, resuenan con más elocuencia. Desde la Cruz, se extiende el radio de acción de aquella bendición de fe otorgada a María y se remonta “hasta el comienzo” de los tiempos convirtiéndose en contrapeso de la desobediencia de nuestros primeros padres. El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de la Virgen María, por ello la llamamos “Madre de los vivientes”. 3. Ahí tienes a tu Madre 20. Las palabras “¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!” (Lc 11, 27) son una alabanza para María, gracias a su maternidad, Jesús es un verdadero hijo del hombre, es carne como todo hombre, es carne y sangre de María. “Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan” (ver Lc 11, 28), estas palabras quieren quitar la atención de la maternidad entendida solamente como vínculo de carne, para orientarla hacia el misterioso vínculo del espíritu, que se forma en la vivencia de la Palabra de Dios. “Mi Madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen” (ver Lc 8, 20-21). Si por medio de la fe María se ha convertido en la Madre de Jesús, podemos afirmar que esta maternidad le pertenece desde el comienzo, es decir desde la concepción y del nacimiento del Hijo, porque desde entonces era “la que ha creído”. 21. En las Bodas de Caná María está presente como la Madre de Jesús, y contribuye al comienzo de las señales de su Hijo. Este hecho delinea con bastante claridad la nueva dimensión de la maternidad de María, una maternidad según el espíritu y no únicamente según la carne y también deja ver su solicitud por los hombres. El salir al encuentro de las necesidades del hombre introduce a María en la misión del Hijo. María se pone en medio y se hace mediadora en su papel de Madre, su mediación tiene un carácter de intercesión. María es portavoz de la voluntad de su Hijo “Haced lo que él os diga”, la Virgen aparece como la que cree en Jesús, y su fe provoca la primera “señal” y contribuye a suscitar la fe de los discípulos. 22. El pasaje de Caná nos muestra que la intercesión de María está orientada plenamente a su Hijo, y que su función materna es ilustrada en su relación con la mediación de Cristo. 23. El Pasaje de María al pie de la Cruz confirma su maternidad en la economía de la salvación. Si la maternidad de María respecto a los hombres había sido delineada en Caná, ahora es precisada y establecida claramente “Mujer ahí tienes a tu Hijo” (Jn 19, 25-27). 24. Las palabras de Jesús significan que la maternidad de María encuentra una nueva continuación en la Iglesia y a través de la Iglesia, simbolizada y representada por Juan. Su maternidad sobre la Iglesia es reflejo de su maternidad respecto a Jesús. II PARTE LA MADRE DE DIOS EN EL CENTRO DE LA IGLESIA PEREGRINA 1. La Iglesia, Pueblo de Dios radicado en todas las naciones de la tierra 25. En el camino de peregrinación eclesial, María está presente como la que es “feliz porque ha creído” y como la que avanza “en la peregrinación de la fe”, participando como ninguna otra criatura en el misterio de Cristo. 26. En Pentecostés se inicia el camino de peregrinación de la Iglesia a través de la historia de los hombres y de los pueblos, María está presente en medio de los apóstoles implorando el don del Espíritu. El camino de fe de María es más largo que el de los apóstoles, Ella les precede, marcha delante de ellos y está en medio de ellos. El primer núcleo de la Iglesia era conciente que Jesús era Hijo de María y que ella era su Madre y como tal testigo singular del misterio de Cristo, por tanto la Iglesia, desde el primer momento, miró a María a través de Jesús y a Jesús a través de María. Pero para la Iglesia María ha sido y es la primera en creer. 27. María pertenece al misterio de Cristo y al misterio de la Iglesia desde su nacimiento. La fe de María precede el testimonio apostólico de la Iglesia y permanece en el corazón de la Iglesia como un patrimonio especial de la revelación de Dios. Quienes a través de los siglos acogen con fe el misterio de Cristo, no sólo recurren con devoción y confianza a María, sino que buscan en su fe el sostén de la propia fe. Precisamente esta participación de la fe de María decide su presencia especial en la peregrinación de la Iglesia como nuevo Pueblo de Dios en la tierra. 28. En cierto modo la fe de María, sobre la base del testimonio apostólico de la Iglesia, se convierte en la fe del pueblo de Dios en camino. Es una fe que se transmite mediante el conocimiento y el corazón. Esta presencia de María encuentra múltiples medios de expresión en nuestros días y posee un amplio radio de acción por medio de la fe, la piedad de los fieles y de las tradiciones. 2. El camino de la Iglesia y la unidad de todos los cristianos 29. El camino de la Iglesia está marcado, especialmente en esta época, por el signo del ecumenismo; los cristianos buscan vías para reconstruir la unidad perdida. Es necesario que todos los cristianos en sí mismos, profundicen en aquella obediencia de la fe, de la cual María es el primer y más claro ejemplo. Es alentador ver que entre los hermanos separados hay quienes tributan debido honor a la Madre del Señor, especialmente los Orientales. 30. Los cristianos saben que su unidad se conseguirá verdaderamente sólo si se funda en la unidad de su fe. Para ello es necesario resolver discrepancias de doctrina sobre el misterio de la Iglesia y a veces también sobre la función de María en la obra de la salvación. Si el misterio del Verbo encarnado nos permite vislumbrar el misterio de la maternidad divina y si, a su vez, la contemplación de la Madre de Dios nos introduce en una comprensión más profunda de la Encarnación, lo mismo se debe decir del misterio de la Iglesia y de la función de María en la obra de la salvación. 31. El amor y la alabanza a la Madre de Dios, une a la Iglesia Católica con la Ortodoxa y las antiguas Iglesias Orientales. En los momentos difíciles y de persecución ellos se refugiaron bajo su protección concientes de tener en Ella una ayuda poderosa. 32. En la liturgia Bizantina, por ejemplo, en las horas del oficio divino, la alabanza a María está unida a la alabanza al Hijo. Estas alabanzas han forjado la fe y la piedad del pueblo hacia la “Toda Santa Madre de Dios”. 33. Tanto en Oriente como en Occidente se ha mantenido la costumbre de venerar las imágenes de la Virgen y de los santos. Las imágenes de la Virgen tienen un lugar de honor en las iglesias y en las casas. En los Iconos que se veneran en Ucrania, Bielorrusia y Rusia, la Virgen resplandece como la imagen de la divina belleza y sabiduría. 34. Esta riqueza de alabanzas, acumulada por las diversas manifestaciones de la gran tradición de la Iglesia, podría ayudarnos a progresar en el diálogo entre Iglesia Católica y las Comunidades eclesiales de Occidente y a llegar a la unidad. 3. El Magnificat de la Iglesia en camino 35. La Virgen está constantemente presente en el camino de fe del Pueblo de Dios, lo demuestra el cántico del Magnificat (Lc 1, 46-55) que no deja de vibrar en el corazón de la Iglesia a través de los siglos. 36. Las palabras usadas por María en la casa de Isabel, constituyen una inspirada profesión de su fe, una respuesta a la palabra de la revelación. En estas palabras se vislumbra la experiencia personal de María. 37. La Iglesia, que desde el principio conforma su camino con el de la Madre de Dios, repite constantemente con Ella las palabras del Magnificat, ya que en él encuentra vencido de raíz el pecado del comienzo de la historia. La Iglesia también se ve confortada con la fuerza de la verdad sobre Dios, proclamada en el cántico de María, y al mismo tiempo, desea iluminar con esta verdad a todos los hombres. III PARTE MEDIACIÓN MATERNA 1. María, Esclava del Señor 38. La Iglesia sabe y enseña que uno solo es nuestro mediador. La misión maternal de María no oscurece ni disminuye la mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder, es mediación en Cristo. Al mismo tiempo la mediación de María tampoco impide la unión con Cristo, más bien la fomenta. Su mediación está íntimamente ligada a su maternidad y es al mismo tiempo especial y extraordinaria. 39. María da su consentimiento a la elección de Dios para que sea la Madre de su Hijo, este consentimiento suyo es fruto de la donación total a Dios en la virginidad, es decir, María aceptó la elección para ser la Madre de Cristo guiada por el amor esponsal que consagra totalmente a una persona a Dios. Esta donación de María se ve en su respuesta “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). María reúne de manera perfecta en sí misma el amor propio de la virginidad y el amor característico de la maternidad, unidos y como fundidos juntamente. María estaba particularmente predispuesta a la cooperación con su Hijo, único mediador de la salvación, tal cooperación es precisamente esta mediación subordinada a la de Cristo. 40. Después de la resurrección y de la ascensión, María espera en el cenáculo con los apóstoles la venida del Espíritu Santo, estaba en medio de ellos como Madre del Señor Glorificado, así se forja una relación especial entre María y la Iglesia. María que se ha entregado sin reservas a la misión de su Hijo, no podía dejar de volcar sobre la Iglesia su ayuda maternal. Después de la ascensión del Señor, su maternidad permanece como mediación en la historia de la Iglesia y del mundo, y la Iglesia expresa esta verdad invocándola con los nombres de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. 41. María, por su mediación, contribuye de manera especial a la unión de la Iglesia peregrina con la realidad escatológica y celestial de la comunión de los santos, habiendo sido ya asunta a los cielos. En el misterio de la Asunción se expresa la fe de la Iglesia, según la cual María que estuvo unida a Cristo en su primera venida, por su cooperación constante lo estará también en su segunda venida. 2. María en la vida de la Iglesia y de cada cristiano 42. La Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo. Como sierva del Señor, María permaneció perfectamente fiel a la persona y a la misión de su Hijo y como Madre, creyendo y obedeciendo, engendró al Hijo del Padre por obra del Espíritu Santo. 43. La Iglesia al igual que María, llega a ser Madre cuando acoge la Palabra de Dios y por medio del bautismo engendra hijos e hijas de la familia humana a una vida nueva en Cristo. La Iglesia aprende de la maternidad de María su propia maternidad y reconoce la dimensión materna de su vocación, unida a su naturaleza sacramental. A ejemplo de María la Iglesia es la Virgen fiel y la esposa de Cristo y es quien custodia la fe recibida de Señor. 44. María está presente en la Iglesia como modelo, pero también coopera con amor maternal a la generación y educación de los hijos e hijas de la Madre Iglesia. La maternidad de María ha sido comprendida y vivida por los cristianos en la Eucaristía, en la cual el Cuerpo de Cristo, nacido de María, se hace presente. 45. La maternidad de María es un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre. Cristo confía María a Juan, en la medida en que confía Juan a María. La dimensión mariana de cada cristiano se manifiesta mediante su entrega filial a la Madre del Señor, cuando la acoge y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir en su yo humano y cristiano. 46. Esta relación filial, no sólo tiene su comienzo en Cristo, sino que se orienta hacia Él. Se puede afirmar que María sigue repitiendo “Haced lo que él os diga” (Jn 2, 5). María es la primera testigo del amor salvífico del Padre y la primera que ha creído, y precisamente con esta fe suya de esposa y de madre quiere actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos. Esta dimensión mariana en la vida cristiana adquiere un acento peculiar respecto a la mujer y a su condición; la mujer al mirar a María, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su feminidad y para llevar a cabo su promoción. 47. Durante el Concilio Vaticano II el Papa Pablo VI proclamó solemnemente que María es Madre de la Iglesia, es decir de los fieles y de los pastores, y el magisterio del Concilio ha subrayado que la verdad sobre la Santísima Virgen es un medio eficaz para profundizar en la verdad de la Iglesia. María también participa en aquella batalla contra el poder de las tinieblas que se desarrolla a lo largo de toda la historia humana. 3. El sentido del año mariano 48-50. Iniciativa similar tuvo Pío XII en 1954, con el fin de resaltar la santidad excepcional de la Madre de Cristo expresada en los misterios de su Inmaculada Concepción (definida exactamente un siglo antes) y de su Asunción a los cielos. La espiritualidad mariana, a la par de la devoción correspondiente, encuentra una fuente riquísima en la experiencia histórica de las personas. Hoy en día existen muchas y nuevas manifestaciones de esta espiritualidad y devoción. Como Pueblo de Dios, la Iglesia realiza su peregrinación hacia la eternidad mediante la fe. Desde el día de Pentecostés, María precede constantemente a la Iglesia en este camino a través de la historia. La Iglesia es llamada no solamente a recordar la cooperación de María en la obra de la salvación, sino a preparar, de cara al futuro, las vías de esta cooperación maternal. CONCLUSIÓN 51. El mismo Dios ha querido llamar al hombre a participar de la naturaleza divina, disponiendo su “divinización”, de suerte que después del pecado está dispuesto a restablecer el designio de su amor mediante la humanización del Hijo, consubstancial a Él. En el centro de este misterio salvífico se halla María. 52. La historia del hombre ha estado acompañada siempre por el “gran cambio”. Es el cambio entre el caerse y el levantarse, entre la muerte y la vida, y es también un desafío a las conciencias humanas de seguir la vía del “no caer” y del “levantarse” si ha caído. Este cambio acompaña a todo hombre en concreto. La Iglesia se dirige a su Madre implorando su auxilio, pues la ve profundamente arraigada en la historia de la humanidad, la ve presente en la vida de sus hijos, de las familias y de las naciones, y la ve socorriendo al pueblo cristiano que lucha entre el bien y el mal para que no caiga o, si cae, se levante.
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