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HOMILÍA EN EL DÍA DEL MAESTRO - 2012 PDF Imprimir E-Mail

Que por sus palabras y ejemplo de vida sus educandos conozcan al Señor Jesús, como única fuente de vida y libertad verdaderas

La enseñanza de la religión católica forma parte de la historia de la escuela en el Perú, y el maestro de religión constituye una figura muy importante en el conjunto de los profesores. Siempre se ha dicho que en todo pueblo de nuestra Patria, por más humilde que éste sea, junto con el sacerdote y el policía, el maestro constituye una presencia insustituible y fundamental. Iglesia, Comisaría y Escuela forman un trípode fundamental para que haya comunidad.

¿Es necesaria la educación religiosa? ¿Es importante el curso de religión católica en nuestras escuelas y colegios, garantizado gracias al Acuerdo Internacional suscrito entre la Santa Sede y el Estado Peruano en 1980? Sin duda alguna debemos decir que sí y por varias razones:

1. En primer porque ella favorece la reflexión sobre el sentido profundo de la existencia. Nuestros niños, adolescentes y jóvenes desde temprana edad se interrogan sobre el sentido último de la vida y del mundo en el que viven. ¿Quién soy? ¿Para qué existo? ¿Cuál es el sentido de mi vida y del mundo en el qué estoy? ¿Dónde está la felicidad y la libertad?, son las preguntas que ellos se hacen.

A través del curso de religión nuestra juventud va progresivamente descubriendo que la propia vida y el mundo en el que vivimos corresponden a un designio divino. Que hay un plan, el Plan de Dios, que gobierna la propia existencia y toda la historia. Un designio divino que es creador, salvador y redentor del hombre.

De esta manera los jóvenes comprenden gracia al curso de educación católica, que la historia es en verdad historia de salvación y que por tanto hay que mirar la propia vida y el mundo en el que vivimos siempre con esperanza y con visión de futuro, a pesar de los problemas y dificultades que podamos encontrar, porque Dios, Uno y Trino, es en última instancia quien guía nuestras vidas y el universo entero con su sabiduría y amor.

2. En segundo lugar el curso de religión católica es de vital importancia porque por medio de él nuestros jóvenes van descubriendo que Jesús de Nazaret es la respuesta a sus ansías más profundas de felicidad personal, de sentido y de plenitud. Van descubriendo que Jesús, y sólo Jesús, les muestra su identidad más profunda, es decir quiénes son en verdad y qué deben hacer para ser felices y alcanzar la libertad.

La misión de un maestro católico es trabajar generosamente para que los jóvenes tengan a Jesús como el primero de sus amigos y en Él puedan abrirse en amistad auténtica con los demás. Trabajen para que conociéndole a Él, le sigan, ya que es imposible conocer a Jesús y no creer en Él, y no arder en deseos de ser en todo semejantes a Él. La amistad con Cristo nos abre a todo lo verdadero, bueno y hermoso que hay en la vida.

3. Finalmente la instrucción religiosa que ustedes maestros imparten en sus aulas es de suma importancia porque ayuda a los jóvenes a descubrir la relación fundamental e importante entre libertad y verdad, entre libertad y bien, dándole a toda la enseñanza un sentido unitario. Descubrir la verdad y el bien para ser auténticamente libres y para crecer en responsabilidad ya que no hay mejor ciudadano que un buen cristiano.

Quiero aprovechar de esta ocasión para agradecerles de corazón todo el importante trabajo que realizan, un trabajo vital pero muchas veces poco reconocido por el Estado y por la sociedad en su conjunto; un trabajo que contribuye, por una parte, a dar un alma a la escuela y por otra, a asegurar a la fe cristiana plena ciudadanía en los lugares de la educación y de la cultura en general.

Hermosa vuestra misión: colaborar con los padres de familia en su fundamental misión de ser los primeros responsables de la educación cristiana de sus hijos; ayudar a desarrollar en sus educandos una personalidad plena y libre, conforme a la medida de Jesucristo, el hombre nuevo y perfecto; lograr que nuestros jóvenes tengan una vivencia humana completa y bien preparada.

Por todo lo dicho, podemos concluir que la dimensión religiosa no es una supraestructura; es parte integrante de la persona, desde la primerísima infancia; es apertura fundamental al otro y al misterio de Dios que precede a toda relación y a todo encuentro entre los seres humanos. La dimensión religiosa hace al hombre más hombre.

Queridos Maestros: a ustedes les corresponde, además del deber de la competencia humana, cultural y pedagógica propia de todo maestro, la vocación de dejar traslucir que el Dios del que hablan en las aulas de clase constituye la referencia esencial de su propia vida. La mejor lección es aquella que se da con el testimonio de la propia vida cristiana, vivida ésta con coherencia y autenticidad.

Si bien el Día de Maestro los celebramos cada año el 06 de julio en recuerdo a que ese día el Generalísimo Don José de San Martín, Libertador del Perú, fundó la Escuela Normal de Varones en 1822, es interesante subrayar que el 6 de julio, la Iglesia en su liturgia, celebra a San María Goretti, Virgen y Mártir, quien fuera una joven italiana del campo, de familia pobre y humilde pero muy cristiana, que amaba profundamente a Jesús y que a la tierna edad de apenas casi 12 años fue amenazada con un punzón por Alessandro Serenelli, un joven que trató de abusar de ella. Ella prefirió morir antes que pecar. Durante su dolorosísima agonía perdonó a su atacante, quién, tras algunos años de cárcel, se convirtió al cristianismo profundamente arrepentido de su crimen.

Que bajo la guía y el ejemplo de Santa María Goretti, quien entregó su vida antes que su virginidad, ustedes queridos Padres de Familia y ustedes queridos Maestros, no tengan miedo de proponer a sus hijos y educandos los caminos del amor verdadero, como son: un estilo de vida sobrio y solidario, relaciones afectivas sinceras y puras; un empeño honrado en el estudio y el trabajo; un interés profundo por los demás especialmente por los más pobres y necesitados.

Como bien decía el hoy beato Juan Pablo II hablando de Santa María Goretti: “hoy en que se exalta con frecuencia el placer, el egoísmo, o incluso la inmoralidad, en nombre de falsos ideales de libertad y felicidad, es necesario reafirmar con claridad que la pureza del corazón y del cuerpo debe ser defendida, pues la castidad custodia el amor auténtico”.

Queridos Padres y Maestros: a los jóvenes les agradan los desafíos, los horizontes auténticos de vida. Los jóvenes por naturaleza tienen hambre de verdad y de amor y no se contentan con la mediocridad. Por ello no tengan miedo de proponerles a sus hijos y educandos al Señor Jesús, única fuente de vida y de libertad verdaderas.

Les deseo a todos que el Señor les dé la alegría de no avergonzarse nunca de su Evangelio, la gracia para vivirlo, la pasión para compartir y cultivar la novedad que mana de él para la vida del mundo.

Que vuestra labor de enseñanza sea siempre capaz, de abrir a vuestros estudiantes a esta dimensión de libertad y de pleno aprecio del hombre reconciliado por Cristo.

San Miguel de Piura, 08 de julio de 2012

XIV Domingo del Tiempo Ordinario

 

 

 
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