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Nuestra Señora de las Mercedes: "Estrella de la Fe y de la Evangelización" PDF Imprimir E-Mail
Cada año y con profunda piedad filial, miles de fieles venidos de distintos lugares del Perú y del Ecuador se reúnen en Paita para rendir sentido homenaje a Nuestra Señora de las Mercedes, llamada por el beato Juan Pablo II en su primera visita al Perú en 1985, “La
Estrella de la Fe y de la Evangelización”. Su devoción en nuestra Patria se remonta al siglo XVI, con la llegada a nuestras tierras de los Padres Mercedarios, quienes llegaron con los primeros misioneros que vinieron a evangelizar el Perú.
 
En nuestra Región su devoción está ligada a la ciudad de Paita en cuyo Santuario se encuentra su imagen, la que por cerca de cinco siglos cuida con amor de Madre a todos sus hijos del Norte del Perú.
 
La festividad se celebra generalmente del 12 al 30 de septiembre, pero el día central es el 24 donde Nuestra Señora de las Mercedes es homenajeada por las Fuerzas Armadas.
 
Posteriormente se celebra la Santa Misa presidida por el Arzobispo Metropolitano de Piura. Las celebraciones se extienden hasta la primera semana de octubre alcanzando la Festividad de “San Francisco de Asis”, patrono del puerto de Paita.
 
Difíciles momentos tuvo que pasar la imagen de nuestra Señora de las Mercedes en el transcurso de los tiempos, sobre todo cuando los corsarios y piratas llegaban y atacaban Paita. Así, por ejemplo, cuando el corsario Cavendish atacó el puerto en 1587, terminó
incendiándolo. Las llamas devoraron todo lo que encontraban a su paso. Cuenta la tradición que la imagen de Nuestra Señora se salvó de desaparecer por la acción valerosa de un anónimo devoto suyo quien exponiendo su vida, penetró en la iglesia, subió al altar
donde se encontraba la escultura y la rescató.
 
Otra situación difícil ocurrió el 24 de septiembre de 1741, cuando el pirata inglés Jorge Anson asoló el puerto paiteño y después de saquearlo se llevó la imagen como su trofeo de guerra y sintiendo que el mar de Paita se enfureció por el hecho, al instante le propinó
un sablazo sobre el cuello del que manó milagrosamente sangre. Preso de la ira el corsario arrojó la imagen de Nuestra Señora al mar donde fue encontrada por unos indios pescadores que la llevaron nuevamente a su templo.
 
Este episodio marcaría para siempre la gran veneración de los paiteños y los habitantes de los alrededores, quienes atraídos por los sucesos, llegaron a Paita por centenares a dar realce a la Festividad, organizándose las primeras peregrinaciones que continuaron hasta nuestros días.
 
Se atribuye a la Escuela Quiteña la escultura de la efigie. No sólo artistas sino religiosos admiran la expresión del rostro de la Sagrada Imagen, donde sobresalen la dulzura y la belleza. Destacan también de la imagen algunos símbolos: en su mano derecha la imagen
tiene un cetro que, además de representar el título que lleva de Gran Mariscala del Perú, también da muestra de que Dios le ha dado en el cielo el poder para que pueda cumplir con su misión maternal a favor de sus hijos. En su otra mano lleva unas cadenas abiertas
que expresan que Ella resplandece como signo luminoso de la misericordia divina que libera a la persona humana de todo pecado. Nuestra Señora puede alcanzar de su Hijo la gracia de vernos libre todo mal.
 
 
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